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Marina Tapia: “En poesía es mejor sugerir, insinuar, dejar hilos sueltos que el lector anude”

Marina Tapia
Marina Tapia. Foto de Image Ailin

Marina Tapia: “En poesía es mejor sugerir, insinuar, dejar hilos sueltos que el lector anude”

Entrevista a dos voces de Javier Gilabert y Fernando Jaén.

Marina Tapia (Valparaíso, Chile. 1975). Poeta y artista. Desde el año 2000 reside en España. Ha publicado los libros de poesía ‘El relámpago en la habitación’ (Nazarí, 2013), ’50 Mujeres desnudas’ (Amargord, 2013) y ‘Marjales de Interior’ (Aguaclara, 2018), con el que ha obtenido el XVII Premio del Certamen de Poesía Paco Mollá 2018.

Ha coordinado ‘El pájaro azul. Homenaje a Rubén Darío’ (Artificios, 2016). Sus versos están incluidos en varias obras conjuntas. Cuenta en su haber con varios premios como el el premio Arte Joven La Latina de la Comunidad de Madrid (2008), el Voces Nuevas (2007) de la editorial Torremozas, el Barbate Lee 2011, Certamen de Cartas de amor y desamor de Huétor Vega 2014, Certamen poético de Guadix 2014 y el del VI Certamen de Cartas de Amor de Béjar 2014, entre otros.

Asimismo ha coordinado el espacio “Compartir poesía” de la Fundación Entredós de Madrid, impartido talleres de creación literaria para niños y adultos en la biblioteca de La Zubia, y ha realizado numerosas lecturas poéticas en centros educativos, asociaciones, centros culturales y bibliotecas. También es colaboradora de distintas y reconocidas publicaciones como las revistas Duoda, Asparkía, Toümai, Ventana Latina, El Erizo Abierto y el Boletín del Centro Artístico. Es, además, Sátrapa del Institutum Pataphysicum Granatensis.

Fernando Jaén (F.J.): Naciste en Chile y llevas desde el año 2000 afincada en España, y desde el 2012 en Granada. ¿Qué tiene esta tierra para conquistarte y hacerte que te quedes?

Marina Tapia: Llegué a Granada buscando un lugar más tranquilo para vivir (llevaba más de diez años en Madrid) y encontré en esta ciudad mágica, especial, un sitio donde la naturaleza, el campo y la montaña se entremezclan con lo urbano, donde la costa es una promesa cercana a la que se llega en menos de una hora. Pero mi razón principal para quedarme ha sido encontrar aquí a Ángel Olgoso, mi compañero, mi amor, fantástico escritor y persona, con el que quiero compartir lo que me queda de camino.

Javier Gilabert (J.G.): Tu vida discurre entre Chile y Granada, dos mundos aparentemente distantes pero con muchos puntos de conexión. ¿Cómo ves el panorama literario actual de tu país? ¿Y el granadino? ¿Existen más diferencias que similitudes entre ambos, o todo lo contrario?

Marina Tapia: La verdad es que no estoy tan al día, como quisiera, de lo que se cuece en mi país literariamente hablando. Hace poco, en un viaje a mi tierra, me regalaron una colección de artículos publicados en el periódico El Mercurio por el escritor chileno Cristián Warnken. En ellos cita y analiza un puñado de poetas chilenos de todos los tiempos, fue una estupenda manera de “ponerme al día”. También me traje una interesante antología, ‘Mujeres poetas de Chile’, realizada por Linda Irene Koski, y una colección de relatos, ‘Volver a los 17. Recuerdos de una generación en dictadura’, de Óscar Contardo. A través de estos libros, de los artículos que circulan por la red relacionados con autores del otro lado del charco, y de las noticias que mi padre me brinda desde Valparaíso sobre el mundo cultural porteño, me voy haciendo una idea de las corrientes y movimientos literarios que allí bullen. Creo que existen muchísimas similitudes entre lo que se escribe en ambos sitios, el mundo está cada vez más globalizado y los poetas, en mayor o menor grado, nos hacemos eco de las problemáticas y asuntos que afectan a la humanidad y nos influimos, consciente o inconscientemente, a través de las corrientes estilísticas. Aunque, según mi parecer, creo que la poesía de Latinoamérica siempre ha sido más atrevida, más fresca, con ese valor necesario para correr riesgos y buscar otros caminos léxicos y sintácticos, que suele estar más alejada del corsé de la forma. Esto se puede ver claramente en la renovación que supuso la obra del poeta peruano César Vallejo o el revuelo que dejaron los antipoemas de Nicanor Parra. Aunque en Madrid formé parte de Poesía en Sidecar, o de Compartir poesía (Fundación Entredós), y en Granada de las Personas Libro o del Institutum Pataphysicum Granatensis, siempre he intentado mantener una postura de independencia, alejada de los grupos cerrados, conservando una voz propia pero atenta a lo se publica, tanto en Granada como a nivel nacional.

“La poesía de Latinoamérica siempre ha sido más atrevida, más fresca, con ese valor necesario para correr riesgos y buscar otros caminos léxicos y sintácticos, que suele estar más alejada del corsé de la forma”

J.G.: Entre febrero y septiembre de 1887, Rubén Darío residió en Valparaíso, donde publicó su libro ‘Azul’, el libro clave de la recién iniciada revolución literaria modernista. Lorca pasó su infancia en Fuente Vaqueros, sitio donde tú viviste un tiempo inspirada en su obra. Por tu origen y tu destino, ¿en qué medida te han influido estos dos poetas?

Marina Tapia: De ambos he bebido ese hermosísimo ejemplo de compromiso con la creación y la palabra. Ambos tenían una mente inquieta, ambos quisieron rescatar algo perdido o renovar lo ya existente. En el caso de Lorca recuperó los romances tradicionales y la oralidad del pueblo gitano, su folclore, su imaginario único. Y, en el caso de Rubén Darío, está ligado a mis recuerdos de infancia y pubertad, pues memorizábamos su universo vivo y exótico, sus estampas descritas con todo lujo de detalles, disfrutando ese lenguaje coloreado de adjetivos, esa música disfrazada de palabras que fácilmente quedaba prendida en los oídos y que evocaba lugares lejanos poblados por una fauna y flora vibrante. Él puso gran empeño en renovar la encorsetada poesía de su época introduciendo otras estructuras que adaptó del francés. Son escritores apasionados, ¿cómo no frecuentar sus cautivadoras obras? Imposible no querer rendirles un homenaje con la propia vida, es decir, imitando esa entrega sincera y desinteresada a la creación.

J.G.: ¿Qué supuso para ti coordinar una obra de homenaje a un poeta de la categoría de Rubén Darío (‘El pájaro azul. Homenaje a Rubén Darío’. Ed. Artificios, 2016) ¿Qué fue lo más complicado del proceso? ¿Qué aceptación tuvo la obra?

Marina Tapia: Supuso un gran trabajo de coordinación con Ana Morilla (una entusiasta y arriesgada editora, y buena amiga) y con los autores; una labor de investigación (para escribir un prólogo que hiciera justicia a la obra de Darío) y una excelente oportunidad para contactar con grandes voces de la poesía como Antonio Carvajal, Ángeles Mora, Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Álvaro Salvador, Raquel Lanseros, Manuel Vilas, entre otros muchos. A pesar de las limitaciones propias de una editorial pequeña, la recepción de la obra fue positiva.

“Busco ese paraíso, pero suelo hacerlo tierra adentro, en el interior, en la mirada, en la mente, en la imaginación”

F.J.: Tu último poemario, ‘Marjales de Interior’, ha obtenido el premio Paco Mollá 2018, y exploras en él la belleza de la naturaleza, con los olores y sabores de la Vega de Granada. ¿Buscas ese “paraíso cerrado para muchos y abierto para pocos” de Soto de Rojas? ¿Cómo surge este libro? ¿Qué trabajo te supuso acercarte de esta manera a la expresión pura de la naturaleza?

Marina Tapia: He leído hace poco un excelente artículo sobre la activista norteamericana Terry Tempest Williams en el cual decía: “En todo el mundo se está perdiendo lo salvaje. Y si lo perdemos, entonces seremos menos humanos, porque cuando estamos en la naturaleza somos capaces de tocar nuestra humanidad y sentirnos humildes ante su magnificencia. Recordamos que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos. Nuestra comunidad es al mismo tiempo humana y salvaje”. Estoy totalmente de acuerdo con ella. En mi caso, ese acercamiento a la naturaleza partió de un impulso interior que me pedía vivir en un entorno más natural, en un pueblo más alejado, necesitaba experimentar esa vivencia. Y por una serie de circunstancias acabé en Fuente Vaqueros, en la misma calle de la casa natal de Federico García Lorca, en una vivienda que perteneció (según me dijeron algunos fuenterinos) al ama de cría de Federico. Quedé prendada de ese paisaje de largas avenidas de chopos junto al río, de esas noches donde la luna y las estrellas se apreciaban en todo su esplendor, de aquellos atardeceres de fuego, del ritmo lento de sus habitantes y de la misteriosa fuerza telúrica que mana de la Vega. Allí encontré el silencio idóneo para escribir pacientemente ‘Marjales de interior’. Siempre he buscado, desde que era niña, los patios, los jardines, los lugares apartados para pensar, leer y tomar notas, pero nunca antes había estado tanto tiempo inmersa en un paisaje rural. Fue allí donde verdaderamente pude percibir el paso de las estaciones, las pequeñas variaciones visuales -y emocionales- del campo, el movimiento a la vez microscópico y dilatado de la flora. Marjales es el fruto decantado de este periodo tan entrañable de mi vida. Sí, busco ese paraíso, pero suelo hacerlo tierra adentro, en el interior, en la mirada, en la mente, en la imaginación; de hecho, mi último libro inédito, ‘Jardín imposible’, es una hipotética cartografía de ese paraíso.

“Creo en la discreción, en la sencillez, en la humildad que proporciona la lectura de los clásicos”

F.J.: Dice José Luis Gartner que ‘Marjales de interior’ nos ofrece una lección magistral del arte de vivir. ¿En qué consiste este arte, esta forma de vivir?

Marina Tapia: La poesía me ha brindado una serie de valores que yo relaciono con su ejercicio: la sensibilidad, la escucha atenta, la observación, el afán de ahondar en cada visión y cada vivencia, el ir hacia un paisaje, hacia los elementos sin preconceptos, el buscar nuevas posibilidades de asombro. Son cualidades a las que siempre he aspirado y con las que he tratado de ser consecuente a lo largo de mi vida. Me importa mucho más la actitud que acompaña a los actos que los actos mismos. Creo en la discreción, en la sencillez, en la humildad que proporciona la lectura -con atención y respeto- de los clásicos, en el riesgo de la aventura estética, en la documentación necesaria para empaparse a conciencia de un tema, en la comunión armónica con los seres vivos.

J.G.: Afirmas que un poema debe esconder su profundidad en una apariencia sencilla. ¿Cómo se consigue combinar ambos aspectos aparentemente antagónicos? ¿Cuáles son tus referentes en este sentido?

Marina Tapia: Aunque creo en la libertad para experimentar con distintas medidas, con el paso de los años voy valorando cada vez más a los autores que con pocas palabras han podido desplegar todo un abanico de emociones y pensamientos. Creo que en poesía es mejor sugerir, insinuar, dejar hilos sueltos que el lector anude; según mi parecer, la lírica estaría más cerca de un cuadro impresionista que de uno hiperrealista. Y lograr ese equilibro entre silenciar aspectos y explayarse contando es lo difícil. ¿Cómo acallar ese caudal de ideas que se desata cuando un hecho, un lugar, o una persona nos impacta? Mi técnica es dejar que fluyan libres las palabras, y luego cuando ya hayan pasado algunos días, con la ecuanimidad que da el distanciamiento con lo escrito, empezar a corregir con pausa y reflexión intentando respetar la esencia del poema, pero quitando “la maleza”, lo innecesario. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la obra de Emily Dickinson, en los haikus, en Ada Salas, en José Ángel Valente, en Clara Janés y en muchas otras en las que pretendo mirarme.

F.J.: El deseo, el erotismo, el feminismo, están presentes de una forma hermosa y elegante en tu obra. Muestra de ello es tu libro más carnal, ‘Relámpago en la habitación’. ¿Es este libro una expresión del deseo vital, una respuesta a lo efímero? ¿Es difícil escribir literatura erótica de calidad?

Marina Tapia: Para mí no es tan difícil escribir literatura erótica porque tengo una imaginación bastante inquieta, lo más complicado es atreverse a publicar un libro compuesto en esta clave, hablar sobre él, exponerse a entrevistas y a los posibles prejuicios y encasillamientos con los que uno puede encontrarse. En mi primer poemario ’50 mujeres desnudas’ (que, pese a su título, es de temática social y abarca una amplio abanico de roles femeninos) ya había comenzado a desarrollar el erotismo, aunque de forma esquinada. En uno de los poemas del Relámpago digo “Alguien debe jugar con el juego, parir otras palabras para nombrar la curva y la meseta del bosque del placer”. He querido ser ese “alguien” que no teme a la desnudez, que incluso incluye su propio nombre en un texto del libro, o que utiliza la palabra amor sin miedo a la carga romántica que encierra. Cuando un trabajo pugna por salir, ¿cómo oponerse a esa pulsión literaria?, ¿cómo no intentar plasmar una mirada nueva a uno de los temas más antiguos de la creación? Al movernos en ese universo del deseo, en sus evocaciones y atmósferas, creo que se debe intentar aportar nuevos elementos, no caer en los tópicos, en lo explícito, en clichés e imágenes gastadas por la publicidad. El Relámpago fue un reto para mí porque dividí el libro en subgrupos donde desplegué distintas relaciones del erotismo con otros elementos (con lo sagrado, con el mar, con la literatura, con el mundo nocturno, etc.).

“He querido ser ese “alguien” que no teme a la desnudez”

J.G.: Como maestro me interesa mucho saber cuál crees que es el papel que la literatura, y más concretamente la poesía, debe desempeñar en la formación de los más pequeños.

Marina Tapia: Creo que brindar a los alumnos la posibilidad de acercarse a la poesía es importantísimo. Mostrarles que la realidad no es plana, que se puede percibir un mundo más completo y más rico gracias a la visión caleidoscópica que brindan la poesía y la literatura, que el mundo está lleno de detalles escondidos que los escritores rescatan para deleite del lector, que la imaginación puede enriquecer nuestra vida. El pasado curso académico realicé una serie de charlas en varios institutos a la que titulé ‘Poetas hispanoamericanas y su legado’. El objetivo de esta actividad fue dar visibilidad y poner en valor a grandes autoras (Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Dulce María Loynaz) que vivieron entre el siglo XIX y el XX, y que, a pesar de su inmensa valía, calidad y relevancia, son poco conocidas entre el público más joven y no siempre están incluidas en los programas de estudio. Me siento muy plena cada vez que puedo compartir mi admiración por otros autores y autoras, cuando la poesía se une a lo pedagógico, cada vez que, como un juglar ilusionado, puedo llevar algunos versos e historias a las aulas.

F.J.: Has impartido talleres de creación literaria para niños y adultos en la biblioteca de La Zubia. ¿Cómo te resulta la tarea de enseñar poesía? ¿A quién es más fácil o más difícil enseñar poesía?

Marina Tapia: Se dice que la poesía no se enseña, y en cierto modo estoy de acuerdo con esta sentencia. Lo que sí se puede fomentar es la “mirada poética”, el dar algunas herramientas para que los alumnos (sean adultos o niños) descubran todas las posibilidades de la lengua, las figuras, la musicalidad del lenguaje; transmitirles que los cinco sentidos son un inmejorable vehículo para acercarse al mundo y poder captarlo de una manera más completa, etc. Allí concretamente, en La Zubia, ideé dos elementos interactivos artesanales (el Árbol de los Tropos y la Rueda de Metáforas) para implicar a los asistentes, que quedaron encantados con estos pequeños artefactos lingüísticos. La verdad es que en los talleres (en esa factoría de afinidades y búsquedas) me siento como pez en el agua, entusiasmada, transmitiendo el amor por la magia de las palabras pero, sobre todo, aprendiendo de cada uno de los participantes, porque creo que los que enseñan casi siempre reciben más de lo que dan.

“La poesía para mí es una forma de ver el mundo, de llenar de significado los instantes”

J.G.: En tu currículo se lee que eres artista plástica, poeta, patafísica y ¡titiritera! ¿Qué te aportan estas disciplinas? ¿Qué puedes adelantarnos sobre tus próximos proyectos?

Marina Tapia: La verdad es que todas estas actividades que he realizado en distintas épocas de mi vida tienen como elemento común un deseo profundo de interactuar con la realidad, de dialogar conmigo misma y de no perder la niña que llevo dentro. A cada una de ellas he llegado por distintos caminos (de la mano de mis padres, por casualidad, por esa curiosidad cosquilleante de la juventud, etc.). Pero siento que, sobre todo, soy poeta: la poesía para mí es una forma de ver el mundo, de llenar de significado los instantes, es compromiso, es el arte que busco con más frecuencia, un espacio sagrado en el que me siento libre para captar algo de belleza y para recrear las percepciones, un lugar íntimo al que acudo en la salud y en la enfermedad… Respecto a lo que tengo en carpeta, es seguir avanzando en la escritura de un nuevo poemario al que he titulado (provisionalmente) ‘Islario’. En él estoy desarrollando la idea del viaje, de los lugares alejados de los focos habituales del turismo de masas, de esos pequeños pueblos que guardan una textura única, que te hacen interrogarte sobre el pulso nómada que aún guardamos, del deseo de mirarnos en un conjunto arquitectónico y paisajístico donde ha dejado su huella la historia. Me ha motivado en esta aventura la lectura de tres deslumbrantes libros (que, si bien están escritos en prosa, tocan este mismo tema) ‘El desvío a Santiago’ de Cees Nooteboom, ‘Los anillos de Saturno’ de W.G. Sebald y ‘El tiempo de los regalos’ de Patrick Leigh Fermor. Tres obras maravillosas que me han hecho disfrutar como niña pequeña. También estoy alternando la escritura con la ilustración: ‘Astrolabio’, uno de los libros más cautivadores de Ángel Olgoso, está agotado desde hace varios años y va a ser reeditado con dichas ilustraciones por Reino de Cordelia. Estoy feliz con esta tarea, creo que la obra de Ángel, de tanta calidad y maestría, merece ser difundida, traducida y distribuida a nivel internacional, y quiero aportar todo lo que pueda para que esto se cumpla.

J.G.: Momento “carta blanca”. Finaliza esta entre2vista como te apetezca.

Marina Tapia: Primero que nada, quiero agradecer la oportunidad que me habéis brindado con esta entrevista. Y me gustaría terminar con las hermosas palabras que le dedica Abilio Estévez a Virgilio Piñera; creo que alentarán a muchos escritores -y a todos los que luchan por llevar una vida auténtica y coherente- a conservar ese fuego de la creación a pesar de los condicionantes con los que se encuentren, por lo menos a mí me animan, por eso quiero compartirlas: “Piñera fue un ejemplo de la pasión fría de escribir, la tenacidad de hacerlo en cualquier circunstancia, el empeño de dar fe aun cuando no hubiera editor, lector, éxito, fracaso, ni siquiera esperanza. La certeza de que la literatura no es un derbi. Que da lo mismo ganar o perder, que lo importante es el fuego. Que por encima de cualquier felicidad o catástrofe, el único camino consiste en la obstinación. Arañar la piedra. Intentar descubrir si allí dentro aparece, aunque sea lejano, el brillo de algún poema posible”.

F.J. y J.G.: Muchísimas gracias, Marina.

Poemas de Marina Tapia

Definición

“Por las noches nos duele la carne de tanto lucero”
Federico García Lorca

Otros glosarios, otras religiones. Escenas y caídas y conquistas. Somos los mismos, somos los que piden. Cambia la fornitura del espacio, el frontis del paisaje, pero aquella emoción, el ansia de elevarse, de poder orquestar momento y actitud, el revuelo que causa en la cuenca del ojo su voz que va cavando más adentro, a esa venia del aire, al agua, a la calzada que la muestra. A esta turbación. A eso llamo: luna.

(Del libro ‘Marjales de interior’, Aguaclara).

Soy la trapecista
que juega sobre cuerdas de egoísmo.
Va hilando el nido la crisálida
para esperar la muerte, su reposo;
y yo, en medio del aire
me atrevo a desatar
las hebras de mi sueño.

Soy la mujer-bambú,
no temo que me agite el devenir.
La pérdida
bordea mi cintura dulcemente.

Ya sé que nace vida
de aquella tirantez de pieles, del dolor;
por eso no me asombra este vaivén,
la altura…
¡es tan dulce jugar con nubes pasajeras!

(Del libro ’50 mujeres desnudas’, Amargord ediciones, 2013)

Nuevo pacto

No me ofrezcáis
hermanas
más ungüentos
vuestro polvo de arroz
trabilla
pintalabios
o complicado moño de orquillas para el pelo.
Soy bella así
radiante
he vuelto desde el fondo del pantano
ya atravesé el espejo
ya combatí al Goliat de la vergüenza.
Ha dibujado el tiempo de la espera
secreta celosía.

Soy hija predilecta
de toda la verdad que iba cubriendo.
Camino sobre el mar
soy pájaro
pujanza
porvenir.

El mundo de las libres me ha llamado
ha abierto su jardín para el banquete.

No me ofrezcáis doctrinas
fariseas.
Ya ha sido escrito en mí
el pacto del amor.

(Del libro ‘El relámpago en la habitación’, editorial Nazarí, 2013)

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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