Prensado en frío

Carmelo Sánchez Muros: «Nunca ha sido para mí una prioridad publicar»

Portada de 'Legado de Buda' de Carmelo Sánchez Muros
Portada de 'Legado de Buda' de Carmelo Sánchez Muros

Carmelo Sánchez Muros: «Nunca ha sido para mí una prioridad publicar»

Carmelo Sánchez Muros (Granada, 1941) es un autor de larga trayectoria, si bien nada pródigo en divulgar su obra. Inicia su singladura poética vinculado a Poesía 70, revista impresa y radiofónica dirigida por Juan de Loxa. En 1970 recibe el premio F. G. Lorca de la Universidad de Granada por Doce poemas de caza mayor y una elegía.

Ha colaborado en numerosas revistas literarias (Litoral, Bahía, Antorcha de Paja, Unicornio, Poesía 70, Tragaluz, Octaviana, Trames, Letras del Sur, Extramuros, EntreRíos, El Lunes, Grapa, Musa Ebria, El fingidor), así como en programas radiofónicos en Radio 3. Ha sido incluido en varias antologías y traducido al griego.

Entre sus títulos publicados, se encuentran: La danza de los leones (Silene, 2001), Entes (Dauro, 2003), Diario breve de un depredador (Musa Ebria, 2004), Estado carencial (Vitruvio, 2006), Memorias de siete leguas (Serendiapia, 2010), En renuncia de Eros (Port-Royal, 2013). Su poema ‘La Ciudad’ ha sido musicado por el cantautor Enrique Moratalla e incluido en su álbum ‘Corazón Transeúnte’, editado por Big Bang en 2000. Escrito en 1995, Legado de Buda (Márgenes Editores, 2023) ha visto recientemente la luz y es el motivo que lo trae hoy a nuestra Prensa.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Carmelo Sánchez Muros: Este libro fue escrito en 1995, al solicitarme Márgenes Editores algún escrito para su publicación, vi la posibilidad de rescatar este poemario, que se encontraba oculto en un cajón durmiendo el sueño de las justos, y que yo esperaba no quedase sin divulgar.

¿Cómo y cuando surge la idea del libro?

La idea de escribir este libro nunca fue premeditada. Como suele ocurrir con la poesía, al menos a mí, surgió espontáneamente, al tener frente a mí un cuaderno que me habían traído de Nepal. Tal vez surge como terapia ante un estado emocional inusual y adverso, por el que esteba atravesando en este tiempo.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a tus posibles lectores?

Que ahonden en sus emociones. Creo que cualquier persona ha transitado por estados anímicos similares a los que el libro trata de describir y comunicar.

¿En qué medida veremos en él –o no – al Carmelo Sánchez Muros de sus anteriores libros?

Tal vez este sea un poemario más desnudo de metáforas e imágenes. Quizás pudiera considerarse un paso al lado de mis anteriores y posteriores libros, más duros y, si puede decirse, más “vociferantes”. Este poemario es un susurro, una callada plegaria en cuyas ascuas arde la protesta.

¿Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Legado de Buda, ¿cuáles serían?

Cualquiera de ellos. Si reparamos, puede decirse que es un único y extenso poema. No obstante, tal vez me decidiera por los poemas de las páginas 35, 45 y el poema final, que cierra el libro.

Ha pasado una década desde tu último libro En renuncia de Eros ¿Por qué este silencio?

Nunca ha sido para mí una prioridad publicar, salvo en mis inicios poéticos. De hecho, tengo varios poemarios que, quizás, nunca vean la luz pública. Dudo a veces de que pueda interesar a alguien lo que escribo, mi mundo poético.

Tu andadura poética se inició de la mano de Poesía 70, la revista impresa y radiofónica que dirigió Juan de Loxa. ¿Cuál es el balance tras más de cincuenta años de poesía?

Tras la revolución poética que supuso la aparición de Poesía 70, y que tanto revitalizó el mundo cultural de la ciudad, las “oscuras fuerzas” intentaron ocultar que en la ciudad existieran antecedentes poéticos. Pero como veis, aún colea su influencia.

¿Cómo ha cambiado el panorama poético de nuestra ciudad en este tiempo?

Posteriormente, surgieron grupos que se adueñaron del cotarro poético e intentaron silenciar todo lo que ya existía; tal vez consideraron que no debía escribirse nada fuera de los cánones que ellos decidieran.

Ahora la “troupe” de poetas jóvenes se diversifica creando una poesía más heterogénea.

¿Y en qué andas ahora? ¿Hay nuevos proyectos en el horizonte?

Como veo que ese horizonte está más próximo cada vez, quisiera publicar dos nuevos y, tal vez últimos, libros. Un poemario que escribí, hace ya años, Breviario demente, dedicado a mi hermano Claudio, que surgió tras su muerte. También quisiera ver publicado en libro que acabo de terminar, Espejo de enigmas, antes de que la IA, acabe apropiándose de nuestras ideas e imaginación.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por “La Prensa”?

Aunque creo ya la visitó, sería muy interesante conocer que respondería Sergio Mayor acerca de su último libro.

Poemas de ‘Legado de Buda’ de Carmelo Sánchez Muros

Qué tráfico lejano
hay en la noche.
Qué artificial rumor
mueve la vida
de los que vuelven
quemados por el astro
que seca mieses
y calcina caminos.
Tanto cuerpo fugaz,
tanta materia
atormentada
en su cárcel de sueños.
Cuánta fruta podrida,
mordida en el abismo
que cerca el paraíso
del sexo y la locura.
Cuánto daño a quien duerme
estremecido
ante el furor cercano,
de que pongan su pie
las bestias siderales
en lo más santo
con que sueña tu mente.

——————————

Feliz meditas
mientras mi carne vela.
Extraigo la raíz
que ahonda en la memoria
y sonámbula va
hacia el vacío absoluto.
Mira mi carne expuesta:
arterias siderales
por donde tú conduces
su sangre sorprendida,
al filo del puñal
enajenado.
Qué alma en pena
conmueve su deseo
y, en presencia real,
materializa
sus imposibles besos
descarnados.
Qué hondo cristal
penetra bajo tierra,
separando intangible
el fluido vital
que tanto nos uniera.
Tú lo quisiste así.
Bastaría que tu mente
solidaria
creara la fisura
por donde entrar
a tu santo recinto
y rescatar el fuego
que brota de tu mente
liberada…

——————————

¡Me llevas al delirio,
Siddharta encadenado!
Lucifer de la orgía.
Patriarca del vicio.
¡Abjuro de ese mal
que nos enseñas
aclarando la noche
con una falsa aurora!
Quiero el torrente frío 
manando de la nieve,
que nos lave las manos
y se extienda en la frente.
Y el corazón, más cálido.
Más lleno de alegría.
Conformando el destino
que en sus manos nos lleva.
Y si la fruta fría
quisiera desprenderse,
¡oh, Siddharta!, te ruego
que caiga entre mis labios.

Javier Gilabert
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