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Virgilio Cara: «Lo que para muchos jóvenes es a menudo una carga, para los mayores es siempre un regalo»

Virgilio Cara
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Virgilio Cara: «Lo que para muchos jóvenes es a menudo una carga, para los mayores es siempre un regalo»

Virgilio Cara Valero (Granada, 1964) es licenciado en Filología Española por la Universidad de Granada y, actualmente, profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Alhendín de Granada. Ha ampliado, también, su actividad docente en los cursos del Aula de la Experiencia de la Universidad de Sevilla.

Dirigió, entre 1999 y 2007, la revista literaria Los Papeles Mojados de Río Seco y ha publicado textos de creación y de crítica literaria en revistas como Antaria, El Fingidor, Letra Clara, Extramuros, El Coloquio de los Perros, Sibila o Palimpsesto.

Durante tres años organizó las actividades literarias de la Casa Molino Ángel Ganivet y prologó los volúmenes ‘La luz humana’ (Tres aproximaciones a la obra de Ángel Ganivet, 2012) y ‘Fe de vida’ (Estudios sobre Ángel Ganivet, 2013). En 2016 fue elegido como miembro numerario de la Academia de Buenas Letras de Granada, donde ostenta la medalla con la letra P.

Javier Gilabert : Las recientes reformas educativas –y, al parecer, la que está por venir-, han ido desplazando disciplinas como la Literatura o la Filosofía hasta relegarlas a un lugar casi marginal, anecdótico. Como docente, pero también como escritor, ¿qué importancia crees que deberían tener en el currículo? ¿Qué valor dan los jóvenes que pasan por tus aulas a la las letras?

Virgilio Cara: En efecto, en los últimos treinta años, el sistema educativo ha experimentado una serie de reformas organizativas a las que, si bien al principio se les podía reconocer una cierta buena intención, han terminado por demostrar en gran medida su ineficacia práctica, unas veces por sus orientaciones ideológicas y otras, por la falta de consenso profesional. Y es cierto, también, que disciplinas como la Literatura, la Filosofía y las Lenguas y la Cultura Clásicas han perdido  presencia en las aulas lo que no está siendo en absoluto beneficioso para un alumnado que, silenciosa e inconscientemente, desconoce cada vez más y valora cada vez menos las actitudes y el pensamiento humanista. Esto no quiere decir que cada curso no haya un número considerable de alumnos que siga apreciando los contenidos de estas asignaturas por propia iniciativa, por tendencia intelectual o por la pasión por ellas que les trasladan sus profesores. 

J.G.: Durante tu experiencia como profesor del Aula de la Experiencia en Sevilla o como colaborador del Aula Permanente de Formación Abierta para mayores de Granada, has tenido la oportunidad de estar en contacto con personas mayores ávidas por seguir aprendiendo. ¿Qué demandan sus usuarios? ¿Qué iniciativas en ese sentido están todavía por desarrollar? ¿Cuida esta sociedad a sus mayores?

Virgilio Cara: Efectivamente, hace unos años tuve la oportunidad de coordinar, durante cinco cursos, algunos talleres sobre lengua y literatura en el Aula de la Experiencia que la Universidad de Sevilla organizaba en la localidad de Estepa. La participación de los alumnos mayores de cincuenta años fue muy numerosa y el interés que mostraban en las clases, como bien apuntáis, verdaderamente sorprendente para quienes, profesores de secundaria y de bachillerato, estábamos acostumbrados a esa cierta desgana que contagia a una parte de nuestro alumnado adolescente. 

Por otra parte, en 2011, y entre las actividades que organizaba la Casa Molino Ángel Ganivet, se creó un club de lectura cuyas reuniones mensuales, hasta hoy e ininterrumpidamente, vengo coordinando y moderando, ahora con la Biblioteca de Andalucía como sede, con una elevada presencia y participación de lectores mayores, ávidos, como decís, de aprender pero que, al mismo tiempo, ofrecen en sus interpretaciones y comentarios de los libros un bagaje impagable de experiencia vital, profesional y cultural. 

También, desde hace dos años e impulsado por el programa educativo del Vicerrectorado de  Extensión Universitaria, colaboro en otro club de lectura que hemos querido llamar ‘Lo que vale una vida’, como símbolo de esa experiencia aportada por los miembros participantes y como homenaje a la obra poética de Rafael Juárez. En ambos, cada año es mayor la demanda de lectores que quieren incorporarse a los grupos y que van buscando y encontrando en ellos un espacio de aprendizaje y de expresión. Lo que para muchos jóvenes es a menudo una carga, para los mayores es siempre un regalo. Y, como se ha demostrado hace unos meses cuando los alumnos del Aula Permanente han luchado por recuperar el presupuesto institucional destinado a sus cursos, la educación a esa edad es también una necesidad que, como algunos de ellos han declarado en la prensa, les da razones para vivir y los libera de la soledad.

Fernando Jaén: Has publicado y prologado diversos estudios sobre Ángel Ganivet, obras que recogen algunas de sus conferencias. ¿Cuál es su influencia en la cultura granadina? ¿Consideras que se ha puesto en valor su obra en los últimos años? ¿Qué ha significado Ángel Ganivet en la tuya?

Virgilio Cara: Como dije al principio, durante varios años colaboré en la coordinación de las actividades literarias de la Casa Molino Ángel Ganivet de Granada. Conocía ya algunas obras del escritor pero fue entonces cuando me detuve con mayor profundidad en sus escritos, sobre todo, y vuelvo a lo apuntado anteriormente, en su Epistolario, un conjunto de más de seiscientas cartas sobre el que escribiría posteriormente mi discurso de recepción pública como académico. Titulé el trabajo Miscelánea y palimpsesto en el Epistolario de Ángel Ganivet, y en él defendía que los escritos epistolares del «cónsul imposible» o del «excéntrico del 98», como se le ha llamado en alguna ocasión, se han convertido en un discurso autónomo y coherente con el resto de sus libros y que, acorde con el carácter inestable y rebelde del personaje, su estilo se acomoda como un guante a la expresión de sus ideas. 

Se organizaron entonces varios ciclos de conferencias sobre el autor y su obra (como curiosidad, recuerdo que uno de los conferenciantes de entonces, Manuel García, se interesó tanto por el personaje que dedicó varios años a la redacción de una novela sobre Ganivet, Mañana, cuando yo muera, que lleva ya tiempo en las librerías) que sirvieron para recuperar en cierta medida a un Ganivet del que, en el fondo, se conocía muy poco, a pesar de que unos años antes se había publicado una magnífica edición de sus Obras Completas, a cargo de Fernando García Lara. En definitiva y como ocurre siempre, se recuerdan más las vicisitudes de su temprana muerte que el valor literario de sus escritos.

J.G.: Háblanos de la Academia de las Buenas Letras de Granada, de la cual eres actualmente el secretario. ¿Cuál es su ámbito de actuación? ¿Y sus proyectos a medio y largo plazo, sobre todo teniendo en cuenta la situación actual que nos ha tocado vivir?

Virgilio Cara: La Academia de Buenas Letras de Granada es una institución con casi veinte años de vida por la que han pasado y aún siguen demostrando su magisterio muchos de los nombres más representativos del ámbito cultural de la ciudad, profesores, periodistas, novelistas, poetas, dramaturgos, traductores, críticos, lingüistas, que intentan recoger, en sus reuniones mensuales, las inquietudes intelectuales de los granadinos.

Aunque creo que su trabajo no se conoce como debería, desde entonces los miembros de la Academia realizan una actividad variada y constante; se ocupan de elaborar y actualizar un diccionario de autores granadinos, mantienen las colecciones literarias Mirto Academia y Mirto Joven, elaboran un boletín semestral, colaboran en la digitalización de libros descatalogados o difíciles de encontrar de autores granadinos y participan, como miembros del jurado, en algunos premios convocados, entre otros, por la Universidad o el Ayuntamiento de la ciudad o por el diario Ideal, en donde, semanalmente, también aportan sus firmas a la columna de opinión ‘De Buenas Letras’. 

Además de las Juntas Públicas que generalmente se celebran en el Paraninfo de la Universidad y en las que anualmente se leen y se distribuyen, impresos, los discursos de ingreso en la institución de los académicos de número y de los correspondientes por otras ciudades, la Academia organiza cada curso un ciclo de conferencias que aborda aspectos relacionados con la literatura o con la vida cultural de la ciudad.

Por otro lado, el presidente representa a la institución en el jurado del prestigioso Premio de Poesía Federico García Lorca y forma parte de una comisión que cada año otorga el Premio Francisco Izquierdo a alguna iniciativa, publicación, institución o personaje de las letras granadinas.

«Cada autor es hijo de su experiencia pero también deudor de sus lecturas»

F.J.: Juan Varo dedica unas elogiosas palabras a tu poética, calificándola como «una lectura atenta y creativa de la tradición poética y de la meditación sobre el hombre como ser moral en su devenir histórico». ¿Ves así tu obra? ¿Es la poesía una manera de meditar sobre el hombre en la historia?

Virgilio Cara: Parece innegable que cada obra pertenece a un tiempo histórico determinado y que su autor, aun intentando superarlas, no puede escapar a unas condiciones temporales concretas. Cada autor es hijo de su experiencia pero también deudor de sus lecturas a las que consciente o inconscientemente tiene presentes ya sea para asimilarlas o para rechazarlas. Escribimos porque leemos.

Si repasamos los poemas de mis libros y la intención que da forma a cada uno de ellos, la opinión de Juan Varo no puede ser más acertada. De hecho, estas palabras son parte de un comentario al primer libro, Los años que pasé fingiendo, y creo que me han servido de guía para la redacción de los restantes, es decir, que me han llevado a no perder nunca de vista la tradición, a asumirla debidamente y a aplicarla a la reflexión sobre el individuo y sobre sus creaciones a lo largo de la historia para finalmente trascender el momento y sublimar el pensamiento y la identidad del ser humano.

F.J.: Con tu magnífico poemario ‘No he visto lo que he visto. Epistolario apócrifo’ obtuviste el Premio Antonio Machado en Baeza en 2004. El libro incluye una colección de cartas imaginarias de Ángel Ganivet, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Max Aub entre otros «trasterrados», que nos obligan a reflexionar sobre la noción de patria y el papel que juega la libertad en la historia. Manuel Rico dice de este poemario que supone una «meditación sobre la identidad, sobre la pérdida de las raíces y sobre la soledad y la impotencia frente a las fuerzas que deciden el curso de la historia». ¿Cómo crees que ha influido esta pérdida de las raíces, los destierros involuntarios, no solo en la poesía, sino en la propia historia de nuestro país?

Virgilio Cara: La composición de No he visto lo que he visto se articula sobre tres ideas fundamentales: una, formal, es decir,  la de construir el poema de manera epistolar y otras dos, como consecuencia de la primera, que afectan al contenido, la expresión de la amistad y el concepto del alejamiento o del exilio.

La lectura de varios epistolarios de escritores conocidos me llevó a apreciar la carta como un vehículo excepcional para transmitir ideas. En ella el individuo se manifiesta y comunica sus afectos o sus inquietudes de manera íntima a un solo destinatario sin que desaparezca su conciencia literaria, sobre todo en la expresión y en el estilo. A esto hay que añadir que la carta constituye un documento impagable para conocer de primera mano y en voz propia, las vicisitudes históricas y vitales de estos personajes hasta el punto de convertirse solidariamente en una parte más de su obra literaria. Sin duda, los epistolarios de Leandro Fernández de Moratín, de Luis Cernuda, de Ramón Pérez de Ayala o de Ángel Ganivet me empujaron a leer los de otros autores que después, en un ejercicio de vampirización, utilicé como protagonistas de mis poemas. Todos ellos, impulsados por la distancia con su interlocutor, se convierten así en los soportes de unas ideas comunes que transmiten no solo el dolor de un exilio geográfico sino también la angustia de un exilio interior, personal e individual. Y, es cierto que si analizamos la Historia de nuestra Literatura la hallaremos repleta de estas voces en las que la distancia refuerza el sentido de la amistad por un lado y, por otro, la expresión de la soledad.

F.J.: En tu último poemario, ‘La mitad de la fama’, la poesía brota de la contemplación de piezas literarias o diversas obras artísticas, principalmente pictóricas. Me gusta cómo afrontas el tiempo dentro de la obra artística, el valor de lo efímero y tu forma de traspasar fronteras. ¿Es la poesía deudora de otras artes? ¿Es la poesía una forma de detener el instante, como un buen cuadro es capaz de detener el tiempo en la retina? ¿Qué enseñan las obras clásicas a los ojos de hoy?

Virgilio Cara: En una de sus Elegías romanas, de la que extraigo el título del libro y cuya cita abre el poemario, Goethe enfrenta la calidez efímera de la belleza humana a la fría pero eterna de las obras de arte. Esa es la idea que vertebra muchas de las composiciones del libro ya sea tomando como referencia algunos cuadros que son para mí significativos o diferentes textos que siempre he admirado. El hecho de usar un cuadro o un poema como modelos de los que parte el texto me permite realizar una suerte de écfrasis relativa con el fin de reflexionar sobre los temas clásicos y recurrentes que han tratado el resto de las artes, la música, la pintura… con las que, ya desde la afirmación horaciana, «ut pictura, poiesis», la poesía siempre ha mantenido necesarias conexiones. Intento añadir, además, en cada poema, una sutil referencia a la ciudad donde se encuentra el cuadro que sugiera el desplazamiento físico del viaje, así como, a veces, una actualización de la anécdota de la imagen que se representa que invite al lector a una nueva interpretación de la obra que pueda ser aplicada a la experiencia presente de cada uno. 

«Cuanto más se conoce un arte, mejor se entienden y más se disfrutan sus manifestaciones»

F.J.: En tu poemario ‘Región del desengaño’, indagas en la historia y en la forma en la que ésta es trasmitida y a veces adulterada, cómo juegan ficción y realidad en el mismo tablero. En estos tiempos de ‘postverdad’, ¿cómo crees que nos recordará la historia?, ¿Puede la poesía sobrevivir en estos tiempos donde la impostura y la falsedad ostentan un destacado valor social?

Virgilio Cara: En el título de este libro, utilizo el concepto de «Desengaño» desde un punto de vista barroco, es decir, como concepto para descubrir la realidad oculta tras lo ficticio o lo manipulado. La mayor parte de los personajes a los que doy voz en los poemas existieron realmente y de ellos se da noticia en algunos documentos históricos que se refieren a una región determinada del centro de Andalucía en la que viví durante quince años. En los poemas toman la palabra, entonces, individuos anónimos de civilizaciones y culturas diferentes, tartessos, romanos, árabes, cristianos, asentados a lo largo del tiempo en una misma zona, a través de cuyos testimonios he intentado, como decía algo más arriba, descubrir el engaño al que nos somete la historia oficial y mostrar la verdad cotidiana, recurrente y atemporal de los ciudadanos.

Hoy, como entonces, seguimos sometidos a la manipulación, intencionada o no, de la realidad y sólo con la perspectiva que da el tiempo podremos analizar qué hay de verdad o de impostura en la información que recibimos masivamente. En mis clases suelo decirles a los alumnos que es en los textos literarios, más que en los históricos, donde se puede encontrar con mayor fiabilidad la verdad del tiempo pasado, ajenos aquellos a la deformación ideológica a la que pueden verse sometidos los estudios académicos. No es que la función de la literatura, de la poesía, deba ser social (opción que no deslegitimo) sino que sería preferible que adoptara una posición testimonial ante el mundo y la vida. 

J.G.: Conoces a fondo nuestra tradición poética, y ella muy presente en tu obra. ¿La han olvidado los poetas de las generaciones más recientes? ¿Se puede escribir buena poesía sin tener presente ese referente?

Virgilio Cara: Cuanto más se conoce un arte, mejor se entienden y más se disfrutan sus manifestaciones. El hecho de ser un gran lector de poesía tal vez no haga a un mejor poeta pero ese caudal de lecturas sí puede proporcionarle  referentes útiles, que se respetan o se desechan, y herramientas variadas, de las que se puede servir o no, pero que, en todo caso, le van ayudar a adquirir unos hábitos y una técnica que de otra manera no se tendrían. Yo entiendo como conceptos básicos de la poesía la selección, el ritmo y la emoción y no se consigue ninguno de ellos si no es a través del esfuerzo y del trabajo sobre el texto, algo que he podido constatar en algunas de las jóvenes poetas que en los últimos tiempos están publicando en Granada y a las que seguiré leyendo con interés.

«El libro va a recuperar el espacio que ha tenido hasta ahora»

J.G.: Por tu amplia experiencia como editor, asesor y director de colecciones de poesía y de revistas literarias. ¿Crees que el futuro de este tipo de publicaciones se verá seriamente afectado por la pandemia?

Virgilio Cara: Se verá afectado, sin duda, como lo está siendo cualquier otra actividad cultural y, también es posible que en los próximos años se limiten los presupuestos institucionales destinados al ámbito literario. Pero prefiero ser optimista y pensar que la empresa privada recuperará pronto el ritmo de publicaciones. El apoyo de los lectores a las librerías, algunas iniciativas que han promovido la edición y la venta de libros durante estos meses y, sobre todo, el deseo y la demanda de nuevos títulos me hace suponer que muy pronto y en distintos formatos, el libro va a recuperar el espacio que ha tenido hasta ahora. Mucho antes de la situación que nos afecta actualmente se hablaba de la próxima muerte del libro pero, antes de este paréntesis, hemos asistido al nacimiento de pequeñas editoriales y nuevas colecciones que responden a esa necesidad inveterada del ser humano de contar y de que le cuenten historias.

J.G.: También en relación con esta cuestión, nos gustaría saber más sobre otro de tus proyectos, Entorno Literario.

Virgilio Cara: Entorno Literario es una revista que, con espíritu divulgativo, desde hace tres años y en cinco entregas, se ocupa de aspectos referentes al libro tan variados como los que van desde la publicación de textos poéticos, narrativos o ensayísticos inéditos hasta los que abordan los relacionados con la encuadernación o la tipografía. Heredera de otra publicación periódica anterior, Los Papeles Mojados de Río Seco (algunos de los miembros del equipo editorial de aquella continúan en esta), Entorno Literario ha querido conservar, también, una sección que fue muy aplaudida entonces, la dedicada a los ‘Libros perdidos’, que ahora sigue recogiendo reseñas de aquellos títulos que, por su heterodoxia o porque por determinados intereses se quedaron fuera del canon de la Historia de la Literatura, resultan singulares y curiosos por su valor documental o su calidad literaria.

En relación a la pregunta anterior, debo decirte que el número seis de la revista, cuyos contenidos se han estado trabajando durante estos meses, ha quedado ya maquetada e impresa esperando una fecha oportuna para ser presentada en Granada y en Sevilla.

J.G.: Esta entre2vista llega a su fin y, como viene siendo ya costumbre, te proponemos en el “momento Carta Blanca” que la cierres como más te guste.

Virgilio Cara: Ya que hemos hablado de Ángel Ganivet, ¿qué os parece que cerremos la entrevista con una cita suya? Unos días antes de morir, el cónsul granadino envía, desde Riga, a su amigo Francisco Navarro Ledesma una declaración, su último texto escrito, que concluye así: «He tenido dos hijos: Natalia, que está enterrada en St. Lèger lès Domart (Francia) y Ángel, que vive en Madrid; ambos son legítimos por mi voluntad. Tengo tres hermanos, muchos parientes y pocos y buenos amigos».

Poemas de Virgilio Cara

INSCRIPCIONES FUNERARIAS

                          Y de esas flores que enredamos
                          en los ángulos de la greca, 
                          me parece que queda el pétalo de una.
                                                                 Fernando Quiñones. 

III.

Guarden los dioses Manes esta tierra
donde descansa Viria, fiel esclava
de Lucio Erenio Mauro, a quien se deben
las palabras que lees, oh viajero.

Del laurel las cenizas no bastaron
para dejarla aquí, ni el sacrificio 
del ganso, cuya sangre y cuyas vísceras
ofrecimos a Apolo.
Los hados y la fiebre consumieron
las rosas en su cuerpo. Nada queda, 
tan sólo sombra y mirtos,
de Viria entre nosotros.

Si te hubiera servido y escanciado
cada noche en tu copa el vino espeso
de estas vides, también tú, caminante,
llorarías la ausencia de sus labios. 

(De Región del desengaño)

ALI AL NAFZI SE RETIRA A DESCANSAR

                                                  A Rafael Juárez.

Dicen de mí que he sido,
durante el ejercicio prolongado
del cargo que ocupara en esta corte,
de carácter pacífico y actitud ponderada,
que supe preservarme
tanto del mentecato adulador
cuya boca envenena,
como del intrigante que acaba con el sueño.
Y, si hay algo de cierto en la opinión
de quienes esto afirman,
no a otros se lo debo sino a aquellos
con los que conocí la virtud del estudio;
a Abu – Bar al – Kafif quien me instruyera
en las correspondencias de los nombres
y en los falsos sentidos con que, a veces,
las palabras ocultan la verdad;
interpreté los textos con Abu
Zayd al Suhayli, fiel conservador
de las leyes sagradas
pero dúctil y pródigo aplicando justicia;
y fui, también, discípulo (Dios guarde
su memoria) de Abu Marwan Quzman,
del que un día lejano recibiera
conocimiento y júbilo.
Lo que ellos me enseñaron traje aquí,
hasta estas tierras fértiles que han visto
pasar mis años (como pasa el río
que baña sus murallas).
Y aquí habrá de quedarse cuanto he escrito
acerca de la ley, mis comentarios
sobre el hombre y la paz, y los poemas
con los que me atreví, algunas madrugadas.
Me dicen que he cumplido mi trabajo
con honradez y fe, sin obligarme
en pasiones efímeras
ni en fugaces ideas;
y que es tiempo, por fin, de abandonarme,
alejado de pleitos y traiciones,
al placer que tan sólo proporcionan
las cosas naturales.
Entre ellas, en el huerto junto al Dauro
que hace poco adquirí, pensando en mi retiro,
haré balance ahora, más dueño de mí mismo,
del valor verdadero de una vida.

(De Región del desengaño)

EL REINO DE ESTE MUNDO

De todo cuanto un día la fortuna
me pusiera al alcance de la mano,
de esta que veis ahora, reposada,
sobre el sólido mármol de mis muslos;
de todo aquello cuanto a veces fuera,
en una y otra orilla del océano,
insólito a mis ojos y a mi piel,
placer y regocijo de mis labios;
de todo cuanto ayer os ofrecí,
como hoy esta manzana que sostengo,
la fruta de mis noches, el incendio
de mi pasión desnuda y desatada;
de todo aquello que la muerte olvida,
una cosa os diré que no ha podido
la tierra retener
ni el paso de la sombra tras los siglos:
lo que otros continúan cantando de mi cuerpo,
idéntico en la piedra o en la tinta apresado,
el deseo que aun despierto, el apetito
aun incontenible desde el propio silencio.

(De La mitad de la fama)

NADA NEGRO

Cuántas veces el verso ha deseado
parecerse al color y, al mismo tiempo,
cuántas el lienzo o el pincel buscaron
la fértil precisión de las palabras.
Pero ante todo, cuántas
no supo la verdad determinarse
-tan leves son los límites y tanto el equilibrio-
entre aquello que ofrecen naturaleza y arte.

“Se está velando en Giverny el cadáver
del anciano pintor. Tras la ventana
del cuarto en que reposa el cuerpo frío,
hay también un paisaje de invierno y un estanque,
y el jardín que las últimas tres décadas
ha sido la obsesión de su mirada.
Es cinco de diciembre. Permanecen aún,
sobre la superficie confusa de las aguas,
los mil matices que el color fingía
solapando el reflejo de las nubes,
la sombra de los sauces y el latido,
casi humano, de musgos y nenúfares;
y en el fondo invisible, ya impaciente,
el esbozo de vida que promete
una nueva estación mucho más cálida.
Han abierto la puerta de la estancia
en penumbras. Un hombre muy cansad
se acerca al ataúd sobre el que han puesto
un triste paño oscuro.
Con poco contenidos indignación y orgullo,
aquel que fuera amigo en París, tantos años,
retira con un gesto el manto y pide
que el féretro se cubra con decoro;
con un tejido vivo que recuerde,
bajo cielos abiertos, las riberas del Sena,
o extensos campos en el sur, sembrados
de trigo y de amapolas;
con aquello que da vida a los hombres
y a la tierra, con sangre y clorofila,
con esperanza y luz, como si fuera
que el color se estuviera creando en ese instante.
Claridad y color. No, nada negro para Claude Monet.”

(De La mitad de la fama)

EL TALLER DE B

“¿Por qué me siento cómodo en el caos?
Porque es precisamente el caos, asumido
como espacio sin límites entre orden y desorden,
quien me dicta y sugiere las imágenes”.
La respuesta es de B, quien continúa:
“El lugar donde vivo es el paisaje
de mi autobiografía. Y sus huellas, los signos
que han ido dando forma a mi memoria.
Es por eso que nunca altero nada”.
Y es por eso también que los objetos
que convulsivamente se acumulan
en el taller de B no solo son
testigos fragmentarios de su vida
sino su vida misma, su conciencia,
la conclusión final de sus contradicciones.
Allí está B, junto a los lienzos rotos,
completo y verdadero,
en los cientos de cartas y dibujos 
que nunca terminó y entre las páginas
que, durante las últimas tres décadas,
fue arrancando de libros, revistas y periódicos.
En ellos B depositó sus sombras,
el color de sus sombras
y la certeza de que el hombre debe
firmemente creer en no creer en nada.

(De La mitad de la fama)

EL VUELO DE LAS ÁGUILAS

(SOBRE LA BREVEDAD)

No he sabido hasta ahora, ya lo veis,
escribir, como os dije, sobre aquellos
días tranquilos que pasamos juntos
lejos de la ciudad, este verano.
Y si se han resistido los versos anunciados
no ha sido responsable la pereza
sino acaso el temor a demorarme,
aún fresca la memoria, en detalles prolijos.
Cada poema necesita un tiempo,
su pausa y su medida, y en este, sobre todo,
la brevedad que exige la retórica
y convierte en virtud la preceptiva.
Es por eso que así ha de quedar,
sujeto y reducido en pocas líneas,
cuanto decir debía
del paisaje en silencio,
de la noche y la música,
de la amistad sincera,
del amor redimido…
con las palabras justas y la emoción serena, 
bajo la sola imagen, ¿recordáis?,
de aquel eterno vuelo de las águilas
sobre el profundo valle.

(Inédito)

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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