Prensado en frío

José Carlos Rosales: «La escritura de un libro de poemas es un acto de aprendizaje y conocimiento»

Portada de 'Alguien lleva una piedra escondida en la ropa' de José Carlos Rosales
Portada de 'Alguien lleva una piedra escondida en la ropa' de José Carlos Rosales

José Carlos Rosales: «La escritura de un libro de poemas es un acto de aprendizaje y conocimiento»

José Carlos Rosales (Granada, 1952) es licenciado en Filología Románica. Con Si quisieras podrías levantarte y volar (2017), del que existe una edición italiana (Se volessi potresti alzarti e volare, trad. de Damiano Sinfonico, Interno Poesia, 2021), obtuvo el Premio al Mejor Libro de Poesía del año 2017 (Revista digital de crítica literaria Estado Crítico). Ha recibido otros premios como el Internacional de Poesía Gerardo Diego (Poemas a Milena, 2011) o el Ciudad de San Fernando (El horizonte, 2003).

Entre sus trabajos literarios podrían citarse Señales amarillas (2018), Libro de faros (2008, 2020) o A mi trabajo acudo con mi dinero pago. Poesía y dinero. Antología poética desde el Arcipreste de Hita hasta la actualidad (2019). Otros poemarios suyos son Años larguísimos (2019), Y el aire de los mapas (2014), El desierto, la arena (2006), La nieve blanca (1995), El precio de los días (1991) y El buzo incorregible (1988, 1996). Hoy se acerca a nuestra prensa para hablarnos de su última obra publicada, Alguien lleva una piedra escondida en la ropa (Bartleby Editores, 2023).

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

José Carlos Rosales: Bueno, pues empezaré por la segunda cuestión que me planteas, me parece la más fácil para mí y también, tal vez, la más significativa: mis libros nunca han salido a la calle en una fecha previamente establecida, mi libros salen a la calle cuando se puede, pues la mayor parte de mis editores son editores más o menos modestos, editores que no están en este negocio para hacerse ricos, editan pocos libros al año, son editores vocacionales y cuando reciben mi original siempre me hacen esperar un tiempo largo antes de sacarlo a la calle, en este caso he tenido que esperar más de un año, casi dos, lo cual me produjo al principio una cierta incomodidad; pero luego, cuando el libro finalmente se edita, tengo que agradecerles sinceramente todas estas demoras porque todo ese tiempo de espera ha sido un tiempo de maduración provechosa que me ha permitido llevar a cabo numerosas correcciones y ajustes, distanciarme del libro, mejorar su estructura, limar versos y frases y palabras; así que, cuando el libro llega finalmente a las librerías, es muy diferente al original que les envié en su momento.

Y a la primera pregunta también tengo que decirte que al principio empiezo a escribir sin un plan definido, me dejo llevar de la intuición o del azar y de lo que va surgiendo mientras escribo, muchos poemas o borradores de poemas se quedan abandonados cuando no vislumbro la posibilidad de construir con ellos un libro que sea un todo organizado, una indagación sostenida, un espacio de sensaciones y temáticas que, en primer lugar, me permitan conocer mejor el mundo y poderme entender con él; de no ser así prefiero abandonar y empezar otra cosa, pienso que de otro modo no podría proponerle a nadie que leyera mis libros: antes me tienen que interesar a mí, tienen que empujarme a mirar, a prestar atención, a descubrir cosas y a organizarlas entre sí para que puedan funcionar como una enunciación coherente, como una especie de relato, discurso o razonamiento.

Y sobre los asuntos de este libro te diré que hace ya algunos años que empezaron a interesarme las piedras, su orfandad o su abandono, su insignificancia, su desnudez; ya hay algo de todo ello en mi libro El desierto, la arena, un libro de 2006. Aunque también tengo que decirte que este motivo de las piedras no supone novedad alguna, tiene una larguísima tradición a la que he intentado sumarme con estos poemas. Basten dos ejemplos; en primer lugar, en la Villa Medici de Roma, una institución modélica patrocinada por la Academia Francesa, hay en estos momentos una interesantísima exposición bajo el título de Historias de piedras, una muestra que se abre, entre otras frases, con una del surrealista Roger Caillois: «he pensado que era apropiado mirar las piedras como una especie de poesía»; y, en segundo lugar, en el Palacio de Los Condes de Gabia de Granada, donde se presentará mi libro el próximo 15 de diciembre, se puede visitar estos días un trabajo muy sugerente de la artista Cristina Megía titulado De carne y piedra. Y, bueno, también me acuerdo ahora de la soleá de la Serneta, la que cantaba la Niña de los Peines: “Fui piedra, perdí mi centro / y me arrojaron al mar, / y al cabo de mucho tiempo / mi centro vine a encontrar”. También la cantaba Enrique Morente, vosotros hablabais de esta tremenda soleá en una de vuestras entradas del año 2014, una de Tono Cano.   

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Los primeros poemas de este libro los empecé a escribir en 2015, cuando estaba terminando mi libro anterior, Si quisieras podrías levantarte y volar; sentí entonces la necesidad de instalarme en una atmósfera distinta, quería dibujar un mundo más dilatado o complejo, un mundo donde hubiera más personajes, donde las peripecias poéticas fueran plurales, muy abiertas, con múltiples enfoques y puntos de vista. Pienso ahora que, si en Si quisieras podrías levantarte y volar todo ocurría alrededor de un solo personaje y durante una seca y agobiante tarde de agosto, tal vez en Alguien lleva una piedra escondida en la ropa la acción poética se desarrolle —como contrapunto al libro anterior— en un largo clima invernal o lluvioso; y en vez de un solo personaje que intenta irse o alejarse, ahora son numerosos los personajes que deambulan buscando una salida, otros espacios, algo que les dé seguridad o sosiego. En fin, entre mis procedimientos de escritura, está el de procurar que cada libro sea como una especie de ampliación o desarrollo de las ideas y sensaciones ya esbozadas en otros libros, sobre todo en el anterior; así que, en cierto modo, podría decirse que Alguien lleva una piedra escondida en la ropa forma pareja con Si quisieras podrías levantarte y volar.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

No me gustaría dar pistas para la lectura de este libro, entre otras razones porque muchas veces no son los autores los más indicados para señalar las claves de su obra; algunos, incluso, pueden limitar con sus observaciones nuestra lectura personal, condicionar muchas veces el acercamiento espontáneo, desinhibido, como si un libro de poemas encerrara un secreto, un enigma, del que sólo sus autores supieran la respuesta correcta. La utilidad de la poesía descansa en la posibilidad de que los que se acerquen a ella lo hagan para encontrarse a sí mismos y, de algún modo, lo logren. Sólo te diré que este libro habla de asuntos comunes, temas que ya aparecen en otros libros míos como la huida, la exclusión o el desamparo. Te añadiré, sin embargo, una sugerencia, la de que las personas que se acerquen a este libro se acuerden durante la lectura de sus páginas de todas esas ocasiones en las que, caminado por la playa o el campo, hemos guardado una piedra que nos llamó la atención por su color o forma o tacto; supongo que a ti también te habrá pasado.    

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Me gustaría que les hiciera reflexionar sobre asuntos en los que no habían pensado antes o en los que habían pensado de una forma rutinaria, que sintieran que el mundo puede ser de otra manera, que miraran de otro modo las cosas que están a nuestro alrededor. Te pondré dos ejemplos: un amigo me dijo hace poco que tras la lectura de este libro ya no podía mirar las piedras de la misma manera, que antes no se fijaba en ellas y que ahora las miraba con otros ojos, que antes las piedras casi no existían para él y que ahora ya no es así. Otro amigo me dijo que ahora miraba la indigencia con otra actitud, con mayor atención o conciencia, que los indigentes que pasan por la calle a nuestro lado ya no son como eran antes.

¿Qué importancia tiene la estructura o la disposición de los poemas en este libro? ¿Fue algo deliberado o más intuitivo durante el proceso de creación?

Primero fue la intuición o la casualidad; y luego una planificación muy meditada: me gusta que mis libros sean un todo orgánico, un libro en el pleno sentido de la palabra libro, una unidad de pensamiento. Así que le di muchas vueltas al orden de los poemas, a su continuidad, procuré que no quedaran cabos sueltos, que hubiera una unidad narrativa y reflexiva. No sé hacerlo de otro modo, entre otros motivos, porque para mí la escritura de un libro de poemas es un acto de aprendizaje y conocimiento, representa la necesidad de concentrarme en unos temas y no alejarme de ellos. Todo eso es muy importante para mí, no podría trabajar de otra manera.

En Alguien lleva una piedra escondida en la ropa, la acción poética se sitúa en medio de un diluvio incesante, un diluvio que ha interrumpido demasiadas cosas. ¿Es un libro propiamente postpandémico? ¿Cómo ha influido este periodo en tu escritura?

Bueno, es un libro postpandémico porque se publica tras la pandemia, sólo eso, la pandemia no es más que un trágico acontecimiento reciente, uno más entre tantos otros acontecimientos históricos más o menos recientes, y no creo que haya influido en la escritura de estas páginas; tengamos en cuenta que empecé a escribirlo en 2015, mucho antes de la pandemia. De todos modos, no deja de ser cierto que ese diluvio incesante funciona como metáfora o síntesis de otras calamidades colectivas de las que no voy a ponerte ejemplos porque están en los libros de historia y en los periódicos de cada día: la calamidad o la catástrofe son una constante en la historia de la humanidad. Algunas personas encontrarán paralelismos con la pandemia, pero otros pensarán en la huida de los ucranianos ante la invasión rusa o en los desplazamientos forzados de los palestinos en la franja de Gaza, no sé, ha habido tantos éxodos o migraciones en la historia del mundo que cualquiera tendría un amplio abanico donde escoger el paralelismo más acorde con su esquema mental, en fin, en eso consiste la libertad de los lectores, o de las lectoras.   

¿En qué medida veremos en él -o no- al José Carlos Rosales de tus anteriores obras?

Desde que escribí El buzo incorregible sigo centrando mi trabajo poético en los mismos motivos, la caída de la razón, el anonimato de los más débiles o el desamparo de los excluidos, la vulnerabilidad existencial o la pulsión de la fuga, entre otros. Sólo que, conforme va pasando el tiempo, esos motivos tal vez se van volviendo más concisos, más ajustados, también más esponjosos; y los recursos estéticos que uso para expresarlos han ido ganando, con el tiempo, densidad o atrevimiento, pluralidad, riqueza. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Alguien lleva una piedra escondida en la ropa, ¿cuáles serían?

Escogería como primer poema el titulado «Pies de vidrio», un poema que ha sufrido muchos cambios y revisiones desde que se publicó por primera vez, allá por el año 2019, en la sección de inéditos de mi libro Años larguísimos; un poema sin el que no existiría el resto del libro, el primero que escribí de esta serie, uno de los que más me gustan, el que me motivo para escribir todos los demás. El segundo poema sería «Otro cauce», un poema que se publicó en 2019, en un libro homenaje a Rafael Juárez, un poema que me trae muchas conversaciones con Rafa. Y el tercer poema que escojo es «La sorpresa», un poema del que supongo que no hay que decir nada.

¿Te desafías a ti mismo en cada nueva obra que emprendes?

Por supuesto, claro que sí, mi principal desafío es sorprenderme a mí mismo, no escribir siempre de la misma manera, no usar siempre los mismos mecanismos, seguir siendo yo sin dejar de ser otro, mirar otras cosas, mirarlas de otro modo, ese sería mi desafío. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Os recomiendo entrevistar a Luis Melgarejo, a Milena Rodríguez, a Mónica Francés o a Yago Mellado, cuyo libro reciente Tierra ingrávida es un auténtico prodigio de lenguaje o memoria, de belleza o desgarro, un libro que nos habla de una huida y de un lugar, creo que ese libro habría que leerlo varias veces, no quedarnos sin penetrar en su médula.

Poema de ‘Alguien lleva una piedra escondida en la ropa’ de José Carlos Rosales

OTRO CAUCE

Una piedra no dice, no contesta,
deja que el tiempo fluya como fluye
el agua que la lleva hacia otro cauce,
se queda donde va, no tiembla nunca,
y lo recuerda todo, aunque no diga
a nadie lo que sabe. Solo lleva,
entre sus vetas grises, una sílaba,
aquello que guardó, lo que sabía,
lo que quiso alcanzar, esa memoria
de lo que pudo ser y nunca fuera.

Javier Gilabert
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