Entrevistas

«La presencia activa y visible del mariquita en una hermandad sevillana es completamente legítima”

Jesús Pascual Hermandad
Jesús Pascual, por Rafael Garhés

Jesús Pascual:  «La presencia activa y visible del mariquita en una hermandad sevillana es completamente legítima

El director sevillano Jesús Pascual presenta en los cines su primer largometraje, ¡Dolores guapa!, en el que analiza la relación entre la Semana Santa sevillana y la homosexualidad, situando la lupa en la figura del “mariquita andaluz” como icono representativo.   

En nuestro país lo religioso y lo sexual siempre han mantenido una relación difícil, tortuosa, casi clandestina. Pero paulatinamente y siguiendo el sendero del progreso, nuestra sociedad ha ido rompiendo tabúes y abriendo los debates. Hace algunas décadas hubiera sido impensable ver un largometraje como el que estos días se proyecta en latitudes de todo el país, ¡Dolores guapa!. Pese a la incertidumbre de sus creadores, el documental, que ha sido completamente autoproducido, recibió el pasado año una buena acogida en el Festival de Cine de Sevilla. Jesús Pascual (Alcalá de Guadaíra, 1997), su director, se ha atrevido como pocos a indagar en la figura del homosexual en el ámbito cofrade de la capital andaluza. Un acercamiento plasmado en un reportaje respetuoso, bien hilado y que derriba estereotipos a uno y otro lado del espectro politico.   

Hay distintas formas de acercarse a la Semana Santa; la artística, la histórica, la sociológica, la familiar, la pintoresca… tú has elegido que el nexo de unión de todas estas facetas y de los participantes en el documental sea su homosexualidad. ¿Por qué?  

Pero no la homosexualidad como la entendemos ahora. Queríamos investigar la figura del mariquita andaluz. En la Andalucía del siglo pasado, el mariquita funcionaba como una especie de tercer género. Ser mariquita no tenía que ver con ser un hombre que desea a otro hombre; de hecho, había hombres que tenían sexo con otros y seguían manteniendo su estatus de hombre. Ser mariquita estaba ligado, sobre todo, a una cuestión de expresión de género: ser leído como un cuerpo que no es del todo ni hombre ni mujer. Las teorías que luego llegaron desde, sobre todo, Estados Unidos proponían una forma diferente de entender el género y la sexualidad que no coincidía en muchos aspectos con el paradigma local andaluz. Pero un modelo no sustituyó al otro; chocaron y se generaron muchas nuevas realidades que tomaron cosas de uno y de otro. En el documental, queríamos rastrear qué queda del modelo autóctono del mariquita andaluz en las identidades del presente. Y lo hemos hecho buscando en uno de los ámbitos donde la presencia del mariquita andaluz ha sido históricamente más patente: el mundo de las cofradías. 

Es una obviedad que en el mundo cofrade ha habido, hay y seguirá habiendo una representación notable del colectivo homosexual, tanto en las cofradías como fuera de ellas. ¿Cómo vive la Iglesia sevillana esta contradicción?

Depende. Hay párrocos que conocen bien a las personas que hacen una vida más activa en la hermandad. Están al tanto de cada situación y no ponen problema alguno. Luego, a medida que subes en la jerarquía, el asunto va cambiando. Durante la fase de investigación nos explicaban cómo los arzobispos muchas veces no entienden del todo lo que pasa dentro de las hermandades ni cómo funcionan y eso les lleva a adoptar una actitud de connivencia. Pero, al margen de la cuestión homosexual, las hermandades de Sevilla nunca han sido grandes amigas de la autoridad eclesiástica. Chaves Nogales ya escribió que el cardenal es uno de los enemigos naturales de la Semana Santa sevillana.   

Un fotograma del documental, donde se aprecia una imágen de la Virgen de la Macarena

¿Qué sentimiento entiendes que existe en el colectivo LGTBIQ con respecto a participar en la Semana Santa en particular y/o en el día a día de la Iglesia Católica? En el documental parece que el colectivo lleva esta relación con naturalidad, eso sí, al margen de las élites de las cofradías y de la propia Iglesia.

De nuevo cabe decirlo; hay de todo. En Sevilla, el hecho de pertenecer a una hermandad se vive con naturalidad, desde luego. Primero, porque tiene que ver con sentirse parte de la ciudad, del barrio, de sus ciclos y sus costumbres. Segundo, como marica, porque supone entrar en un mundo que muchos otros mariquitas antes fueron creando, configurando, cuidando… Por eso, la presencia activa y visible del mariquita en una hermandad sevillana es completamente legítima. Además, en muchos casos, las hermandades han funcionado como puntos de encuentro, y descubrir a otras personas como tú es un alivio cuando eres adolescente. En cuanto a la relación con la doctrina católica, cada una lo lleva a su manera: hay quien es más fiel y quien lo es menos. Está la que va a misa los domingos y la que se declara atea. Y las dos conviven dentro de las hermandades. Pero, de nuevo, esto no es exclusivo de las personas LGTBIQ+.   

¿Qué enfoque querías mostrar al público en ¡Dolores guapa!?, ¿cuál era su objetivo principal?

El fenómeno de el mariquita capillita me ha llamado la atención siempre. En el instituto, los compañeros que empezaron a tener sus primeras experiencias románticas y sexuales con otros niños al mismo tiempo que los heteros de la clase, lo hacían siempre en el marco de sus hermandades. Y a mí me intrigaba muchísimo qué pasaba ahí dentro. Luego, en 2019, se viralizó el vídeo de los jóvenes de El Cerro gritándole «¡Dolores, guapa!» a su Virgen y leí bastantes reacciones en redes cargadas de homofobia, plumofobia y clasismo. Noté que mucha gente no comprendía del todo lo que pasaba en ese vídeo. Yo tampoco tenía todas las claves. Y así nació el proyecto, desde la curiosidad. Me puse a investigar, leí todo lo que se ha escrito sobre el asunto, que es bien poco. Recurrí, entonces, a bibliografía paralela —por ejemplo, no encontré nada que explicara la inclinación del mariquita por la figura de la Virgen, pero sí se ha estudiado mucho su fascinación por las divas, así que acudí ahí y busqué similitudes y diferencias— y, sobre todo, a conversaciones con hombres homosexuales o mujeres trans cofrades. Algunas de estas personas llegaron a salir en el documental, otras se quedaron por el camino, pero todas nos ayudaron muchísimo. El documental lo realizamos Antonio Bonilla y yo, tardamos prácticamente un año. El verano lo pasamos entero montando el material. Nuestro objetivo no era otro que dilucidar el famoso vídeo viral, dar con las claves que lo explicaran, acercarnos con rigor a este fenómeno.       

Buena parte de la izquierda política, sobre todo la más dogmática, ha manifestado siempre sus reservas con la Semana Santa, y más que con ella, con su idiosincrasia. ¿Qué les dirías a estas personas sobre la Semana Santa sevillana?

Que, desde luego, hay mucho, mucho, que reprochar a la Semana Santa de Sevilla, pero que conviene entender en profundidad cómo funciona y cómo ha llegado a ser lo que es hoy para que el reproche sea certero. 

Todo lo maneja el patriarcado; pero lo que hacen en la Semana Santa es puro mariconeo”, asegura uno de los entrevistados. ¿Crees que hay paralelismos entre la fiesta y la estética de las comunidades homosexuales y la Semana Santa?, ¿por qué ese gusto por lo rococó, lo ostentoso?

¡Claro que hay! La estética de la Semana Santa va cambiando y no es inmune a su contexto. Y los mariquitas han tenido y tienen bastante que ver en su configuración. Aquí, el ejemplo por antonomasia es Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que renovó toda la estética de la fiesta a principios del siglo XX, ocupó varios cargos de gobierno en la hermandad de la Macarena, fue expulsado de ella por celebrar fiestas con hombres y hoy tiene un monumento frente a la basílica. Ese gusto por lo rococó o lo ostentoso, como dices, está en las vírgenes, pero también en las folclóricas o las travestis. 

Hay un giro de guión interesante con el nazareno que se va vistiendo y que finalmente deja al descubierto un tatuaje con las siglas A.C.A.B, ¿es un caso real o es simplemente una metáfora?, ¿cuál era la intención?

Es un caso real. Con esa secuencia quería cerrar el primer bloque de la película, en el que intento exponer que la Semana Santa sevillana convoca a personas muy diferentes que, de compartir algo, comparten cierto sentimiento de pertenencia a la ciudad o a sus barrios. Los textos que aparecen sobre las imágenes del nazareno son de Chaves Nogales y Núñez de Herrera, que interpretaron la Semana Santa sevillana escapando del relato ortodoxo. 

¿Crees que la derecha, como con la bandera del país, se ha apropiado de la Semana Santa y ha impuesto su ideario?

Sí. Esto ya lo denunciaba Isidoro Moreno hace más de cuarenta años cuando hablaba del secuestro interpretativo por partes de estamentos y esferas de la ciudad —que coinciden, en parte sí y en parte no, con quienes conforman el mundo cofrade— interesados en que el tema permanezca intocable para cualquiera que no sean ellos mismos. Este secuestro de la interpretación responde a intereses concretos y defiende no pocos privilegios. La película es también una contestación a aquellos que siguen creyendo que son en exclusiva Sevilla. 

Álvaro Roiz, uno de los entrevistados, costurero de cristos y vírgenes en la Semana Santa sevillana.

¿Veremos antes de morirnos alguna apertura oficial de la Iglesia al mundo homosexual?

Quizá sí, pero no será suficiente. 

¿Has encontrado problemas a la hora de que los protagonistas dieran la cara ante la opinión pública en el documental?

Encontramos a varios artesanos (bordadores, vestidores…), que querían participar pero que no se atrevieron por miedo a represalias. Estas personas viven de los encargos que les hacen las hermandades y temían que estos peligraran si salían en una película identificándose abiertamente como homosexuales. Una cosa es que se sepa en Sevilla, que se viva con naturalidad en el entorno de las hermandades, que la Iglesia «pase la mano»… y otra cosa es hablarlo en una película. Tampoco nos conocían ni sabían qué enfoque íbamos a darle al tema. Desconfiaban porque cuando este asunto se ha abordado alguna vez en televisión, se ha hecho desde la burla o el sensacionalismo. Tuvimos claro desde el principio que no queríamos voces distorsionadas ni caras pixeladas: había que llevar a la película la naturalidad con la que esta realidad se vive en los círculos cerrados. También está el tema de que cada hermandad tiene su propio carácter. De las que históricamente han tenido un perfil de hermano de clase alta no encontramos a nadie que quisiera hablar con nosotros. Al final, esto también es ilustrativo: el mariquita andaluz siempre ha pertenecido a las clases populares.

Hace pocos años se estrenó una película sobre el papel de la mujer en las cofradías, que llegó a generar cierta polémica en la comunidad católica. ¿Cómo está siendo el recibimiento de tu documental?

Estábamos preocupados por cómo iba a sentar el documental porque no nos hemos dejado nada en el tintero, nos hemos atrevido a contar todo lo que íbamos encontrando. Pero lo cierto es que la acogida del público y de la prensa ha sido muy buena. Notamos que mucha gente siente la película como suya, como si estuviéramos contando su historia, y se alegra con cada cosa buena que le pasa. Eso es lo que más nos emociona. La prensa más conservadora apenas se ha hecho eco de la película, así han demostrado su desaprobación. Supongo que lo que les escuece es, simplemente, que se le haya prestado atención al tema y se haya tratado sin tapujos, que exista una película que dé pie a dejar de hablar de todo esto en voz baja. Lo digo siempre: una buena crítica negativa sería bienvenida, pero el berrinche de un señoro no nos quita el sueño a estas alturas.

Alejandro López Menacho
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