Música

Gracias, Pablo

Pablo Milanés
Pablo Milanés

La noticia lleva asaltándome, nublándome los ojos y anudándome la garganta desde que me he despertado esta mañana con la muerte de Pablo Milanés. Quise creer que no era cierta, que era un bulo como el que amagó en correr hace unos días. Sabíamos que estaba hospitalizado pero creíamos que saldría adelante como hizo otras veces.

Es difícil explicar el cariño que tantos le tenemos a Pablo, pero como somos tantos y tantas quienes así sentimos, no creo que sea necesario explicarlo. Estas líneas, necesariamente van a estar inundadas de sentimentalidad, como no puede ser de otra forma.

Pablo era uno más de la familia, en torno a él nos reuníamos varias generaciones, era uno de nuestros nexos, y le cantábamos en casa, y comentábamos sus discos, compartíamos anécdotas reales o apócrifas, y tratábamos de coordinarnos para irle a ver cuando actuaba por la zona. Me consta que el mismo cariño ha sembrado a los dos lados del Atlántico.

Que sean otros quienes relaten su biografía, yo prefiero y necesito hablar de su huella, del asombro que me sigue provocando, el asombro que nos une a quienes le hemos escuchado a corazón abierto.

Asombra la belleza de su voz y su cantidad de matices, su técnica que no estuvo nunca reñida con la frescura, asombra su habilidad como melodista, asombra su poesía, asombra la naturalidad con la que puso música a otros poetas (Martí, Guillén, Benedetti, Vallejo…), asombra que sabía arrullarnos pero también hacernos bailar, asombra la enorme cantidad de canciones sobresalientes que compuso, asombra su humanidad.

Sería difícil que en este tiempo, en el que el mercado es tan homogeneizador, alguien con las características de Pablo, con su orígen, con su hondura, con su sosiego, tuviese un éxito tan masivo como el que él ha ido consolidando a través de las décadas. Por eso él y algunos pocos más son una especie de milagro, o una suerte de fallo en Matrix, y quizá por eso, la tristeza se multiplica con su ausencia.

Pablo Milanés ayudó a que aprendiéramos a amar de otra manera

Cantó al amor como poco se había cantado antes, rompiendo muchas veces con los tópicos tan abundantes en la canción popular en los que la mujer solía ser una pérfida o prácticamente un objeto del deseo o -en el otro extremo- el objetivo de los más ñonos ripios y de las metáforas más almibaradas y manidas.

En Pablo la mujer se valora no sólo por su físico, también por su personalidad, por su inteligencia, por su conciencia, por su independencia. Pablo ayudó a que aprendiéramos a amar de otra manera, desde la complicidad, desde la celebración de la unión, desde la ternura. También cantó al amor carnal con un tacto impecable.

En otras canciones nos hizo reflexionar sobre distintos asuntos sociales, históricos, filosóficos y humanos, siempre con un lenguaje cuidado pero comprensible para cualquiera. A Pablo se le puede oír, pero es preferible escucharle. 

Musicalmente es una maravilla cómo ha sabido conectar el pasado con el presente, lo “culto” con lo “popular” (uniendo folclore con jazz, la trova con la música barroca, etc.), pero de estos asuntos podrían hablar mejor los musicólogos. Yo sólo puedo decir que me emociona como muy pocos.

Pude disfrutarle varias veces en directo. La primera siendo prácticamente un adolescente, en Estepona, junto a parte de mi familia en una experiencia realmente emocionante. En aquella época estaba mal de la cadera o algo así, y nunca podré olvidar cómo acabó el concierto con Yo no te pido, nos dejó al público cantando el estribillo mientras la banda tocaba pidiéndonos así, despídanme con esos versos. Y, sin que parara la música, ni nosotros de cantar, fueron varios de su equipo a ayudarle a que se levantara, y le bajaron hasta el coche que había al pie del escenario. Esa sensación de fragilidad, pero a la vez de derroche de energía, me marcó para siempre.

Otra de las ocasiones memorables, también con parte de mi familia más cercana, fue en Jerez. El concierto, obviamente, resultó brillante. Pasamos por la puerta lateral del teatro cuando salía, le acerqué la entrada para que me la firmase (como estaba haciendo tanta gente), otra persona también le dio la suya y le dijo que era su cumpleaños. El caso es que me dio mi entrada firmada “Felicidades, Pablo Milanés”. Me llevé una dedicatoria ajena.

Una cita que no puedo dejar pasar es la vez que pude telonearle en El Puerto de Santa María. Para mí fue un honor y una alegría gigante. Actué acompañado por mi hermano Ignacio al bajo y con Andy a la guitarra (no podía quedarme tanta emoción para mí solo). La experiencia fue muy emocionante, y culminó con un rato de charla con Pablo antes de que se subiera a actuar. Tuve la oportunidad de darle las gracias por tanto como me ha dado, y nos abrazamos. De las noches más memorables de mi vida, sin duda.

Otra mítica actuación fue en Cádiz, poco antes de la pandemia, un concierto que dio en plenos carnavales en la plaza de San Antonio. Cuando lo vi en la programación pensé que podía ser un error ese concierto de una música tan delicada en medio de una fiesta tan bullanguera en la que la gente va a otra cosa. Y además era con entrada libre, creí que el jaleo iba a impedir que el concierto pudiese disfrutarse.

Pero Pablo obró la magia. Acompañado por un tremendo trío de latin jazz y cantando con una energía apabullante, sin escatimar ni un matiz, logró que en aquella plaza se formase una especie de burbuja en la que todo el mundo estaba completamente atento, como si no hubiese nada más alrededor.

Yo, que estaba en una de las primeras filas, miraba para atrás y alucinaba viendo a tanta gente tan conectada con el escenario. Creo que nunca he vivido nada igual.

Hace pocos meses fuimos a escucharle al Teatro Moderno de Chiclana, y ese concierto supo a despedida. Cantó luchando con sus limitaciones todo el tiempo, con mucha sabiduría y transmitiendo enormemente, pero se notaba que le fallaban las fuerzas. Es admirable cómo cantó casi, casi hasta el final de sus días. Gran lección. Una más.

Pablo Milanés forma parte de muchas personas. Se ha podido palpar en las redes donde se han compartido sus canciones y se han publicado cantidad mensajes llenos de cariño. Lo he notado hablando con la gente que tengo cerca. Hoy me ha contado mi querido Alexis Díaz Pimienta que andaba por La Habana y por todas partes sonaba Pablo; en la radio de un taxi que pasaba, en la voz de alguien que caminaba tarareando… yo también llevo todo el día canturreándole, y seguro que más gente también, como mínimo en toda Latinoamérica y en la Península Ibérica…

¡Que se joda la muerte, que no ha sido capaz de llevarse del todo a Pablo Milanés!

Fernando Lobo
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