Prensado en frío

Fernando Soriano Bensusan: «El arte tiene que cumplir una función catártica»

Portada de 'Excerpta' de Fernando Soriano Bensusan
Portada de 'Excerpta' de Fernando Soriano Bensusan

Fernando Soriano Bensusan: «El arte tiene que cumplir una función catártica»

Fernando Soriano Bensusan (Granada, 1966) coordinó y presentó los “Encuentros Literarios” junto al poeta Juan Peregrina Martín (2011-2017). Ha publicado los poemarios Materia dormida, 1988. La llama inhabitable, premio Cruz de Piedra, 1994. Dar contra la luz, premio Inocente García Carrillo, plaquette, 1997. Lluviosas tardes de verano, premio Hilario Ángel Calero, 1999. Los rostros de la dicha, finalista del premio José María Valverde, 1998. Melpómene, 2º en el I Premio Amateur de Literatura Planeta DeAgostini, 2000. Las llamas del olvido, finalista en los Premios Artífice de Loja, 2005. Mi sueño vive debajo de tus párpados, XII Premio La Espiga, 2008. Hassard / mi sueño vive debajo de tus párpados (Editorial Poeta de Cabra, 2010), Centros de curvatura (Geep Ediciones, 2014), Sombra de un animal bebiendo sombra (Editorial Nazarí, 2018) y Blanca sombra del fuego, finalista del I Certamen Internacional de Literatura Multigénero del Bajo Andarax, 2019.

Ha sido incluido en las antologías Donde no habite el olvido, 2011; Todo es poesía en Granada, 2015; Cuaderno de bitácora, 2016; El pájaro azul, homenaje a Rubén Darío, 2016; De la nieve al trigo, Granada, 2019; Versos al amor de la lumbre, 2020; Poemas en cuarentena, Antología poética del confinamiento, 2021 y Para decir amor sencillamente, homenaje a Rafael Guillén, Granada, 2021. Ha publicado en diversas revistas literarias y su cuento ‘El abrazo’ fue finalista del XXIV Concurso de Narraciones Breves de Ideal, Granada, 2020. Excerpta (Nazarí, 2023) es su obra más reciente y la razón por la que hoy nos acompaña en la Prensa.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Fernando Soriano Bensusan: Podría haber sido otro libro, pero ha salido Excerpta. Notas para la descripción de los minerales negros. Podría haber tenido otro concepto, otra forma, pero durante su escritura quiso ser él. Se fue modelando y configurando casi por mandato del propio libro. Como si me indicara el camino, la dirección a seguir. Tal vez estaba esperando a que lo rescatara de entre el maremágnum de bocetos, de entre tantos intentos fallidos, de entre tantas ideas sin consumar, de poemas que no encontraron su lugar en libros anteriores. Yo he sido el primer sorprendido gratamente del resultado final. Espero que a los lectores también les cause sorpresa. Sí puedo decir con seguridad que es un paso más en mi escritura poética, en mi propósito de aclarar qué es eso que hago a ratos sentado en mi escritorio, ese acto de escribir que a veces busco con impaciencia, sin resultado o, cuando menos lo esperas, brota con la fuerza de un géiser. Pero este libro no ha sido intencionadamente buscado. Este libro estaba, como un palimpsesto, debajo de mis notas y apuntes, borroso bajo citas y párrafos de otros. Fue apareciendo en aquel proceso de limpieza de la escritura. Y curiosamente, para hablar de la escritura y del poema.

Por qué ahora. Han pasado cinco años desde el último libro. Es un tiempo prudencial en el que me ha dado tiempo a escribir y leer, o mejor dicho, a leer para escribir. La lectura es fundamental para mi creación poética. El poeta y crítico literario Juan Peregrina Martín leyó el borrador y me aconsejó que lo terminase y lo entregase a una editorial. Cuando escribo me acompañan tres lectores en mi mente. Uno soy yo. Los otros dos son Juan Peregrina Martín y Juan Carlos Friebe. Son mis jueces implacables. El primero puede estar satisfecho con lo escrito, pero para certificar la calidad a un nivel mayor, me imagino lo que dirían los otros dos si lo leyeran.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Durante el proceso de escritura. Como dice Rafael Narbona: «No hay una escritura personal, sino fragmentos a la deriva que se encuentran y se separan». No lo había concebido. Estaba inmerso, desde hacía meses, en el desarrollo de un par de series de poemas que debían tener unas características formales muy concretas. Lo que no tenía tan seguro era qué tema iba a tratar en ellos. En concreto me estoy refiriendo a los que componen la sección del libro Los minerales negros. Luego estaba la otra serie —que titulé Suite (vacío) del palimpsesto— que al final quedó fuera del libro por no considerarla cerrada ni aceptable, ni conseguir reflejar la idea a la que quería llegar. El poema de la cubierta fue el único  “amnistiado”. Todos ellos me dieron cierta vaga idea sobre el tema del libro. La organización estructural vino después de revisar una lista con frases para títulos y citas para su remodelación. Así fue como vi la clave del futuro libro. También suelo trabajar mucho (algunos dicen que demasiado) los textos.

Para mí es imprescindible la lectura para ir creando. Tomo notas muy desordenadas, subrayo tanto los libros como los artículos y ensayos que leo. Llevo cuadernos con apuntes y notas. En algún momento, todo ese maremágnum de Excerpta y la idea que me ronda la cabeza fueron confluyendo, y como los afluentes de un río se acercaron a un cauce mayor. Entonces la idea se dotó de base, se enriqueció. Entonces encontré el cabo del hilo y tiré. Y lo que al principio era una nebulosa, fue adquiriendo la apariencia deseada. Ya pude seleccionar los textos para agruparlos, temática o morfológicamente, y componer una estructura (como fue el caso de estas dos series). En mí la escritura surge de la lectura. Los períodos en los que no puedo leer lo que me apetece, o terminar lo que he empezado, son estériles para la escritura.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Desde mi libro Centros de curvatura, en 2014, comencé un proceso de escritura que pretendía alejarse del subjetivismo, del yo como sujeto que habla en el poema. En esta nueva escritura tenía preeminencia el lenguaje, el decir y cómo decir, la metapoesía, la reflexión sobre qué es un poema. En el siguiente libro Sombra de un animal bebiendo sombra (muy influido por el poeta uruguayo Víctor Sosa), trabajé durante mucho tiempo en textos en prosa donde predominaban las figuras retóricas fonológicas, condimentados con grandes dosis de imaginación y una generosa porción de ironía. Pretendo una escritura excéntrica, alejada de modas y de patrones comunicativos que me resultan agotados. A los lectores no quiero darles una lectura fácil, tampoco aburrirlos. Sólo les pido que entren en el libro sin complejos, que se sorprendan, que descubran una visión distinta del escribir poético, de cómo hay otras formas de decir y hacer con el lenguaje. Creo que será una agradable y desconcertante sorpresa cuando lo lean. Como clave está la cubierta del libro. El resto están diseminadas por los textos del interior. Pasen y lean. Disfruten del viaje. 

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Quiero que se desubiquen, que se sorprendan, y lleguen a disfrutar con su lectura. Desearía que la lectura de Excerpta provocara una catarsis del lector. Ayudarle a que se libere de ataduras y prejuicios. Mi pretensión es tener un lector activo, un lector que se deje llevar por caminos distintos. Que alcance a comprender el sentido del viaje que es el viaje mismo. Estamos acostumbrados a recibir información muy sesgada y contenido vacío a través de cualquier pantalla. Debemos seleccionar ante tanta insulsez y trivialidad. Quiero un lector que salga de esa zona de confort que lo mantiene alienado. Quiero que vea otras escrituras (este libro es muy visual), que comprenda que un poema no es únicamente una forma (por ejemplo un soneto) que hay que llenar de contenido, con una métrica ajustada, con una rima impecable, y que exprese los sentimientos del poeta.

Todo eso lo respeto. Pero un poema tiene muchas caras, muchas variables, muchos modos de presentarse. De hecho mi base son el Barroco y el Neobarroco. Pero el arte tiene que cumplir una función catártica, ha de ser crítico, porque la sociedad nos trata de imponer una serie de reglas, unas fórmulas de vida casi ilógicas, que intentan reprimir lo esencial del ser humano. Algunas de esas reglas hay que cumplirlas, evidentemente; otras hay que transgredirlas. O al menos, criticarlas. Y a través del arte se puede y se debe hacer.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Fernando Soriano de tus anteriores obras?

Sigo siendo yo. Hay una “marca de la casa” evidente que podrán apreciar quienes hayan leído los libros anteriores. Porque sigo practicando figuras retóricas fonológicas como la aliteración, la similicadencia, la eufonía e incluso rozo a veces la cacofonía. He descubierto la ironía, esencial para la literatura. Para mí, siguiendo al poeta peruano Mario Montalbetti, «El valor de un poema no reside en lo que dice sino en lo que le hace al lenguaje». Parto de la forma. La forma me da el contenido. Ahora, en EXCERPTA, ha entrado el aspecto visual de la poesía, algo a lo que no me había acercado. Normalmente parto de una frase por su sonoridad, y de ahí me lanzo a construir el poema, a ver qué me puede decir, a ver qué puedo extraer de ese juego fónico.

Ahora el modus operandi ha cambiado. La unidad del libro reside en su temática y, paradójicamente, también en su heterogeneidad morfológica y visual. La morfología de los textos es distinta según las divisiones del libro. Textos centrados como cubos en la página (“Los minerales negros”), textos que se alargan como un río buscando desentrañarse (“Aperi Oculos”), textos que son sólo una cita y una imagen. Voy rodeando la idea del poema. Las sensaciones que percibo  dibujan en mi mente un objeto, distinto cada vez. Como en la parábola india de los ciegos y el elefante. Continúo una línea de exploración, de aventurarme en lo que desconozco pues me proporciona nuevas maneras de escribir, de entender la escritura.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Excerpta, ¿cuáles serían?

Me resulta difícil destripar la unidad del libro. Estoy satisfecho del conjunto, de cómo se han ensamblado las distintas partes. Es un libro para leer de principio a fin. Tiene cierta linealidad narrativa. Puedo pensar que hasta encierra una historia. Como dice Juan Peregrina en el prólogo, que no es un prólogo sino unas notas a mis notas, también tiene un lenguaje propio. Pero por no dejar la pregunta sin contestar, te diré que “Exordio”, “Aperi Oculos” y “Nota para lectores insatisfechos”.

Han transcurrido cinco años desde la publicación de Sombra de un animal bebiendo sombra, tu libro anterior. ¿A qué se ha debido este silencio?

Es un silencio de respeto hacia el lector. No es que no tenga nada que decir. Todos tenemos siempre algo que decir. Y lo resumo citando la letra de una canción de El Último de la Fila: «Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir». Seguro que ellos leyeron el librito del Abate Dinouart. Mi producción poética es muy breve. En parte por la lentitud con la que escribo, en parte porque no quiero repetirme en mi escritura y porque deseo evolucionar. Cuando leo poesía actual, me da la sensación, en la mayoría de los casos, de que se pueden intercambiar los nombres de los autores de los libros y no pasaría nada. A eso me refiero. Cuando alguien lea uno de mis libros quiero que me identifique, que no pueda intercambiar mi nombre con el de otro.

Y hablando de silencios, Juan Peregrina dice de Excerpta que está organizado mediante estos silencios y la búsqueda. ¿Te consideras un investigador de la palabra?

«No soy más que un albañil de la palabra, construyo mi muro y mis ventanas», como dijo Nicanor Parra. En Excerpta hay mucho silencio, hay mucho espacio en blanco. Me remito al poema de Mallarmé: «Un coup de dés jamais n’abolira le hasard» y al de Octavio Paz ‘Blanco’, faros sobre los que se ha construido este libro. A veces es mejor dejar al lector que complete lo que falta, porque algo debe faltar para que el texto sea literario, poético. Sugerir, dando así la oportunidad de crear en su mente (volvemos a los ciegos y al elefante). Creo que estamos demasiado acostumbrados a que nos digan qué y cómo son las cosas, como si fuéramos bobos y necios.

Más que de la palabra, de la asociación de palabras y lo que resulta de ellas. Habitualmente comunicación. Poéticamente extrañeza. Una sola palabra pudiera articularse como un poema. Una serie de palabras, puestas una delante de otra, puede suponer una revolución, la creación de un otro mundo. Como dice Heidegger «Sólo donde hay lenguaje hay mundo.» Según usemos el lenguaje estaremos dando nuestra particular visión del mundo. Excerpta ofrece mi particular visión del poema.

Ello no obstante, el sonido también tiene gran relevancia en tu producción escrita. ¿Tiene algo que ver con tu faceta más musical —por ejemplo como vocalista del ya desaparecido grupo Snail Bounce—? ¿Hasta qué punto influye una disciplina en la otra?

El sonido es muy importante. Como ya he comentado, uso mucho las figuras retóricas fonológicas como detonante de mi escritura. Sin embargo, las letras de las canciones están escritas en inglés —a pesar de que no lo domino—. Sí que hay una diferencia, son dos lenguas distintas. El inglés, al tener muchas palabras bisílabas se adapta muy bien al ritmo. En español las palabras suelen ser más largas, lo que dificulta su adaptación. Pero cuando se consigue, es espectacular. La verdad que sí influye. Cambiar de idioma, como el traductor, suele enriquecer la visión y la manera de afrontar la escritura. De hecho algunas de las frases de las letras de las canciones son citas de autores. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Pues mira, por su calidad humana, por su responsabilidad ante la literatura y la escritura, porque lo quiero como a un hermano y porque se lo merece, a Juan Peregrina Martín. 

Tres poemas de ‘Excerpta’ de Fernando Soriano Bensusan

el poema
cae sobre el blanco ocluso
el «yo escribo» significa que tú lees
pero no lees lo que cae
sino lo que sabes
sobre lo que dice
(y cómo)
ese objeto que cae


Con sus frágiles patitas de insecto, el lenguaje anda
con pies de plomo en el poema.
A cada paso, lo carga con mil pequeños ruidos.

Cúmulo de resecos flecos de ecos.


El poema.

Depósito de cromo como amargo mar de goma.
Embalse de palabras no elegidas para beber.
Jaula de fieras hacia el leve fondo de la luz.

¿Y esas fiebres?
C’est le temps qui passe

Javier Gilabert
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