Prensado en frío

José Sarria: «Solo podemos ser en los otros»

Portada de 'Eulogy of Time' de José Sarria
Portada de 'Eulogy of Time' de José Sarria

José Sarria: «Solo podemos ser en los otros»

José Sarria (Málaga, España, 1960) es poeta, ensayista y crítico literario. Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba y de la Real Academia de Écija (Sevilla), es Miembro Fundador del Club de Amigos de Marruecos (constituido en el Parlamento de España) y presidente de la Asociación de Amistad Andaluza Marroquí (Foro Ibn Rushd). Igualmente, es secretario general de la Asociación de Escritores de Andalucía, miembro permanente del Jurado del Premio Andalucía de la Crítica y secretario general de la Asociación Internacional Humanismo Solidario. También es director de la editorial Poéticas y de la revista digital Hispanismo del Magreb y asesor literario del Festival Internacional de Poesía de Granada. 

Ha publicado treinta libros de poesía, narrativa y ensayo. Su obra ha sido traducida al italiano, francés, árabe, inglés, sefardí, rumano y ruso y está incluida en más de cincuenta antologías de poesía y revistas especializadas, nacionales e internacionales.

Se ha especializado en la investigación de la literatura hispanomagrebí, estando considerado como uno de los más destacados especialistas nacionales en el estudio de esta neoliteratura con obras como: Calle del Agua. Antología contemporánea de literatura hispanomagrebí (Madrid, 2008), La Frontera Líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí (Valencia, 2019), Mar de Alborán. Antología de la poesía contemporánea andaluza y marroquí (Málaga, 2020) o La palabra iluminada. Antología contemporánea de la poesía hispanomagrebí (Córdoba, 2023). Ello le ha llevado a ser ponente, sobre esta materia, en Universidades de España, Estados Unidos, Marruecos y Túnez, en los Institutos Cervantes de Marruecos y Túnez, así como en los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA). 

Ha sido finalista del Premio Nacional de Poesía, del Premio Nacional de la Crítica y del Premio Andalucía de la Crítica; Premio Pablo Neruda a su trayectoria poética (Taranto, Italia), Premio Internacional de relatos “Cuentos del Estrecho” (Diputación de Cádiz), Premio Nacional de Poesía “Rosalía de Castro” (Diputación de Córdoba) o Medalla de Oro del Círculo Intercultural Hispano-Árabe, entre otros reconocimientos. Está Incluido en la Enciclopedia General de Andalucía. Acaba de publicar la antología, en edición bilingüe, Eulogy of Time, que hoy le trae por nuestra ‘Prensa’.

Javier Gilabert: ¿Por qué esta antología y por qué ahora y, además, bilingüe?

José Sarria: Esta antología obedece a la necesidad de recopilar todos aquellos poemas que he venido escribiendo durante los últimos veinticinco años y que tienen que ver con la concienciación de la existencia de los otros, de los diferentes y del tiempo que ha hecho el milagro de llevarme hasta esa terraza desde donde he llegado a ver, a entender el mundo de una manera muy diferente, tal y como nos ha enseñado el poeta Khalil Gibran: «La tierra es mi patria. La humanidad, mi familia».

La idea de editarla en bilingüe parte de la propuesta de mi amigo y hermano, el poeta Fernando Valverde, con el fin de que pudiera ser presentada en Estados Unidos, como así ha sido.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Como acabo de comentarte, la idea, aunque viene de lejos, germina de manera definitiva hablando con Fernando hace como dos años. Es él quien me anima a preparar esta recopilación para hacerla visible, en principio, en las Universidades de Virginia y Carolina del Norte y desde ahí, a los lectores estadounidenses.

Sinceramente, no he tenido mucha dificultad para elaborar la selección de poemas, ya que en toda mi obra existe un elemento axial, una idea transversal en casi todos mis libros y que consiste en el reconocimiento del otro, del diferente, tal y como decía León Tolstói: “He comprendido que mi bienestar sólo es posible cuando reconozco mi unidad con todas las personas del mundo, sin excepción”.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

No sé si recuerdas la frase que Sartre pone en boca del Garcin, uno de los personajes de su ya clásica obra teatral, “A puerta cerrada”, cuando dice: «Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído… ¿Recordáis?: el azufre, la hoguera, la parrilla… ¡ah! qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los otros.»

Desgraciadamente este mensaje ha vuelto a cobrar fuerza en las últimas décadas y frente a extremismos que creíamos superados y enterrados, regresa esa voz diabólica que quiere hacernos ver que el infierno son los otros. 

Mi poesía, casi toda, y esta antología, se eleva como una encendida reflexión para invitar a los lectores a tomar conciencia acerca de que solo podemos ser en los otros, porque el otro no solo existe, sino que nos constituye. Una de las más hermosas palabras que conozco es nos-otros, porque no puede existir el “nos” sin el “otros”. 

Esta antología reivindica y celebra al humanismo solidario como antídoto frente a todo tipo de intolerancia, fanatismo y extremismo, siguiendo la senda de Ibn Arabí que proponía, en los siglos XII y XIII, algo tan revolucionario como la capacidad de “conciliar a los opuestos”.

¿Has tenido la oportunidad de trabajar mano a mano con Gordon E. McNeer, quien se ocupa de la traducción al inglés? ¿Cómo ha sido esa parte del proceso?

Efectivamente, la traducción al inglés ha estado a cargo de Gordon E. McNeer, y eso ha sido no solo una inmensa alegría, sino un verdadero regalo de los dioses.

Hay que recordar que Gordon E. McNeer es, además de un extraordinario poeta, profesor en las prestigiosas Universidades de Florida, Princetown o Georgia y uno de los más destacados traductores estadounidenses, habiendo traducido a José Hierro o Luis García Montero, por lo que para mí supone un verdadero honor que haya aceptado traducir mi poesía.

Con él ha sido todo muy fácil, dado que a su generosidad se une la cualidad de traductor, poeta y un gran conocedor de la poesía española contemporánea, por lo que, como puedes imaginar, casi que no ha habido necesidad de realizar excesivas aclaraciones o puntualizaciones. Además, hemos contado con la inestimable ayuda de Nieves García, traductora y profesora en la Universidad de Virginia que ha coordinado la traducción.

En definitiva, un trabajo no solo llevado a cabo con un nivel de excelencia insuperable, sino que, además, acompañado de personas cuya cualidad humana me ha hecho sentir permanentemente arropado, como en casa.    

El profesor, escritor y poeta cordobés –entre otras muchas cosas- Manuel Gahete Jurado, realiza una magnífica semblanza tuya en el prólogo. ¿Te ves reflejado en ella?

Con Manuel Gahete me une algo más profundo que una simple amistad. Venimos trabajando en proyectos comunes desde hace más de veinte años, por lo que nos conocemos intensamente, tanto a nivel personal como literario.

Y sí, efectivamente, la descripción que hace (aunque breve, al tratarse de un prólogo) de mi lírica y de mi forma de entender el proceso creativo es absolutamente fiel a mi realidad artística. Sus palabras son hialino espejo de cuanto pienso y creo y cuanto elaboro a través de mi poesía.

Sé que habrá sido muy difícil escoger los poemas de este libro de entre toda tu obra, pero ricemos el rizo: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Eulogy of time’, ¿cuáles serían?

Sin ningún tipo de duda o indecisión, estos serían, “Yo soy el Oriente”, “Guadalquivir” y “Tiempo de espera”.

¿Supone esta antología un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

Bueno, no precisamente un punto de inflexión, dado que recoge ese caudal del reconocimiento identitario que, como decía, se encontraba disperso en casi todos mis libros anteriores.

Lo que sí que supone es una reafirmación, una consolidación de aquello en lo que creo firmemente. Vendría a ser una especie de profesión de fe.

Y, a partir de ahora, a seguir leyendo, a seguir aprendiendo, a seguir con el asombro que supone la vida, a seguir emocionándome. Y, si fuera posible, a seguir aprendiendo, tal y como dice Rainer M. Rilke, «cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las flores al abrirse por la mañana …/… hasta que se conviertan en nosotros, en sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos; hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos, se eleve la primera palabra de un verso».

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’? 

Os propongo a Manuel Francisco Reina quien, además de un extraordinario poeta, es un investigador y crítico literario de una elevadísima talla.

Tres poemas de José Sarria

YO SOY EL ORIENTE

“Yo soy Oriente”
(AMIN AL-RAYHANI)

“Comprendía
que la patria
es beber el café preparado por su madre”
(MAHMUD DARWISH)

Yo soy el Oriente y mi patria es un lugar en el que florecen los blancos arrayanes, un recóndito reino donde alcanzas a comprender los misterios a través del olor de la canela. Mis raíces se encuentran en una ciudadela detenida en el tiempo; allí puedes embriagarte con las ligeras notas del diván de los viejos poetas o con la sonora armonía de sus caravanas.

En mi patria se extienden las arterias sin asfalto que alcanzan los confines del alma. En su universo no existen templos, altares o banderas y el tronar de los himnos ha sido sustituido por el suave gorjeo de las alondras.

Pero antes, hubo días de los que no recuerdo casi nada, en los que yo también habité en las afueras, cuando viví como un corazón abatido, en la sombra de una llama; días cuando izaba gallardetes y estandartes y mis ojos deambulaban por los mapas encarnados del desasosiego. Era una edad en la que la vida me golpeaba como un feroz enemigo y clavaba sus dientes de león en todos mis amaneceres.

Más adelante, volví a nacer, sin fecha ni identidad. Fue el instante en que se rebeló mi sangre, el tiempo cuando brotaron de mis manos ramas de olivo, florecieron las moreras y los naranjos, mientras abrazaba las estrellas o extendía mis brazos sobre los arroyos.

Aquel día descubrí una casa iluminada y entendí que yo soy el Oriente. Desde entonces supe que mi patria es beber, a breves sorbos, el café preparado por mi madre.

(De Tiempo de espera)

GUADALQUIVIR

A Manuel Gahete

“Al despedirse de la Andalucía
sintió el sabor salado de la muerte…
Guadalquivir mi corazón se llama”
(ANTONIO GALA)

Abrí mis brazos y se convirtieron en calles de agua por donde transita la sangre de geniles y guadairas. Mi corazón se hizo más ancho mientras atravesaba pinedas, olivares y campiñas, perforando el pecho de Andújar, Sevilla y Córdoba con la profundidad del cante de las minas.

Volví la vista de siglos y contemplé al instante cómo mi fecundidad fue patria de reyes tartesios y de legiones romanas. 

-Yo soy el agua del islam y la fe del bautismo -musité con la calma de quien se abandona, por amor, a su destino.

Con el sabor de las marismas adiviné la fértil voz de los hijos de la Andalucía y al fin, presintiendo la eternidad, me adentré en las aguas de un mar que me abrazaba. 

Volví la vista, por última vez, antes de entregarme a la letanía de las olas, mientras el océano preguntaba por mi nombre: Guadalquivir mi corazón se llama.   

(De Raíz del agua)

TIEMPO DE ESPERA

A David Sánchez, con la emoción del tiempo compartido

“¿Te he dicho alguna vez mi nombre?”
(ANTONIO RAMÍREZ ALMANZA)

“Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”
(J. L. BORGES)

¿Te he dicho alguna vez mi nombre?

Conoces la osadía de mis ojos o el tamaño de estas manos que, alguna vez, acariciaron la vida. Es posible que algún atardecer soñaras junto a mi cuerpo o que hayas escuchado mi voz, cercando el temblor de antiguos horizontes, como el crepúsculo de abandonadas estaciones. Sabes que yo también fui de los que entregó sus baluartes a la liturgia de unos labios rojos. 

Pero, ¿te he dicho alguna vez mi nombre?

Mi nombre es aquella vieja aventura por conquistar los silencios, cuando aspiraba a comprender a los hombres; el asombro de las horas, la ceniza del tiempo, más allá del reloj y sus agujas. 

Mi nombre es la voz del sauzal y las acacias, siempre inclinados hacia la adversidad y al sosiego. El canto azul del petirrojo.

Mi nombre es un rayo deslumbrante que se oculta en la grieta de sonoras palabras: el dorado simulacro que conduce, tras cada puerta, a los espejos.

Mi nombre se demora en terrazas de ingrávidas flores o en las altas almenas de la noche, lugares donde todo encuentra su reposo.

¿Te he dicho alguna vez mi nombre? Tiempo de espera: ese es mi nombre.

(De Tiempo de espera)

Javier Gilabert
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