Prensado en frío

Jorge Villalobos: «Estamos a tiempo de arreglar todo lo que podamos este desastre»

'Para morir los dos basta con que uno muera', de Jorge Villalobos
Detalle de portada de 'Para morir los dos basta con que uno muera'

Jorge Villalobos: «Estamos a tiempo de arreglar todo lo que podamos este desastre»

Estrenamos año y también sección. Utilizando un símil ‘olivarero’, queremos sacarle el primer jugo a las más recientes novedades editoriales y discográficas del panorama andaluz. Y para ello, hemos pensado que nadie mejor que lxs propios autorxs para explicarnos su obra. Así nace esta sección que ve la luz con el nacimiento del 2021 y que inaugura Jorge Villalobos, quien acaba de publicar ‘Para morir los dos basta con que uno muera’ (Valparaíso, 2020).

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Jorge Villalobos: Uno de los motivos que rondaba por mi cabeza a la hora de construir el libro era “¿para qué sirve escribir libros en este siglo XXI?” y a ser posible buenos, claro. Existe un tipo de literatura de advertencia, de presagio, desde la ciencia ficción, la novela histórica y, en un sentido, hasta el Apocalipsis de San Juan, ¿y en la poesía? El motivo podría ser ese, advertir desde una poesía que a su vez es una novela corta de un hecho: el futuro emocional que proyectamos y deseamos (una cena en familia, viajes en verano, un piso con terraza y jardín —artificial—), ese futuro no existe para la ciencia, el futuro real, científico, nos afirma que nos espera una situación terrible, a menos que se luche por conciliar esos dos futuros en uno, el mejor posible, por supuesto.

J.G.: ¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Jorge Villalobos: Desde hace diez años estudio Teoría literaria en busca de una concepción lo más propia, fundamentada y menos dependiente posible del resto. Mi concepción de una Poética del dolor, desde un dolor íntimo hasta el dolor social, el cual evoluciona a una poética del fracaso generacional, económico o, desde el espacio de la subjetividad, a mi propuesta en este libro: un “Intimismo ecológico”. Significa definir una realidad emocional (en este caso, un futuro emocional, el futuro amoroso) como elemento de concienciación social (aquí es conciencia ecológica) para enfrentarse al desequilibrio, el “dolor” que produce una realidad objetiva (la cual es un futuro científico, de cambio climático, de estadísticas y estudios). Siempre pongo el mismo ejemplo: cuando concebimos el futuro, es probable imaginar una comida con amigos o en familia en un piso con jardín y mascotas, ¿no? Pues para la ciencia ese futuro no existe y querer ese futuro significa cambiar el que pronostican los estudios y estadísticas. No hay más epopeya en esta historia que ese hecho cotidiano, peor el acto más insignificante puede ser el germen de todo cambio social y axiológico. Cuando hace tres años tuve todo esto medianamente claro, quise llevar el “Intimismo ecológico” a la práctica, de ahí este libro. Tres intensísimos años para materializarlo. 

J.G.: ¿Qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores?

Jorge Villalobos: Primero, que todo ese planteamiento teórico no está explicado ni señalado en el libro porque no es un libro de ensayo (ni siquiera una poesía ensayística), es un libro de poemas que se construye como una breve novela apocalíptica con dos tramas, una fragmentada y otra unitaria. Este libro está escrito para ser disfrutado, es un canto de celebración a esa concienciación desde el amor más ingenuo posible (en el buen sentido de la palabra). Encontrarán amor, desamor, caos, comidas en familia, playas contaminadas, robots inteligentes, reciclaje y poemas eco-friendly. Y futuro, mucho, por el que luchar. Este libro casi peliculero es un “Terminator” poético y ecológico que lucha por un presente como futuro inmediato. Estamos a tiempo de arreglar todo lo que podamos este desastre.

J.G.: ¿En qué medida veremos en él al Jorge Villalobos de tus anteriores libros?

Jorge Villalobos: En España se peca de asociar (a veces con demasiados prejuicios) lo antes posible el discurso poético de un autor con alguna corriente poética al mínimo parentesco. Eres culpable aunque demuestres lo contrario. El mío arraiga desde la poesía danesa de los ochenta, la última poesía latinoamericana, la poesía japonesa de posguerra y las vanguardias tanto surcoreanas y chinas de último siglo, en especial del 1910 al 1945 y de España rescato la lírica épica del medievo. Ya está. Por eso, el Jorge Villalobos de este libro es uno totalmente distinto y a la vez el mismo. Soy ese Jorge que empezó su Poética del dolor con La ceniza de tu nombre y El desgarro porque continúo dentro de mis planteamientos, pero a la vez soy otro distinto porque me arriesgo a otro campo desde el dolor social en este “Intimismo ecológico”. Creo de corazón que quienes me hayan leído, cuando hagan lo propio con este libro (y perdón por la palabra), van a flipar. Está escrito con la intención de dejar al público con la boca abierta.

J.G.: Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de “Para morir los dos basta con que uno muera”, ¿cuáles serían?

Jorge Villalobos: Es una pregunta compleja, sí. Uf, qué aprieto. Creo que me quedaría con el primero, el introductorio ‘Cuando te preocupas por mí’ del cual Sandra Corma ha escrito una canción maravillosa. Luego, si elijo otro, creo que ‘Corazones artificiales’ (aunque el poema ‘Seppuku’ es de mis favoritos, debo admitirlo). Por último, y esto es un poco trampa, me quedo con el último poema, el más largo dividido en doce tempos que da título al libro, ‘Para morir los dos basta con que uno muera. Una breve novela apocalíptica’. Es el más largo, unos 520 endecasílabos (todo el libro está en endecasílabos excepto un haiku) que escribí entero y, después, dividí los tempos. Me gusta entender el poema como metáforas de adrenalina y ese poema son 520 versos de adrenalina poética.

J.G.: Como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por esta sección? 

Jorge Villalobos: A mucha gente, para ser sincero, pero si invitasen a Miguel Ángel Pozo o Cristina Angélica, por ejemplo, me daría por satisfecho. Y, por supuesto, inviten a Frank Báez, el mejor poeta latinoamericano que he leído. 

Dónde comprar ‘Para morir los dos basta con que uno muera’:

Javier Gilabert
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