Prensado en frío

José Federico Barcelona: «La memoria es un lugar de riesgos»

Detalle de la portada de 'Transterrados y durmientes' de José Federico Barcelona
Detalle de la portada de 'Transterrados y durmientes' de José Federico Barcelona

José Federico Barcelona: «La memoria es un lugar de riesgos»

José Federico Barcelona (1957) nace en el pueblo minero murciano de La Unión. En 1974 llega a Granada, ciudad en la que se asienta y trabaja como docente en Educación Infantil desde 1980 hasta su jubilación.

En 2019 empieza a hacer públicos sus textos literarios, siendo reconocido con los premios Marbella Activa de Relato, Poema Escondido–Antonio Machado del Ayuntamiento de Segovia, Internacional de Cuento Ciudad de Marbella, accésit del Internacional de Cuento García Vera–Casa Salvador Allende de Canadá, finalista del Internacional de Cuento Max Aub, finalista del Premio Ciudad de Reikiavik al mejor álbum ilustrado infantil publicado en Islandia en 2020, y en octubre de 2021 resulta ganador del Premio Internacional de Cuento Universidad de Antioquia–Premios Nacionales de Cultura de Colombia, concedido por un jurado encabezado por Leonardo Padura.

Ha publicado el álbum El oso blanco y la hormiguita en Islandia (Editorial Salka) y en España (Editorial IGLÚ, castellano y catalán), y el libro de relatos Una semana redonda (Editorial Universidad de Antioquia). Hoy pasa por nuestra Prensa para hablarnos de su libro más reciente, Transterrados y durmientes (Esdrújula Ediciones, 2022).

Portada de ‘Transterrados y durmientes’ de José Federico Barcelona

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

José Federico Barcelona: Era el momento de recopilar unos trabajos que habían sido premiados y reconocidos entre 2019 y 2021, sin tener audiencia o mucho recorrido. A estos se unieron unos cuantos más inéditos que se avenan bien, y todos ellos conformaron, a mi juicio, un cuerpo con conexiones y latidos propios. 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Después de poner un poco de orden en esos relatos, ellos mismos me sugieren una ruta principal, se disponen en una dirección determinada donde se manifiestan en consonancia. Este es el momento en el que una mera posibilidad se convierte en una idea seria de libro. Y poco antes del verano pasado, de un feliz encuentro con la editora de Esdrújula Ediciones, Mariana Lozano, y de su aceptación, la idea propuesta se empieza a elaborar hasta la realidad que es hoy.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

El libro se divide en cuatro secciones. Supone, a la vez, un homenaje, un ejercicio de memoria política, histórica, otro de memoria personal, íntima, y un soporte. De ahí su título, Transterrados y Durmientes: la primera palabra se refiere a la memoria histórica, la segunda toma su acepción de los maderos que sostienen edificaciones o vías. En cierta forma estos relatos son fundamentos donde yo me apoyé para hacer camino, constituyen una referencia sentimental que me acompaña. Su eje principal discurre por la memoria, e inevitablemente por sus heridas. No es un artefacto de autoficción, pero en algunos casos hay un transito de ida y vuelta desde la rememoración a la absoluta ficción. 

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

El mejor, claro… Bueno, yo pienso que una obra literaria no crea la importancia de los temas que trata, pero sí puede y debe reflejar la importancia de esos temas, proponérselo con intención y aplicación. Esa es la literatura con la que me identifico, y ese es mi deseo, que estos cuentos interroguen, hagan pensar y sensibilicen sobre los temas tratados que, en mi opinión, son importantes. Además, para mí, a mi edad, estos relatos son como unos nietos mimados, así los trato, así los muestro, se los presento a mis lectores, y se los brindo. 

¿En qué medida veremos en él —o no— al José Federico Barcelona de tus anteriores obras?

No hay ni rastro de él… Siempre que se piense como mi obra anterior en el álbum infantil ilustrado “El oso blanco y la hormiguita” (IGLÚ Editorial. 2021). Este libro, para quienes no hayan leído ninguno de los cuentos recopilados en él o el libro de Colombia (disponible en España solo en versión digital por ahora), es algo absolutamente nuevo. Así que con su lectura se puede disfrutar de otro escritor totalmente desconocido.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con un relato de ‘Transterrados y durmientes’, ¿cuál sería?

¡Ay, qué pregunta! Hay un cuento al que tengo un cariño muy especial por un motivo evidente, lo escribí en 2019 pensando en Almudena Grandes y fue finalista del premio Max Aub de 2020. Se trata de ‘Transterrados’, del apartado del libro dedicado a la memoria histórica y política. Con este cuento se abre el libro. 

Pero hay un cuentecito que me vincula a mi infancia más temprana, que me refugia en la intimidad de los primeros recuerdos a través de la palabra, en concreto de una palabra usada en mi pueblo cotidianamente. Quiero a este cuento como si fuera una hermana pequeña o una hija, se trata de ‘El Picoesquina’, está en el apartado de la memoria personal. Seguramente me inclinaría por este. Con ciertas edades, el pasado más remoto puede entablar amables diálogos con la conciencia de finitud de la vida que empieza a hacerse notar en nuestro presente.        

¿Es, como afirma Alejandro Pedregosa en la contracubierta, la memoria un león enjaulado?

Lo es. Y creo que Alejandro sabe bien de lo que habla. No hay más que leer sus aconsejables dos últimos libros, el poemario Barro y la novela Siempre es verano, incluso O, aquel maravilloso libro de cuentos. 

La memoria es un lugar de riesgos. El paso literario por esa jaula, por ese territorio, supone no solo un recordar, sino sobre todo una reelaboración del pasado que se reescribe en nuestra piel emocional, y de allí se sale herido, inevitablemente. Otra cuestión es que también se haya entrado herido a esa jaula, y ese león se conmueva y lama las heridas en lugar de devorarte o provocarte otras. En algunos casos he entrado herido en la memoria y he salido aliviado, con las heridas aún abiertas, pero aliviado.  

¿Te has planteado dar el salto al formato largo en narrativa? 

Lo cierto es que ya existen dos novelas desde hace años… Dos novelas sin cerrar, muy muy cerca del final, pero se quedaron ahí. Yo soy un escritor tardío, o “atardecío”, me gusta bromear, he empezado a pisar la arena literaria pública hace 3 ó 4 años, cumplidos los sesenta, aunque había cierto bagaje anterior, entre otras cosas, estas dos novelitas ligeras que tal vez algún día tendrán su final. 

Por otra parte está también Una semana redonda, el libro galardonado en los Premios Nacionales de Cultura de Colombia con el Internacional de Cuento Universidad de Antioquia, que tiene una estructura híbrida entre el libro de relatos y la novela corta. 

Además de esto, hay una novela juvenil acabada y un texto largo planteado. Este último será una novela sugerida por la vida de una fascinante artista europea de la primera mitad del siglo XX, traída a nuestros días, pero sin propósito biográfico. 

Así, que sí, el paso al formato largo está presente, pero no abandonaré el cuento.

¿Qué tiene el cuento que no tenga la novela?

Gran pregunta. Yo soy un escritor de cuentos muy influido por la tradición oral. He leído historias breves a niños y jóvenes durante muchos años de mi vida, y en alguna ocasión novelas completas. Esta experiencia me ha confirmado ciertas distinciones, por otra parte elementales y bien conocidas: el cuento es creación mínima y concentrada, en su sencillez necesita de una concisión y precisión, exactitud y armonía, que no están tan presentes en una novela larga, a la que le es más propio la profusión, la abundancia de personajes y de temas o tramas, la definición amplia en el espacio y el tiempo…

Ello entraña una diferencia de concepción del escritor y de mentalidad del lector ante el fenómeno de lo literario complejo: ambas narrativas pueden ser muy complejas, pero de diferente manera: sorprendente, inmediata, mágica, una, frente a la cuidada gestión de la espera, de la tensión y del desarrollo de la otra. En medio hay infinidad de posibilidades, claro, no soy amigo de los modelos incomunicados en literatura. 

Por otra parte, creo que, en general, el cuento puede llegar a estar más próximo al lenguaje poético que la novela, o que el lenguaje poético, que en el fondo es fundamento y alimento, puede tener una concreción narrativa más cercana y fraternal en el cuento. Cortázar, ejemplo mil veces nombrado de maestro cuentista, comparaba cuento y novela con fotografía y cine. Yo, saltando al símil sanitario, diría que el cuento es un medicamento literario de efecto inmediato y la novela de liberación prolongada, pero ambas formas narrativas contienen el principio activo curativo. 

Perdona que me haya extendido tanto, Javier, pero tocas temas clave y maravillosos, para hablar y hablar.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’? 

A Virtudes Olvera, una escritora novel que se ha bautizado en la pasada Feria del Libro de Granada con un estupendo libro de relatos. 

Javier Gilabert
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