Prensado en frío

Manuel Moyano: «Hacía falta dar un paso más allá en la forma de contar un viaje por nuestro país»

Portada de 'La frontera interior' de Manuel Moyano
Portada de 'La frontera interior' de Manuel Moyano

Manuel Moyano: «Hacía falta dar un paso más allá en la forma de contar un viaje por nuestro país»

Manuel Moyano (Córdoba, 1963) creció en Barcelona y vive en Molina de Segura (Murcia). Con su primer libro, El amigo de Kafka, obtuvo el Premio Tigre Juan. Ha publicado, entre otras, las novelas ‘El imperio de Yegorov’ (Finalista del Premio Herralde y Premio Celsius en la Semana Negra de Gijón), ‘La coartada del diablo’ (Premio Tristana), ‘La hipótesis Saint-Germain’ (Premio Carolina Coronado), ‘El abismo verde’ y ‘La agenda negra’.

Su narrativa breve, recogida en ‘El oro celeste’, ‘El experimento Wolberg’ y ‘Teatro de ceniza’, aparece en numerosas antologías. Entre sus obras de no-ficción destacan ‘Dietario mágico’ (sobre la curandería) y los libros de viajes ‘Travesía americana’ y ‘Cuadernos de tierra’. Ha sido traducido al holandés y al italiano. Con ‘La frontera interior. Viaje por Sierra Morena’ ha obtenido el Premio Eurostars de Narrativa de Viajes y es el motivo por el que pasa hoy por la ‘prensa’.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Manuel Moyano: Hace tiempo que tenía la idea de escribir un libro de viajes por España que, en cierto modo, fuera distinto de lo que se había venido haciendo hasta el momento. El viaje lo emprendí en febrero de 2019, pero entre una cosa y otra, pandemia de por medio, ha tardado tres años en salir a la luz; lo cual no importa.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

La literatura de viajes como género, y la literatura de viajes por España como subgénero, son algo que me interesa desde hace mucho tiempo. Así que la idea estaba larvada en mi cerebro. Me parecía que hacía falta dar un paso más allá en la forma de contar un viaje por nuestro país; sólo necesitaba encontrar el momento adecuado y, quizá, alcanzar la madurez literaria suficiente para conseguir lo que pretendía.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Un verdadero viaje es aquel en el que uno logra sumergirse en el paisaje, en la historia, en el paisanaje, hasta el punto de alcanzar un estado mental particular. Es una experiencia lisérgica, como bien dice Sergio del Molino en el prólogo. Todo eso te permite ver con ojos distintos un territorio aparentemente consabido donde, a priori, nadie esperaría grandes sorpresas.

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Que compartan conmigo la felicidad que sentí mientras duró el viaje que ha dado pie al libro. Que descubran las cosas que yo descubrí y sientan que viajan conmigo. De hecho, muchos lectores me han confiado que ha sido así, e incluso han decidido emprender el viaje físico una vez que han concluido la lectura.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Manuel Moyano de tus anteriores obras?

Aunque la identidad personal está en cuestión desde Hume, no hay duda de que a lo largo del tiempo cada individuo mantiene unas características constantes. Quiero decir que en todos mis libros hay sin duda un denominador común. Desde el principio he escrito en paralelo libros de ficción y de no-ficción, con vasos comunicantes entre sí. La frontera interior es quizá mi obra más madura en el campo de la no-ficción, pero sin duda contiene todos los temas que siempre me han atraído y una forma determinada de acercarse a ellos. La realidad es inabarcable, pero uno escoge de ella las cosas que le interesan.

La literatura viajera que se escribe en España está claramente influida por Azorín y por Cela. ¿Es también el caso de La frontera interior?

No hay una excesiva tradición de literatura viajera en España. He leído con fruición la mayoría de lo que Azorín o Unamuno escribieron al respecto, y en mi juventud leí con placer todos los libros de viajes de Cela, que sin duda constituyen un hito del género en nuestro país. Con eso quiero dejar claro que me gusta El viaje a la Alcarria y demás viajes de Cela. Pero, a la vez, es precisamente el modelo del que me quería apartar, ya que muchos libros de viajes por España escritos después están demasiado influidos por ese patrón. Yo quería darle otro vuelo, quería describir nuestro país como lo haría un escritor de viajes anglosajón, al estilo de Colin Thubron o Bruce Chatwin.

¿Cuál es la razón para que eligieras Sierra Morena para vertebrar este viaje literario?

Dos son los motivos principales. El primero, que estoy ligado sentimentalmente a esa sierra porque nací a sus pies, en Córdoba, y porque desde niño conozco algunos de sus rincones. El segundo motivo, y casi más decisivo, que nadie había escrito jamás un viaje a todo lo largo de Sierra Morena; y ser el primero en hacer algo siempre tiene un especial aliciente. 

Estoy convencido de que al escribirlo habrás descubierto lugares extraordinarios, y que lo mismo sucederá con quienes se adentren en sus páginas pero, si tuvieras que elegir unos cuántos, ¿cuáles nos recomendarías y por qué?

Como bien dices, Sierra Morena está llena de lugares extraordinarios, pero si debo citar sólo algunos, recomendaría el pueblo de Baños de la Encina; el museo de La Carolina; la Virgen de la Cabeza; Sierra Madrona; el pueblo de Hornachuelos y las zonas despobladas que hay más al norte; Cazalla de la Sierra; y, en particular, toda la Sierra de Aracena, más frondosa y húmeda que el resto de Sierra Morena. 

Háblanos sobre los personajes que dan vida al libro. ¿Existen en la realidad? ¿Cómo llegan a sus páginas?

Un libro de viajes en el que no hubiera personajes sería poco más que un desfile de diapositivas. Las personas, y en particular los poetas, son quienes te ayudan a sentir el espíritu de un lugar. Tuve la feliz idea de localizar a varios individuos singulares antes de emprender viaje y citarme con ellos: Francisco Pérez-Schmid, cronista de Santa Elena; Luis Miguel Román, estudioso del Quijote; y Alejandro López Andrada y Manuel Moya, ambos poetas, uno del norte de Córdoba y otro del norte de Huelva. El azar me brindó además otros encuentros. Las conversaciones que mantuve con todos ellos, en algunos casos con bastante grado de intimidad, o de proximidad, son quizá el principal valor del libro. 

Con La frontera interior te alzaste con el prestigiosísimo Premio Eurostars de Narrativa de Viajes. ¿Qué ha supuesto para ti recibir este galardón?

Una gran felicidad en todos los aspectos, pero la mayor ha residido en ver refrendado ese nuevo concepto de libro de viajes por España que pretendía conseguir. Esto ha venido avalado también por las reseñas favorables en los medios, por la opinión entusiasta de muchos lectores (algunos tan destacados como Ian Gibson o Luis Landero) y por el hecho de que, en pocos meses, se imprimiera una segunda edición. Es casi inevitable que termine escribiendo algún otro libro de viajes; de hecho, tengo ya algunas ideas sobre qué destinos elegir.

¿Ficción o no ficción? ¿En qué ámbito narrativo te sientes más cómodo?

Cuando empecé a escribir pensaba sólo en términos de ficción, pero desde que publiqué mis primeros libros, orillando ya los cuarenta años, fui ya alternando libros de ficción con libros de no-ficción. Así ha sido hasta ahora. Pero, por algún motivo, cada vez me gusta más la no-ficción; no sólo como escritor, sino también como lector. Parece que empezaran a interesarme más las historias que han ocurrido realmente, y no las imaginadas por alguien. También me resulta más cómodo escribir no-ficción y, por tanto, disfruto más durante el proceso creativo, lo cual es importante.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Manuel Moyano: Entre los autores andaluces que he leído últimamente y que más me han gustado, tengo que citar a tres de estilos muy distintos: Miguel Ángel Muñoz, Ricardo Álamo y Alfonso Vázquez. Dejo en tus manos elegir a cuál invitas. Discúlpame. 

Javier Gilabert
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