Literatura

Federico García Cabaliere: Espasa y lo popular

Rafael Cabaliere. Federiele, Collage por Sofía Crottogini
Federiele. Collage por Sofía Crottogini

Federico García Cabaliere: Espasa y lo popular

Mucho se ha escrito del premio Espasa de poesía. Rumores circularon entre argumentos, como que el premio estaba vendido, o que había sido la anomalía de un premio limpio. Desde que el texto era producto de la inteligencia artificial de un bot o que era indigno de ser considerado poesía. Lo cierto es que Rafael Cabaliere ha entrado, pese a quien le pese, en la historia de la literatura española, elevado a los Olimpos por algunos de sus más excelsos representantes. Muchos piensan ¿Hasta dónde se pueden reír del público? ¿O hasta dónde puede llegar el lache que dan estos grandes señores de las Letras?

Un tinte juvenil y motivador, fresco y urbano, con cientos de miles de seguidores” fue la frase con la que el sello Espasa del grupo Planeta coronó al laureado. Melancólicos pusieron el grito en el cielo. Sin embargo, esto se veía venir.

Este caso solamente lo ha llevado a los límites, fue la exhibición al desnudo del fenómeno. Además de la victoria en sí y que él haya ganado y tú no, hay muchos aspectos sobre los que pensar. Muchos critican a Cabaliere desde este resentimiento, en vez de a las implicaciones del veredicto. ¿Cuántos no han cambiado el estilo para hacerlo más accesible a estos tiempos que corren, a ver si tuvieran la suerte de que su poesía fuera la próxima ganadora? ¿Cuántos de estos señores de la Academia no se han sacudido el polvo y se han puesto una gorrita con visera para hacerse más semejantes a las corrientes de las masas jóvenes con la excusa de una poesía más accesible?

Todavía se discute el alcance de lo que Franco consiguió al cargarse a Federico García Lorca. Lo cierto es que en la figura de Lorca, la poesía popular se hermanó con el elitismo poético. Ese era uno de los mayores intereses de la República, unir al pueblo con la intelectualidad.

Recordamos que pocas cosas se habían hecho en nuestro país a favor de los gitanos. Edictos a cada cual más terrible, o la Gran Redada de 1749, (denominada Proyecto de exterminio de gitanos por Martínez Martínez[1]) que planeaba culminar metiéndolos a tôh en un barco y explotándolo en medio del mar, por si los trabajos forzados no eran suficientes…

Tuvieron que pasar 179 años hasta que Lorca en su Romancero Gitano dijera, en  El Romance de la guardia civil: En el portal de Belén/ los gitanos se congregan./ San José, lleno de heridas,/ amortaja a una doncella./ Tercos fusiles agudos/por toda la noche suenan./ La Virgen cura a los niños/con salivilla de estrella.

¿Se pilla, trasladándose históricamente, lo que implica este verso?

Lorca relacionó a la santidad con los gitanos. Puso a los excluidos en la palma de un Dios central en esa sociedad. En un país que ha negado a los gitanos, aun siendo un tallo troncal de la gruesa enredadera de nuestra cultura al igual que a la herencia árabe y sefardí de nuestra tierra andaluza, Lorca los reivindicó. Inevitablemente, hablar de gitanos es hablar de pueblo andaluz, como hablar de pueblo andaluz, es hablar de gitanos.

Así, Lorca escribe desde el Sentir propio de nuestra tierra con todas sus culturas y nuestra cromática sangre oceánica, tan filtrada por la pureza centralista española. Con esto, se rompe una herencia donde la élite intelectual y la poesía, estaba desapegada del pueblo, más cercana a los Reyes y a los Dioses. Proyecto que iniciaron entre otros y otras, el maestro Antonio Machado, su padre Demófilo, Manuel de Falla, María Zambrano o Bartolomé Cossio y las misiones pedagógicas. Lorca, con La Barraca, recorrió los pueblos, conoció la realidad y construyó junto con otros y otras intelectuales, un modo de pensar política y existencialemente, un modelo de arte para un mundo nuevo.

Por eso, Lorca era peligroso. Porque daba una visión nueva de España y unía a lo popular con la alta intelectualidad y la cultura haciendo crecer a ambas, limpiando el prejuicio que tenían respectivamente la una de la otra y, sobre todo, porque salía del terreno local y jugaba en la liga internacional, y habría quedao mu feo.

Federvantes. Collage por Sofía Crottogini

Una vez asesinado Lorca y aplastado el proyecto popular, el franquismo saturó la imagen de la españolidad con los tópicos del toreo, la copla (ambos desde la visión franquista) y, sobre todo, la fiesta, la pereza y el desenfreno de un pueblo que antaño y siempre ha sido, por encima de todo, trabajador, para entrar en el mercado siendo una dictadura después de la segunda guerra mundial y habiendo sido aliado de Hitler.

Franco vendió la cultura española como si fuera de chiquilicuatres, brutos e ignorantes en busca de suecas, un lugar donde hay sol, playa y bebidas baratas. Y a esa imagen de Franco, se redujo la imagen de lo popular.

El pueblo español, no se piensa desde la imagen que reivindicó Lorca y la República, sino desde la que logró saturar Franco y que unió a lo popular con el turismo. Inolvidables son las películas de Pajares y Esteso, el bikini o las postales que se ven en los puestos de la caricatura de un típico español con su panza cervecera.

En el desarrollo de la historia de la poesía, el poeta elitista primero tenía una aureola donde estaba al lado de Dios, porque vivía en palacio y le cantaba a los reyes. El poeta estaba totalmente alejado de lo popular, y junto con la intelectualidad lo observaba con desprecio desde su torre de marfil. En el siglo XIX, al poeta le dan una patada en el culo y, echado de la corte, en la calle, se convierte en el Poeta Maldito, desencantado de la sociedad por tener que trabajar como cualquier persona siendo él especial.

Personajes como Lorca, intentaron a base de dar cucharadas de tierra a los poetas y a la historia de la literatura, popularizar la poesía, desde el sentir propio del pueblo, (no marginal como en el malditismo) para el pueblo y desde el pueblo. Frente a la aureola que distingue e individualiza, Lorca quería entrar en el pueblo, parecerse a este.

Actualmente, el poeta intenta recuperar su aura de ser especial y distanciarse de la masa. Para eso, toma las herramientas que hoy en día se entregan para erguirse como ÍDOLO: las redes sociales.

El aura ahora está en las fotos que hacen de la persona una imagen edulcorada y el estatus del Ser es medido por el número de likes y followers, es decir, por una estadística de datos. Esto le pasa a todas las artes, pero en la poesía, como tiene menos de espectáculo, de lucecitas, y de producción de efectos especiales, se ve más en bruto.

Con estas palabras, todo cobra luz. ‘La persona frente a tu espejo/ es la persona/que siempre va a estar’ Lo que hace el amigo Cabaliere con su premio es confirmar el matrimonio de la lógica del mercado con el arte poético. La literatura y la academia son una ingeniosa manera para adentrar al mercado en el sentir del pueblo.

Frente a la poesía popular, Cabaliere es el exponente de lo que significa la poesía de masas. Y junto con la poesía de masas, los valores egocéntricos e individualistas que se precisan para convertir en consumidor tanto al que pedantea la divina comedia en italiano en su sillón de académico, como al que ve por el móvil o en su televisión su programa favorito desde el sofá.

No es casualidad que sea venezolano. Al elegir ¿los señores del jurado? a alguien que desde un país demonizado demuestra poder llegar a ser un triunfador, se legitiman los valores meritócratas y el derecho al éxito, a ser una estrella digna del Operación Triunfo de la poesía. Y como en Operación Triunfo cantar es lo de menos, lo que importa es triunfar, en un mundo maravilloso donde todos son promesas, emprendimiento y progreso, donde no hay guerras, ni muerte, ni ilusiones.

Frente a Lorca, que vincula a la élite con lo Popular, Cabaliere vincula tanto a la élite como a lo Popular con el mercado, desde el eje troncal de lo que significa la cultura de masas.

Un día despiertas y el corazón está tranquilo. Nada duele, nada angustia, nada grita. Entonces ya fue, ya acabó, volviste.

El escritor es un influencer, y la clave para ser un influencer es la imagen. Dos tipos de personajes triunfan actualmente en nuestra sociedad digital: aquel que va muy a la moda o el que hace mucho el ridículo. El escritor es una burla de lo que era, su aureola es una parodia. Lo que quiere es atención y para ello, se postra ante un mercado que se forra. Por ello se glorifican estos valores de positividad, premio, y alegría del consumidor que baila en una discoteca mientras que todo se prende fuego.

La poesía de masas rompe con las barreras entre lo urbano y las redes sociales, incluyéndolas en su idiosincrasia. El arte de nuestro tiempo es más parecido al eslogan publicitario y las grandes empresas marcan el canon. Los followers lo apoyan, y lo contemplamos desde nuestra psicodélica desintegración cognitiva, espiritual y física.

Pocos artistas, académicos o poetas de toda cepa no se matarían por poder venderse a McDonald’s.

No es tampoco casualidad que, de las pocas cosas que se saben de Cabaliere (de la información de su perfil de Instagram) es que es Escritor/Writer, Ingeniero/Publicista. La frontera entre el escritor y el publicista, es difusa.

El camino no va por reivindicar esa noción elitista de poesía, tampoco por sacrificar a la poesía en el altar de la cultura de masas. La senda para la poesía, es reorientarla al espíritu de lo Popular, a la reconstrucción de sus valores, de sus presupuestos y compromisos políticos. Eso es lo que tengo para señalar del Caso Cabaliere, ya sea un robot, una criaturicâ der çeñôh o un çipayo. Muchas críticas le tienen envidia porque también quieren entrar en el mercado, o nostalgia por el puesto entre los dioses de la alta poesía. Y no, por ahí no va. Recordemos el viejo saber, de tu envidia naçe mi fama.

Por eso, el laureado Cabaliere es el digno ganador. No es un tongo ni nada parecido, es el rumbo que está tomando la poesía, el destino al que se acerca. Es cierto que los cerebros se enganchan a la lectura corta ¿Qué hay más corto que un post en una imagen de Insta? ¿Qué mejor lugar para la poesía de masas que las redes sociales a través de las cuales se hacen, a imagen y semejanza, los sistemas cognitivos?

Rafael Cabaliere es el más excelso poeta de nuestro tiempo. Ha hecho una Obra Maestra, un Opus Magnun de la cultura de masas. Para él sean los laureles y todos los premios que existan, y le deseamos que pronto gane el Premio Nacional de Poesía, el Loewe, y el Valparaiso, donde los perfiles de Instagram y Twitter son obligatorios.

Para él los laureles y los 20.000 euros. (Que êttando como êttá el peso bolivariano al cambio, ohalá dîffrute de eçe dinero, y lo pueda distribuir a çu familia y a su barrio. Coça que pocô poetâ Europeô arían).


[1] Martínez Martínez, Manuel (2014). Los gitanos y gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de «exterminio» (1748-1765). Universidad de Almería. p. 30-33

Fernando Grieta
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