Prensado en frío

Yaiza Martínez: «Con cada libro intento hacer un viaje a lo desconocido»

Portada de 'La escuela de las órbitas' de Yaiza Martínez
Portada de 'La escuela de las órbitas' de Yaiza Martínez

Yaiza Martínez: «Con cada libro intento hacer un viaje a lo desconocido»

Yaiza Martínez es escritora y poeta. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado como periodista y como profesora. Nacida en Canarias en 1973, actualmente reside en Cabra (Córdoba). Ha publicado diversos poemarios, los últimos Tratado de las mariposas (Ediciones Tigres de Papel, 2021) y La escuela de las órbitas (OléLibros, 2023), al que pertenecen los poemas aquí publicados. Este mismo año también ha visto la luz su primer libro de relato y microrrelato Naturaleza de la luz, en Eolas Ediciones. Hoy charlamos con ella sobre La escuela de las órbitas, su más reciente poemario.  

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Yaiza Martínez: La escuela de las órbitas continúa la investigación sobre la imaginación como medio de conocimiento iniciada con Tratado de las mariposas. En La escuela…, mi estudio se centró en el análisis de un cuerpo (que se presentó como árbol) y de un bosque lleno de “cuerpos” (árboles que parecían personas), usando para ello “el ojo de la imaginación”; esa facultad humana que permite desplegar imágenes relacionadas con lo que estemos percibiendo o sintiendo (con la vista, el olfato, el tacto o las emociones, por ejemplo) de forma inmediata (aunque muchas veces ni siquiera nos percatemos de ello). 

Los resultados de la traslación de la materia del cuerpo y de los árboles al nivel imaginativo debían ser mencionados; al menos esa fue mi necesidad. Y, como otras veces, la palabra poética me pareció el medio apropiado para hacerlo, por las metáforas (que expresaban las imágenes que veía), por el ritmo (a juego con lo vivo); y también porque el lenguaje poético parece un camino hacia la imaginación, a veces la imaginación misma (aún no tengo claro este punto, al igual que tampoco sé qué diferencia a la imaginación de la memoria, en términos de procesos generadores de imágenes). 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

La idea del libro surge, entre otros momentos y elementos confluyentes, con mi lectura de La diosa blanca de Robert Graves, texto críptico que no entendí muy bien racionalmente, pero sin embargo me puso en el lugar del bosque (allí empecé a sentir la fuerza del calendario celta de Ogham que rige la segunda parte de La escuela de las órbitas), y en el lugar del cuerpo en el que el bosque habita, supongo que secretamente. Lo demás ha sido una historia de amor, que he querido contar y cantar: el eros que la observación atenta despliega; un reencuentro para mí fascinante entre el cuerpo humano y el mundo vegetal, al que nos parecemos más de lo que cabría esperar, como ya advirtiera la bióloga Lynn Margulis en Planeta simbiótico.  

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Me gustaría que se dispusieran a valorar el conocimiento por aproximación, que abandonasen por un rato la necesidad de concepto (no lo minusvaloro, solo creo que puede complementarse con otras formas de investigación, como planteo en la Teoría fascial que acompaña al poemario). Que se escucharan a sí mismos en mis palabras. Que se creyeran. Me gustaría acompañar, supongo. 

Por si estas actitudes frente al texto no fueran suficientes para comprender lo que implica, el libro aporta unos anexos bastante aclaratorios al final. Están escritos en prosa y explican el proceso de creación del libro, su perspectiva y su propósito: recordar que en la imaginación la conexión entre todos los “quebrados”, esa compañía que el libro pretende,  no solo es siempre posible; es lo único que existe. Es necesario recordarlo, porque estamos perdidos en la esquilmación desmesurada de cuerpos, naturaleza y Tierra que propicia la objetivación; porque nos creemos ajenos y superiores al resto de los quebrados y, por tanto, pensamos que podemos utilizarlos sin medida. 

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Como he dicho, me encantaría que funcionara como recordatorio de lo esencial, como la geometría de las hojas de los árboles. 

¿En qué medida veremos en él —o no— a la Yaiza Martínez de tus anteriores obras?

A pesar de que con cada libro intento hacer un viaje a lo desconocido para mí, creo que en mis textos siempre se nota que soy yo la que escribe. Salirse de una misma totalmente parece imposible, pero intentarlo me entretiene y me ilusiona. Creo que los lectores que ya me conocen compartirán esas mismas impresiones, cuando se adentren en La escuela de las órbitas.  

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘La escuela de las órbitas’, ¿cuáles serían? 

Me ha costado mucho decidirme, por mi relación de amor con cada uno de los árboles del calendario de Ogham, a partir de su escritura. Pero esta vez he escogido el espino, que me impresionó por su resistencia y su capacidad de adaptación en medios áridos u hostiles. Y la vid, por su capacidad para dar fruto y con él, el vino (tan parecido a nuestra sangre o a la linfa, según el tipo de uva); por su larga historia y su relación con el ser humano. Por último, he escogido un poema de la parte de La matriz de lo quebrado que sintetiza bastante el eros de la aproximación: esa fusión entre la observadora y lo observado. Al fin y al cabo, parece que de eso va el conocer: caminar hacia lo otro, traerlo aquí amorosamente.  

Casi en paralelamente a éste se ha publicado tu primer libro de relato y microrrelato, Naturaleza de la luz (Eolas ediciones, 2023). ¿Es una transición natural, la de la poesía a la prosa? ¿Te ha resultado difícil?

Me ha resultado muy difícil, de hecho llevo años practicando la narrativa con resultados desiguales. Pero como me interesa investigar y estirar en lo posible los límites de mi propio lenguaje, ahí he seguido, bastante empecinada. Y el relato es, sin duda, uno de los subgéneros narrativos que más me interesa ahora mismo. Supongo que, entre otras cosas, porque su composición orgánica (todo debe estar interrelacionado en él) me recuerda a las del poema. También hay un ritmo organizativo, al igual que en la poesía. La diferencia quizá radique en la tensión narrativa.

Esta sí que, en general, no es precisa en el poema, establecido en los vínculos y no en la expectativa de las historias, de la que ya hablara Aristóteles en su Poética. 

Por todo lo dicho, la transición de poesía a prosa en mi caso no ha sido muy natural, me ha costado; aunque por otra parte, sí que ha sido natural, dada mi propensión a incomodarme en espacios alternativos a lo que conozco. 

Por último, como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’? 

Me gustaría mucho, por ejemplo, leer reflexiones de dos autores andaluces a los que admiro desde hace años: la poeta Juana Castro y el narrador Jesús Ortega

Tres poemas de ‘La escuela de las órbitas’, de Yaiza Martínez

ESPINO

I
Porque la carencia afila,
el espino araña.
II
Por si la sequía lo cierra todo,
cifra las púas de una llave
entre algodones y una voz tan dulce…
III
Contra el hambre ha hecho otros milagros:
las hojas en madera,
tamizar el aire para atrapar el arroz;
desgranar la duna hasta encontrar alimento.
IV
Y consuela como el necesitado:
irriga con lo poco
el filo que siempre está pidiendo.

VID

I
La madre venosa concentra el agua en el odre.
Lo llaman sarmiento; boca de
la historia.
II
A veces el vino conmemora a la madre
bramando en su perdición,
así
volverse loca por el deseo
hace la música entre las uvas.
III
Otras veces, con las hojas
hacen rollos de inquietud los cigarreros,
las polillas devoran los racimos,
y la madre grita sin moverse
y la crueldad no cambia.

De La matriz de lo quebrado

6. La Matriz está en el cuerpo, que es el lugar de los símbolos.
Por una partitura de formación supone
lo otro que contiene y lo posee.

Y esto lo verás danzando
por los alrededores de la partitura
o admirando un paisaje
en una tarde fresca y rosada de verano
acerca de la hierba dirás
yo.

O en la metáfora
los elementos del alambique
que en tu estómago concuerdan
y las estrellas forman
son símbolos que llamamos notas
con las que el deseo produce
tu cuerpo
y los cuerpos celestes.

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Javier Gilabert
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