Prensado en frío

Santiago Martín Arnedo: «La identidad persiste de algún modo en medio de los inevitables cambios»

Portada de 'Las sombras de la belleza' de Santiago Martín Arnedo
Portada de 'Las sombras de la belleza' de Santiago Martín Arnedo

Santiago Martín Arnedo: «La identidad persiste de algún modo en medio de los inevitables cambios»

Santiago Martín Arnedo es Profesor del Departamento de Filologías Inglesa y Alemana de la Universidad de Granada, donde se doctoró con una tesis sobre M. L. Kaschnitz, de quien ha traducido numerosas obras. Paralelamente, ha llevado a cabo una intensa labor musical, habiendo recibido varios premios como compositor. Se ha especializado tanto en literatura alemana contemporánea, sobre la que ha publicado numerosos artículos y monografías, a la par que traduce regularmente (Poschmann, Oskamp, Geiger, etc.), como en el Romanticismo alemán, especialmente sobre la figura de Goethe y sus relaciones con la música y la filosofía de la época. Entre sus últimas publicaciones destacan: Los grandes himnos de Goethe (2017) o La tentación del silencio (2021). Hoy vuelve a nuestra Prensa de la mano de su nuevo libro, Las sombras de la belleza (Dairea, 2023).

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Santiago Martín Arnedo: Siempre había sentido el deseo de conjugar en una obra diferentes inquietudes en torno al Romanticismo, específicamente al Romanticismo desarrollado en tierras alemanas. Es el escenario de los inmortales: Schubert, Brahms, Hölderlin, Kant, etc. Estas inquietudes se centraban en mi caso sobre todo en el ámbito musical, el literario y el filosófico. Esas gigantescas figuras, cuyas sombras todavía se alargan sobre nuestro presente, ejercían y ejercen una gran atracción sobre mí. Me concentré en compositores como Beethoven o Schumann, en el pensador del absoluto Hegel y por supuesto en el escritor que catalizó todos los movimientos espirituales de la época: Goethe. Todos ellos son fuente infinita de saber, de experiencias estéticas y vitales. Mi intención fue reunirlos en un solo escenario (de hecho, algunos se conocieron personalmente) y moverme con libertad entre ellos. Por tanto, la base del libro es histórica, sustentada en una investigación de años, pero la forma de presentarlos es literaria, sin atender a otras convenciones.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Se ha ido forjando durante años, ha ido tomando cuerpo seguramente desde que, en aquellas tardes infantiles, iba al conservatorio a estudiar piano, o desde que, en los veranos de la adolescencia, me sumergía en los clásicos de la filosofía, y sobre todo desde que me dediqué finalmente a la filología alemana. Sabía que en algún momento tendrían que cristalizar esos momentos del camino de la experiencia.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Al principio pensarán que se hallan frente a una colección de estampas independientes: sorprendemos a Beethoven improvisando al piano en la soledad de su sordera, observamos a Hegel asomado a la ventana de su habitación, inquieto ante sus futuros e inéditos proyectos, etc. Pero poco a poco el lector se dará cuenta de que ciertas imágenes, ciertos paisajes, ciertas ideas, ya estaban jugando un papel constructivo, que ya habían comenzado a hermanar a estas figuras, de modo que todos poco a poco van convergiendo en un destino común, el más ambicioso vislumbrado en muchos años, aunque también el más melancólico.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

El mismo que yo experimenté al escribir el libro: la inmersión en una atmósfera en la que da la sensación de que en cada momento se está jugando lo esencial. La intensidad de sus miradas es tal, que te arrastran hacia un lugar del que es imposible regresar indemne.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Santiago Martín Arnedo de tus anteriores obras?

Pues la identidad persiste de algún modo en medio de los inevitables cambios. La temática me ha ocupado desde hace tiempo. El libro anterior que publiqué, La tentación del silencio, centrado sobre la literatura alemana del siglo XX está implícito en este presente. Creo recordar que algún momento de “Las sombras de la belleza” se asoman incluso Rilke o Kafka al escenario romántico, porque no quería contar siquiera con los límites de las barreras temporales. También me ocupé en “Los grande himnos de Goethe” sobre la principal figura del relato. Por otro lado, hace unos años publiqué en prensa una serie de semblanzas de grandes personalidades del espíritu alemán, y ya en su forma, no solo por su contenido, se adelantaba de algún modo a este libro.

¿Supone este relato un punto de inflexión en tu producción como escritor? ¿Y a partir de ahora, qué?

Imagino que la última obra es siempre la que ocupa con más obsesión la mente de su creador. Así lo percibo yo al menos. Aunque tengo varias ideas en el cajón, ahora mismo no estoy por centrarme en ellas, ando ocupado con la promoción del libro, que ha empezado a distribuirse recientemente. Cuando camine solo, será el momento de barajar posibilidades futuras.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo un fragmento o pasaje de ‘Las sombras de la belleza’, ¿cuál sería?

Siempre he dedicado mis simpatías (así en la vida real) por el más desvalido de los personajes, por el perdedor, por el vulnerable; y en este sentido, aunque uno se siente turbado ante las grandes catedrales que han alzado los grandes creadores románticos, Mignon, que deambula por el mundo sin protección, lejos de su patria, como gran desarraigada, adquiere una importancia vital en la obra.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Pues estoy releyendo los relatos de Juan Fernando Valenzuela Magaña en su recopilación Todo Lupión. Esta sería una buena opción.

También te puede interesar...

Javier Gilabert
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.