Prensado en frío

Custodio Tejada: «La poesía está más viva que nunca»

Portada de 'Brújula veleta' de Custodio Tejada
Portada de 'Brújula veleta' de Custodio Tejada

Custodio Tejada: «La poesía está más viva que nunca»

Custodio Tejada ha publicado los siguientes libros de poesía: Rosas de luz y sombra (2002), Urna de cristal (2006), El hábitat que pisamos (2008), Cigüeña de nieve (2012), Recuerdos y coordenadas (2014) y Un horizonte de significados (2021). En 2016 aparece su primera novela, titulada La memoria ausente. Sus poemas han sido recogidos en multitud de antologías, digitales o en papel. Colabora en revistas literarias y medios escritos como Revista La Fuente (Almería), Revista Arboleda (Palma de Mallorca), Revista de Poesía Silabaria (Huelva), Revista Dos Orillas (Cádiz), Revista Alhucema (Granada), Revista Álora, la bien cercada (Málaga), el periódico Granada Costa (Granada), Revista Digital Absolem, La oruga azul (Guadix), Nieve y Cieno (Guadix), Revista Digital Gealittera, WADi-AS Información, Todoliteratura… También cabe destacar su aportación como lector dando su opinión crítica en más de cincuenta reseñas aparecidas en prensa y que se pueden leer en su blog. Acaba de ver la luz Brújula Veleta (Entorno Gráfico Ediciones, 2023), su séptimo poemario, así que lo hemos invitado a pasar por nuestra Prensa para que nos hable de él.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Custodio Tejada: Ciertamente no lo sé. Creo que los libros tienen vida propia y de alguna manera que los autores desconocemos, eligen su momento y la forma de hacerse libro. En Brújula Veleta conviven poemas que se escribieron hace quince o veinte años con otros más recientes, escritos desde la pandemia hacia acá. Brújula Veleta es un conjunto de poemas cuyo leitmotiv es el viaje, hilo de Ariadna que une toda su poética. También te agradezco, Javier, que te hayas acordado de mí para pasar por este líquido tan deliciosamente prensado en frío.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

La idea del libro empieza a fraguarse cuando la pandemia nos recluye en el hogar y el tiempo libre viaja con zapatillas de estar por casa a lo largo y ancho de los espacios domésticos. Es entonces cuando empiezo a leer más, a revisar textos escritos en libretas viejas que tenía guardados en cajones y a escribir otros nuevos. Y cuando los tengo todos juntos descubro que poseen una unidad de acción que podría convivir en forma de libro, detonante que me anima a publicarlos.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

La brújula, con su aguja imantada, apunta siempre al norte, se suele situar a ras de suelo y es portátil, generalmente. En cambio, la veleta siempre señala a donde sopla el viento, abierta a todas las direcciones como un espíritu libre, y es fija, habitualmente colocada en los tejados, en un mástil o en lugares altos. Por tanto, el título Brújula Veleta encierra algo de oxímoron.

Brújula Veleta, sin embargo, es mucho más, es una conjunción juguetona y crítica, un nuevo artilugio donde los latidos o los suspiros se juntan con las miradas o las inercias para sortear las piedras del camino y del lenguaje. Es un libro viajero porque cada poema es un viaje distinto dentro del viaje general que el libro supone. Brújula Veleta es un título bicéfalo cuya imagen ejerce como metáfora de los cuatro puntos cardinales y la rosa de los vientos, ambos símbolos del viaje y de la aventura que afronta y asume el viajero. Mi mirada es un ave de paso y este libro bitácora es su itinerario. El viaje como nexo, como punto de encuentro de todos los poemas. A veces como un viaje hacia afuera y otras como un viaje hacia adentro, pero siempre como un acto reparador,  iniciático y testimonial.

El poemario está dividido en tres partes. La primera, titulada “Los ojos del viaje”, con tres poemas, es introductoria y centra la atención en la importancia de la mirada. La segunda, “Geografía y destino. Libro de Brújulas”, con 36 poemas, nos lleva y nos trae por distintos lugares y emociones. Y la tercera, titulada “Metapoética del paso”, con otros 16, se detiene y fija más en lo vivido en la pandemia y el viaje interior. Entre ellos está el “Diario del Covid. Escolios de un estado de alarma”, un testimonio con 81 haikus o senryus que fui escribiendo durante aquellos días excepcionales como “una autopsia in situ” y que fui publicando en aquellas mismas horas en Facebook e Instagram, y que ahora se recogen en este libro.

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

No espero ningún efecto. Cada lector es un mundo, y en cada lector sucede un milagro íntimo que solo él puede vivir o experimentar, y que puede compartirlo si él quiere. Cada viaje lector es único y, por tanto, personal e intransferible. Cada cual es el actor protagonista de su propio viaje y sus circunstancias, según vaya con espíritu de página en blanco o página emborronada, según sea la mirada y el afecto que ponga en la lectura o el viaje.

Un escritor cuando escribe también está contando/pintando un rel(tr)ato de época, nos lega una mirada arquetipo de una sociedad y un tiempo, una mirada propia que por arte “eucarístico” es a la vez colectiva e histórica.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Custodio Tejada de tus anteriores libros?

Todos mis libros comparten un hecho indiscutible y es que han sido escritos por mí, con lo que eso supone de denominador común, pero es verdad que cada libro mío es distinto, todos son diferentes. Cada uno tiene su propia voz, su poética genuina, aunque todos contienen la misma inercia lírica que al final se convierte en un registro singular. Pero en Brújula Veleta aparece mi faceta más viajera y una poética más experimental y atrevida. 

Te pongo en un aprieto. Si tuvieras que quedarte con tres poemas de ‘Brújula Veleta’, ¿cuáles serían?

Yo creo que en el futuro lector, dentro de la historia de la Literatura, habrá autores que serán recordados por poemas sueltos más que por libros enteros u obras completas. Ojalá me salve del olvido a uno de mis poemas, por lo menos. Y si no es así, he disfrutado escribiéndolos. Yo a ellos los salvo a todos, lo más conseguidos y los menos, porque todos me han hecho camino. Podría elegir cualquiera de ellos, pero elijo estos tres concretamente por el espíritu juguetón que encierran y por el viaje divertido que proponen: “Los borrachos del Museo del Prado”, “Chocolate” y “Mi coche cruza el Puerto de la Mora”.

Ejerces la crítica literaria en tu blog desde hace ya largo tiempo. ¿Influye esta faceta tuya de algún modo en tu producción literaria? ¿Está la poesía más viva que nunca?

Me considero más un lector que da su opinión que un crítico literario. Y un lector que tiene sus dificultades y limitaciones. Aunque es cierto que no me da miedo compartir mis descubrimientos, impresiones, opiniones o publicar mis trabajos lectores. Creo que todo influye en el proceso creativo de un artista, sea cual sea su vehículo. Cuando leo me gusta subrayar, anotar ideas o lo que me sugiere un texto, o sea, establezco un diálogo abierto y sincero con el libro y con el autor, fijándome en aspectos concretos o en percepciones, y a veces el resultado me gusta y lo comparto en forma de opinión de un lector. Pienso que la lectura es la mejor maestra y consejera que uno puede tener. Por supuesto que todo influye en la producción de un escritor, todo nos configura, pero en mi caso, pienso yo, influye más la parte lectora que la parte crítica.

Con respecto a la segunda pregunta que me planteas hay quienes piensan que la poesía es un círculo vicioso y cerrado que se nutre y distribuye solo entre poetas, y por tanto, excesivamente endogámica. Si es por la venta de libros quizá la poesía no esté en su mejor momento, si es por la de publicaciones y premios la cosa cambia. Pero claro que la poesía es eterna, como diría Gustavo Adolfo Bécquer. A pesar de que vivimos en un mundo que adora la muerte como acto subversivo y que presume de matarlo todo como una especie de deconstrucción enfermiza que busca el borrón y cuenta nueva para construir un nuevo paradigma inmaculado, la poesía está en un momento dulce (tanto por su pasado como por su presente y su futuro), y eso lo demuestra la cantidad de buenos libros y autores que hay esperando en cualquier estante de una librería o en las páginas web de tantas editoriales. La poesía está más viva que nunca. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por la ‘Prensa’? 

La verdad es que la lista sería larga. Para empezar, a todos y cada uno de los escritores que he leído, y muchos también he reseñado y se pueden leer en mi blog, pero por cercanía y paisanaje nombraré directamente a las hermanas Carmen y Dori Hernández Montalbán, a Antonio Morillas Jiménez, a Carmen Membrilla Olea, a Antonio Beas y a Juan Manuel Gámez Baena.

Tres poemas de ‘Brújula Veleta’ de Custodio Tejada

LOS BORRACHOS DEL MUSEO DEL PRADO

A los bares

“Si estoy en una habitación que da al horizonte, mis pensamientos se deshilachan y se convierten en esclavos de mis miradas. Ya no soy más que ojos…”           

Emil Cioran

De todos los viajes posibles que el Prado ofrece
yo me quedo hoy con Baco
coronando a sus cofrades, los borrachos.
Absorto en una especie de écfrasis o resaca
contemplo al bello joven con el torso desnudo
y la cabeza ceñida de pámpanos
a modo de nostro caríssimo familiare.
Bendita alegoría de la liberación
que el vino tiene en el rostro bendito
de los discípulos
y donde el camarero sentado en un tonel
se mezcla con los beodos mortales.
Burla excelsa de los dioses paganos
que exalta la benignidad del vino
y el arrebato incauto del poeta.
Después de contemplarlo con esmero
descubro arrodillado que es a mí
a quien Velázquez
entroniza con la corona de hiedra.
Es entonces cuando todos los bares
en los que fui feliz
desfilan en mis ojos haciéndome partícipe 
de la sobriedad mística del cuadro.

CHOCOLATE

¡El chocolate es una cosa seria!

Deanna Troi. Start Trek.

Igual que la ayahuasca
de los indios jibaros yo levito en la altura
del chocolate negro.
El alma se me escapa por la boca
y a miles de kilómetros yo viajo.
Lo mismo duermo en un barrio de Amsterdam
que despierto por las calles de Harlem,
en Manhattan, o marcho al Machu Picchu
de las alucinaciones sagradas.
Si como chocolate
el camasutra del cacao invade 
el carril bici de la heterodoxia
y me instalo en el místico vergel telepático
astral y paralelo de la serotonina 
y su collage de efectos secundarios.

MI COCHE CRUZA EL PUERTO DE LA MORA

Un adelantamiento 
indebido me pone sobre aviso:
“Caution High Trailer”.
Acelero, una fila de mimosas
amarillas de sol en la cuneta
perfuman el trayecto de mi coche
que conduce a Mombasa,
la ciudad arquetipo
de todos los destinos imposibles
y todas las locuras a mi alcance.

Mi coche cruza el Puerto de la Mora
dirección a Granada.

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Javier Gilabert
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