Prensado en frío

Juan Cobos Wilkins: «Cada libro surge de su propia metamorfosis»

Portada de 'Los no amados' de Juan Cobos Wilkins
Portada de 'Los no amados' de Juan Cobos Wilkins

Juan Cobos Wilkins: «Cada libro surge de su propia metamorfosis»

Juan Cobos Wilkins, nacido en Riotinto (Huelva), ha sido director de la Fundación Juan Ramón Jiménez, de la colección poética que lleva el nombre del poeta y de la revista de literatura Con Dados de Niebla, así como del Aula de Poesía de la Facultad de Ciencias de la Información, Universidad de Madrid. Libros de poesía, entre otros: Llama de clausura, Escritura o Paraíso, Para qué la Poesía, Biografía impura, El mundo se derrumba y tú escribes poemas, Matar poetas, Los no amados, por el que hoy pasa por nuestra ‘Prensa’. Novelas, entre otras: El corazón de la Tierra, Mientras tuvimos alas, El mar invisible. Ha sido galardonado en los premios: Premio de la Crítica de Andalucía, Premio Internacional Emilio Castelar a la Defensa de las Libertades, El Público, a la Mejor Novela, Gil de Biedma, Ciudad de Torrevieja, Instituto de Cinematografía y Artes Visuales al Mejor Guión.  

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Juan Cobos Wilkins: ‘Los no amados’ se me impuso, incluso ya con su título, hará unos cinco años. Llegó de manera absorbente y rotunda. Era la necesidad de su escritura, el saber que era eso y no otra cosa lo que me pedía ser contado. Yo comprendí que era el momento y lo confirmé en cuanto nacieron los primeros versos, el poema venía de forma natural, fluida, arrastrado por la corriente interior que urgía su salida a la luz, aunque fuera, a veces, una luz abisal. Algo así como una extracción de la propia sangre. ¿Dolía?, sí, lo que iba surgiendo dolía, el cuerpo que comenzaba a formarse me nacía desnudo, me dejaba herido, pero esa renovación de la sangre, esa desnudez, eran, al tiempo, renacimiento.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

No hay un rondar ninguna idea, no hay un buscarla, atraerla, atraparla, rendirla. No. Hay un poner la vida sobre el papel.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

El centro del libro es el no amor. Ese es su origen, la médula. Sima y vórtice. El no amor que es diferente al desamor, porque el desamor implica amor, dejar de amar o de ser amado es consecuencia de haberlo sido, mientras que el no amor es su carencia, su vacío, su inexistencia. Si, por ejemplo, en una moneda la cara fuese amor y la cruz desamor, el no amor sería el canto de esa moneda: cuando es lanzada al aire y cae de canto y rueda y por más que busquemos, aunque sea pequeña la habitación en la que cayó y rodó, no la encontramos, no está en los rincones ni debajo de ningún mueble, no está, ha desaparecido.

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Cualquier persona se encontrará reflejada en alguno de los poemas de Los no amados. En un verso, en la totalidad del libro… porque como en él escribo: “¿qué vida, / alguna vez, o muchas, / no ha sido desvivida y amada, amada y no vivida?”

Sería hermoso, fértil, gratificante, que al concluir la lectura de Los no amados, los lectores se sintiesen sí amados por el libro y, a su vez, ellos, ellas, sí amasen sus poemas.

¿Qué importancia tiene la estructura o la disposición de los poemas en este libro? ¿Fue algo deliberado o más intuitivo durante el proceso de creación?

La estructura y disposición del libro es inseparable, indisoluble, a lo que es Los no amados como obra literaria en su totalidad. El primer y extenso poema, que da título al volumen surgió como un poema-bomba, quiero decir, que llevaba incorporado en su interior, en sus tripas, un explosivo que estalló desde dentro mismo del poema y lo hizo hirientes esquirlas. Es un poema explosionado desde sus entrañas. La segunda parte titulada 1 + 1 = 0, indica que resultado da el no amor, y ahí, en este apartado, están los amantes: los amantes sin cuerpo, los malditos, los morbosos, los místicos, los desvanecidos, los pansexuales, los okupas… La tercera y última sección, “In nomine”, vuelve a ser un poema extenso, creo que también intenso, pero esta vez sostenido, poema-río que recoge en su corriente algunas de las claves que han ido apareciendo anteriormente y las ahonda, las vuelve del revés, las pone ante el espejo, nos las clava en el vacío del corazón como un cometa ardiente que atraviesa la soledad y la llena de turbación y fuego.  

Estos versos fluctúan entre la tradición clásica y el apunte surrealista. ¿Cómo equilibras estas dos corrientes tan diferenciadas y qué te motiva a explorar este espacio intermedio entre ambas?

En Los no amados, especialmente en su sección segunda, el lenguaje utilizado en cada poema es acorde a su enunciado, al tema del mismo. Así, en «Los amantes surrealistas» las imágenes poéticas, la escritura casi automática, responden al surrealismo, como «Los amantes místicos» se eleva con la ingravidez pasional de los éxtasis. Piezas que nacen de la esencia que origina su existencia lírica. Hay  diferentes entonaciones, muchos tonos, pero todos nacen de la misma voz.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Juan Cobos Wilkins de tus anteriores obras?

Creo que mis libros anteriores Biografía impura, El mundo se derrumba y tú escribes poemas y Matar poetas, publicados todos por la Fundación Lara, en su colección Vandalia, constituyen una trilogía, aunque no fue propósito inicial. Los no amados, aparecido, con cuidada edición, en Bartleby Editores, es otro horizonte. Por supuesto está lo aprendido y aprehendido en todos estos años de escritura y vida, que, en mí, son hermanas siamesas que comparten un mismo corazón, pero a ese poso, a ese sedimento, se ha añadido un riesgo nuevo, un arrojo distinto, una osadía ante el vértigo. En Los no amados acepté mi propio reto de ir más lejos, más profundo.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Los no amados’, ¿cuáles serían?

Los tres poemas que elija ahora quizás no sean los que elegiría, no ya mañana sino en un rato, y es que solo con un simple cambio de luz no somos los mismos. A ver…, por ejemplo, el que cierra la primera parte, Haz memoria, ateo dios con alzhéimer. Y, por no darle más vueltas, Los amantes descarnados y Los amantes disyuntivos.

¿Te desafías a ti mismo en cada nueva obra que emprendes?

Tanto en novela como en poesía, cada nuevo libro ha sido, es, efectivamente, un desafío. Nunca me he dormido en la repetición. Mi primera novela El corazón de la Tierra se convirtió en un éxito, con edición tras edición, así durante años, y miles y miles de lectores, llevada al cine…; no quise volver, en la segunda novela, a contar algo similar aprovechando el tirón del éxito de la primera, cambié de registro, lo mismo hice con la siguiente, un volantazo, un giro. Supongo que desconcierto un poco a mis lectores, pero me conocen ya, saben que me renuevo en cada obra. En poesía, aunque las claves son distintas, cada libro surge de su propia metamorfosis, que es la mía.         

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’? 

Muchos nombres me vienen a la cabeza. Pero considero que es útil aprovechar la oportunidad de que tenga un libro reciente, este es el caso de Carmen Ciria, la poeta que nombro para, como dices, «pasar por la Prensa», que, añado yo y doy fe, no es acabar prensado.              

Tres poemas de ‘Los no amados’ de Juan Cobos Wilkins  

Haz memoria, ateo dios con alzheimer.

Contempla la casa desde afuera, sus ventanas con luz.

En Navidad caía como un copo el mantel
sobre la mesa y la mesa
era tundra impoluta de nieve y brillaban las copas, los cubiertos   
de plata en formación. Haz memoria.
El alero con sus largos colmillos de carámbanos.

Recuerda esa primera carta de amor o desamor
-de amor y desamor-
oculta en el plumier donde también guardabas
las libélulas y los remordimientos.
                                                        Y hoy,
que reviven los tics del solitario,  
que igual que las pestañas de una muñeca ajada
los versos son ya polvo en esta página
y van lentos los días y los años fugaces
y más en tu no amor es siempre menos
porque el amor si logras descifrarlo es que no fue,
ahora,
que todo es orfandad
y como novio en pleno celo rondas,
cortejas ritualmente tu autodestrucción,
haz memoria, repite
una y mil veces,
                           ateo dios con alzheimer,
mi nombre:
                    tu nombre
repetido en el nombre de todos los no amados,
porque la vida llega
y nadie está.

LOS AMANTES DESCARNADOS

Se aman los esqueletos. No los músculos.

Del esqueleto que ama crecen flores. Misteriosas
carnívoras, orquídeas
bellas como mantis-orquídeas.

La música de los esqueletos al amarse,
el silencio de los esqueletos al amarse.
El miedo
del esqueleto a ser amado.

Al hacer el amor
dejan la huella fosforescente de su vida
en la radiografía de las sábanas.
                                                    Al hacerse el amor,
los esqueletos
en su infinita metamorfosis hacia la oscuridad.

Y al separarse
comprenden que en lo óseo
mora vivo el dolor más allá de la carne.

LOS AMANTES DISYUNTIVOS

Puede que jamás se decidan. No importa.

Tienen en las ojeras ese abismo cian de haber amado mucho,
antes, antes.

Mientras dudan
si remplaza su “o” la alianza del dedo,
si constituye su “o” la libertad,
                                                  olvidan
que somos o no somos
es
     -como ellos mismos son-
palíndromo.

Mientras titubean,
ahogan en las lejanas almohadas de mamá
los suspiros; mientras deciden, alguien
dice, pásame el pan,
sangra la carne, ¿quieres
más vino?
                 Y mientras
para justificarse alegan
que esa medida ambigüedad demora el final mutuo,
un adolescente, abrazado contra su pecho el libro,
concluye la lectura de Werther.

Son rectas paralelas,
                                  amantes disyuntivos,
dos líneas que convergen
solo en el infinito punto impropio, y ahí,
por un attosegundo, al unirse, reciben
el relampagueante fucilazo, la eléctrica
descarga del niño que aproxima
su lengua húmeda al poste e ignora el “No tocar”.

Los amantes o no.

Un día
se rozaron sus labios.

Qué triste fue ese beso.

Javier Gilabert
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