Prensado en frío

Francisco Silvera: «Me maravilla lo tonta que es la especie humana»

Portada de 'Los Camaleones' de Francisco Silvera
Portada de 'Los Camaleones' de Francisco Silvera

Francisco Silvera: «Me maravilla lo tonta que es la especie humana»

Francisco Silvera (Huelva, 1969) es licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y doctor por la Universidad de Valladolid. Escritor, profesor y músico aficionado que lejos de tener vocación de cuentista, se encuentra cómodo en la prosa corta, lo que le hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Afirma ver poco más que comercio en la literatura actual y suele experimentar con la forma.

Su bibliografía es tan extensa que daría no ya para una entradilla, sino para la casa entera, así que destacaremos de entre sus novelas, poemarios o ensayos ‘Álbum blanco’ (2011), ‘Tenebrario’ (2013), ‘De la luz’ (2014), ‘Mar de Historias’ (2016), ‘La Gloria del Mundo’ (2017), ‘Libro de los silencios’ (2018), ‘Las criaturas’ (2019), ‘El mar de octubre’ (2020) y ‘La tristeza del mundo’ (2021), ‘Obra y edición en JRJ’ (2017) y ‘La vida de la Cultura o Contra la cultedad’ (2020). Su ‘Libro de los silencios’ le valió el XXV Premio de la Crítica Andaluza. Hoy le hemos invitado a pasar por la Prensa para hablarnos de lo último que ha publicado, ‘Los Camaleones’ (Juan Caballos, 2021).

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Francisco Silvera: Esta pregunta es casi teológica, porque no está en mi mano decidir cuándo publico un libro, me someto al Editor Divino que aparece como desaparece y controla mi destino como escritor que no interesa en absoluto al mundo editorial. Ojalá pudiera publicar cómo, cuándo y lo que quiero… Qué va, soy del mundo de los escribidores sin suerte. Este libro fue escrito hace una década y ha sido revisado y ampliado y reescrito durante su proceso de edición, y es una ficción que me garantiza mi fantasía de haber sido músico de rock.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Frecuento un bar de tapas que nada tiene que ver con el mundo de la música, salvo que sus paredes atesoran una colección de entradas de conciertos que debieron ser un gusto para el dueño. Siempre he tocado con amigos, o mis amigos siempre han tenido que ver con la música. He reflexionado mucho sobre el éxito y su significado. He vivido ya medio siglo y he visto subir y caer las modas… Ya tenía ahí los ingredientes, sólo faltaba cocinar todo y salió.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Me maravilla lo tonta que es la especie humana, siempre doblegando la realidad para entender lo que no puede ser entendido… El juego determinista y al tiempo azaroso de los acontecimientos es la fuente de nuestra incertidumbre, pero también debería serlo de nuestra sencillez porque nadie puede justificar sus éxitos ni, lo que es peor, los fracasos. El libro es una reflexión sobre el destino humano, utilizando el rock como instrumento para hablar un poco de todo. Me gusta describirlo como un milhojas donde hay muchos libros diferentes posados en estratos horizontales, como una especie de sinfonía que sólo cuando “leemos-oímos” en su conjunto, verticalmente, podemos entender… Hay música, hay historia del rock, teoría del punk, hay estética, hay amor por los instrumentos y sus timbres, melancolía por la arrogancia juvenil, reflexión sobre el tiempo y la amistad, sobre el poder y sus resortes… Es un libro corto muy largo, creo.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Hay dos intenciones: despertar la curiosidad musical por algunos de los grupos que han iluminado mi vida, y que no son precisamente famosos, y la otra es la puramente literaria: ser capaz, como en cada texto, de haber encontrado la forma necesaria para expresar lo pretendido. Eso es la Literatura para mí.

Afirmas que te sientes «más sonido que pensamiento» ¿A qué suena este libro?

Es una confesión de mis debilidades y vicios sonoros, una explicación de por qué me gusta tanto la música… y de por qué concibo el texto como una composición musical compleja; aprendemos antes la melodía, lo musical; el lenguaje es un artificio que no terminamos de controlar porque al final sólo es sonido y melodía sin más significado que lo emocional…Hago ese viaje de vuelta, parto del lenguaje para regolfar a la emoción sin palabra que la pervierta.

‘Los Camaleones’, según he leído, forma parte de una tetralogía. ¿Nos puedes adelantar algo sobre los otros tres?

Claro. El primero ya se publicó hace mucho, sin repercusión, como siempre, se tituló Álbum blanco y fue un homenaje a The Beatles, una novela en la que cada capítulo usaba como motivo una canción de este grupo y estaba escrito usando motivos de las letras y evocando recursos sonoros de las mismas…Yo creo que era interesante. Quizá merecería una reedición (a ver si alguien me oye); el segundo está listo y ha pasado ya por múltiples editoriales que no tienen ni la vergüenza de contestar, se titula La Geometría del Tiempo y es una colección de cuentos musicales, cada uno en una forma distinta usando, una vez más (por eso lo de Libros de Música) las formas de las distintas composiciones, y así el tercero, Libro de Tientos, son experimentos llenos de diversidad lírica y narrativa, no son otra novela de 500 páginas a 25 euros que no necesite diccionario y se pueda leer viendo la tele y con el cerebelo en standby (parece ser que éste es el único criterio editorial actual). El cuarto son estos Camaleones y el quinto está en marcha pero completito… y me gustaría seguir.

Tu producción -utilizando el símil musical- «toca casi todos los palos». ¿Por cuál te decantas? ¿En qué género te sientes más cómodo?

Empiezo a notar el agotamiento de la edad, tiendo a la concisión, el verso me atrae muchísimo aunque temo que mi mundo poético no es el de la poesía de los poetas que, lamentablemente, escriben entre y para ellos. Me gusta la idea de construir, en mi vejez incipiente, una poética y un mundo propios… Pero eso es pretencioso, difícil y exagerado… Me gusta el cuento muchísimo… En realidad no distingo géneros, sólo tengo claro que la poesía no es ni contar sílabas ni dar al intro, y que la narrativa no debe tener como objetivo entretener, eso debe ser la excusa para contar algo y conmover… En fin… Ni puta idea —muchas risas—.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Pues mira, un tipo muy leído, poeta y editor interesantísimo y con buena sobremesa es el malagueño Francisco Torres… Sería justo darle su lugar.

Javier Gilabert
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