Entrevistas

Miguel Ángel Oeste: “Solo la ficción puede transformar el tiempo”

Miguel Ángel Oeste: “Solo la ficción puede transformar el tiempo”

Con su primera entrega, Bobby Logan (Zut, 2011), Miguel Ángel Oeste cosió un lugar con nombre propio a la geografía de su memoria narrativa. El resultado de esta acción fue una novela en la que Oeste revisaba el concepto de juventud al tiempo que ofrecía una aguda reflexión sobre la experiencia de la realidad – y su imagen especular, la sensación de realidad-, reflexión con la que buscaba testimoniar la idea de memoria.

En su nuevo artefacto, Far Leys (Zut, 2014), encontramos parte del eco de la poética de Bobby Logan, sin que ello haga que se sienta deudor del que fue su primer peldaño. De hecho, Oeste amplía considerablemente el horizonte literario por el que transita Far Leys, sumando a esa revisión de una edad y reflexión en torno a la memoria en la cosa literaria, un buen cóctel de elementos que Oeste calibra según la página en la que nos encontremos: la nostalgia irrumpe como motor de los personajes, el lenguaje se muestra raquítico y seco cuando la aspereza de lo narrado así se lo exige, o se muestra exuberante cuando el territorio por el que se transita precisa de tal aliento. Además, ambos títulos comparten el llevar nombres propios de lugares, pues Far Leys es la casa familiar de Nick Drake, eje transversal de la novela del malagueño. A este entramado, hay que incorporar la gran respiración de la novela, aquello que proporciona el latido a cada página: convertir en literatura la identidad musical de Drake, hecho que apasionará a los seguidores del británico y emocionará a los que se enfrenten a su figura por vez primera.

Miguel Ángel Oeste Far leys

Si tomamos como punto de partida de esta conversación tu anterior trabajo, Bobby Logan, una novela sobre el sentir del tiempo, sobre la juventud y la experiencia de la memoria, este origen me lleva, automáticamente, a la cuestión siguiente, ¿qué te ofrece el pasado, lo que ya no está pero es, para que vuelva a ser, en cierto modo, eje de tu propuesta narrativa?

Uno siempre quiere capturar aquello que no está. Y para mí la infancia y la juventud son los periodos claves en la formación de cualquier persona. Escribir es una derrota, pero la vida en cierto modo también lo es, y la única manera de transformar el tiempo de alguna forma, aunque sea un simple sucedáneo, es a través de la ficción.

¿Y qué te lleva a convertir a Nick Drake en aliento de tu novela?

Por un lado, las enormes lagunas que existen sobre la vida de Nick Drake. Una vida llena de porosidades, enigmas, zonas inexploradas. Por otro lado, su música, claro. Los discos de Drake, aunque hijos de su tiempo, tienen unos componentes de atemporalidad que hacen que el oyente primerizo, independientemente de cuando lo escuche, quede atrapado en ellos. Las canciones rezuman belleza, y ante eso es difícil permanecer impasible, si a eso se le añade el componente misterioso de sus letras, que no hacen más que reflejar lo misterioso del autor, la riqueza de matices de los arreglos de su música, o la ausencia de ellos, la voz tan personal…, pues no es extraño que se convirtiera en un autor de culto no sólo entre los propios músicos que conocen la dificultad que tiene poder materializar todo eso en los tres minutos que suele durar una canción, sino también entre cualquier persona con cierta sensibilidad.

Tengo la sensación de que eres un autor que arrastra cierta nostalgia, cierto gusto por recuperar variables pasadas aplicables a este acontecer esquizofrénico, ¿cuánta importancia tiene la memoria en tu obra?

La memoria es fundamental en mis libros, pero creo que como en la mayoría de los escritores, o de los escritores que me gustan. La memoria es la maquinaria que mueve las piezas de la ficción. Aunque la memoria no deja de ser otra construcción más.

Pasemos ya a diseccionar los diversos elementos que componen el andamiaje de Far Leys (Zut, 2014). La incapacidad para ser del todo, para estar en el mundo de forma plena, contundente, sin edulcorantes, se presenta como uno de los motores de los personajes. ¿Cómo has trabajado este aspecto narrativo?

Este aspecto que mencionas está en la personalidad de Nick Drake y estaba en mi anterior novela aunque de otro modo. Esa sensación de estar perdiéndose algo, de tratar por todos los medios de ubicarse sin lograrlo, ¿no es a lo que aspiramos todos?

Pero otro elemento que me interesa mucho es la influencia o influjo de Nick en los dos protagonistas, Richard y Janet. Aquello que en Suave es la noche escribía Fitzgerald: «Nunca sabes exactamente cuánto espacio has ocupado en las vidas de las personas». Y ambos personajes, como les sucede a Nick, terminan obsesionados, deformando su realidad por la imposibilidad de adaptarse a su propio tiempo. 

Sobre este asunto, ¿los personajes tienen miedo a ser, a estar en el mundo?

Perciben el mundo como un medio hóstil. Y, de una manera u otra, el miedo es el que conduce sus vidas.

Otro gran elemento que se entremezcla por entre los personajes es el amor, el deseo de amar y ser amado. Su necesidad. ¿Por qué te inclinas por hacer ese contraste entre el amor de Janet hacia Drake, y el amor difuso entre Richard y Erika? ¿Es justo eso el estigma de los personajes?

Realmente no sé si es amor u otro sentimiento. Los personajes viven experiencias amorosas muy obsesivas. Y se vampirizan en el sentido más amplio de la palabra porque determina sus existencias. El deseo es lo que los mueve, pero también lo que los destruye. O eso creo. 

Gran acierto interpretar la novela a través de dos perspectivas narrativas. ¿Cómo llegas a esta estructura?

La figura de Nick y su biografía están contadas en efecto desde las voces de Janet y Richard. A su vez, cada uno relata su propia vida. Janet cuenta su tortuosa juventud y tragedia familiar y todo lo que le sucede, con el sentimiento de culpa tan arraigado. Y Richard su problema con las mujeres, el tema de la fama como actor, la relación con la mujer que lo introduce en el mundo de Drake, Erika. Pensaba que desde estas dos voces opuestas se podría dar una visión de conjunto más completa de la época, pero también del presente.

La poética sobre la que se apoya Far Leys guarda relación con conceptos como el miedo, la obsesión, el deseo, la identidad. Si debo elegir uno de ellos, me quedo sin duda con lo identitario. ¿Por qué nos cuesta tanto saber lo que somos? ¿Es la identidad el gran asunto de la literatura del siglo 21?

Y no sólo del siglo 21. Está en la base de todo. Madame Bovary también podría ajustarse a esto. Pero es cierto que este siglo es aún más difuso en esas coordenadas. 

¿Y crees que ese fue el gran problema de Drake, su propia identidad?

Quizá, pero eso no le impidió que fuese un músico extraordinario al que su personalidad resbaladiza lo quebraba constantemente. Alguien que lo tenía todo para triunfar pero que no lo hizo. A pesar del misterio, o quizá por ese misterio, es un personaje muy atractivo. También posee un gran atractivo físico como reflejan las pocas imágenes que han quedado de él. Además su historia está repleta de contradicciones. Y eso es bueno para la ficción. Por ejemplo: Nick fue un tipo solitario que vivió la mayor parte de su vida en Far Leys, un artista íntegro que a pesar de todo necesitaba y quería ser famoso, pero sin embargo se negaba a tocar en vivo y a hacer una vida pública. Y siempre lo digo, pero creo que es verdad, que no hay nada más triste que el éxito póstumo de un fracasado o los deseos que se cumplen fuera del tiempo. Sí, en vida sus discos no se vendían, ni lo escuchaba nadie, y hoy es idolatrado si no por las grandes masas, si por una minoría muy importante.

Qué curioso, Bobby Logan lleva el nombre de una mítica discoteca del barrio malagueño de Pedregalejo. Far Leys es el nombre de la casa de los Drake. Juegas con los lugares hasta convertirlos, más que en piedra angular, en un personaje más, los dotas de personalidad y eso se refleja en la novela. ¿Recurso propio, de la casa?

No es algo intencionado cuando escribo, pero sí es verdad que pienso que los lugares nos condicionan. Y mucho más de lo que creemos. Ahora bien, por encima de cualquier consideración, en mi opinión, todo se encuentra en la frágil infancia de Drake, en la familia como caja de resonancia: un lugar contradictorio en el que busca un refugio del exterior y, al mismo tiempo, es para él un sitio en el que no termina de estar cómodo.

A modo de cierre, ¿qué música escuchaste durante el proceso de elaboración de Far Leys?

Sólo escuche Nick Drake, una y otra vez, sin parar. Ha sido algo hasta cierto punto enfermizo, porque quería ser capaz de transmitir esa extraña melancolía que desprenden sus canciones.

Miguel Ángel Oeste

Miguel Ángel Oeste

Cristina Consuegra

Escritora, crítica literaria y musical.

Es miembro del consejo editorial de la revista universitaria de Cultura de la Universidad de Málaga, Paradigma. Colabora en La Opinión de Málaga con una columna de opinión, “Interferencias” y con entrevistas y críticas en las revistas digitales Microrevista, Otro Lunes y Paisajes Eléctricos; en las revistas literarias Alhucema, Nayagua (publicada por la Fundación José Hierro), El Maquinista de la Generación (publicada por el Centro Cultural de la Generación del 27); el fanzine Mitad Doble y las revistas especializadas en música Rockdelux, Mondo Sonoro (Andalucía) e IndyRock.

Ha participado en el volumen Descubrir el teatro contemporáneo; ha sido incluida en varias antologías poéticas
Cristina Consuegra
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