Entrevistas

Carmencita Calavera: «El rock es nuestro punto de partida»

Carmencita Calavera. Foto de Juanan Barros
Carmencita Calavera. Foto de Juanan Barros

El próximo 28 de octubre Carmencita Calavera presenta su nuevo disco, ‘Una noche en el desierto’, en el Teatro CajaGranada de su ciudad de origen. Este LP supone la continuación y extensión de ‘Un día en éxtasis’, EP publicado en 2019. Hemos charlado largo y tendido con Carmen Caballero (voz y guitarra), Ignacio García (bajo) y Luigi Ramos (guitarra) sobre su nuevo elepé.

Javier Gilabert: Si hubiera que buscar un hilo conductor en este tercer trabajo de Carmencita Calavera, podríamos decir que es la búsqueda de una “anti épica” o “contra épica”.

Carmen: Algo así, hay una serie de personajes que están abocados al fracaso, que podrían ser épicos, pero que se van chocando con la realidad: en ‘Horizonte de Sucesos’, la historia de un astronauta que busca nuevos horizontes y acaba engullido por la luz y la oscuridad; en ‘Salsipuedes’, un miembro de un cártel mexicano que acaba cosido a balazos; en ‘El Resplandor’, la historia de unos colonos que viajan a por el sueño de la nueva tierra prometida en California y acaban comiéndose a ellos mismos… Algunas son invenciones, otras basadas en historias reales, pero todas estas historias parecen ser épicas en su inicio y acaban como el Rosario de la Aurora…

He leído en más de una ocasión que se os considera como “una banda inclasificable”. ¿Cómo definiríais el nuevo estilo de Carmencita Calavera? ¿A qué suena este disco?

Ignacio: No creo que haya un nuevo estilo. Es más de lo mismo que venimos haciendo: coger nuestras diferentes influencias para meterlas en la coctelera y, al final, cada tema es de su padre y su madre. Es cierto que tiene más sintetizadores que en anteriores trabajos. Pero es que cuando pruebas esa mierda, ya no puedes parar [risas].

Carmen: Tenemos la suerte de tener distintos gustos cada miembro de la banda, lo cual no hace sino enriquecer las composiciones y al final, pues eso, queda un disco de lo más variopinto.

¿Es esta ‘Una noche en el desierto’ en realidad un viraje hacia un cambio de estilo? ¿Hacia dónde os dirigís?

Ignacio: Es más bien la continuación del trabajo anterior, ‘Un día en éxtasis’. Esta “noche en el desierto” lo completa y cierra de alguna manera. No tengo claro hacia dónde vamos, las próximas composiciones lo irán diciendo, pero me temo que vamos a seguir con esa variedad de estilos, teniendo claro que el rock es nuestro punto de partida. 

Carmen: Este disco es cierto que ha salido más “popero” o más serio, también porque hay más letras de Ignacio y los estilos son diferentes. Pero todas las canciones se han ido componiendo y arreglando entre todos. También tenemos como novedad más teclados y sintetizadores, que hacen que los matices cambien. Eso y las dos producciones de Noni, de Lori Meyers. Por narices se va a notar el cambio de estilo, pero nos encanta jugar al despiste.

¿Tenéis la sensación de haber encontrado la formación definitiva con la incorporación de Inma Lorenzo a los teclados? ¿Cómo afecta este “fichaje” al carácter de vuestro sonido?

Ignacio: Seguro. Con Inma tenemos la ficha que nos faltaba. Sus teclados se nos hacen ya imprescindibles. Ella, como persona, también aporta muchísimo a la banda. Su forma de ser se complementa con la del resto y, en lo musical, nos lee a la primera. Tener una profesional como la copa de un pino al lado siempre facilita las cosas.

Portadón, por cierto. Contadnos cositas sobre el artwork del disco.

Carmen: La portada nos la hace una tremenda profesional y gran amiga, Alhama Molina, de Miss Comadres, que es activista feminista y una creadora genial. No hay más que ver sus trabajos anteriores para entender por qué le pedimos que se encargara de la portada. Le dimos una serie de ideas, pero ella se lo llevó a su terreno ¡y nos dio en todo el gusto! El detalle de la Maritoñi, tan granaíno, está siendo muy comentado, y para nosotros fue toda una sorpresa.

Granada es vórtice musical y cantera inagotable de bandas. A las pruebas me remito. Pero, ¿puede jugar eso en vuestra contra? ¿Tenéis la sensación de que podíais haber brillado más de radicar en otra ciudad?

Luigi: Es difícil ponerse en situación [risas], ¿Cómo nos habría ido si fuéramos de, por decir algún sitio, Cuenca? Lo mismo habríamos tocado más, lo mismo nos habríamos dedicado a otra cosa. Yo creo que Graná nos ha dado muchas cosas y no tengo la sensación de que nos haya quitado nada. Lo de ser cantera de bandas es algo contagioso: tus colegas hacen una banda, y entonces te resulta a ti mucho más fácil montar la tuya. Puedes compartir local de ensayo, miembros, instrumentos, conciertos… A nosotros, tener tan cerquita y tan a mano a bandas tan míticas como Lagartija Nick, Lori Meyers, 091 o Los Planetas, o a músicos como Miguel Ríos, nos ha aportado muchísimo. Además, si hubiéramos nacido en otra ciudad no tendríamos esta maravillosa malafollá.

Carmen: Yo sí pienso que en una ciudad donde haya menos bandas puedes tenerlo más fácil para destacar en tu panorama, pero por otro lado, al haber menos bandas, hay menos oferta, menos locales donde tocar, menos promoción de bandas noveles, y también, posiblemente, menos calidad. Aquí, si quieres destacar entre tantísimos grupos te lo tienes que currar muchísimo más, porque si no, eres uno más del montón y te terminas diluyendo. Por eso creo que hay tanta calidad musical en esta pequeña ciudad.

El elepé abre con ‘Estados Unidos del caos’, un tema trabajado, pleno de matices, una ópera rock en sí misma, y, en cierto modo, que hace de puente, de transición entre lo que erais y lo que sois ahora. ¿Estoy en lo cierto?

Carmen: No sé si hemos cambiado tanto. Somos lo mismo, pero efectivamente este tema tiene más capas, más operística, sí, si quieres. No sé si es exactamente una transición hacia otra cosa, porque nos sentimos los mismos del ‘Conductor de LaRober’, pero sí tiene una miras más amplias, y algo más de crítica afilada a una ciudad de sol y nieve que se están cargando y transformando en un decorado de cartón piedra, gentrificada y elaborada por y para el turista, quien esté un poco avispado, pronto se dará cuenta de qué ciudad se habla…

Por otro lado, la grabación del tema fue una auténtica pasada, sobre todo porque no lo hicimos solos. Nuestro amigo César Rodríguez, de Carlota, montó un gran coro, con el que ya habíamos trabajado anteriormente, para arreglar el tema. Eso juntó en el estudio a más de quince personas, entre unos y otros. Además, la participación de Ramón Rodríguez y María Vallejo, de Fandila, con instrumentos tradicionales como el oud y el violín, le pusieron la guinda al pastel. El que tuvo que sudar tinta con tantas pistas abiertas al hacer la mezcla fue el “Indio”, nuestro técnico, que se echa a temblar cuando le proponemos estos retos.

¿Y un narcocorrido? Con su puntito Eskorzo. Además es un tema que os hermana aun más con México, al que ya os unía la estética de la banda.

Carmen: El puntito Eskorzo de ‘Salsipuedes’ se lo pone Jimi García, que es buen amigo nuestro y ya colaboró con su trompeta en nuestro primer disco. Para este tema su participación era indispensable, porque es lo que termina de darle ese sonido Tex-Mex que nos gusta tanto. Ese sonido fronterizo siempre nos ha acompañado, nos encanta la estética mexicana más allá de la música y esa cultura de la muerte que nos une, aunque ellos lo hagan de una forma distinta, mucho más colorida e interesante. Lo del narcocorrido fue un reto que le puse a Ignacio. Se estudió un poco el género, se inventó una historia de un miembro de un cártel que no sabía dónde se metía. Al final nos dimos cuenta de que esa historia era un poco como la nuestra en esto de la música [muchas risas]. La verdad es que vamos a flipar cuando tengamos la oportunidad de conocer México, y ya si es para tocar allí, ¡voy a necesitar pañales!

Han pasado unos años desde que en 2019 apareciera vuestro último trabajo, el epé ‘Un día en éxtasis’. ¿Cuándo arranca realmente la composición de estas canciones? ¿Y por qué este paréntesis de un lustro? ¿Es vuestro trabajo más pulido?

Ignacio: En primer lugar, es que somos lentos en la composición, pesados en el montaje y seguramente menos efectivos de lo que nos gustaría. Pero bueno, es consecuencia también de ser una banda que divide su tiempo entre los trabajos que nos dan de comer y mantener este proyecto autogestionado. Nos encantaría poder dedicar más tiempo y trabajo, poder poner todos los esfuerzos en nuestra música, pero no siempre es posible. También nos ha pasado una pandemia por lo alto que no sólo ha ralentizado todo el proceso de grabación, sino que lo ha ido poniendo todo en cola, a la hora de la edición, de la publicación y de los conciertos. No nos ha sido fácil, la verdad. Y sí, efectivamente, es el trabajo más pensado, más pulido, como dices, hasta la fecha. Hay que tener en cuenta que algunas composiciones vienen desde 2016 o 2017, cuando estábamos mezclando el primer disco.

Horizonte de sucesos’ y ‘La Furia’ están producidos por Antonio López (Noni, vocalista y líder de Lori Meyers). ¿Ha sido decisiva esa participación en el nuevo sonido Carmencita? ¿Os ha abierto nuevos horizontes?

Luigi: Valga la redundancia, sí. Sobre todo nos ha permitido aprender muchas cosas sobre producción y composición. Noni es un pozo de sabiduría con respecto a cómo debe trabajarse un tema y tiene además un gusto exquisito en cuanto a arreglos. Lo que también tiene es un sótano en su casa donde más de uno nos quedaríamos a vivir [risas]: todos los sintes míticos, guitarras para aburrir, cacharritos y juguetes varios… Un pequeño paraíso. En ese sentido, sí que hemos continuado la tendencia del disco anterior de ir añadiendo más teclados a nuestro sonido, y tanto es así que hemos fichado una teclista para la banda, como hemos comentado antes. Por otro lado, el entendimiento con Noni, tanto en lo sonoro como en lo personal, ha sido inmejorable y esperamos poder volver a trabajar con él en un futuro.

Carmen: Siempre nos había llamado la atención trabajar con un productor que no tenga nada que ver con lo que solemos hacer en nuestra zona de confort. Y por eso nos tiramos al barro con Noni porque, a priori, vivimos en planetas diferentes, eso también aporta riqueza a los arreglos y a las composiciones. No será el único que pase por las filas de Carmencita, ya avisamos.

Por cierto que -oh, sorpresa- ‘La Furia’ es un tema ¿discotequero con puntito a los The Black Keys?

Luigi: Sí, y sí también. Este tema se ha ido cociendo a fuego muy lento y ha ido sufriendo muchas mutaciones, y digamos que ese estribillo vino un poco después, terminando de darle sentido a todo y de unir las partes. Creo que nos ha pasado antes en otros temas: acabamos contrastando una letra bastante oscura y terrible con una melodía más alegre y ligera, con un toque disco en este caso. Por cierto, en el proceso de pulido esta canción fue perdiendo partes, aunque hay una parte en concreto que no se ha perdido del todo. La mano de Noni en ese proceso ha sido crucial, sobre todo en la visión final de la estructura y la concepción estilística del tema.

‘Residual psicodélico’ no ha sido producida por Noni y, sin embargo, él es en parte el culpable de que exista, ¿no? [risas]

Carmen: Sí, el título de la canción viene de la grabación de teclados y voces en casa de Noni de esos dos temas que hemos comentado. Él utilizaba mucho esa expresión, llamaba “residual” al material que dejábamos grabado, pero que en principio no era para utilizarlo, pero dejábamos guardado por si podíamos reutilizar algo. En una ocasión dijo que un recurso era “residual psicodélico”, seguramente refiriéndose a algún teclado. El tema ya estaba ahí, solo había que coger ese pedazo de título y componerlo.

‘Busquístar’81’ es en realidad una revisión de un tema anterior que tiene detrás un historión…

Carmen: La canción es una antigua grabación de Pepe Caballero y Rafa Romero, que son mi padre y mi tío, respectivamente. Lo hicieron a principios de los años ochenta a dos guitarras y lo grabaron en cinta. Se llamaba ‘Canción triste’. Tenía otro tempo, otro rollo, pero el tema era súper surrealista y nos encantó en cuanto lo oímos. Se lo pedimos prestado y lo rehicimos a nuestra manera, manteniendo la melodía y la armonía. Lo curioso es que a mi tío no le gustó cuando lo escuchó por primera vez, porque se salía de lo que era el tema original, pero ahora dice que cuanto más lo escucha, más le gusta, ¡menos mal!  [muchas risas].

¿Cómo se cocina una canción de Carmencita? ¿Ha variado vuestro proceso compositivo desde vuestros comienzos hasta ahora?

Carmen: Al principio me encargaba yo de las composiciones casi en exclusiva. Luego, en el local de ensayo se le iba dando forma a los temas y a los arreglos, casi siempre a partir de una melodía y con la guitarra en la mano. Ahora es un poco una labor de todos. Ignacio ha tenido más peso en la composición en este último disco y Rafa también ha aportado alguna letra. Al final, el proceso es colectivo en el local de ensayo, en los arreglos, y se terminan en el estudio, aunque ya estén medio cerrados previamente. Siempre metemos en las grabaciones alguna cosita de última hora que se nos ocurre sobre la marcha.

No podía faltar el canibalismo en un disco así. Y encima mezclado con el cine de Kubrick. ¿Cómo surge ‘El Resplandor’?

Ignacio: Leímos sobre esta historia real en un viaje a EEUU en 2016. De allí nos trajimos ideas para varias canciones. La historia de la Expedición Donner no tenía desperdicio: un grupo de colonos que, tras pasar muchas vicisitudes para llegar al oeste, atravesando desiertos y pasos imposibles, se encuentran atrapados en la Sierra Nevada de allí en pleno invierno y acaban comiéndose los unos a los otros para poder sobrevivir. No es exactamente canibalismo, que es matar para comer, sino antropofagia. De cualquier manera, es un tabú que nos cautivó cuando supimos de este capítulo. Cuando, viendo por enésima vez la película de Kubrick, escuchamos que nombraban esta historia, que ocurrió cerca del hotel Overlook, decidimos que el nombre de la canción tenía que ser ese, que unía ambas historias y era realmente sugerente.

También incluís una versión en ‘Una noche en el desierto’, ¿verdad?

Carmen: Sí, se llama ‘Barro tal vez”, una canción de Luis Alberto Spinetta, un autor argentino que hizo el tema jovencísimo y es una maravilla. Rafa, nuestro batería, la propuso en un primer momento y no sabíamos bien cómo llevarnos un tema tan suave, tan melancólico, casi lánguido, a nuestro terreno. Pensamos cómo lo haría Dave Grohl con Foo Fighters, y ahí está el resultado. Es curioso, porque nos ha quedado muy “carmencito” [risas].

Carmencita Calavera. Foto de Javier Martín Ruiz
Carmencita Calavera. Foto de Javier Martín Ruiz

Tal y como está el panorama, ¿festivales sí o no? ¿Van a morir de éxito y/o acabar con muchas bandas por inanición?

Luigi: Creo que aquí hay que saber distinguir muy bien entre los festivales entendidos como máquinas de exprimir carteras de cuanta más gente mejor, y otros festivales que siguen haciéndose desde el amor a la música. En realidad es muy fácil ver la diferencia, es que desde que pones el pie en los unos o en los otros salta bastante a la vista. Nosotros hemos podido tocar en algunos festivales durante estos años y la verdad es que nos han tratado bastante bien y nos han permitido ampliar nuestro público. Hay otros que ya tenemos bastante claro que nunca nos van a llamar, más que nada porque nunca se van a arriesgar con grupos que no garanticen el llenazo total. Bueno, sí, a veces llaman a otros grupos, pero para ponerlos a horas o en sitios que rozan el maltrato y la vejación. Conocemos casos de grupos que los han puesto a tocar encima de las taquillas a pleno sol. El caché suele ser inversamente proporcional a la cantidad de protector solar que gastas, y creo que los grupos más medianos hemos aprendido a no esperar gran cosa de los macrofestivales. Si de estos eventos dependiera, efectivamente moriríamos de inanición. Al final tenemos que buscarnos la vida por otro lado.

Carmen: Totalmente de acuerdo con Luigi. Me gustaría hacer un llamamiento a la gente que está leyendo esta entrevista. Por favor, apoyad a las bandas pequeñitas y locales. Ya que la industria del macrofestival pasa de nuestros culos, necesitamos vuestro apoyo en las salas pequeñas, porque tenemos muchísimo que ofrecer, mucha calidad, nos conformamos con poco y damos mucho cariño [muchas risas]. Y de verdad que nos ayuda a poder seguir adelante. Si en los festivales gigantescos no nos quieren y siempre llaman a los mismos y luego en las salas nos ven cinco personas, algo no funciona bien.

Desde mi humilde opinión, sois una banda que gana con los directos. Han sido ya varias las veces que lo habéis podido testear con el público. ¿Qué recepción está teniendo?

Luigi: Se agradece el cumplido [risas]. Nos gusta tocar en directo, es lo que más vida nos da y esa felicidad supongo que la acabas transmitiendo. Sobre la recepción del nuevo disco, pues es una buena pregunta, a nosotros desde arriba del escenario nos cuesta mucho discernir si el público está frío o simplemente es que está prestando atención y está disfrutando. A nuestra gente amiga les gusta mucho el nuevo trabajo, pero es que también nos quieren mucho. Creo que, a fuerza de tocarlas, el tiempo irá poniendo cada canción en su sitio. Sinceramente creemos que los temas tienen mucho potencial, pero ¿qué vamos a decir nosotros si son carne de nuestra carne?

Además de presentarlo en vuestra ciudad el próximo 28 de octubre, ¿qué tenéis ahora por delante en ese sentido?

Carmen: El concierto del día 28 de octubre en el Teatro CajaGranada nos hace muchísima ilusión. Venimos dándole vueltas desde hace meses y va a ser algo especial, con bastantes colaboraciones y alguna que otra sorpresa. Otras veces lo hemos hecho al revés: empezar por Granada y luego moverlo fuera. En esta ocasión lo hemos hecho justo al contrario. Os lo recomendamos muchísimo.

Ignacio: Para el futuro tenemos pocas fechas cerradas, alguna para este 2023 y poquitas aún para 2024. Aunque saldrán más, aprovecharemos para montar material nuevo que ya tenemos por ahí pendiente… ¡Que no tardemos cuatro años en sacar el próximo disco, jajaja!

Javier Gilabert
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