Crónicas de conciertos

León Benavente: hay que saber irse de una fiesta

León Benavente en la Industrial Copera de Granada. Foto de María Ruiz
León Benavente en la Industrial Copera de Granada. Foto de María Ruiz

León Benavente: hay que saber irse de una fiesta

A los bolos de León Benavente hay que ir con el calentamiento hecho de casa. Que tenemos ya una edad y ponerse de cero a cien en menos de lo que lo hace un Ferrari puede pasar factura al cuerpo. Además, estos dos años de paréntesis primero y de conciertos post-pandémicos después (sentados y con mascarilla) nos han hecho perder la forma.

Sala a reventar. La expectación es grande. Es la tercera cita consecutiva con León Benavente en tres años. Juegan en casa, aunque no sean de aquí. De un lado, desde que presentaran su primer disco en la Sala Planta Baja, Granada es parada obligada. De otro, los muchos amigos con los que cuentan entre las bandas locales –me crucé con varios, por cierto-. Además, La Copera es ya parte de la historia del grupo por varias razones que más adelante detallaré.

Con puntualidad, se apagan las luces y comienzan a sonar las notas de ‘Líbrame del mal’. Hoy vienen a presentarnos ‘E.R.A.’, su último trabajo y no veo mejor forma de comenzar. Nos meten de lleno en el concierto. Abraham da las buenas noches y León Benavente atacan ‘Di no a la nostalgia’ y ‘Persona’. Tres temas nuevos para abrir boca en un primer set potente, electrónico, con momentos muy Depeche Mode, que empieza en todo lo alto, y con ‘Como la piedra que flota’ y ‘Estado provisional’ atempera los ánimos, entrando en una especie de anticlímax.

Un concierto sin restricciones

Todo controlado porque nos tienen justo donde quieren. Interviene por primera vez -excepción hecha del saludo inicial- Abraham para agradecer a los presentes su asistencia y a la vida por permitirnos disfrutar de nuevo de momentos como el presente, de directos sin restricciones como los de antes. Aprovecha también para contextualizar otro de los cortes de su nuevo trabajo, ‘Canciones para no dormir’, un tema que según nos cuenta compusieron tras el concierto que dieron en este mismo lugar en marzo de 2020, el último “normal” justo unos días antes de que el “mundo conocido” se acabara y comenzara la pandemia. 

Y es que se da la paradoja de que el grupo ha tocado tres veces en sendos años en este escenario: justo antes del confinamiento, en 2020, el primero de pie pero con mascarillas, en 2021, y esta noche, cerrando el círculo, vuelta a la normalidad. Lógico que La Copera tuviera su lugar en el repertorio.

A continuación el show entra en un momento de aparente tranquilidad. Energía contenida y cuerpos balanceándose hipnóticamente con la letanía que Abraham casi recita en ‘Todas las letras’, la siguiente entrega de ‘E.R.A.’, a la que seguirían ‘Te comes mi corazón’ y ‘La gran muralla’. Me da la impresión de que todo forma parte de un plan. Juegos preliminares para lo que vendrá a continuación. Excitación, calma aparente, vuelta a la excitación, clímax. Pero sin prisas, como haría un buen amante. Por eso no me extraña cuando comienzan a sonar los primeros acordes de ‘Esto se vende’. Ni al ver que la siguiente es ‘La canción del daño’. Tiene sentido.

Un momento arriesgado

Me sorprende, eso sí, ver que justo en este punto Boba se siente al piano para interpretar ‘La cámara de ecos’. Muy arriesgado, bajo mi punto de vista. Es sin duda una canción hermosa, muy bien construida, pero no sé hasta qué punto encaja en el desarrollo que llevaba el espectáculo. Lo sitúa muy, muy abajo. Y mis sospechas se ven confirmadas cuando un parroquiano se me acerca y me grita: «Ésta en directo sobra». 

Pero ellos mandan, me digo. Seguro que saben lo que se hacen. Debe de haber alguna razón para que la hayan tocado; muy personal, además, pues Abraham se ha emocionado. Apenas se nota, pero lo ha hecho.

A quienes no hayan asistido nunca antes a un concierto de la banda les chocará a buen seguro ver que el cantante utiliza dos micros, el convencional y uno con el que su voz se transforma, con el que grita y cambia de modulación. Lo utiliza ahora para interpretar ‘Mítico’. Vamos para arriba otra vez. La gente vuelve a bailar, se caldean los ánimos y lo siguen haciendo con la guitarrera ‘Disparando a los caballos’ y todo estalla con ‘Ahora soy feliz’.

En lo más alto, se arrancan con ‘Viejos roqueros viejos’. Esto llega a su fin, pienso, y no me equivoco. «Hay que saber irse de una fiesta». Qué mejor manera de hacerlo. Bueno, la hay: cerrar como lo hacen con ‘Ser brigada’. Se desata la locura. El público está tan metido a estas alturas en el concierto que se desgañita coreando el conocido riff de guitarra, «lolololololo lolo lo lo lo lo», al más puro estilo hooligan, totalmente entregado.

Abraham Boba desatado

Despedida y gritos de «otra, otra», como mandan los cánones, y casi sin darnos tiempo suena ‘Quiero ser’, el primero de los bises, al que sigue otra que no puede faltar en su repertorio, ‘Ayer salí’. Un Abraham Boba desatado se baja del escenario y baila largo y tendido con el público. Lo que quizá nadie espera es que ese sea el final. Hasta el punto de que, a pesar de que la banda se despide y comienza a sonar música de fondo, nadie abandona la pista. Nos ha sabido a poco, por lo que parece.

Pero ya nos lo habían avisado: «Hay que saber irse de una fiesta antes de que se vayan los demás».

(Concierto de León Benavente. Sala Industrial Copera. Granada. 23/04/22)

Javier Gilabert
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