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Raúl Bernal: «En el arte la tiranía no funciona»

Raúl Bernal, en concierto
Raúl Bernal, en concierto.

Raúl Bernal: «En el arte la tiranía no funciona»

(Primera parte de la entre2vista: «Hay rebelión todo el rato»)

J.G.: Gabba Hey, el grito de guerra de los Ramones, es el nombre que pusiste en 2015 a tu escuela de rock. ¿Qué nos puedes contar sobre esta aventura?:

Raúl Bernal: Como todo en la vida: claroscuros. Se trata de una movida romántico-musical, de querer darle a la música popular un sitio honesto y creíble. He estudiado en el conservatorio, hay por ahí un papelillo que dice que soy licenciado en Piano Clásico, pero me considero músico de rock and roll. Sin embargo, no hay nada que me acredite como tal. Estoy un poco cansado de que seamos, en cierta manera, los marginados. Y como nunca habrá ningún título oficial, institucional, que te acredite como músico de rock and roll o de blues… Pues alguien tenía que hacerlo.

Granada, por su bullir musical, era una ciudad que se prestaba a ello. A quien le llama la atención la música quiere precisamente eso, que le enseñen a tocar como tal o cuál músico, saber cómo se hacen las canciones.

Gabba Hey tiene un punto romántico que nunca se debería perder: está acercando a las nuevas generaciones al rock and roll, a lo auténtico. Lo mejor de la escuela, para mí, es que tengo alumnos con 10 años a los que les doy clases de armonía, que saben cómo compone Gilbert O’Sullivan o Bowie, por poner algunos ejemplos, y son capaces de coger sus trucos. Esos niños han escuchado música a mansalva. Todas las semanas les mando a mis alumnos un disco para escuchar, el “Disco de la Semana”; se trata de elepés en absoluto fáciles de encontrar, y lo único que les pido como deberes es que me digan cuál es su canción favorita y por qué. En cierto modo, es como estar a cargo de la cantera de las futuras bandas de este país.

F.J.: Por si fuera poco —de dónde sacas el tiempo (risas)— también te dedicas a la producción. Uno de tus últimos trabajos, si no me equivoco, es el nuevo disco de El Hombre Garabato. Cuéntanos sobre esta faceta tuya…

Raúl Bernal: Pues a mí eso me encanta. El rollo del estudio siempre me ha seducido. He pasado por muchos a lo largo de mi vida y siempre he procurado aprender. Me fascinaban las máquinas, los micros, por qué este micro, aquel otro allí…

En un momento determinado no me quedó más remedio que producir algunos discos míos, así como los de Dolorosa, y descubrí que es algo que me apasiona, y que creo que no se me da mal. He escuchado mucha música y continúo haciéndolo, pues, en mi opinión, un productor tiene que nutrirse de eso: de estar al día, de ver cómo lo hace la gente… Nunca me meto en un trabajo si no sé que lo voy a llevar a cabo en condiciones.  

Son cosas que creo que sé hacer bien, aunque me queda mucho por aprender, obviamente. Pero cuando hay alguna banda, algún solista que se estancan, y que pueden dar más de sí, me da rabia que no puedan avanzar.

Me gusta mucho aportar. Creo que en el arte la tiranía no funciona. Cuánto más desarrollo artístico haya, mejor. 

Respecto de El Hombre Garabato los conozco, son amigos, son magníficos músicos, tienen una cultura musical impresionante. Llegó un momento que necesitaban una visión externa y querían salir de ahí, y en cierto modo no sabían qué camino tomar para conseguirlo. Y ahí es donde entro yo.

«Estoy un poco cansado de que seamos, en cierta manera, los marginados»

J.G.: En ese sentido, la producción es una especie de mirada externa para el músico…

Raúl Bernal: Sí, claro. Los músicos te hacen llegar su trabajo con el convencimiento de que en él hay cosas que se pueden mejorar, y con esa predisposición, claro. El productor ha de guiar, en cierto modo, al artista.

Antes de escuchar las canciones, me gusta hablar con la gente, preguntarles por qué quieren que les produzca yo el disco, qué buscan, qué necesitan, incluso cuál es la música que les mola, su disco favorito de este año… Entonces prefiero que me pasen las canciones grabadas en el móvil, en crudo, para que no me condicionen. En cierta medida, es una especie de psicoanálisis: tienes que conocer a los músicos, saber de qué son capaces, qué música les gusta. Y, por supuesto, probar todo lo que se propone.

F.J.: ¿Tiene tu sonido como productor un sello característico?

Raúl Bernal: Sí, sí, creo que sí… Aunque no me encierro mucho en géneros. De hecho, ahora tengo en marcha una producción con un músico de Murcia que quiere hacer un disco instrumental, a pesar de que no sean canciones como tales. También he producido a cantautores como Antonio Álvarez.

Sí, siempre creo que hay un sello. Que los discos que molan son aquellos en los que reconoces al artista, no al productor. La labor de éste es hacer un disco para que el artista sea mejor todavía. Pero siempre hay un sello propio de productor…

F.J.: ¿Y cuentas con un estudio de confianza donde grabar?

Raúl Bernal: Trabajo en el sótano de mi casa, me monté un pequeño estudio, humilde, al que llamé ‘Estudio Libertario’ y allí grabo muchas cosas. Pero cuando he necesitado un estudio más grande, con una buena sala, para cuestiones que requieren de más despliegue técnico, como es el caso de las baterías, echo mano de Producciones Peligrosas o del estudio que tiene Carlos Díaz en la Vega,

F.J.: Con Quique González andas también ahora cerrando un triángulo, al menos por partida doble, en el que Lapido es el otro vértice (gira conjunta “Soltad a los perros” y prólogo y epílogo de ‘Conversaciones con Lapido’, el libro que acaba de publicar Arancha Moreno). ¿Cómo es tocar con Quique? ¿Has participado en ‘Sur en el Valle’, su nuevo disco que verá la luz en octubre?

Raúl Bernal: No, ese disco lo grabó con su banda al poquísimo tiempo de salir del confinamiento.

Tocar con Quique es como estar en casa. Quique es mi amigo. Hablamos, nos queremos, nos comprendemos, nos ayudamos… Al margen de eso, compartimos música y tocar con él es hacerlo con un amigo que además es leal, honesto, que respeta la música y las canciones por encima de todo y no menos importante: cuida a su gente. Su banda, por lo tanto, está con él a muerte, y se siente parte de algo muy real. 

Me siento muy a gusto tanto con él como con toda su gente, hasta el último técnico. Cuando estamos de gira tengo la sensación de que le puedes dar las llaves de tu casa a cualquiera de los miembros del equipo. Te cuidan, hay mucho amor y respeto, mucho apoyo cuando alguien tiene un día malo… Mucha facilidad. Y, por supuesto, canciones bonitas y mucha verdad.

Quique ha peleado mucho desde abajo; se lo ha currado y ha sabido montar su equipo, ganarse a su público, y lo ha hecho cogiendo una guitarra y su coche y pateándose España.

J.G.: Podría, entonces, hacerse un paralelismo entre Quique y José Ignacio en lo que respecta a la integridad, a la honestidad…

Raúl Bernal: Sin duda alguna.

J.G.: ¿Qué es y qué te gustaría que fuera Dolorosa?

Raúl Bernal: Un grupo de amigos que hace canciones chulas, simplemente. Y que salen, tocan, se lo pasan muy bien. Por otro lado me permite cierto desarrollo artístico y compositivo sin algunas de las restricciones que tenía antes. Surgió un poco a modo de ejercicio, y de otra parte, me permitía hacer algo que aún no había probado: componer canciones para otra persona, Natalia en este caso. Por otro lado, hace que aflore mi lado femenino. Siempre he dicho que, si pudiera elegir, sin lugar a dudas yo sería mujer en otra vida. Me es fácil —ojo, salvando todas las lógicas distancias— empatizar. 

Con Dolorosa, al fin y al cabo, mi máxima ambición es hacer canciones bonitas y tocarlas con amigos. Y si encima no palmamos dinero, miel sobre hojuelas —risas—.

J.G.: Hace una década afirmabas en una entrevista que te hizo Miguel Blanco para esta casa que la música estaba más viva que nunca, pero la industria, muerta. Diez años después y una pandemia de por medio, ¿te reafirmas en esta convicción?

Raúl Bernal: La música siempre está viva. La inquietud por la música. La gente hace música con lo que tiene y a mí eso me mola, al margen de que te guste o no el resultado. Alucino con que alguien haga música con lo que tiene a mano; me parece portentoso. Si me gusta o no, ese es mi problema. El hecho de que alguien intente comunicar, decir algo simplemente con lo que tiene a mano me causa respeto.

Sí creo que la industria está muerta, en parte porque no se ha reinventado bien. Y eso se aplica también a muchos músicos que no se saben adaptar, entendiendo que adaptarse no significa que te venzan.

Luchamos por que nuestra música se grabe en condiciones y que se escuche en condiciones, no nos gusta que se escuche la música en el altavoz del móvil, preferimos que la gente se escuche el disco que le gusta en un buen equipo, con tiempo, tranquilos… Pero si cuelgas tu disco en Spotify, ya no puedes luchar y por lo tanto no deberías quejarte de cómo se escucha tu música, ya que has dado pie a que se escuché en el móvil al subirlo a una plataforma de streaming… Hay muchos músicos “guiris” que no suben los discos a Spotify, sino a su Bandcamp y se arriesgan a no estar ahí, pero saben que quienes les escuchan son los que les quieren escuchar, los que compraran y apreciarán su vinilo y se tomarán una copa de vino mientras lo paladean, y leen los créditos, y admiran la portada…

Es muy difícil, muy, muy difícil la lucha de estar o desaparecer y seguir ejerciendo tu profesión, es complicado.

Hay que adaptarse. Y sí, la industria se lo intenta, pero no parece que termine de acertar. con todas estas cosas del 360, el famoso tanto por ciento de los conciertos… Los que manejan el cotarro ahora mismo, sin ir más lejos, son los traperos. Los Bad Gyal, Yung Beef, esos son la independencia absoluta. Son dueños de su trabajo. Se hacen el merchandising, se graban, se editan, gestionan su canal de Youtube, sin que haya intermediarios. Los sellos están intentando meterse ahí como pueden. 

«Si cuelgas tu disco en Spotify, ya no puedes luchar»

F.J.: Evidentemente, para un músico como tú que tanto valor da a las letras, la poesía tiene un peso específico. De hecho, publicaste el poemario ‘Y mientras Roma ardía’ (Bandaàparte Editores, 2012), también con Bandaàparte, amén del texto que acompaña a tu último trabajo en solitario. ¿Cuál es tu relación con el verso? ¿Habrá en un futuro un Raúl Bernal poeta?

Raúl Bernal: Respecto de lo último, lo dudo bastante —risas—. Mi relación con la literatura viene de muy lejos. Mi padre siempre leía mucho, ahora lee menos, y en casa había muchos, muchos libros. Es el recuerdo más vívido que tengo de mi padre: leyendo y fumando en pipa. De entre aquellos libros recuerdo haber leído, entre muchos otros, antologías de poetas españoles, a Delibes, Machado, Miguel Hernández… Mención especial merece el poeta de Orihuela. Resulta que mi abuelo lo conoció personalmente cuando era un niño y de ahí que en mi familia exista un vínculo muy especial con Miguel.

Luego vendría una época en la que empecé a escribir para concursos; muchos de mis amigos también lo hacían y durante un tiempo quise ser escritor. Me impuse la norma de escribir todas las noches y durante cuatro o cinco años escribí mucho. Aquello era una mezcla entre kafkiano, Rilke… ¡Un rollo infumable —muchas risas—!. Incluso llegué a escribir soliloquios y hasta una obrita de teatro.

También me dio muy fuerte en una época por la generación beat; aquello marcaría en cierto modo mi manera de pensar. ‘Los vagabundos del Dharma’, de Kerouac, fue lo primero que leí y a partir de ahí ‘En el camino’… Truman Capote también me gustaba muchísimo, quería vivir en ese ambiente que creaba en sus novelas. También, entiendo, porque este tipo de literatura tenía cierta relación con Cohen, con Dylan, con The Band… Estas lecturas llegaron en el momento idóneo, con 16 o 17 años, cuando eres una persona que no encuentra su sitio y no termina de encajar —como todos, imagino—. Llegaba uno a pensar que aquellos eran tus amigos —más risas—.

Más adelante conocí al hermano de un amigo, mayor que yo, estudiante de filosofía, que quería aprender música y venía a casa. Gracias a él, al que le pedía que me pasara lecturas, cayó en mis manos mucha filosofía, mucha, mucha, así como escritores que no conocía como los Samuel Beckett, Kafka, Antonin Artaud…

Fueron muchos años, como quince, de leer a tope. Últimamente, y sobre todo a raíz de tener a mi hijo, leo menos y, además, cosas que antes nunca me habían interesado, como las biografías, algún ensayo sobre música…

Y para rematar con lo de la relación con la poesía, ¡mi mujer es poeta!

J.G.: Te sigo desde hace mucho tiempo y te he disfrutado —literalmente— en infinidad de ocasiones sobre el escenario, ya sea con Jean Paul, Grupo de Expertos Solynieve, 091, Lapido o Dolorosa. ¿Qué sientes cuando se apagan las luces y te fundes con tus teclados en perfecta simbiosis? Quiero decir, ¿te posee la música?

Raúl Bernal: —risas— Sí, hay algo muy especial, desde luego. Algo que no sé explicar. No son nervios, son ganas, ansiedad por empezar. Me siento bien en el escenario, soy muy visceral tocando, doy todo lo que tengo. 

F.J.: El mítico grupo granadino 091, tras el inesperado éxito de su ‘Maniobra de resurrección’, decide sacar nuevo disco, ‘La otra vida’, y van y cuentan contigo, tanto para el disco como para la gira. ¿Cómo te sientes siendo uno más de los Cero?

Raúl Bernal: La primera vez que escuché a los Cero tendría quince años. A pesar de que me flipaban, nunca llegué a verlos en directo. Cuando José Ignacio me llamó y me preguntó si me apetecía participar lo primero que le dije fue: “No sé si estaré a la altura” —risas—. ¡Que estábamos hablando de los Cero, nada más y nada menos! Él me dijo que por supuesto que sí, que tenía mucho que aportar… Para mí es un orgullo máximo. Grabar teclados en su último disco… ¡Puf! Se lo digo a mi yo de hace quince años y no se lo creería. Es cierto que el hecho de que además de miembros de los 091 sean mis amigos le quita un poco de mitología al asunto, los hace más cercanos. 

A veces me pasaba que, sobre el escenario, cuando atacábamos los primeros compases de ‘Zapatos de piel de caimán’, esa canción que me acompañó tantas noches de farra, me decía “¡Estoy tocando con los putos Cero!” —muchas risas—.

F.J.: Hace un año que falleció Rafael Berrio, un cantautor singular y cautivador. Reconocido entre los músicos pero poco conocido en el público general. Creo que Victor Lapido y tú estáis involucrados en un disco homenaje. ¿Qué nos puedes contar de este trabajo? 

Raúl Bernal: Rafa era amigo. Y se murió solo. Me da mucha rabia que en este país no se reconozca a la gente.

Todos empezábamos a saber que Rafa estaba muy jodido, que era muy poco probable que saliera de ésta. Y le pilló en pleno confinamiento —como a tanta otra gente que murió sola—. 

Era un músico insuperable. Durante una época tuve mucho trato con él, llegué a trabajar en canciones suyas, a maquetarlas, empezamos un par de proyectos que nunca se finalizaron, tengo en mi disco duro muchos bocetos de canciones suyas grabadas por él…

Me daba mucha rabia de que se fuera así. Por eso quise hacerle un homenaje al que finalmente se han sumado muchos artistas y amigos del país. En breve habrá noticias. Solo puedo adelantar que es algo muy de verdad, hecho con muchísimo amor.

«Detrás de una canción de verdad hay una persona de verdad»

F.J.: Por ir finalizando, ¿en qué proyectos andas metido?

Raúl Bernal: Pues ahora ando terminando la producción del nuevo disco de Javier Dorado, que tuvimos que parar porque nos pilló el confinamiento por medio. Haciendo, también, música para publicidad, componiendo canciones para mi nuevo trabajo, encendiendo de nuevo la máquina competitiva de Dolorosa, con un proyecto de música para bebés con mi amigo Dani Molina, ultimando el disco de Berrio y queriendo mucho a mi mujer y a mi hijo, la vida misma.

J.G.: Para cerrar, te invitamos, como es costumbre en nuestra sección al “Momento Carta Blanca”. Di lo que te dé la gana.

Raúl Bernal: En este mundo artístico te das cuenta al final de que nada es realmente importante, salvo aquello a lo que tú quieras darle importancia. En mi caso: las canciones y quien las hace. Detrás de una canción de verdad hay una persona de verdad. Lo demás me interesa poco o nada.

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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