Prensado en frío

Olvido Andújar: «La poesía es la filosofía de la literatura»

En clave de jazz de Olvido Andújar
Detalle de la portada de 'En clave de jazz', de Olvido Andújar

Olvido Andújar: «La poesía es la filosofía de la literatura»

Cuando Mónica Doña pasó por esta Prensa nos sugirió que invitásemos a Olvido Andújar. Así pues, es de justicia agradecerle que nos pusiera en la pista de esta autora ubetense afincada en Madrid, profesora de Universidad, feminista, cocinicas y muchísimas cosas más, que se estrena en lo poético con ‘En clave de jazz’, un libro muy especial por muchas razones. Le pedimos a la propia autora que nos las explique, aunque esta vez “a cappella”.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Olvido Andújar: Incluso una más: ¿Era necesario —risas—?. No estoy del todo segura de qué es En clave de jazz, ni de su causa, ni de su momento. Es un poemario, pero también una lista de canciones, un breve diccionario de músicos y músicas de jazz, el diario de un duelo o un viaje en tren desde la desolación al aprendizaje.

Tampoco tengo claro que fuera necesario, ni me corresponde a mí decirlo. Puede parecer un tópico manido aquello de que, una vez que haces pública una obra, las palabras dejan de pertenecerme como autora y se diluyen en la colectividad, que la hace propia, si quiere, que también está en el derecho de ignorarla por completo. 

En cualquier caso, algo así fue lo que me pasó con este poemario. Había textos muy íntimos que me daba pudor publicar. Dicen que en la narrativa llevas armadura, pero que en la poesía te muestras totalmente desnuda. Algunos de esos poemas tan personales, tan de mi dolor concreto con fecha, nombre, lugar… No pensé que fueran a tocarle a nadie, porque eran demasiado personales. Pero alguien a quien no conoces te escribe un día, te da las gracias por ese poema justamente que veías tan personal… Y entonces ves que sí había un porqué, una colectividad que quería hacer propio el texto y, para ello, ahora era el momento propicio.

Portada de 'En clave de jazz', de Olvido Andújar
Portada de ‘En clave de jazz’, de Olvido Andújar

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

En 2016 el mundo se me puso patas arriba y mi zona de confort se convirtió en un precipicio. Perdí a mi pareja y todo lo que ello conllevaba: la destrucción del hogar tal y como lo conocía, el futuro dejó de ser un camino seguro, la reinvención de las costumbres, las personas que eran mi familia, con las que comes todos los domingos, y que pasaban de serlo todo a no poder llamarles ya para preguntarles por los ingredientes de una sopa de ajo.

A ese momento le siguió la culpa, por sentirme responsable de todo aquel caos, de todo el dolor que se desbordaba a los pies de la cama.

Y después de la culpa vino la resaca, como cuando juegas de pequeña a que te lleven las olas y te quedas mareada un rato. Un rato indefinido, que puede ir de unos segundos a unas horas. Pero te queda un poso de mareo. No sé cuándo se me pasará del todo aquella resaca. Pero un día empiezas a nombrar el dolor. El sufrimiento, la crisis, el vértigo te quitan primero la voz y te dejan sin palabras. Así que cuando puedes volver a nombrar qué te aflige es porque estás en el camino de regreso. Yo regresé escuchando música y dialogando con ella. Y el resultado de ese diálogo es En clave de jazz. 

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

El poemario bebe del espíritu de los vinilos de jazz que había en mi casa cuando era pequeña. Los mismos que, siendo ya adulta, buscaba y rebuscaba en los mercadillos y en las tiendas de discos. Cuando viajo, siempre busco alguna tienda de discos, para traerme jazz local, y alguna librería.

En muchos de esos discos ponía “33 rpm” y yo planteé esta conversación en 33 revoluciones por minuto, 33 canciones, 33 duelos.

Además, tuve la suerte de que me regalaron dos bonus track: una Obertura – A modo de prólogo, por parte de la maravillosa Cristina Mora, una de las mejores voces del panorama jazzístico de este país, y una Coda – A modo de epílogo, que redactó Joan Chamorro, uno de mis músicos y pedagogos favoritos del jazz. 

El poemario se inicia con dos listas de reproducción, en Spotify y en Youtube, con los temas que dan pie a cada poema. Antes de cada poema introduje una pequeña reseña biográfica del músico o la música que inspiraba el texto. Lo creí necesario porque las vidas de estas personas podían funcionar como un amplificador, per se, de muchos de los significantes.

Creo que una buena pista o consejo puede ser poner el tema y dejar que empiece a llenarlo todo. Después, leer la biografía del saxofonista o de la pianista de turno y, más tarde, el poema con el que yo traté de dialogar. Por ejemplo, si John Coltrane me hablaba de su Blue Train, yo le respondía, a modo de duelo de solos, con mi propio tren perdido. O si escuchaba el dolor de Billie Holiday, le contestaba hablándole de mi propia Lady Day. Porque creo que todas las personas tenemos una Billie Holiday de carne y hueso en nuestras vidas.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Me gustaría que tuviera algún efecto, que les tocara de alguna manera. Con eso ya me considero pagada. Algunas amistades del jazz han llegado al poemario por la música y al revés. Algunas personas lectoras de poesía, que no escuchaban jazz, me han dicho que han descubierto algún disco que les ha gustado mucho. Esto es una preciosidad. A mi yo profesora esto le gusta mucho: conseguir acercar el jazz a personas que no se habían detenido nunca en él o llevar la poesía a personas que no la leían.

Y si aún puedo pedir un poco más: me gustaría que las personas que lean En clave de jazz puedan hacer propios los poemas, que les apriete alguna pieza que se hubiera soltado, llegar con la palabra o ayudar con ella a renombrar sus propios miedos. Porque creo que el miedo se supera cuando podemos ponerle nombre. 

¿Qué supone para ti publicar tu primer poemario a estas alturas de la vida? ¿Por qué has tardado tanto —risas—?

¿Te puedes creer que todavía estoy sorprendida de haberlo publicado tan pronto? Soy muy pudorosa y perfeccionista. En clave de jazz estuvo un par de años, sin exagerar, metido en un cajón. Lo había impreso y lo había encuadernado en canutillo. Pero no terminaba de confiar en él como para dejar que echara a andar solo por la vida. Cuando pasó esa “siesta” de dos años, lo saqué y lo releí. Sinceramente, me alegré mucho de no haberlo publicado. Metí mucha tijera, taché, reescribí… Y en mitad de este proceso viajé a Bologna (Italia). Todos los años voy a la universidad a impartir una conferencia para así tener una excusa digna para viajar y comer como las diosas durante una semana. Me llevé el poemario y seguí trabajando. Un día, en el que debía de haberme tomado un sangiovese de más, me envalentoné y escribí a Isabel Miguel, poeta y directora de la Colección Alcalima de Poesía de la Editorial Lastura. Siempre pensé que publicaría una novela o una colección de relatos, pero no un poemario, porque la poesía es la filosofía de la literatura y siempre me ha parecido muy compleja. Pero si tenía que publicar poesía, quería hacerlo con una editorial intachable, éticamente comprometida, que defendiera la literatura como arte y no como negocio, que fuera feminista y de la que nadie pudiera contarme nunca, el día de mañana, ningún “me too”. Lidia López Miguel, la capitana de Lastura, es una buena persona, una buena profesional y una mujer increíble. Además de todo, es mi amiga. No tuve ninguna duda. Que quisiera publicar este libro fue un regalo de la vida.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘En clave de jazz’, ¿cuáles serían?

Es muy difícil, pero me quedaré con tres poemas-canciones de tres mujeres. En el poemario hay un intento consciente y premeditado de visibilizar a la mujer en el jazz, así que conviven mujeres geniales no tan conocidas con hombres geniales muy conocidos. En parte, esta es otra de las razones por las que creí necesarias esas reseñas biográficas que te comentaba antes. Hay tres poemas, “amadrinados” por músicas, a los que tengo mucho cariño: Breeze (Sweet Emma Barrett), en el que hablo de la decepción; Knowledge (Mary Lou Williams), donde reflexiono sobre la experiencia o conocimientos adquiridos y también sobre las equivocaciones y de cómo todo ello nos mantiene en pie; y también finalmente I Got Rhythm (Valaida Snow), porque es un canto a la vida. 

BREEZE, SWEET EMMA BARRETT 

El limonero de mi madre se cansó un día de dar limones. 
Fue un buen árbol. Le recordaré siempre generoso.
Nos colmó de frutos, de mojitos, de fiestas y de vida. 

Paría siempre, cuando el sol se despertaba eufórico 
y también cuando el frio nos crujía las vértebras. 
El siempre nos daba unos limones como pechos de abuela. 

No lo vimos venir.
Nunca se ven venir los adioses ni los hartazgos. 

Quizá́ se cansó de pedirnos aire,
un poco de aliento que abrazara sin quejas, 
un aura para protegerse de los insectos
que le comían las raíces sin que nos diéramos cuenta 
o un vendaval que le quitara el miedo y el calor sofocante 
de algunas noches solitarias de verano. 

Tal vez fue solo la brisa.
Parecía que no se iba a marchar de la familia, 
pero el limonero de mi madre se cansó un día de dar limones. 

No lo vimos venir.
Nunca se ven venir los adioses ni los hartazgos. 

KNOWLEDGE, MARY LOU WILLIAMS 

Me transmitieron todo el conocimiento necesario. 
Me enseñaron a escoger las piedras perfectas.
Tenías que dejar las que eran muy grandes,
para no sobrecargarnos la risa o la espalda, 
ni dañar al otro con el peso de nuestro bagaje. 
Tampoco valían si eran demasiado pequeñas, 
porque a menudo no se oían venir sus pasos. 

Luego me enseñaron que para hacer diana 
tenía que apuntar sin llenarme de dudas, 
superar el vértigo, asomarme al precipicio, 
medir la fuerza con la que lanzas los miedos, 
los tú, los yo y las ganas de sábanas revueltas. 

Tenía la piedra ya escogida entre las manos, 
ni tan grande como una orquídea que florece, 
ni tan pequeña como una idea que se apaga. 

Vi un balcón abierto, apunté, grité “fuego”. 
Pero no me brotaron flores en el pecho. 
Busqué otro guijarro, otro deseo, otra persiana, 
tras la que tampoco prendió́ la lumbre. 

Me llenaron la cabeza de instrucciones y de losas. 
Pero nunca me dijeron —y esto es importante— 
que a veces es mejor quedarse con los cantos.
No deshacerse de ellos, no proyectarlos en nadie, 
construir una trinchera, un cuarto propio. 

No necesitar la luz, el salvoconducto, la ventana, 
tras la que desaprender cada herida, cada fracaso, 
y hacer de la cueva el plato de sopa, el lecho caliente, 
el motivo para seguir lanzando escollos, 
la razón para no meterse al mar una noche 
con el bolsillo lleno de todas las piedras fallidas. 

I GOT RHYTHM, VALAIDA SNOW 

Un día te despiertas
y la persiana subida y atascada 
ha dejado de ser el enemigo. 

El otro lado de la cama
ya no parece un precipicio 
por el que te aterraba caerte. 

No miras el teléfono
con las legañas aún dormidas
por si llegó el indulto de madrugada. 

Un día
te despiertas 
y vives. 

Como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Hay muchas voces a las que me gustaría leer en ‘Prensado en frío’. Sin embargo, tanto en mi faceta de profesora como en mi faceta poética, lucho a diario por visibilizar a la mujer en la ciencia, en la educación, en la lingüística y en la literatura. Por eso te voy a proponer a dos andaluzas mayúsculas. La primera, María Sanz, “compañera” en Lastura que ha publicado hace unos meses Recado original. Tan maravilloso es este poemario que ha sido uno de los finalistas del XXVII Premio Andalucía de la Crítica. La segunda es Araceli Pulpillo, porque es una de las voces más comprometidas con y del feminismo andaluz. Además de una poeta excelente, edita el fanzine Labio Asesino, escribe en Pikara Magazine y es editora de Piedra Papel Libros, una editorial increíblemente necesaria. Además, Araceli es compañera en Sororidades, un colectivo de poetas feministas en el que trabajamos por la visibilización de otras poetas. Leer aquí a estas dos compañeras sería un regalo. 

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Javier Gilabert
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