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Wabi sabi

Wabi sabi

Del 20 de abril al 3 de mayo podrá visitarse en Granada, en el Centro Artístico, Literario y Científico, la exposición titulada Wabi sabi, una muestra de los últimas obras del expresionismo abstracto de María José Cano (Granada, 1947).

El título, Wabi sabi, es un término japonés que no tiene traducción y su importancia estética es equiparable al canon de belleza y perfección occidental creado por Polícleto en la Antigua Grecia.

Este concepto surgió como una de las enseñanzas del camino en la China taoísta, con Taizu, primer emperador de la dinastía Song, contemporáneo del Califato de Córdoba de Abderramán III. Del Tao se transmitió al budismo zen convirtiéndose en parte fundamental de la estética japonesa.

Considerado por los maestros como indefinible, podríamos aproximarnos a su significado a través de la belleza de lo imperfecto, la transitoriedad de lo que inevitablemente se desvanece y lo incompleto. Algunas de sus características estéticas son la asimetría, la sencillez, la naturalidad del íntimo proceso creativo y la modestia.

Cano mantiene su inquietud y sus trazos tornadizos, como reseñase Marino Antequera en 1972 su primera exposición en la Galería de Arte del Banco de Granada. Pinta en absoluta soledad, normalmente en su estudio en Granada, y enfoca su particular búsqueda personal en expresar sus sentimientos en lugar de ilustrarlos.

Su interés por la pintura vino de la mano de Rafael García Bonillo (1931-2007) -el mejor acuarelista que ha dado Granada- vecino suyo del Realejo que empezaba a desarrollar su carrera y con quien estuvo en contacto diario, y no ha olvidado ninguno de los consejos que le ofreció el pintor Manuel Maldonado (1915-1984), discípulo de Gabriel Morcillo y contemporáneo de José Guerrero.

María José es hermana del cantautor Carlos Cano, junto con su prima Pepita la única persona con autoridad para hablar de la infancia de uno de los artistas más grandes que ha dado Andalucía. Uno de los mejores recuerdos que conserva en aquella Granada de postguerra era el entusiasmo que les provocaba ver a García Bonillo, mientras jugaban en la Cuesta del Maurón, a un joven Rafael cantando ópera mientras pintaba sus primeras acuarelas.

La artista está interesada en la reacción que provocan los cuadros en el público, y entre las obras que se exponen destacan Saudade (Nostalgia), Subtilité (Sutileza), Nankurunaisa (Todo va a estar bien), Sawabona (Yo te respeto, te valoro. Eres importante para mí), Datsuzoku (Salir de la rutina), Ramé (Caótico y hermoso), Meraki (Intersección entre pasión y entrega), Leben (Vida), Ende (Final), Umm (Madre) o Canos, referencia a sus dos hermanos; Javier y Carlos Cano.

Una exposición para degustar en calma, que invita a sus visitantes, a través de colores y texturas diversas, a conectar vivencias y emociones.

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