Entrevistas

Brenda Navarro: «Esta crisis es lo que es porque hay un desprecio hacia las personas que cuidan»

Brenda Navarro

Brenda Navarro: «Esta crisis es lo que es porque hay un desprecio hacia las personas que cuidan»

‘Casas vacías’ (Sexto Piso, 2020), de Brenda Navarro, es un artefacto narrativo que cuestiona todas y cada una de las variables hegemónicas sobre las que se apoya el relato de la experiencia del acontecer. A través de las dos voces que sostienen esta novela, dos maternidades que comparten el haber sido expulsadas allá donde el sostén social no llega, y sometidas a diversos niveles de violencia, Navarro reflexiona sobre la lógica que mantiene en los márgenes a una buena parte de las mujeres, márgenes edificados sobre una debilidad económica que garantice el que ellas – y sus cuerpos- formen parte de un capital seguro que permitan mantener distintos tipos de precariedades.

En ‘Casas vacías’, las protagonistas experimentan una maternidad secuestrada y otra simulada. Ambas comparten desesperación, dolor, desgarro y una soledad abisal – por motivos bien distintos-. ¿Qué discurso has querido impulsar con esta reformulación, en clave narrativa, del concepto hegemónico de maternidad?

Más que un discurso, lo que hay en la novela son diversos cuestionamientos que como escritora pongo sobre la mesa. No hay respuestas ante mis propias inquietudes, si acaso, cada voz es una fotografía de lo que percibo sucede en el mundo. Y esto es lo que me preocupa y me sigo cuestionando de esto que nombras como hegemonía, porque si bien es cierto que para ciertas mujeres la maternidad es una opresión, para otras muchas más no lo es.

En todo caso el cuestionamiento principal va contra la configuración del Estado que se sostiene primordialmente del concepto de familia y la familia de la propiedad. Entonces, la maternidad se concibe como la fuente de la acumulación del capital. De esto habla muy bien Silvia Federici: los cuerpos de las mujeres sosteniendo con sus trabajos reproductivos, de cuidados y domésticos a todo el Estado. ¿Qué mujer no saldrá desgarrada, adolorida y desesperada de esta soledad? Ninguna, el concepto de maternidad nos atraviesa por nuestra capacidad reproductiva y esto es importante no perderlo de vista en las discusiones feministas, si por ser mujeres es que no somos ciudadanas, pero especialmente por ser capaces de dar vida es que no se nos respetan los derechos.

Brenda Navarro - Casas Vacías

Estas maternidades, ¿las expulsan de sus propias realidades, del orden del mundo?

Al contrario, estas maternidades son las que sostienen el orden del mundo. Pero todo matiz depende de la realidad que vivamos. Por ejemplo, en México todavía es una realidad el que puedas ir a prisión si decides abortar. y la cantidad de madres adolescentes y pobres es alarmante, esto habla de la negación de sus derechos sexuales y reproductivos. Las adolescentes son condenadas a maternidades no deseadas como consecuencia de su deseo sexual. Horrible. Otro ejemplo, en México, las mujeres que son jefas de familia son muchas, la ausencia de los padres es una constante y esto afecta económicamente a las madres solteras porque irremediablemente las empobrece, sacrifican su vida para cuidar de sus hijos porque los hombres no son responsables ni siquiera económicamente.

Pero, en España, también hay una violencia muy fuerte en el tema de las maternidades, no existen condiciones para que cuides a la infancia, lo estamos viviendo ahora mismo en el confinamiento, de pronto todas las mujeres que estábamos en el espacio público hemos sido recluidas a cuidar a la infancia en pos del sostenimiento del Estado que se presume de bienestar, eso es una falacia, esta crisis es lo que es justamente porque hay un desprecio hacia las personas que cuidan, esto incluye a madres españolas y madres migradas que están sosteniendo este país pero también el de origen en donde están sus hijas e hijos. Y otro ejemplo de España, las mujeres que deciden no ser madres, no pueden decidir cuándo usar métodos anticonceptivos como la ligadura de las trompas sino acreditas que ya eres madre de al menos dos hijos o si tienes menos de cuarenta años. Esa custodia de tu cuerpo es una violación flagrante de derechos. ¿Por qué? Porque nuestras vidas, como mujeres, sostienen el orden actual, no hay realidad alterna de la que te puedas escapar en donde las maternidades no te atraviesen.

También pienso en la forma en la que España tiene encerrada a su infancia desde hace un mes, eso habla de la concepción de maternidad que se tiene en este país.

La maternidad normativa, en según qué países, se utiliza como vehículo de control del cuerpo de las mujeres y, sobre todo, como manutención de una pobreza que asegure lógicas de precariedad. ¿Qué responsabilidad tiene el Gobierno mexicano en ambos asuntos?

Tú me hablas de México, pero yo lo abro a todos los Estados. No existe hasta la fecha, un Estado que cumplimente los derechos de las mujeres a totalidad. Ya sea por acción u omisión, ningún Estado es capaz de respetarnos los derechos más básicos, porque todos los Estados están concebidos para sostenerse mediante el control económico, pero también porque el concepto de justicia social está supeditado a la idea que se tenga del espacio público y el espacio público no está hecho para que lo habiten al cien por ciento las mujeres. En este sentido, todos los gobiernos son responsables del no cumplimento de los tratados internacionales en materia de derechos de las mujeres, y voy más allá, ningún gobierno está dispuesto a cambiar esto porque incluso cuando se habla de cuidados desde las teoría feministas, se despersonaliza, no existen “los cuidados” existen las personas que cuidan, cuando los gobiernos hablen en estos términos, lo que veremos es que son las mujeres pobres las que cuidan y eso no entra en ninguna agenda feminista institucional en España, ni en otros gobiernos porque esas mujeres suelen ser mujeres migradas  o mujeres indígenas que tampoco son consideradas ciudadanas.

Siguiendo con el asunto de la responsabilidad gubernamental, y en relación con uno de los ejes transversales de ‘Casas vacías’, los desaparecidos, ¿podemos decir que un país que ignora, sistemáticamente, los DD. HH. puede ser considerado democrático?

Esto es muy interesante porque ya llevamos mucho tiempo discutiendo qué es la democracia y quién la enuncia. En muchos países latinoamericanos la democracia en la práctica termina siendo enunciada por gobiernos que no permiten la participación ciudadana y los Estados son sin ningún tipo de tapujo, controladores y violentadores. Se gobierna para reprimir y para sostener a oligarquías que se creen dueñas de la tierra que habitan. No en vano activistas medioambientales han sido y están siendo asesinadas porque defienden la naturaleza, el medio ambiente. Periodistas que buscan informar también son asesinados y desaparecidos. Mujeres que se defienden en sus casas, igual, desaparecen por exigir sus derechos. Pero de esto no se salva Europa ni los países anglosajones que se llenan la boca de hablar de democracia. Cualquier gobierno que permita que existan feminicidios, yo lo descartaría como democrático, pero iría un poco más allá: ¿cómo puede enunciarse democrática Europa cuando alienta las fronteras y está permitiendo las violaciones sistemáticas a migrantes y refugiados? ¿Qué es la democracia y qué la sostiene?

La madre de Leonel sufre distintos tipos de violencia. Le falla toda la arquitectura social, cultural y económica, ¿cómo romper esa violencia estructural que recorre todos estos ámbitos?

Creo que, si algo une a las dos voces en la novela, es justamente que las dos carecen de redes. No tienen amigas, familia cercana con la que se sientan cómodas, sus parejas tampoco son capaces de crear un espacio de intimidad y confianza. Ambas están mutiladas en este sentido. ¿cómo romper la violencia? Creo que hay muchos casos de mujeres que ya lo están haciendo, con todo y las contradicciones que podamos encontrar en estos movimientos. En México pienso en las redes de mujeres y de madres de personas desaparecidas que, ante la ausencia del Estado, se han unido y están encontrando los cuerpos de las personas y en algunos casos, muchas madres se han reencontrado con sus hijos. Esto no sólo rompe la inercia de la violencia estructural, sino que es un claro ejemplo de que la mayoría de las redes de mujeres desde lo privado, están sosteniendo el funcionamiento del mundo. Lo que pasa es que los poderes hegemónicos desprecian este tipo de relaciones y redes que no se sostienen por el interés económico, sino por la supervivencia. Yo apuesto a re-pensar qué entendemos como Estado y reconfigurarlo, por supuesto, sin fronteras.

Otro gran tema de la poética de la novela es el ejercicio del deseo. La mujer como proveedora del deseo ajeno mientras que el propio queda silenciado…

Sí, este es un cuestionamiento que me hago todo el tiempo. ¿De qué forma creamos nuestros deseos y cómo los ejercemos? Pienso en dos cosas por ahora: el deseo sexual de las dos mujeres es un canal para sentir poder sobre su cuerpo y el cuerpo de sus parejas. dentro de todo ese dolor, ellas desean sexualmente y ejercen su sexualidad y eso es relevante en una época en la que la sexualidad de las mujeres está siendo censurada incluso desde los feminismos. Condenan que por ejemplo J. Lo y Shakira se vistan y bailen como bailan en un espectáculo transmitido a nivel mundial porque «están siendo productos sexuales para los hombres» pero yo lo veo distinto, muchas de las mujeres latinoamericanas lo vemos distinto: el ejercicio de nuestra sexualidad se basa en el goce, en el movimiento, y llevarlo a los espacios públicos es una cosa importante. No somos deseantes porque así lo deseen los hombres, somos seres deseantes porque queremos. Y en el caso de las mujeres en la novela, el problema no es que ellas ejercieran su sexualidad como quisieran, sino en todos los mecanismos de control que hay afuera de su cuerpo: la pareja, la clase social, su economía.

El otro punto, respecto al deseo que me gustaría resaltar es que, ambas mujeres deseaban ser madres, unas veces sí, otras no, incluso cuando ya tenían al niño con ellas. Un día se sentían capaces de ser madres y al otro no. Y eso es lo normal, se desea todo el tiempo y ese deseo cambia de un día para otro: A las nueve de la mañana deseas jugar con tu bebé que ha despertado muy feliz y a las diez, deseas que se calle porque ya hiciste todo lo que se supone que hay que hacer para que esté feliz y no se calla. A las doce desearás dormir a su lado y ver lo hermoso que es su rostro y al mismo deseas no dormir para poder tener una vida que no esté relacionada con tu maternidad.

El deseo no está silenciado, se ejerce, son los demás los que no quieren escuchar si ese deseo no les gusta.

Haces una radiografía exhaustiva -y dolorosa- sobre la debilidad económica de las mujeres y su interpretación en capital siempre disponible…

Sí, creo que por ahí iba mi cuestionamiento cuando escribí la novela. Tengo un serio conflicto respecto a la lucha por la igualdad, cuando creo que luchar por la igualdad es desear estar igual que los hombres y no, por favor, no. No aspiro a que las mujeres sigan oprimidas sólo porque hay representación en ciertos espacios de poder. Yo deseo que todas las mujeres sean autónomas económicamente y ya con esa autonomía, o en el proceso de ejercerla, decidiremos qué sigue, pero mientras una mujer, una sola, siga sosteniendo a otras mujeres, pues no entiendo nada de lo que se habla cuando se habla de igualdad. Y todo esto tiene que ver con la debilidad económica de la que hablas, lo interesante es que nuestras vidas no dependan de quién tiene capacidad económica y quién no y eso también afecta a los hombres y hay que aceptar eso o sólo estaremos reproduciendo estructuras violentas para todas las personas.

La soledad atraviesa y define a diversos personajes de ‘Casas vacías’… ¿estamos en la era de la soledad y su ejercicio?

No lo creo, al contrario, considero que cierta parte de la población que antes dependía de infraestructuras de comunicación para conectarse con el mundo, ahora puede acceder a internet mediante sus móviles. Pienso que alguna vez leí que era mentira que el lenguaje que más necesitábamos hablar era el inglés, el lenguaje que más vamos a necesitar es Android. y lo vamos a necesitar porque la tecnología sirve para romper barreras geográficas y hay quienes hacemos uso de esto para hacer movimientos sociales. Lo que creo es que vivimos en la era de la individualización, que como explica Sayak Valencia, es el resultado del capitalismo gore, esta individualización, este ser el centro de todos los problemas, es lo que nos lleva a no tejer redes, a no sentir empatía, a tenerle miedo a lo que no se conoce. Cuando nos salimos de nuestro eje, cuando dejamos de rotar y nos trasladamos, entendemos que nunca hemos estado tan conectados y que ese reconocimiento de unas y otras, es la clave para ejercer una soledad necesaria para escuchar, cuando escuchamos y después conversamos, ya estamos yendo contra la violencia estructural. Soy una optimista de esto.

Cristina Consuegra
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