Letras flamencas

Nada es eterno

Foto de Alberto García-Alix, 1988

«Háganse a la idea, nada es eterno»

Así despedía, ya de mañana, Miguelito Candela -Miguel Aguilera Fernández- a los últimos clientes y amigos de la taberna flamenca Candela, al final del Calvario, cruzando El Olivar, en pleno barrio de Lavapiés.

Comenzó siendo la Peña Chaquetón pero a los pocos meses, unos amigos le convencieron y abrió como taberna, y allá por el 82 pasó a ser conocido como el Candela. Eran tiempos de libertad, el verano del Mundial de Naranjito donde destacó el Mágico González con la peor selección del torneo.

En pleno auge de la Movida, y con su madre Gloria ayudando en la cocina, Miguelito, comenzó la historia del local flamenco más importante de los últimos 40 años. Y esto son palabras de Enrique Morente, cuyo retrato en la cueva del Candela (por Alberto García-Alix, 1988) ilustra este artículo.

El Candela fue el lugar donde se forjaron alianzas y encuentros fundamentales para la historia del flamenco reciente.

Enrique Morente, Camarón de la Isla y Paco de Lucía eran habituales, también Sabicas, Tomasito, El Güito, Mario Maya, Bernarda y Fernanda, Carmen Linares, Gerardo Nuñez, Antonio Canales, Rafael Riqueni, Cañizares, Tomatito, Remedios Amaya, Juan Verdú, José Manuel Gamboa, Capullo de Jeréz, Tino di Geraldo, Joaquín Cortés, Sara Baras, Antonio Banderas, Pedro Almodóvar o Pepe Habichuela, que fue el que animó a Mario Pacheco, una noche en la legendaria cueva, a publicar el que sería el primer disco en Nuevos medios de Ray Heredia y Sorderita, la formación original de Ketama.

Por eso grabaron allí su primer videoclip. El portadista fue Ceesepe, otro asiduo. Y es que la lista es interminable.

En el Candela germinó el denominado Nuevo Flamenco

Y no sólo Ketama, también allí Negri Heredia y Paquete idearon La Barbería del Sur, cuyo mayor éxito vendría tiempo después con la versión de ‘Alegría de vivir’ como homenaje a Ray Heredia, que murió de sobredosis ese mismo verano (1991) en La Celsa. «A ver si os enteráis que esto mata«, le escucharían decir a Morente en el tanatorio.

La fama del Candela motivó que artistas internacionales como Rubén Blades, Pablo Milanés, Sade, Chick Corea, Alicia Keys, Pina Bausch, Andy García, Compay Segundo o Slash, por poner varios ejemplos, terminaran las noches de sus actuaciones en esa cueva albayzinera en Madrid, herencia de las que usaba el bandolero Luis Candelas para huir en Lavapiés de los cundiñares.

Al igual que los ‘debates’ que se originaban en la puerta, las noches en el Candela nunca decepcionaban. Un lugar con una memoria viva cimentada en innumerables anécdotas como los cumpleaños de Paco de Lucía que duraban tres días o las partidas de ajedrez de Morente con Miguelito, que era de origen granadino, como recuerda un amigo suyo, Alejandro Luque, en un precioso homenaje a este mito de las noches de Lavapiés y el flamenco.

Miguelito murió en 2008. Encontraron su cuerpo a las 5 de la mañana tirado en la calle Olivar, a pocos metros del local. Morente le organizó un homenaje espectacular con Carmen Linares, Tomasito, Miguel Poveda… en un Summa Flamenca caótico, con un sonido regulero pero donde destacó un jovencísimo Juan Habichuela nieto acompañando al genio del Albayzín.

Sin él ya no fue lo mismo, el Candela siguió funcionando bien gestionado hasta este año, que iba a celebrar los cuarenta. Cosas de herencias, su hija cumplió 16 años y -aconsejada por su madre- decidió vender el local desde Holanda a un fondo de inversión de esos que gentrifican barrios. Nadie sabe bien qué pasará.

Un final de mierda para un sitio que ha dado tantas alegrías, pero ya se sabía: Nada es eterno.

Tono Cano
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