Opinión y Pensamiento

Babel, pandora y el andalûh

Torre de Babel

Babel, pandora y el andalûh

por Pilar González Modino

Soy de Antígona, de Penélope, de Casandra…. No era de Pandora… hasta hoy que tengo la necesidad de entender el logos antiguo que encierran los mitos. Me explico.

Debatíamos el miércoles en el pleno del Senado una Proposición de Ley, presentada por Junts, para reformar el Reglamento y usar las lenguas cooficiales en todas las iniciativas que se debaten en la Cámara. En nuestro grupo parlamentario (Izquierda Confederal) se hablan casi todas las lenguas del estado, por lo que habíamos decidido votar a favor y nos repartimos el tiempo de intervención entre un euskaldún, un valenciano y una andaluza. Todos hablamos en castellano. En los debates de leyes, al día de hoy, es la única lengua que se puede usar.

Expliqué en la tribuna que nuestra posición política era favorable a hacer norma lo que es normal: en la Cámara territorial (art. 69 CE), el hemiciclo es Babel.

Esa es una circunstancia que molesta sobremanera a la derecha. Les parece un horror que confunde y destruye el castellano. Mi análisis es bien diferente: Babel es, según el Génesis, un castigo de Dios a la soberbia de quienes hablaban una sola lengua y querían extender su imperio hasta el mismo cielo.  Y es también la bellísima metáfora que atribuye a Dios la creación de las lenguas. Frente al castigo, los humanos tuvieron que aprender a escribir en diversas lenguas.

Y en Babel nació también la literatura según dicen los poetas, pero esa es otra historia.

No soy lingüista, por lo que le leído a quienes sí lo son sé que “la lengua es el sistema interiorizado que poseen los hablantes capaz de generar sus realizaciones lingüísticas para la comunicación” (Noam Chomsky) y que “el lenguaje no lo hace la Academia, ni el poder, ni la iglesia, ni los escritores” (Jorge Luis Borges).

Cité al catedrático de lingüística de la UAM, Moreno Cabrera, para afirmar que la pretendida superioridad del castellano sobre otras lenguas peninsulares tiene un fundamento mítico, no científico, y es fruto de contingencias sociohistóricas. Afirmé que el español no solo no peligra sino que es la tercera lengua con más hablantes del planeta y…

…Y, aquí viene Pandora: siempre que subo a la tribuna hablo de Andalucía. Siempre. En esta ocasión dije que el andaluz es una lengua natural, no estandarizada y mencioné la experiencia y el trabajo que un equipo de lingüistas (con título, algunos de Doctor, acreditados por diferentes universidades) e informáticos vienen desarrollando en Andalucía para ofrecer una propuesta de ortografía en andaluz (EPA y andalugeeks). Ciencia y tecnología al servicio de la lengua. No son los primeros ni los únicos que lo han hecho hasta ahora, pero sí son los primeros que cuentan con herramientas tecnológicas en software libre que alcanzan una gran difusión. Y lo hacen todo a su costa y a riesgo.

Llevé a Twitter un fragmento del vídeo de la intervención con un texto chiquitito en castellano que, además, transcribí (gracias a la herramienta de andalugeeks) al andaluz.

Y, como si fuera el ánfora de Pandora, todos los males del infierno se derramaron por Twitterland: ira, odio, burla, insultos… Una manada enorme de fachas, en cuentas reales o falsas, con respuestas orquestadas, algunos socialistas, gente de Vox, ex diputados de Cs, no han faltado tampoco estalinistas ni negacionistas que dicen ser periodistas… se han pasado todo el fin de semana entretenidos con mi tuit, que lleva más de 2.400.000 impresiones, según twitter.

He bloqueado sin contemplaciones, denunciado a muchos, obviado a casi todos y respondido a muy pocas personas que, estando en completo desacuerdo con la propuesta, me han preguntado/criticado sin acritud.

También he recibido un montón de cariño que valoro y agradezco desde el corazón.

Entiendo que haya muchos andaluces que desconozcan la propuesta, que la vean como innecesaria, que la critiquen o que prefieran ignorarla. En este sentido no cabe ningún reproche, sólo respeto y, si acaso, pedagogía. Y, por supuesto, no reivindico la obligatoriedad de escribir en andaluz ni ninguna de las demás cosas que me achaca el delirio de la extrema derecha, a la que planto cara siempre.

Soy la primera sorprendida por el alcance que ha tenido esta información y como conclusión,  ante la certeza de que cualquier lengua crea comunidad y es un factor de identidad, me interesa saber porqué una propuesta teórica y científica para una ortografía del andaluz, que incluye todas sus variantes, desata tales furias. No sé a qué obedece este empeño feroz en descalificar y destruir. Me pregunto si la posición sobre la lengua no es más que un espejo que refleja el pensamiento supremacista sobre la sociedad y sobre el poder que desvaloriza lo andaluz como algo accesorio, prescindible o, peor aún, como un divertimento vulgar.

Siempre han dicho que los andaluces hablan mal, por eso la osadía de quienes plantean, como un ejercicio voluntario, escribir en andaluz, ofende a los que consideran que aunque sea mal, hablamos español, muy y mucho español, pero escribir ya son palabras mayores y nuestro español malhablado es idóneo para hacer chistes o para representar los escalafones inferiores e incultos de la sociedad.

Que nuestra manera de nombrar el mundo pueda escribirse no ya sobre tablillas de arcilla,  sino en los teclados más avanzados, es un desafío a los soberbios que viven delirios imperiales que alcancen el mismo cielo non plus ultra. Porque el acento andaluz está bien para vender cerveza (y ya es un avance), pero escribir en andaluz rompe España.

Casandra no puede saber si la propuesta tendrá éxito o no, pero sabe algo importante: quienes la están trabajando quieren conservar con toda dignidad la lengua de sus madres. A ello dedican tiempo, esfuerzos y sus propios recursos. Cada vez son más. No tienen nada que perder, por eso sólo tienen futuro.

Y veo a Pandora, de quien “descienden las tribus de mujeres”, según Hesíodo, en el rostro de Lola Flores cuando dice “PODERÍO”.

Lean mis labios: independentistas no somos pero a soberanos no nos gana nadie.

Y sé que “la que da todo” (etimología del nombre Pandora), aún guarda en el ánfora el más valioso de los dones, la esperanza.

(Publicado también en La Voz del Sur)

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