Opinión y Pensamiento

La memoria histórica en la fiesta de la Covid

La memoria histórica en la fiesta de la Covid
Collage por Sofía Crottogini

La memoria histórica en la fiesta de la Covid

Es una pena que tenga que venir otro a limpiarte los trapos sucios, pero somos muy de eso. Se ve que no alcanzamos la adultez como país y tiene que venir otro a denunciar por nosotros, tanto las medidas sanitarias como nuestras heridas. España es un país que se bloquea a sí mismo en su desarrollo y contagia la inmadurez a su población.

¿Por qué este diagnóstico tan negativo cuando lo constructivo es más necesario que nunca?

Se le echa mucho la culpa a la gente de las fiestas de Covid pero este fenómeno es lógico y previsible, dado el grado de inmadurez de las instituciones, del bombardeo publicitario que lo fomenta y de la falta de alternativas. No hay nada más controlado sanitariamente que las actividades culturales, y se ha demostrado que en ellas apenas hay contagios, por lo que sería una gran oportunidad para acercar y fomentar la cultura.

Se podrían ampliar los horarios de las actividades culturales, avivar el ocio con contenido y hacer crecer la conciencia de la seguridad y la responsabilidad. Imagínense un titular del New York Times: «España, pionera en el desarrollo cultural» en vez de «El país donde las discotecas son más importantes que las escuelas«´´

Todo el mundo estaría contento, organizado, y quedaríamos superbién. Esto es importante sobre todo si la alternativa es que la policía tenga que ir a despejar como si fuera un patio de colegio.

O también, ¿por qué no ser Keynesianos? e invertir para industrializar nuestro país, aprovechando el aprieto por solucionar el paro que tenemos y dejar de ser una nación de servicios y turismo. Después de Navidad, si no antes, llegará un tsunami para el que no estamos preparados y que ignoramos regocijándonos en la fiesta y la ruina.

La política tiene que planificarse, para no caer en el a pie quebrado de lo inmediato. Planificar es un signo de madurez. Las instituciones que no toman los compromisos necesarios, no van a conseguir una población que se organice desde la responsabilidad ciudadana. Así, tenemos un Récôh Gînnê de
insensatez e hipocresía.

A esto hay que hacerle frente, más que ir con quejas, críticas e insultos, pero solo se puede llevar a cabo reconociendo los problemas, no escondiéndolos o vacilando. Como país adolescente que somos, aquí todos son bromâ, memê y caxondeitô por guasap, tanto los chavaleh como sus padres.

Hay cosas que no pueden ser consentidas, y procesos que tiene que hacer un país. España ni hace los deberes, ni limpia su casa, no hace la cama, ni pone en orden su campo. Normal que tengamos tantos conflictos internos. Normal que la política sea una especie de painbôh con pîttolâ cargâh con mierda en bêh de pintura. En realidad, en este momento y para esta situación hay dos opciones, da igual el bando en el que estén: Hacer avanzar a un país en sus procesos determinantes de maduración o retrasarlo para poder seguir chupando del bote. En vez de virar hacia la primera, los de la segunda se cubren con complicidad y lanzan excrementos afuera en vez de sanearse con autocrítica.

Uno de los procesos necesarios y urgentes que tiene que hacer un país para madurar es el de la memoria, la reflexión sobre la historia y qué proyecto de país pretende.

Desgraciadamente, vemos que hay muchos y muchas que quieren retrasar tanto la reflexión sobre la memoria como emborronar el proyecto de país con falacias y banderitas, en vez de con propuestas. No vale el típico argumento de «se te ve el plumero´´ de la ideología o de la pandilla. Este es un argumento fácil y adolescente, que más que encender los fuegos del odio, debería hacer caer la serena lluvia de la Pena. Qué lâttima que España se piense así.

Todo son acusaciones sobre quién le ha lavado el cerebro a quien, en vez de pararse a pensar aunque sea con los dedos, leer y reflexionar. No hace falta lavar el cerebro, cuando ya tienes de base cerebros oxidados por falta de uso o el desencanto. Hay que respetar a quien da argumentos, a quien se atreve a pensar. Lo que prolifera hoy son los identitarismos brutos y traumatizados.

La memoria histórica en la fiesta de la Covid
Gooool de las Abuelas. Collage por Sofía Crottogini

Tenemos una España que se siente segura detrás de su patriotismo de mascarilla, silenciada en sus alaridos, miedosa al pensamiento, y repitiendo las cadenas de guasap. España es el único lugar democrático en Europa donde todavía hay estatuas de su dictador [Hay una fuente en Tenerife con un Franco de 3 metros cabalgando a un ángel con una espada. En Argentina es impensable, como una estatua de Videla en plaza de mayo, o en Alemania un Hitler de bronce en el centro de Berlín]. Pero lo peor, es que por el ofuscamiento español, ni siquiera entendemos muy bien por qué fue, ni lo que pasó. Se narra la historia por ençimiya, con anécdotas, y se hacen comentarios futbolísticos más que análisis conscientes.

Se dice muchas veces que la causa fue poner en orden nuestro país, pero lo cierto, es que esto se estaba intentando con proyectos como el de las Misiones Pedagógicas de Giner de los Ríos (Aunque ojo, quizás entiendan por ordenar a un país seguir privándolo de educación como se llevaba haciendo hasta ese momento). Pero por la causa que fuera, una junta militar que llega al poder por la fuerza se denomina en historiografía, ciencia política y en el sentido común, Golpe de Estado. No se le puede llamar a esto Guerra Civil, es contrario a la definición.

Los hechos son, los procesos tienen que hacerse y los criminales juzgarse. En España, los hechos se tergiversan, los procesos se postergan y los criminales se condecoran con salsa rosa. Una ideología, sea la que sea, que niegue los procesos de memoria histórica es enemiga del país. Es fácil decir que la República también cometió crímenes. Sin embargo, hay que distinguir los funcionarios del partido de grupos particulares radicales. Esto hay que ponerlo encima de la mesa, pero desde un lado y otro, para eso sirve la memoria histórica, para no quedarse en lo fácil u ocultar la realidad, sino pensarlo y repensarlo, para actuar en consecuencia. La República pretendía una educación donde el respeto fuera un elemento central tanto para la sociedad y como para el cristianismo (Ya que el ateísmo radical al que se le acusa a la República es una reducción futbolística, recuérdese que las misiones pedagógicas eran Krausistas, e invitamos a leer y buscar información para comprobar en qué consiste esto).

A partir de una nueva educación, se conseguirían otros modos de llevar a cabo un nuevo proyecto de país. Porque se quiere ocultar los trapos sucios, como este relato que se saca siempre y por antonomasia para hacer una teoría de los dos demonios. Sin embargo, una cosa son delitos individuales y particulares que estallan en un sector concreto del pueblo, que, de hecho intentaron ser apaciguados por el gobierno provisional de la República, y otra cosa son delitos estatales y sistemáticos. ¿Puede fallar el Estado en ese orden y tener sus contradicciones como en la República? Sí. Pero no puede ser el estado el que los cometa a conciencia como hizo el franquismo.

Hay que organizar causas, consecuencias y distinguir hechos a la hora de pensar la historia. Sin embargo, más allá de los precedentes, los años que siguieron en la represión incontestable, enseñaron al pueblo español a seguir perpetuando la violencia. El franquismo asesinó a un número incalculable de personas, ni siquiera ha sido juzgado y se permite su veneración. Europa está muy cómoda con el franquismo en sus fronteras ya que le permite tener un cómplice para sus negocios que solo pide migajas para sí ya que su país no le importa, y le sirve de váter con el que comparar a todas sus carencias y contrastar su barbarie.

Y este trauma tan grande que tiene nuestro país, viene de asuntos que no se han resuelto. Una herida tan grande como la de la dictadura militar en España, no puede curarse echándole tierra encima como defienden algunos, hay que sacarla a la luz, que le dé el sol y, por lo menos, echarle agua oxigenada para que no se rancie y le salgan hongos. Si no, es cuestión de tiempo que la herida se infecte y acabe pudriendo al país, tal y como está pasando.

En España sigue vigente la Ley de Amnistía del 77 que da impunidad a los criminales del franquismo, una instancia judicial única en el mundo. Mientras que Europa se mantiene aparte como tras la segunda guerra mundial o se queda meramente en la crítica, en vez de ser constructiva y resolutiva, Argentina se involucra para aclarar y hacer justicia, porque es de los pocos lugares donde se puede y donde les importa. Aquí, en cambio, las organizaciones que existen y trabajan como La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, son invisibilizadas y muchas veces criminalizadas.

Laura Puga colabora con la causa conocida como la Querella Argentina, que en 2010 abrió actas para juzgar los crímenes del franquismo, menos mal que la Argentina es generosa y comprometida. Muchos y muchas de las que componen Argentina, como Laura Puga, son descendientes de exiliados de toda España durante la dictadura y el Golpe Militar.

Laura Puga es nieta de Manuel Vázquez Moro, último gobernador civil de Tenerife que fue fusilado por los sublevados después de haberse negado a colaborar. Según ella, arreglar este tipo de leyes y hacer un trabajo con la memoria es una cuestión básica para un país. Por ejemplo, que el estado colabore con las familias en las exhumaciones de cadáveres de las fosas comunes que hay por aquí y que, entre otras cosas, impiden construir en muchos sitios porque a poco que rasques salen huesos. Recién ahora se plantea este proyecto de ley que es obvio en la mentalidad argentina y europea (por muy hipócrita que sea Europa) en relación a la aplicación de los Derechos Humanos. Es necesario condenar la mentira y el olvido para ser conscientes de la ignorancia sobre nuestro origen y nuestro destino. Por eso, es tan necesaria la Ley de Memoria Histórica para la dignidad española.

La única razón para no hacer una Ley de Memoria Histórica es mantener al pueblo bajo sus cadenas más pesadas: la ignorancia y el olvido. Por eso no dan educación y echan tierra a la herida, para poder seguir parasitando España y tener una población embrutecida, que en este tipo de problemáticas pandémicas se va de las manos. Porque los parásitos, aparte de parásitos, han demostrado ser suicidas y angurrientos, ahora que el país se va a ir a pique tras el tsunami de navidad, están comiendo y bebiéndose con las manos y a caño, todo lo que pueden. Esto solo se soluciona con educación y memoria, lo que en España ha sido perseguido y recortado.

Las Abuelas de Plaza de Mayo alzaron con coraje la voz, aquí, a palos se consiguió instaurar y normalizar el silencio. En España, tenemos la cifra asombrosa de 30.000 niños desaparecidos o cambiados de identidad. ¿Cómo se llegó a este nivel de impunidad y que la única reconciliación posible sea en nuestros días a través del silencio y del enterrar las heridas?

El zombi del franquismo mantiene viva la sangre y el odio del Golpe Militar. La represión caló hondo en el Ser español. Por eso es tan importante cambiar los paradigmas y los puntos de vista de España, hacer valer esta confrontación, con diálogo y resolver con el compromiso, más que con conflictos, insultos e idas de olla. Es de cobardes no atreverse a mirar lo que se es para superarse.

Tomemos como ejemplo de integridad, solidez y solidaridad a las Abuelas de la Plaza de Mayo, quienes respaldan la Querella Argentina y a España. Ellas incluso después de haber perdido a sus hijos, no piden venganza sino Justicia, y es Justicia lo que necesitamos para no perpetuar la violencia y que sigamos matándonos entre nosotros.

Ante las divisiones fratricidas necesitamos una unidad, cuyo armazón sea la justicia y no los intereses privados o el enterramiento de la memoria. No podemos seguir aferrándonos a una identidad contradictoria, divisoria e ilusoria. Ya no es solo que otro tenga que limpiarnos el culo porque aquí la ley no permite cambiarnos los pañales, es que hasta que no tengamos la decencia de mirar al espejo lo que somos, con nuestras grandezas e imperfecciones, España no podrá volver a ser España. Negar la Ley de Memoria Histórica es estar en contra del pensamiento, de la reconciliación justa y definitiva, y del bienestar de España. Pensar es un acto de valentía, porque hay que atreverse a ver las sombras en uno mismo. Pero hay que atravesar las sombras de España, necesariamente, para lograr un futuro digno. La Ley de Memoria Histórica y el resultado de su proceso, si se hace bien y no es un circo político-empresarial, es el paso que tenemos que dar para dejar atrás nuestra
adolescencia.

Fernando Grieta
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