Opinión y Pensamiento

Feminismos, supervivencias y machismos recuperables

machismos recuperables

Feminismos, supervivencias y machismos recuperables

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar
del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le
hacían semejarse a una tela arrugada.

Virginia Woolf (1931), Las olas

Hace tiempo en las clases de educación social y pedagogía proponía combinar la lectura de diferentes textos: libres, lingüísticos, dialógicos o audiovisuales. En muchas ocasiones, las voces del grupo mostraban su angustia por el día a día en el aula: la reproductibilidad técnica y desapasionada de la docencia, el ritmo frenético de las clases, la hiperproductividad improductiva que impulsa a la ausencia de autoría, una serie interminable de trabajos-prácticas-actividades-asistencias obligatorias.

Una lógica perversa entre el crecimiento prosumer estéril y el peor casticismo docente-discente que dificulta ese trabajo necesario en el que se tejen con sentido los hilos de la sensibilidad, la reflexión, la escucha, la conversación, lo deseante y transformador de la experiencia del educarse y educarnos.

Cuando con veintitantos años trabajaba como animador comunitario en una barriada ajena a El Corte Inglés y acompasaba los estudios de educación social en el otro lado de la ciudad, pensaba: “¿cómo un profesor puede saber tanto de taxonomía de valores y ser a la vez ser tan poco aplicado con los mismos en sus clases?” Comenzaba entonces a entrever los excesivos vicios de policía y sacerdote del profesorado autoindulgente.

El año pasado, el programa de Salvados “El machismo mata” dió una lección a esta disonancia didáctica del mucho lirili y poco lerele. Por una vez, aunque brevemente, se trataba en televisión una parte de lo oculto; algo ausente se hizo emergente siguiendo la perspectiva más necesaria de las ciencias sociales, La sociología de las ausencias y las emergencias, de aquel Milenio Huérfano que proponía Boaventura de Sousa Santos.

Se ha arriesgado la TV mostrando lo que duele y poco vende, lo que afecta y poco divierte, lo que aterra, pero también lo que convence, sensibiliza y entusiasma. El relato de Marina, educadora social y superviviente de maltrato machista, el de la jueza Francisca y el del psicólogo no psicologista Jorge, mostraron una realidad llena de matices.

No sé si una pequeña isla en un océano televisivo y postmediático de carroña, carnaza, aceleración y violencia puede trascender ante un consumo indiferenciado y desmesurado de imágenes, pero seguro que abre una oportunidad para trabajar social y educativamente el programa realizado. No obstante, parar -aunque sea parcialmente- las cifras del drama, los charcos de sangre en primer plano y los gritos dramatizados es un elemento a agradecer.

Y más ofreciendo a la postre, la experiencia de aprendizaje vivida por parte del entrevistador, un machista más, entre millones y millones, aunque se intuya como recuperable.

Hay una inversión de la narrativa y del lenguaje que describe y desborda los automatismos lingüísticos, rompiéndo así una serie de mitos: despeja la leyenda de las denuncias falsas que promueve el neomachismo y evita retratar un perfil único de maltratador y maltratada. “Hay que pasar de víctimas a supervivientes”, nos recuerda Marina, porque luchar y superar el maltrato machista y sus consecuencias es sobrevivir. “Hay que trascender del problema individual a una problemática social” porque el patriarcado y el machismo son una construcción social e histórica hegemónica.

Una ideología inyectada en las relaciones sociales no es mera cuestión individual, sino un problema político-ético de primer orden. Una de las metas sería pasar de “igualitario o feminista chic” a machista recuperable, porque el primer paso para cambiar el desorden del mundo es reconocer y confrontrar aquello que hay en ti, a partir de esos (micro)machismos en los que nunca habías reparado con suficiente demora e implicación.

Volviendo a las clases, en una de las sesiones de aquel curso veíamos una secuencia que yo denominé Asimilación ubicua, siempre abierta, 24h al día. A partir de ella, sus preguntas y el diálogo establecido suscitaba: ¿Cómo vamos a imaginar si las imágenes siempre nos son dadas? 

El pensamiento unidimensional de hoy es vehiculado incansablemente por los medios, la publicidad y el marketing. Todos los discursos están poblados de supuestos que se autovalidan y que, reproducidos exponencialmente desde oligopolios a través de las pantallas, las telerredes, los escenarios y el papel, devienen en preceptos de vida, en normas y pautas homogeneizadas, en representaciones y actitudes estandarizadas.

El único entusiasmo que puede surgir ante tal siniestra y efectiva coyuntura es el de educar en otro tipo de sensibilidad, imaginación e inteligencia; educar en una estética ética, capaz de seducir con el sosiego y el discernimiento, la conversación disfrutada, la lectura crítica, la mirada atenta y el hacer juntos. Y a la vez, generar narrativas nuevas que expongan las experiencias de dolor, discriminación, vulnerabilidad y desprecio; así como las estrategias de supervivencia, resistencia y autoorganización que rebasen los límites biológicos, materiales y culturales que tenemos.

Si hoy eres mujer y puedes asociarte, estudiar, votar, elegir si quieres o no ser madre y cuándo y con quién e incluso separarte o divorciarte, elegir tu sexualidad, usar anticonceptivos, exponer tu arte, publicar un libro, denunciar una agresión sexual sin ser juzgada se lo debes, no lo olvides, a las feministas.

Y aunque la lucha continúa y tenemos un feminismo corporativo “techocristalista” que oscurece la existencia de clases sociales y desprecia la reinvención de otra relación entre reproducción/producción y sus consecuentes renovaciones sin hipotecar la emancipación social, como ha mostrado Nancy Fraser. En ningún caso podemos omitir  al feminismo y al feminicidio existente, o ponerlo tangencialmente en el programa, obviando una parte importante de la compleja cuestión.

La cuota o el grado de identificación machista cambiaría si en vez de violencia física, habláramos de patriarcado y androcentrismo y de su violencia estructural y simbólica. Pero el movimiento que pelea cada día por la abolición de dicho sistema, los feminismos, no tuvo cuota en el programa de Évole.

Estos son los límites materiales de la espectacularización, la privatización y la mercantilización de los asuntos colectivos que debieran concernirnos como proyecto político común. Los muros con los que se dan de cara los medios de comunicación, que no son todo lo sociales que presumen ser.

Sabemos por experiencia que las personas, para entender al semejante y otro/a y transformar la razón doliente y patriarcal del mundo, necesitan formas de comprometerse y de apearse de su área de acomodo y privilegio.

Enfrentarse a un sistema de dominación patriarcal, desigual, jerárquico y violento requiere reconocer primero los valores, las actitudes, los privilegios y las costumbres encarnadas a lo largo de la historia, ni más ni menos. Y esto viene de la mano del elemento ausente, lo rechazado por el prime-time: feminismo(s). Si las mismas muertes que tenemos por violencia machista fueran causadas por el denominado “terrorismo”, el país entero estaría completamente militarizado. No queremos eso, pero sí avanzar mucho más rápido que tocar el pelo de las conciencias cínicas.

Hoy he tenido dos sueños: en el primero soñaba que un gran grupo de mujeres, niños, ancianos, desarrapadas, aburguesados, hospitalizados, gitanas y negras decían bien alto y claro en las calles “yo soy puta, yo soy tonta, yo soy fea, yo soy gorda, yo soy separada, yo soy coja, yo soy madre soltera, yo soy gitana, yo soy lesbiana, yo soy catalana, yo soy andaluza, yo soy musulmana, yo soy de pueblo, yo soy parada, yo soy atea, yo soy artista, yo soy adolescente, yo soy arrabalera, yo soy abortista, yo soy anarquista, yo soy titiritera, yo soy loca, yo soy sin estudios, yo soy bruja,…

El segundo ya no lo recuerdo, la gran parte invisible lo ha ocultado, de nuevo me tocará indagar, dejarme afectar para descubrir toda la parte que velamos y normalizamos.

Feliciano Castaño Villar
Últimas entradas de Feliciano Castaño Villar (ver todo)
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

secretOlivo es una revista independiente de Cultura Andaluza contemporánea.

Hemeroteca

secretOlivo.com se edita bajo licencia Creative Commons. (CC BY-SA 3.0)