Fotografía

Jorge Rueda: la mirada más fértil

Jorge Rueda: la mirada más fértil
‘Pepín’, una fotografía emblemática realizada por Jorge Rueda en los años 70

Jorge Rueda: la mirada más fértil

Resultaría difícil imaginar el devenir de la fotografía española en los años 70 sin la influencia de Jorge Rueda (Almería, 1943 – Málaga, 2011), especialmente a través del trabajo revolucionario y de largo alcance que desarrolló en la revista Nueva Lente, a cuya fundación contribuyó de manera directa en 1971 y de la que fue director artístico en 1975 y 1979: pocos escaparates llegaron a definir con tal ambición el paisaje artístico de la época hasta dotar de verdadero contenido icónico el periodo de la Transición.

Después, su labor incansable como creador, editor y descubridor de nuevos talentos conservó su alcance hasta el final, afirmado por una muerte demasiado temprana y, por distintos motivos, injusta.

Habitualmente se considera a Rueda padre del surrealismo fotográfico, afirmación quizá demasiado audaz al menos si reparamos en la expresión surrealista que la fotografía abrazó ya en las primeras vanguardias del siglo XX; lo que sí merecerá subrayarse, siempre, es el modo en que Rueda recuperó aquella tradición para reformularla y convertirla en signo distintivo de su tiempo. La manera más eficaz de representar aquellos años de inestabilidad, inquietud, interrogantes y sospechas era, claro, aquella mirada surrealista capaz de advertir las realidades ocultas bajo toneladas de liturgias victoriosas.

Su óptica fantástica respondía, de igual modo, al realismo ramplón con el que la fotografía artística pretendía dar cuenta de las tensiones del momento. En sus instantáneas y fotomontajes (de los que fue pionero en España) abordaba cuestiones como la liberación sexual y la represión política a la vez que criticaba al Ejército, la Iglesia y el puritanismo; y demostró, de paso, que el lenguaje más libre y exento de los moldes realistas podía afilar su aguijón con mayor vehemencia.

Tras el órdago puesto sobre la mesa por Jorge Rueda ya desde sus comienzos como reportero gráfico en Triunfo, no hubo escuela plástica, movimiento artístico, expresión urbana ni portada de disco que no siguiera su huella. No hay, por tanto, una figura más fértil en la historia de la fotografía española que la de Jorge Rueda. Ni, lamentablemente, más soslayada.

Porque si algo hizo injusta su muerte, dada de manera tan precipitada, fue la ausencia de reconocimientos. Cada año se daba por hecha la concesión de un Premio Nacional de Fotografía que nunca llegó. Su obra había protagonizado exposiciones de gran calado en Londres, Nueva York, Moscú, Tokio, Roma y Bruselas, pero en casa el ajuste de cuentas se hizo esperar demasiado.

Acosado ya por la enfermedad, Rueda hizo todo lo posible por divulgar y promocionar su legado, pero ante la falta de interés que recibió como respuesta tomó una decisión radical y ordenó que, tras su muerte, todos sus archivos fotográficos de su propiedad, en cualquier soporte, fueran quemados.

Con ello, y en sus propias y duras palabras, quería evitar “que las alimañas carroñeras que me acosaron en vida se aprovechen de mis despojos, tal y como tienen por costumbre”. El 13 de diciembre de 2011 se dio cumplimiento a esta voluntad con la quema de sus archivos, documentada por su amigo, el fotógrafo Carlos Canal.

La primera exposición, inaugurada en el Centro de Fotografía Apertura el pasado mes de noviembre, reúne una selección de las fotografías realizadas por Rueda durante los años 70, mientras que la segunda, inaugurada este mes de diciembre en la Sala Italcable, resume casi medio siglo de creación, desde 1980 hasta los últimos trabajos del artista. Además, la celebración incluye un ciclo de actividades paralelas, con conferencias y otras propuestas, organizado por los propios comisarios de las exposiciones: Carlos Canal, fotógrafo y director del festival Fotomanías; y Míchelo Toro, director de Apertura.

La exposición, Human vs. Amor Propio es la que acoge la sala Italcable, sede en Málaga de la Universidad Internacional de Andalucía, coincidiendo con el décimo aniversario de la quema y destrucción del archivo fotográfico del autor. Tal y como su título indica, la muestra constituye una prolongación y actualización de la que última exposición dedicada a Jorge Rueda en vida del fotógrafo, Human, que acogió el Centro Andaluz de Fotografía hace diez años.

Esta nueva exposición cuenta con 35 de sus principales obras pertenecientes a los fondos del mismo Centro Andaluz de la Fotografía y abarca desde los años 80 hasta el final de la primera década del siglo XX. Junto a las fotografías se exhiben objetos personales, videos, audios y la documentación relacionada con la destrucción de su archivo. La muestra da cuenta también de Salvo libros y catálogos, un proyecto de investigación creado en 2020 por Julián Barón, Rocío Gutiérrez y Lucía Osuna en torno al legado de Jorge Rueda, representado aquí por una pieza audiovisual y una mesa de lectura en la que se recoge toda la información editorial y bibliográfica acerca del autor.

Los comisarios de las exposiciones destacan el carácter pionero de Jorge Rueda, tanto en el plano creativo y estético como en el técnico: hace ya medio siglo, el fotógrafo almeriense creaba sus imágenes con varias capas de manera analógica, con recortes y coloreados desde la más fidedigna artesanía, mediante procesos que se adelantaron a las herramientas digitales que el mismo Jorge Rueda adoptó como gran precursor. Su mirada proveyó de color a una España que amenazaba con seguir siendo gris y adocenada. Nunca será tarde para reconocer su empeño.

Pablo Bujalance
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