Los Negros Curros

De la academia de los pícaros al Caribe afroandaluz

De la academia de los pícaros al Caribe afroandaluz*

 Los negros curros

Apenas regresé de mis años universitarios en el extranjero, me puse a escudriñar la vida cubana y enseguida me salió al paso el negro. Era natural que así fuera, sin el negro Cuba no sería Cuba: Era preciso estudiar ese factor integrante de Cuba; pero nadie lo había estudiado y hasta parecía que como si nadie lo quisiera estudiar…Había literatura abundante sobre la esclavitud y su abolición y mucha polémica en torno a ese trágico tema, pero embebida de odios, mitos, políticas; había también escritos acerca de Aponte, de Manzano, de Plácido, de Maceo, y de otros hombres de color que habían logrado gran relieve nacional en las letras o en la lucha por la libertad; pero del negro como ser humano, de su espíritu, de su historia, de sus antepasados, de sus lenguajes, de sus artes, de sus valores y de sus posibilidades sociales…nada

Estas palabras las pronunció Fernando Ortiz en el año 1940. Nosotros en España, a 12 millas de África, tuvimos que acudir a la fuente de los estudios sobre la negritud allí, al continente americano, a sus investigadores (entre ellos a los trabajos de uno de los grandes estudiosos de esa historia, D. Fernando Ortiz), para saber de la presencia de población negra en la Península Ibérica durante siglos, para saber de la importancia de su contribución a la historia y culturas de los pueblos, para saber que por muchos de nosotros corre sangre negra africana y lo ignoramos. Para saber y poder iniciar trabajos de investigación como el de algunos de nuestros mejores creadores musicales, empeñados en buscar “el ritmo perdido, el influjo negro en la canción española”, como titulaba Santiago Auserón su reciente y esclarecedor trabajo sobre esa evidencia escondida. Sin embargo, todavía hoy en España, para la inmensa mayoría de la sociedad española, es una historia que sigue siendo desconocida, ignorada, silenciada.

Para hablar del Negro curro que habitó en la isla de Cuba con la llegada de los españoles al continente americano hasta mediados del siglo XIX, es fundamental conocer la historia de la importantísima presencia de población negra en la Península Ibérica desde tiempos remotos. Presencia muy acentuada en algunos lugares de Andalucía y Portugal justamente cuando los portugueses descubren como llegar (y volver), al África negra navegando por la costa atlántica africana. Ese descubrimiento pondrá en marcha el más grande y masivo tráfico de esclavos de la humanidad, el de millones de negros africanos con destino a Europa y América.

Decía el historiador cubano José Antonio Saco en su obra Historia de la esclavitud que, “Grave error sería pensar que la esclavitud de los negros africanos comenzó con el descubrimiento del Nuevo Mundo. Muchos siglos antes del nacimiento de Cristóbal Colón ya había esclavos en Europa”.

Tratar a un hombre como a un animal, situarlo en lo relativo al derecho, entre las bestias, concebirlo desde el punto de vista filosófico al margen de la sociedad humana, son constantes en la historia de la esclavitud. Desde la antigüedad egipcia, griega o romana, pasando por la Edad Media europea y hasta la América del siglo XVI al XIX, permanece la práctica, el derecho y la teoría que rigen la esclavitud. Aristóteles en su Política, entre otras cosas decía: “Es necesario que haya seres inferiores que trabajen para la parte noble de la humanidad… Hay hombres, naturalmente esclavos, tan inferiores a los otros, como el cuerpo al alma, el bruto al hombre, instrumentos puestos por una especie de selección natural al servicio de la clase superior”.

Juan Gines de Sepúlveda (1490-1573), sacerdote católico y uno de los tratadistas españoles de la época, dice en De la justa causa de guerra contra los indios, “que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones (…) Y estoy por decir que de monos a hombres…”

Comenta el historiador Hugh Thomas que el fraile agustino Fray Martín Alonso de Córdoba (1460) llegó a decir que “los bárbaros vivían sin ley y que los latinos eran quienes tenían la ley, pues era ley de las naciones que los hombres que vivían y estaban gobernados por la ley habían de ser señores de quienes carecían de ella; por tanto, podían capturarlos y hacerlos esclavos, pues por naturaleza son esclavos de los sabios “

La esclavitud de ciudadanos negros en nuestro país, no se inicia con los descubrimientos de la costa atlántica de África por los portugueses (desde que, en 1420 descubren Madeira en el Atlántico y progresivamente otros puntos de la costa  hasta llegar al llamado “país de los negros”, en la desembocadura del río Senegal), sino que ya existía debido tanto al comercio habitual entre España y África como a las capturas que se producían por las intermitentes guerras en suelo peninsular entre el reino nazarí y los castellanos.

España había tenido contactos con el África Subsahariana a través de las rutas de comercio del Sahara. Mercaderes castellanos y genoveses, a partir del siglo X, instalados en las puertas del norte de África comerciaban con cobre, bisuterías, tejidos, cereales, sal y recibían oro, marfil, ébano…, y esclavos musulmanes y negros.

Los testimonios literarios y artísticos nos hablan también de una presencia antigua de negros en la Península Ibérica, Alfonso X, en Las Cantigas, presenta tanto en las ilustraciones como en el texto a negros. También el sobrino del rey sabio y nieto de S. Fernando, D. Juan Manuel, 1.300-1335, en la obra, El Conde Lucanor.

La conversión de un hombre negro a la cristiandad. Alfonso X El sabio

El gran estudioso de la negritud, y autor de Los negros curros, el cubano D. Fernando Ortiz, en el trabajo La transculturación blanca en los tambores de los negros, nos ilustra también sobre la entrada de población negra en España, dice: “desde la invasión de Iberia por Tarik en el 711, el negro africano está siempre presente. No solo los negros arraigados entre los mahometanos, desde Arabia a Mauritania, sino los millares sacados de Tombuctú y de países transaharianos. La fuerza de los almorávides que invadieron Al-Ándalus en el siglo XI, se componía de soldados del Sudán, senegaleses…Esos millares de soldados oscuros constituían la masa principal de las tropas almorávides”.

Por otro lado, desde hacía tiempo, los cartógrafos judíos mallorquines tenían confeccionado el famoso Atlas catalán (1375) de Abrahán Cresques, que muestra al rey de Mali sentado en su trono enseñando una gran pepita de oro en sus manos y señalizando las rutas de las caravanas que van desde Marruecos al Níger, pasando por Sidgilmasa y Audoghast. En el mapa figuran Tombuctú, la salina de Teghaza y Gao.

De la academia de los pícaros al Caribe afroandaluz

Pero hay otros datos que confirman la presencia activa de población negra en Andalucía, desde bastante antes del descubrimiento de la costa atlántica de África por los portugueses y el posterior descubrimiento de América. Ortiz de Zúñiga, en los Anales de Sevilla, obra de 1677 que recoge los acontecimientos más importantes ocurridos en la ciudad, desde 1246 hasta 1671, comenta que, “Gonzalo de Mena, Arzobispo de Sevilla entre 1391 y 1401, crea un hospital (embrión de lo que es en la actualidad la hermandad de los Negritos), para atender a los negros que, desahuciados por sus dueños, deambulaban en condiciones lamentables por las calles”. Y continúa Ortiz de Zúñiga: “desde los tiempos de Enrique Tercero (1393-1406), se les permite juntarse en bailes y fiestas en los días feriados”.  También desde los tiempos de Enrique III, se realizaba el nombramiento de mayorales de los negros sevillanos, que realizaban los reyes designando jefes de la colectividad negra para que actuaran de juez de paz entre ellos, regular sus costumbres y ser interlocutores y representantes de la misma etnia ante los poderes públicos. Así lo acredita una cédula de los Reyes Católicos, dada en Dueñas a 8 de noviembre de este año -1475- en que dieron título a uno llamado Juan de Valladolid, su Portero de Cámara: Por los buenos y muchos y leales servicios que me habéis hecho…, y nos somos informados de que sois de linaje noble entre los dichos negros”.

*Término acuñado por D. Antonio García de León Griego en su trabajo “El Caribe afroandaluz: permanencias de una civilización popular”, La Jornada Semanal, México, 1992

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