Autonomía Andaluza

Recuerdos, desengaños y olvidos

Por Antonio Ramos Espejo.

¿Será éste un año más? Desgraciadamente, será uno más. Ya me gustaría que estos dos grandes días de Andalucía -4 de Diciembre y 28 de Febrero- sirvieran para algo más que un compromiso pasajero. Me gustaría escribir en positivo, sin dejarme llevar por los derrotistas, de esos que aún piensan que aquellas fechas no sirvieron para nada, porque Andalucía no tiene identidad como pueblo; y de esos otros, complacientes, que se han anclado en la rutina de festejas estos días, vaciándolos de contenido. Hasta tal extremo están “concienciados”, en general los políticos, claro, con estos hitos históricos, base nuestra autonomía, que cada grupo enarbola sus banderas, depositan ramos de flores, cantan el himno, en actos separados.

¿Hacia dónde vamos por ese camino?  Hay muchos recuerdos, desengaños y olvidos en esta crónica apresurada que nos sitúa 35 años después del 4 de Diciembre, en el que, aparte de reivindicarse Andalucía, como pueblo, la bandera andaluza se tiñó de la sangre del joven José Manuel García Caparrós, asesinado por un policía cuando participaba en la manifestación de Málaga. No olvidemos las fechas. Llenémoslas con el contenido que merecen. Y algo más de 76 años, que Blas Infante murió, asesinado, por defender la bandera de su pueblo. Cuántos olvidos… El trabajo que ha costado que Blas Infante fuera reconocido como Padre de la Patria Andaluza… García Caparrós ha recibido honores del Ayuntamiento de Málaga, además de otras instituciones. Pero ¿por qué no se le ha reconocido aún por el Parlamento de Andalucía? ¿Por qué se le dio carpetazo a la investigación sobre su muerte, si ya se sabía quién fue el causante de su asesinato? Estamos ante dos mártires de la autonomía andaluza.

La represión que enmarca la muerte de estos dos andaluces no se produjo en acciones aisladas. Andalucía ha sufrido este modelo horrible cada vez que el pueblo ha alzado su voz. Podríamos traer a colación numerosos casos y episodio que se han saldado con violencia extrema desde los siglos pasados hasta nuestros días, en tiempos de dictadura, y aún peor,  en tiempos de democracia. Citaré dos referencias, en un antes y un después del  4 de Diciembre. Antes y después de la democracia. La muerte violenta de Francisco Javier Verdejo Lucas, de 19 años, al disparar un guardia civil a este joven mientras realizaba una pintada , “Pan trabajo y…”, que dejó sin terminar aquella madrugada del 13 al 14 de agosto de 1976 en el barrio almeriense del Zapill. El siguiente caso, después del mencionado de García Caparrós, sucedió también en Almería: cuando tres jóvenes inocentes (Juan Mañas Morales, Luis Montero García y Luis Cobo Mier) viajaron de Santander a Almería y acabaron carbonizados en un barranco de Gérgal (madrugada del 10 de mayo), cerca de la capital. Confundidos con tres etarras fueron detenidos por la Guardia Civil, aunque muy pronto la Policía alertó desde Santander que no eran etarras. Aún así, siguió el interrogatorio y el fatal desenlace.

Aquel día del 4-D Andalucía dio el gran paso que se cerró en las urnas el 28 de Febrero de 1980. Andalucía es un pueblo. Todavía se nos intenta rebajar a la autonomía de segunda división.  Lo menos que se nos puede pedir a los andaluces que vivimos aquellos momentos y a sus herederos, es que defendamos nuestra autonomía. A veces nos inunda el desengaño. Andalucía tiene que mantenerse en alerta, no sea que nos vuelvan a quitar la cartera que se recuperó con tanto sudor, rabia y mucha fe en esta tierra.

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