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La muerte imposible de Marcos Ana

La muerte imposible de Marcos Ana

La muerte imposible de Marcos Ana

Dicen que Fernando Macarro (Marcos Ana, los nombres de sus padres) ha muerto. Pero a mí me resulta increíble, porque lo veo ahí, amasando la lucha alternativa con los jóvenes en la calle, en un torbellino de encuentro y esperanza.

Marcos es un referente de muerte imposible. Porque no es posible que muera un hombre sin ánimo de venganza. 23 años de cárcel y salió diciendo que la mejor venganza era que triunfaran nuestras ideas, las ideas de “el mundo va a cambiar de base” y “los nada de hoy todo han de ser”.

Un vecino, apolítico, le dijo un día: Si todos los comunistas fueran como tú, yo me afiliaría al partido, Y eso era Marcos. Un militante de la cercanía, cordial, sencillo (nunca simple), afable. Con esa misma voz, del que nunca aprenderá  a traicionar, con que comentó de manera sonriente la noticia de que Zapatero, en un momento en que muchos dudaban, iba a presentar su autobiografía. Marcos dijo que le parecía bien, pero que él no estaría en esa presentación.

Con la misma voz con que te hablaba de la necesidad de desterrar todo sectarismo e ir a un encuentro social, sin líneas rojas, con los trabajadores, los parados, los nómadas, los jóvenes, las mujeres.

Con la misma voz con que le contó por primera vez, cuando aún era desconocido, su vida a Dolores. Qué bien escuchaba Dolores. O con la misma voz con que, en aquella asociación parisina que presidía Picasso, le abría el continente a los nómadas con un abrazo que les negaba Europa, tal como hoy. El abrazo primero de Marcos, como ese candelabro amistoso de un olivo.

Dicen que Fernando Macarro ha muerto. Pero yo no me lo creo. Porque lo veo ahí, entre la gente, construyendo un tiempo diferente.

Por Felipe Alcaraz

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