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Carmen Pinteño, pintora al margen del Museo Virtual

Museo Virtual de Carmen Pinteño
Museo Virtual de Carmen Pinteño

Carmen Pinteño, pintora al margen del Museo Virtual

La pintura de Carmen Pinteño (Huércal-Overa, 1937) se mueve fundamentalmente en su personal creatividad, la realidad social, la contemplación de todos los horizontes, lo que vislumbra en su mente, los colores y las formas que establecen su realidad pictórica, entre la literatura, la poesía, el mundo rural, los sentimientos y la conciencia personal. Y sobre ese mundo que le acompaña se ha formalizado su Museo Virtual para exponer 180 obras clasificadas en torno a una trayectoria considerada oficialmente más vital: Albox, Transición, Vida cotidiana, García Lorca, Indalecio y el siglo XX, Cabo de Gata y Misterios., en un proyecto programado por el Instituto de Estudios Almerienses. La pintura de Carmen Pinteño ha sido capturada por las nuevas tecnologías para su proyección hacía el espectador directamente. Pero su mundo personal, la esencia y las razones de su creatividad hay que descubrirlo fuera del Museo Virtual.

Carmen Pinteño empezó a estudiar Derecho, pero dejó la carrera al casarse. Se matriculó entonces en la Escuela de Artes y Oficios (en la actualidad Escuela de Artes Carlos Pérez-Siquier), donde tuvo de profesor a Luis Cañadas, pintor destacado del Movimiento Indaliano. Vivió dieciséis años en Albox, “de niña siempre estaba con el lapicerico de la mano”. Permanece en su recuerdo el primer cuadro que vendió, “fue un retrato de mi padre, que me ofreció cincuenta pesetas si era capaz de hacerlo, y al final me pagó cinco duros”.

Sentido social

El sentido de su pintura, su razón de ser, se apoya en su capacidad de imaginar los cuadros antes de crearlos, el sentido de sus palabras que giran en torno a las ideas por encima de la técnica. Y así su pintura no necesita de clasificación. Importa el encuentro del cuadro con el observador anónimo que busca descifrar qué ha escondido Carmen Pinteño en cada lienzo. Por eso es importante encontrar sus palabras. “Me gusta la provocación social de mis cuadros”, un testimonio recogido en una entrevista personal en 1992, con motivo de una exposición en la Galería Argar, de Almería.

El mundo campesino y su dureza renace en su pintura: “Creo que el campesino es así y no intento descubrir nada. Para mí la pintura es un lenguaje como escribir. He vivido en el interior de la provincia y he recorrido los campos de Galicia y de Castilla, y en todas partes he visto los mismos tipos, los mismos rostros y miradas. Todo esto me sugiere mucho y me provoca contarlo”.

Un cuadro fundamental, que no se mencionó en la presentación del Museo Virtual, es “Esperando el Trasvase”, la seriedad de unos rostros campesinos miran de frente. “Ese cuadro lo hice en Albox, salía al campo con los niños. Y mientras ellos jugaban yo charlaba con los pastores y me decían lo que iban a hacer cuando viniera el Trasvase. Veía sus rostros, sus ilusiones, mientras miraban los bancales. Había un subdesarrollo total y absoluto. Era gente pura, inocente y esperaban el agua como el maná. Pinté el cuadro, que se quiso politizar. El cuadro era en realidad una denuncia. Lo expuse en Madrid y me llamaron de una Dirección General, me preguntaron qué había querido decir con el cuadro y les respondí que estaba clarísimo”.

Carmen Pinteño aporta un fuerte sentido social al mundo que observa. Con una ironía o tono acusador incierto. “Me gusta dejar cierto sabor agridulce”. Una referencia destacada en este sentido está en la serie “La familia de Indalecio IV”: “No intento hacer una réplica a Goya, pero pienso que esta gente del pueblo tiene el mismo derecho a estar ahí que los grandes. Y por supuesto también está la provocación que me gusta”.

La pintura de Carmen Pinteño surge como una manera de escribir, “de no ser pintora me habría gustado ser escritora. En realidad, primero empecé a escribir y tengo mis cosas que nunca he publicado. Y ahora menos todavía”. Su condición de mujer es vital, algo que está muy presente en sus cuadros con los personajes femeninos rurales, “me siento matriarcal, la mujer está siempre ahí”.

Por libre

Su pintura permanece en Almería, aunque está presente en distintos territorios. Su influencia es personal. De ahí que rechace las teorías que sitúan su obra como parte del Movimiento Indaliano. “Me duele tener que decirlo en Almería, pero yo no tengo nada que ver con los indalianos, a pesar de mi amistad con muchos de ellos. Perceval me tenía mucho afecto. Ellos también me aceptaban, pero yo siempre he ido por otro lado”.

Ha sido bastante reacia a pintar La Chanca, aunque “a veces me he inventado paisajes de este barrio, pero no soy muy aficionada a pintarla. Pienso que el sentido vital de La Chanca no se ha pintado todavía”.
Una pintora de convicciones firmes, “nunca me he arrepentido de ninguna de mis obras, porque siempre he pintado lo que he querido. Y cuando algo no me gusta, lo borro y en paz, El lienzo no me obliga a nada. Es curioso porque mi proceso es al revés- Por ejemplo, la abstracción llega cuando vas eliminando elementos. De todas maneras pienso que con los mismos elementos de la abstracción se pueden hacer figuras. Todo me enseña”.

Para Carmen Pinteño la pintura es una necesidad vital, “me niego a ser masa en la creatividad, tengo que responder de lo que soy y de mi lugar de origen”. Y ante el lienzo, un misterio personal, “lo paso fatal ante un cuadro”. Y el dilema, la venta de sus cuadros. Conserva bastantes, aunque “hay algunos que venderlos me han costado lágrimas, pero no queda más remedio porque la pintura es un deporte muy caro”.

Y su gran dolor más íntimo, la pérdida de su hijo, “los cuadros que no venderé nunca ni con bombas son los de mi hijo”.

Los paisajes de Carmen Pinteño diversifican sus horizontes, y los personajes siempre están presentes, mujeres y hombres con mirada directa. El paso del tiempo va convirtiendo a estos paisajes en una síntesis de la mancha del color y la insinuación de los personajes como pequeñas sombras lejanas camino de una abstracción muy singular.

Una pintura que permanecerá siempre viva.

Miguel Ángel Blanco Martín
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