Prensado en frío

Alicia Choin: «La palabra comprometida es la semilla de la acción»

Detalle de portada de 'La luz de las trincheras' de Alicia Choin
Detalle de portada de 'La luz de las trincheras' de Alicia Choin

Alicia Choin: «La palabra comprometida es la semilla de la acción»

Alicia Choin Malagón (1975) es licenciada en Traducción e Interpretación. Durante su último año de carrera en la Universidad de Miami participó activamente en talleres literarios de la universidad en lengua inglesa. Ha participado en el Festival de poesía de Almuñécar y en el Festival de poesía en El Laurel de La Zubia en distintas ocasiones. Asimismo, ha colaborado y participado en encuentros poéticos con escritores latinoamericanos, musulmanes y francoespañoles en el encuentro anual de Francia con Granada. Ha colaborado con distintas revistas como Lumbre, Wadi-as, Diario de Medios y Razones…

Ha publicado ‘Versos desabrochados’ (poesía, 2012), ‘Se hipotecan sueños’ (relatos, 2016), ‘La otra casa en la que te espero’ (poesía, 2018), ‘Marian, mi pequeño volcán’ (novela, 2019). Ha sido incluida en las antologías ‘Todo es poesía en Granada’ (2015), ‘Granada no se calla’ (2018, coordinadora junto con Javier Gilabert), ‘Versos al amor de la lumbre’ (2020) y ‘Dafne’ (2021, coordinadora). Homenajeada junto con otras escritoras por el Ayuntamiento de La Zubia (2019). Finalista del premio de poesía O_Lumen en Madrid (2020), finalista del Premio Internacional de Poesía Dama de Baza (2021). Premio 8M por el Ayuntamiento de La Zubia en la Categoría de Cultura (2021).

Miembro de la Asociación Genialogías con la que recitó, junto con otras poetas, en el stand de la Unión Europea en la Feria del libro de Madrid (2022) y en el Instituto Cervantes de Bruselas, Bélgica (otoño 2022). Su último poemario, ‘La luz de las trincheras’ (Esdrújula Ediciones, 2022), acaba de ver la luz y es la excusa perfecta para que hoy la invitemos a pasar por la Prensa.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Alicia Choin: Los problemas de nuestra sociedad conforman un tema que siempre está en mi cabeza y al que no paro de darle vueltas. Mi escritura se distribuye casi a parte iguales entre lo sentimental y lo social. Mi libro de relatos cortos ‘Se hipotecan sueños’ era de temática social. ‘La luz de las trincheras’ lo terminé al principio de la pandemia. Lo guardé durante mucho tiempo, pero hace unos meses pensé que no podía seguir oculto en lo más profundo de mi ordenador, como un repudiado y que si no lo sacaba, sería tan hipócrita como el nombre que da título a mi primer poema del libro: “Poeta hipócrita”. Sé que mi voz es un grito ahogado y que seguramente no sirva de nada, pero espero que al menos nos lleve un rato a reflexionar sobre el camino terrible que está tomando nuestro mundo.

Portada de ‘La luz de las trincheras’ de Alicia Choin

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

El primer poema, ‘Papel mojado’, lo escribí hace v años para un acto en el que participamos un buen número poetas en contra de la guerra de Siria y en apoyo a los refugiados. Por aquel entonces, no pensé que en algún momento sería el pistoletazo de salida de este libro. Años más tarde, mis hijos, mi hermana y yo vimos la película ‘Feliz Navidad’ dirigida por Christian Carion. Me quedé impactada al conocer la historia de la Tregua de Navidad.

La víspera y día de Navidad de 1914 hubo una tregua en las trincheras cerca de Ypres (Bélgica). Los bandos opuestos celebraron juntos la Navidad, enterraron a sus muertos, se intercambiaron obsequios, enseñaron fotos de sus familiares e incluso jugaron un partido de fútbol. Luego tuvieron que volver a matarse. Eso me hizo pensar en cómo muchas de las personas que se han matado entre sí en el frente habrían podido llegar a ser los mejores amigos del mundo si se hubiesen conocido en otras circunstancias y cómo a menudo estamos dirigidos por unos hilos que mueven nuestros designios a su antojo sin que podamos hacer nada para evitarlo. Y entonces surgió la idea del libro.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Lo primero es que no esperen encontrarse con un poemario tradicional de figuras retóricas y temática sentimental. Es un texto fácil de leer, pero en algunos casos, difícil de entender. Algunos poemas solo se pueden comprender si se conoce el momento histórico que hay detrás. Cuando lean “Lídice”, “Tregua de Navidad”, “Solución final”, “Muerte de la marcha de Brünn” y “Los zapatos del Danubio”, por ejemplo, es necesario que sepan su historia. Por eso, recomiendo investigar un poco antes de leer esos poemas. 

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Me gustaría que los lectores fueran conscientes de la importancia que tiene conocer nuestra historia para intentar no repetir los errores del pasado. También desearía que, al leer el poemario, los que vivimos en “El paraíso acotado” nos demos cuenta de la suerte que tenemos y cómo muchas veces magnificamos problemas que son nimios comparados con los que tienen otros ciudadanos del mundo.

¿En qué medida veremos en él —o no— a la Alicia Choin de tus anteriores obras?

Los lectores que hayan leído mi escritura más sentimental y sensorial no encontrarán a la Alicia Choin de esos textos y pensarán que ‘La luz de las trincheras’ lo ha escrito una persona totalmente distinta. Quienes hayan leído ‘Se hipotecan sueños’ sí verán esa carga social, aunque sin todo el sentimentalismo de ese libro. He querido despojarme de todo el aspecto sensorial para ir directamente a la realidad, la crudeza.

¿Ha influido la guerra de Ucrania en alguna medida en el hecho de que te hayas decidido a publicarlo ahora? ¿Puede la poesía ayudar en esta situación?

Sí, es posible. Como te decía antes, este poemario lo terminé antes de que existiera la guerra de Ucrania, pero desde luego, la tragedia de esta guerra y de otros muchos conflictos y situaciones terribles en el mundo me ha empujado a no dejarlo más tiempo guardado. En este poemario no hay ningún poema específico sobre Ucrania. Podría haber añadido uno en el último momento, pero creo que a veces cuando algo no está, en realidad está en todas partes. No quiero que los lectores me den una palmadita por haber escrito sobre la guerra de Ucrania; lo que quiero es que, cuando terminen el libro, su contenido les haga reflexionar sobre esta terrible guerra y el resto de conflictos y problemas en el mundo. En nuestra sociedad tendemos a poner el énfasis en cuestiones que no son importantes y frivolizamos las que deberían tener más peso. Como digo en mi poema “Huir de la guerra de la humanidad”, “la desgracia nos hace mirar a otro lado y servirnos una taza de café”.

Me gustaría pensar que la poesía es ese “arma cargada de futuro” que decía Gabriel Celaya. A veces creo que a esa arma poética le hacen falta más balas. La poesía social no goza de mucha aceptación incluso entre muchos poetas. Otras veces es tachada de inoportunista. Yo creo que todos tenemos un compromiso con nuestra sociedad. Los sanitarios nos curan el cuerpo con el arma de sus conocimientos; los poetas deberíamos intentar sanar el alma con el poder de la palabra y cargarla de conciencia. Es como la película “Cadena de favores” donde cada persona tenía que ayudar a varias personas al día, lo que se traducía en una enorme cadena de favores con efecto dominó. Ojalá existiese una cadena de palabras donde la palabra, cargada de conciencia comprometida y no fingida, produjese este efecto dominó en la sociedad. Cuando decimos “te doy mi palabra”, no solo damos la palabra, ofrecemos nuestro compromiso de hacer algo. La palabra comprometida es la semilla de la acción.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘La luz de las trincheras’, ¿cuáles serían?

Me ha recordado a cuando le preguntaba a mi padre “papá, papá, ¿a quién quieres más? ¿A Carlos, a Marian o a mí? Y él siempre me contestaba: “Qué dedo me corto que no me duela”. Pero vamos allá… ‘Tregua de Navidad’, ‘Papel mojado’ y ‘Cinema Paradiso’. ‘Tregua de Navidad’ por lo que significó ese momento histórico y porque termino diciendo que la “verdadera patria está en el amor de los hombres”. ‘Papel mojado’ para que no olvidemos el drama de las personas que mueren en el mar porque querían buscar esa vida que nosotros ya tenemos. Y “Cinema Paradiso” porque ojalá la última proyección de nuestras vidas fueran los recuerdos de todos los besos que llenaron nuestros años. Además, esta película la vi durante el confinamiento con mis hijos Fernando y Luis, lo que más quiero, y su banda sonora de Ennio Morricone tiene un significado muy especial para mi hijo Luis y para mí. 

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

Uhmmm… No estoy segura. Los últimos poemas que he escrito son más costumbristas. No tienen la sonoridad, el aspecto sensorial ni sentimentalidad de mis otros poemarios, pero tampoco el carácter directo y prosaico de este. Es posible que ahora esté en una combinación de ambos. De todos modos, mi próxima publicación, si todo va bien, será una novela que, me acabo de dar cuenta, combina mis dos trayectorias literarias: sentimental e histórica.

Por último, como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Se me vienen a la cabeza muchos poetas. En este caso, voy a sugerir al joven poeta Guillermo García Domingo. Tuve el honor de amadrinarlo en un acto del festival de Poesía en el Laurel, en 2021. Cuando lo conocí y lo leí, pensé que yo lo estaba amadrinando porque lógicamente podría ser su madre por la edad, pero si no hubiese sido el tema de la edad uno de los factores determinantes, debería ser él el que me hubiera amadrinado a mí. Con lo joven que es, me fascinan su madurez y voz poética. Guillermo dará mucho que hablar y que leer. Me apasiona también ver que las nuevas generaciones vienen pisando fuerte con la poesía. A diferencia de lo que solemos decir los mayores, yo sí tengo mucha esperanza en muchos de nuestros jóvenes. Hay jóvenes increíbles de los que deberíamos aprender. Y Guillermo es uno de ellos. 

Poemas de Alicia Choin

TREGUA DE NAVIDAD

El señor es mi pastor, nada me falta (Salmo 23)

24 de diciembre, Ypres (Bélgica), 1914

La trinchera es un árbol de navidad.
La soledad enciende sus luces.
La batalla puede esperar unas horas.
Nos damos la mano. Felices fiestas.
Hace frío, me cobijas con la manta 
con la que no arroparás 
al amigo que mataré yo.
El hielo y el olvido cubrirán su cuerpo.
Los recursos son escasos.
Demasiados daños colaterales.

Me has enseñado fotos. Tu hijo
se parece al mío. ¿Cómo podré apretar
el gatillo mañana?
¿Quién es el verdadero enemigo?
Papá estado devora a sus hijos.

Intercambiamos obsequios 
en vez de disparos.
Esta noche no silban las balas.
Cantamos la música de la paz.
Enterramos juntos a nuestros muertos
y pedimos perdón. 
Rezamos al mismo Dios.
La buena nueva es que ha nacido
el Mesías que no nos podrá salvar.
Ten mucha suerte y huye de mí.

La verdadera patria está en el amor de los hombres.

PAPEL MOJADO

Tenía un campo de almendros
en la mirada, cinco años
y besos de algodón.
Podría haber sido mi hijo
y por eso me habría dado la mano,
un paseo en barquita, no temas,
mamá nunca miente.

A lo mejor yo estaba en el cine,
tomando ansiolíticos para el estrés
o quejándome de ese kilo de más,
cuando el mar fue su sudario
y el silencio de la muerte 
su única plañidera.

Los señores feudales de Europa
hacían garabatos con sus firmas,
escuchaban música ambiental
entre platos de alta cuisine,
sonreían y se daban 
puñaladas en la espalda,
mientras el niño 
del campo de almendros 
en la mirada, se hundía.
Y quizás yo paseaba
por jardines civilizados, 
ahora que entraba el buen tiempo
y deshojaba margaritas sin acordarme,
acaso durante el telediario, 
de esa fosa común de nenúfares inertes.
Cuerpos sin vida que flotan
como mensajes en una botella
que nadie recogerá
lo mismo que este poema:
solo papel mojado.

CINEMA PARADISO Y BÉSAME MUCHO

Si los balcones no estuviesen llenos 
de “Todo irá bien”, si no nos levantásemos 
con una losa en las entrañas y la pregunta
¿de verdad…?, entonces no estaría escribiendo esto.

Si no hubiésemos aplaudido a las 8 a los ángeles 
de las batas blancas y respirado aliviados 
al escuchar las palmas de los vecinos, si para dormir,
no contásemos los miles de besos que daremos,
si no soñásemos que los abrazos no sean pecado, 
entonces no estaría escribiendo esto.

Y si no hubiésemos empezado a poner nombres 
a los números, si la sonrisa no estuviese aplastada por 
las mascarillas y no hubiese visto Cinema Paradiso 
desde mi muralla anticovid, no escribiría esto.

Si todo eso no hubiese ocurrido, no sabría que el futuro 
que deseo es el pasado  de las películas, la amistad camina
por las calles y nos amamos en terrazas sin toques de queda.

Por eso quiero pedirle a la última proyección de mi vida, 
que me guarde una butaca en primera fila con palomitas 
para compartir, mientras escucho a Ennio Morricone,
veo todos los besos que la pandemia  me censuró 
y te doy todos aquellos que no te di. Ese será
mi último couplé: “bésame mucho, tanto como
si fuera la última vez”.

Javier Gilabert
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