Prensado en frío

Reinaldo Jiménez: «Los libros son un tamiz por el que pasamos nuestra propia vida»

Portada de 'Sobras de pan' de Reinaldo Jiménez
Portada de 'Sobras de pan' de Reinaldo Jiménez

Reinaldo Jiménez: «Los libros son un tamiz por el que pasamos nuestra propia vida»

Reinaldo Jiménez nació en 1969 en una pequeña aldea de La Herradura llamada El Cerval, en Almuñécar, Granada. Ha publicado los libros de poemas O la sien sobre el lodo (Lorca, 2000), Al paso volador de las perdices (VII Premio de Poesía Enma Egea, Cartagena, 2001), Paisajes sobre el agua (VII Premio Tardor de Poesía de Castellón, 2002), El vuelo único (X Premio de Poesía Alegría de Santander, 2006), Habitarás la casa (19ª edición del Premio Bienal de Poesía Provincia de León, 2012), De la mano (XXI Premio de Poesía Antonio Machado en Baeza, 2017) y Sobras de pan (V Premio Internacional de Poesía Jorge Manrique, Palencia, 2021).

Maestro de profesión, parte de su quehacer literario está dedicado a los niños. Tiene editados los libros de poesía infantil Poecuentos (Málaga, 2003) y Operación Bellota (Valencia, 2008); y de teatro La Bella no Durmiente (Valencia, 2005), La manzana (Valencia, 2006) y, junto con Juan Ramón Barat, Más vale títere en mano (Valencia, 2004).

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Reinaldo Jiménez: ‘Sobras de pan’ se ha nutrido en gran parte de experiencias vitales muy intensas, como todo lo que ha supuesto la pandemia, la muerte de mi padre y la de algunos seres muy queridos, el esfuerzo por estar entre niños y mantenerlos a salvo del desánimo, o al menos gestionar la incertidumbre. Pero también es el resultado o refleja, porque no puede ser de otro modo, ese proceso de maduración personal y por tanto poética. La necesidad de abordar estas vivencias desde la emoción, pero también desde la reflexión, de encontrar un sentido ha ido pulsando en estos poemas. El libro ha tenido la fortuna de ganar el V Premio Internacional de Poesía Jorge Manrique y por eso aparece ahora, pero su contenido no se acota a la urgencia de un momento en concreto, ya que como digo, es el resultado de una reflexión sobre la propia existencia.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Es difícil saber para mí cómo surge un libro porque lo hace a la par que la misma vida, no hay algo programático que lleve a la culminación del libro. Después de publicar mi anterior libro, De la mano, fueron surgiendo poemas ligados a  reflexiones sobre las vivencias o la enseñanza de seres queridos (como el poema El horno, que dedico a mi madre, Dulce de membrillo, dedicado a Teresa, mi mujer, o De noche al abrazarla, a mi hija); otros indagaban sobre la capacidad de las propias palabras para acercarnos a esa frontera de lo que queremos decir en los poemas. Este eje de los seres queridos, la reflexión sobre las palabras, lo que somos capaces de expresar, junto con otros poemas en los que el marco de la naturaleza estaba muy presente, fueron configurando en un principio el poemario. Sin embargo, acontecimientos como la pandemia, la muerte de mi padre, de amigos que se fueron demasiado pronto, dieron un giro, que se advierte sobre todo en la segunda parte del libro, hacia un enfoque, dentro de ese tono meditativo, más racional , como teoría casi de la propia existencia. Tal vez en este momento es cuando  tomé conciencia de que el libro iba cobrando entidad como tal, tanto en su estructura como en esa indagación que siempre supone, para mí al menos, la creación de un libro.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

En primer lugar que es un libro que no pretende una fulguración inicial, sino un ir creciendo en su lectura o sus lecturas sucesivas. 

Que el discurso del libro está vertebrado por lo humano y por la referencia a los seres queridos: “en torno a tres poemas axiales, como un esqueleto genealógico que se hace explícito en las dedicatorias: el primero, “El horno”, dedicado a la madre (p. 13); el central, “De noche, al abrazarla”, a la hija (p. 39); y el último, “Sobras de pan”, al padre (p. 65). En ese linaje, en esa continuidad, se sitúa el poeta (“Cuerpo mío, ¿qué abrazas, sino / toda una estirpe en este abrazo único?”) y su compañera (“Y tú traes en tus manos, como si culminaran / en ti tantos procesos, el dulce de esos frutos…”)”, escribe Almudena Rubio.

Que hay una estructura especular que aporta conceptualmente al desarrollo del libro, como explica también Almudena Rubio en su reseña sobre el libro, dice: “una estructura simétrica y a veces especular. Por ejemplo, “En el huerto” (“Labro esta tierra como quien escribe…”) abre una poética que se cierra en “Nigredo”: “…por eso es esta seda / hacia el abismo / de lo que somos / en desconocimiento, / por eso es este altar / en las palabras”. Especular es también el agua que corre inocente “En este río que no alberga tiempo…” (“Barco de hoja de caña”, p. 21) frente al agua funeral que resbala sobre el féretro en “Agua bendita” (p. 58); o los espacios liminares de “Lindes” (“Nombrar acaso es la primera muerte”, p. 36) y “La palabra primera” (p. 44).

Que toda esta arquitectura que se vale de lo humano, la naturaleza, la emoción, la intuición,  la meditación o la reflexión, de lo cotidiano, de lo sencillo, que no abandona el discurso racional (nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino por hacer consciente la oscuridad, recojo en la cita de Carl  G. Jung), pretende poder asomarnos a ese misterio de la existencia, de lo que somos, a esa frontera de un misterio, de una oscuridad tan reveladora como inexpresable.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Seguramente el libro se hará nuevo y diferente para cada lector. Será un poema u otro el que guste más o menos porque, al leer, los libros son un tamiz por el que pasamos nuestra propia vida; pero sí me gustaría que quedara en quienes lean estos poemas esa sensación de que la vida cotidiana, lo sencillo, los seres que nos rodean tal vez posean una verdad, esa verdad que no es propia ni es de nadie y a la vez es de todos, (Tu verdad  no, la verdad…que decía Machado) que da sentido a nuestra existencia.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Reinaldo Jiménez de tus anteriores obras?

Es clara la continuidad con libros anteriores como Habitarás la casa o De la mano, por constantes como son la presencia de la naturaleza, de los seres queridos, ese tono meditativo, pero en cada uno hay una evolución o se incide en algunos aspectos que los hacen también diferentes, a veces en matices muy sutiles como pueda ser la trascendencia de la naturaleza en Habitarás la casa o un tono más celebratorio en De la mano; en Sobras de pan, que también es un libro atravesado por la muerte, se pone atención a la reflexión sobre la propia existencia y ahonda de una manera quizá más depurada que en los anteriores libros.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Sobras de pan’, ¿cuáles serían?

Pues, porque son el eje que vertebra el libro y centran la atención en lo humano, en los seres queridos, pero también porque condensan y secuencian ideas claves del libro: La aceptación de la incertidumbre, el milagro de la existencia, la noche o la oscuridad como ámbito clarificador, la esencialidad de lo sencillo y cotidiano, la gratitud; por todo esto los poemas serían: El horno, De noche al abrazarla y Sobras de pan.

¿Supone haberte hecho valedor del V Premio de poesía Jorge Manrique gracias a este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

En mi caso, los premios literarios han hecho posible la publicación de prácticamente la totalidad de mis libros de poesía. Por supuesto que un reconocimiento, la difusión de la obra que supone ese premio, la edición, son motivo de gratitud y de alegría, pero en ningún momento condicionantes que puedan generar algo más que no sea esa autoexigencia que ya implica participar en concursos literarios. No hay por tanto un punto de inflexión, no lo ha habido en otras ocasiones, sino una continuidad y entiendo que una evolución, que es la que seguramente aparecerá en los nuevos poemas y que es difícil concretar, más aún tras un libro que ha supuesto un gran esfuerzo de depuración, de conjugar de alguna manera la intuición, la emoción, el intento de hacer trascender el discurso racional para acercarse a esas lindes de lo que somos capaces de expresar.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’? 

Sin duda alguna, a Tomás Hernández. Su obra poética me parece de una gran importancia, de gran altura,  y creo que es una voz y un referente a tener en cuenta para quienes buscamos y nos gusta leer poesía de la verdadera, de la que perdura. 

Poemas de Reinaldo Jiménez

EL HORNO

A mi madre

Como quien se arrodilla 
a la entrada de un templo, me he postrado 
ante la arquitectura ya vencida
de adobes de este horno.

Esgrime el abandono en torno a él 
lagartos y piteras y un higuerón da al aire 
una aspereza inhóspita.

Sobre su boca ungida
de hollines aún se advierte 
como un relieve se hunde 
de cruces en la cal.

Labró la gratitud, la mano humilde,
aquellos signos que no ha borrado el tiempo,
que en la extrañeza de este desamparo
han abierto en un oro de inesperado amor.

Igual que tú, ante ellos
también me he persignado, madre,
con idéntica fe aguardaré aquel pan.

DE NOCHE, AL ABRAZARLA

A mi hija

¿Qué es esto, que al borde de la noche,
al abrazarla, va negando la noche?

Cuerpo mío que abrazas el relámpago
de este río de sangre, de esta carne
heredada que rompe en el cuerpo menudo
de esta niña que duerme.

Cuerpo mío, ¿qué abrazas, sino
toda una estirpe en este abrazo único?

Venga a nosotros, hija, la noche
que no vence a este abrazo sencillo;
espuma somos, ola 
de una rompiente que llamamos 
vida.

SOBRAS DE PAN

A mi padre

Quedó sobre la mesa el pan humilde,
un resto apenas, en el que reparaste
como si en él hallaras una deuda.

Igual que quien entona 
un himno ibas abriendo tajo 
a la memoria. Mientras ardía el mundo
entre sus hielos, eran
tus palabras un fuego consolador 
y puro.

Congregaban la vida 
en torno a aquellas sobras. 
Y en tus ojos, de pronto descuajaba
una lumbre, y las bestias
con su arado rompían, una a una,
de la casa las sombras, y la mesa
era un mar de cereales
ondeando qué dicha, y una harina de luz
inundaba la estancia.

Y yo quería besar el aire
que modulaba tus palabras,
besar el pan humilde, padre,
como cuando era niño.

Besarlo.

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Javier Gilabert
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