Crónicas de conciertos

Una cejilla mal colocada: la honestidad de Quique González

Quique González en concierto en Granada. Foto de María Ruiz
Quique González en concierto en Granada. Foto de María Ruiz

Una cejilla mal colocada: la honestidad de Quique González

(Crónica del concierto de Quique González en el Auditorio Manuel de Falla. Granada, 12.03.22)

Conviene, sí, que comience por la segunda de las más de dos horas de buena música que nos regalaron Quique González y sus chicos el pasado sábado 12 de marzo en el Auditorio Manuel de Falla de Granada. ¿Qué por qué? Sencillo: en uno de los escasísimos parlamentos del madrileño constaté lo que durante más de dos decenas de canciones venía rondándome la cabeza: tenía delante a un músico íntegro y honesto.

Íntegro, porque tanto cuando nos presenta los nuevos temas de su último trabajo, ‘Sur en el Valle’, como cuando rescata canciones de discos anteriores «restaurados como un buen coche antiguo» —en palabras del propio Quique—, no ha perdido ni un ápice de lo que le hace único: su sonido y el cuidado, a modo de artesano, que pone en cada nota, cada acorde, cada arreglo, cada armonía, en todas y cada una de sus canciones.

Esa manera de articular su repertorio a lo largo de más de dos décadas ya de trayectoria lo coloca en lo más alto de la escena patria, y en la línea de artistas como el desaparecido Rafael Berrio o José Ignacio Lapido, quienes también tendrían su momento de gloria durante el show: el primero, porque recibió un sentido homenaje cuando Quique y los suyos versionaron su ‘Considerando’ (uno de los temas de ‘Niño futuro’ (2019), su último disco) y el segundo, al que el cantautor madrileño mencionaría en varias ocasiones sosteniendo que, junto a Rafael, es “uno de los mejores letristas de este país y parte del extranjero”.

Por mi parte, me permito afirmar que González comparte con ellos escalón en el podio de la lírica española del rock. De hecho, otra de las sensaciones que me transmitió su directo fue que nos estaba contando una historia; su espectáculo tiene una narrativa perfectamente hilada, una trama argumental en la que nos atrapa durante más de dos horas y  al que asistimos —la mayor parte del tiempo en un silencio casi reverente— como hipnotizados, asintiendo en todo momento con la cabeza, y que tiene, evidentemente, su propia banda sonora. 

Pero me centro y continúo con lo que decía al principio: íntegro y honesto. Honesto porque ya desde el segundo tema se pone de manifiesto lo que me habían contado sobre él: de un lado, estamos ante una Banda con mayúsculas, un grupo de amigos —da lo mismo que sean recién llegados, como es el caso de Diego Rojo, el bajista que viene a sustituir a Jacob Reguilón—, relativamente nuevos, como el Raúl Bernal a los teclados, Hammond, coros y acordeón, o de los que llevan con el mucho más tiempo, caso éste del batería Edu Olmedo (“el mejor de todos”, según González) y del guitarra Toni Brunet, quien también le da la réplica a las voces y que produce el nuevo disco, a los que admira, quiere y cuida tanto como a sus propias canciones. Y esto se hace extensivo al resto de la troupe: técnicos de luces y sonido, road manager, backliners, conductor y responsable de merchandising… Para todos tuvo hermosas palabras y bellos gestos, y todos y cada uno de ellos cuenta con su respeto y su cariño. Eso no se puede fingir.

No, no se puede fingir la honestidad. Se demuestra, es el caso de Quique, con una carrera intachable de principio a fin como la suya, con trece discos en los que evoluciona pero no pierde su esencia, con una voz propia y un decir que compartió con el respetable que, puesto en pie, le mostró su agradecimiento con una ovación de más de cinco minutos, sólo interrumpida por el propio González cuando tras veintiuna canciones y las cuatro del bis nos pidió que nos quedáramos así, en pie, para coger su Telecaster –único momento en el que empuñó una eléctrica, ya que para el resto utilizó su arsenal de acústicas, perfectamente suministradas y puestas a punto por Alberto Chico “Flamen”— y cerrar con ‘Vidas cruzadas’ (‘La noche americana’, 2005).

También, con detalles como el que se produjo bien mediado el concierto cuando, de manera totalmente espontánea, compartió con nosotros una anécdota del concierto del día anterior, en Almería, en el que arrancó ‘Se estrechan en el corazón’ (‘Me mata si me necesitas’,  2016) colocando la cejilla en un traste diferente y automáticamente la banda se adaptó y la tocó en una tonalidad diferente, salvando los muebles. Un gesto que le honra y que le sirvió, de una parte, para expresar de nuevo su agradecimiento y admiración por el buen hacer de sus compañeros de aventura y, de otro, para demostrar su profesionalidad y el empeño absoluto que pone en hacer su trabajo de la mejor de las maneras posible (“cosas que pasan —dijo, no sin cierto pesar—, pero que no deberían pasar nunca”).

Fue el de anoche un concierto memorable, con un repertorio escogido (y diferente, pues rara vez repite dos setlists idénticos) ex profeso para Granada, una ciudad con la que sigue estrechando lazos como los que ya le unen a José Ignacio Lapido, Luis García Montero o al propio Raúl Bernal, en el que al tiempo que estrenaba las canciones de ‘Viento del Sur’ recuperaba temas de sus amplísimo repertorio —‘Personal’ (1998), ‘Salitre 48’ (2001), ‘Pájaros mojados’ (2002),  ‘Kamikazes enamorados’ (2003), ‘La noche americana’ (2005), ‘Ajuste de cuentas’ (2006), ‘Daiquiri Blues 2009’, ‘Delantera mítica’ (2013), ‘Clase Media’ (2014) y ‘Me mata si me necesitas’ (2016)— y nos los entregaba como un todo perfectamente integrado, diseñado con exquisito buen gusto, y arropado con primor gracias a los musicazos de los que se rodea, y junto a los que los convierte en un regalo para los oídos y las almas de los elegidos —pues así nos hizo sentir— cuya complicidad conquista desde el principio hasta el final del espectáculo.

Un par de detalles para finalizar que terminan, a mi entender, de definir al protagonista de la noche: a la entrada al Auditorio se nos obsequió con un programa en papel en cuyo interior se reproduce, por un lado, ‘Blues en el valle’ un texto del poeta cántabro —su tierra de adopción desde hace 17 años—, Martín Bezanilla que inspirara el título del disco y que se incluye en el libreto del CD, y por la parte de atrás del mismo, los nombres de todos y cada uno de los integrantes del equipo que le acompaña durante la gira. Ese y las dos veletas que flanquean a los músicos sobre las tablas y que le dan un toque de color a la sobria puesta en escena y que podemos encontrar en el merchandising de éste su último trabajo.

Javier Gilabert
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