La Fuerza de la Palabra

¿Diplomacia con veto?

Foto de Emilio Morenatti

Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, debemos reflexionar, con apremio y firmeza, sobre las causas de esta guerra, de los demás conflictos, de la existencia de armas nucleares, de la gobernanza plutocrática, de amenazas globales potencialmente irreversibles…

Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte… que se extiende hacia el este y habla en nombre de la ciudadanía europea… Deber de memoria.

Pensar en la razones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial -el supremacismo ario, romano y nipón, porque la Sociedad de Naciones había sido desde el mismo inicio abandonada por los Estados Unidos- … Pensar en que ha sido el veto de los vencedores el que ha hecho inoperante el excelente diseño multilateral de Roosevelt en las Naciones Unidas… quedando sin efecto la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”…

Acabamos de comprobar la irrelevancia de las Naciones Unidas, porque 196 países están a merced de la voluntad de cinco… Y también la irrelevancia de la Unión Europea, que debe adoptar decisiones por unanimidad, lo que se traduce en 27 vetos, porque la unanimidad es la antítesis de la democracia… Y por ello resulta que no es Europa si no la OTAN la que se expresa en su lugar.

Todas las crisis pueden convertirse en oportunidades de cambio. La crisis actual, originada por la razón de la fuerza, puede convertirse en impulso de un gran movimiento mundial en favor de la fuerza de la razón, de la mediación, de la palabra, de un multilateralismo democrático a escala mundial, que permita, cuando ya se apuran las posibilidades de acción ante amenazas globales irreversibles, la puesta en marcha efectiva de la Agenda 2030 y de los Acuerdos sobre Cambio Climático.

Sí: ahora, por primera vez en la historia, se está consiguiendo el reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, sin discriminación alguna por razón de género, etnia, ideología, creencia, sensibilidad sexual… Ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos pueden expresarse libremente, gracias a la tecnología digital y pueden, por tanto, participar, que es la base de la democracia…

Ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos” podemos, plenamente conocedores de la situación presente y de las tendencias, levantar la voz y cumplir nuestras responsabilidades esenciales con las generaciones venideras… No podemos seguir abducidos por el inmenso poder mediático -“arma de distracción masiva”, según acertada definición y advertencia de Soledad Gallego-. Nunca más espectadores, sino actores para la gran transición desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz.

Deber de memoria para la acción resuelta. Delito de silencio. Ha llegado el momento de una gran coalición global, liderada por las mujeres y la juventud, en favor de la paz y la no violencia, de la resolución de los conflictos en el contexto de un multilateralismo democrático que desplace la gobernanza de los G6, G7, G8 y G20.

Coalición mundial para la gran transformación de la fuerza a la palabra, reformando a las Naciones Unidas mediante una nueva composición de la Asamblea General, que incluiría de verdad a “los pueblos” con un 50 % de representantes de la sociedad civil, que se añadirían a los representantes (el otro 50 %) de los Estados, y donde el veto sería sustituido por porcentajes bien ponderados y equilibrados…

Nosotros, los pueblos“ para, ahora sí, poder mirar a los ojos de nuestros descendientes y decirles que no les dejaremos un planeta con la habitabilidad deteriorada; que las ojivas nucleares serán inmediatamente eliminadas; que los paraísos fiscales desaparecerán y los ingentes medios dedicados hoy a la defensa territorial también tendrán en cuenta la seguridad humana-alimentación, agua, salud, educación, cuidado del medio ambiente-de quienes habitan estos territorios tan bien protegidos…

Para estas impostergables transformaciones es ineludible erradicar la imposición y sembrar la democracia: democracia a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Igual que en 1948 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos, las nuevas Naciones Unidas podrían adoptar una Declaración Universal de Democracia para abordar y resolver los problemas de la nueva era.

La decisión de Putin en primerísimo lugar, pero teniendo en cuenta también otras cosas que debemos lamentar y reconducir del conflicto de Ucrania. Podemos convertirlas en oportunidad de cambio si, plenamente conscientes de lo que ha acaecido en el pasado, nos disponemos a cambiar con diligencia para ser, por fin, “Nosotros, los pueblos” los que tomemos en mano las riendas del destino común.

Federico Mayor Zaragoza
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