Prensado en frío

José María Higuera: «Tengo la impresión de que a la poesía nunca se llega»

Portada de 'Proyecto de interiorismo', de José María Higuera
Portada de 'Proyecto de interiorismo', de José María Higuera

José María Higuera: «Tengo la impresión de que a la poesía nunca se llega»

José María Higuera (Córdoba, 1970) realizó estudios hasta acabar el Bachillerato. Curso después tres años de Talla Artística en la Escuela de la Merced de la Diputación de Córdoba. Desde entonces su labor profesional se desarrolla en el arte, como tallista ornamental en madera. Durante más de veinticinco años ejerce este oficio con taller propio en Córdoba, donde reside, adquiriendo un cierto prestigio en la profesión con importantes obras tanto en Córdoba como en el resto de Andalucía y fuera de ella.

En cuanto a la poesía, al igual que en su profesión, se declara autodidacta en un tanto por ciento importante. Desde hace algo menos de dos años comienza otra etapa de escritura más continua y rigurosa.

A finales del año 2020, su primer poemario, ‘Proyecto de interiorismo’ (Editorial Rialp-Colección Adonáis, 2021) comienza su andadura con la siguiente trayectoria: finalista del LIII Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola 2021, finalista del XLII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla 2021, finalista del XXXI Premio Internacional de Poesía Gil de Biedma 2021 y, finalmente, ganador del Premio Internacional de Poesía Alegría 2021 del Ayuntamiento de Santander.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

José María Higuera: El libro dio comienzo antes de saberse libro en una suma de causas y actos de amor o de cariño en la vida y en la poesía y cada poema fue surgiendo por donde supo y se sujetó a diferentes razones. El libro es una consecuencia. Un bonito final para una historia que ya empezó siendo bella. Creo que se merecía este final.

Y ha sido ahora porque me pareció que los poemas buscaban la luz y la encontraron en este tiempo y en este lugar. Confiaron en mí cuando no los conocía, los puse de acuerdo y ahora ya no son míos. Solo me queda acompañarlos con “Alegría”. Que hablen de mí como ellos sepan. La confianza es mutua.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

En este caso, fui escribiendo poemas sin una idea de libro, al menos aún no lo sabía. A base de  leerlos y releerlos te vas dando cuenta de que hay un lazo entre ellos, un hilo que los une que seguramente tiene que ver con la mirada del que escribe. A vista de pájaro, los organicé como un proyecto de decoración humana y estuvieron de acuerdo. A finales de 2020 ya lo tenía hilvanado: Proyecto de interiorismo.

El libro se divide en cuatro capítulos: Consolidación de estructuras, Gama cromática, Espacios interiores y Sótanos, desvanes y trasteros. Todo es una excusa, un doble juego donde trato de hablar del interior de la persona, de sus anhelos, preocupaciones o sentimientos y de los interrogantes que todos nos formulamos, mezclando realidad e imaginación. Mario Ruoppolo pregunta en la película El cartero de Neruda: “¿Usted cree que el mundo entero es la metáfora de algo?”. Yo diría que sí: todo el libro es la metáfora de otra cosa.

Lo concibo desde la ficción, poniendo mi mirada en cualquier circunstancia que me llame la atención o preocupe, en un recorrido que puede ir desde un bonsái o unos patitos de goma hasta el alma buscando quizás respuestas o más preguntas y algo de belleza.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

A los lectores, les pediría que entren y se sientan cómodos y libres, que traten de ver y oler las imágenes que planteo en los versos, que los habiten y los hagan suyos, que cuando salgan sepan que han estado en su casa.

J.G.: ¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Me gustaría que les cause sensaciones, que se cuestionen cosas, que algo se les remueva, que les deje el regusto de un sabor nuevo o ya conocido, de algo hermoso. Desearía que se instalara en un lugar cercano, un lugar placentero donde acudir sin ir muy lejos.

Éste, tu primer libro, ha tenido la siguiente trayectoria: finalista en el LIII Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola 2021, finalista en el XLII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla 2021, finalista en el XXXI Premio Internacional de Poesía Gil de Biedma 2021 y finalmente, ganador en el Premio Internacional de Poesía Alegría 2021. ¿Hasta qué punto es una responsabilidad estrenarte en el mundo poético de este modo?

Leído todo así seguido y en tan breve espacio puede causar vértigo, pero no es el caso.

Me produjo al principio una grata sorpresa, pues no lo pensaba. Después, una gran satisfacción de la que trato de disfrutar conforme va viniendo y dándole su tiempo. Asimilo lo bello de cada instante.

Más que sentir una responsabilidad, me ha supuesto un apoyo que, por otra parte, ya tenía de quienes lo habían leído. Ha sido muy gratificante sentirme respaldado por la trayectoria del libro y por el jurado tan prestigioso que compone el Premio Alegría del Ayuntamiento de Santander.

Comenzar con un primer poemario de esta manera y publicar en la Colección Adonáis es un privilegio que digiero desde la humildad y con un único propósito que ha sido el mismo desde siempre: disfrutar de escribir, que me cause buenas sensaciones, sentirme satisfecho, compartirlo con quien me quiere. 

Después, que siga su camino si es el caso, sin ninguna pretensión.

Te declaras autodidacta en lo que a la poesía se refiere. ¿Cómo y cuándo llegas a ella? ¿Qué es lo que más te ha ayudado a crecer como poeta?

Sí, claro, no puedo decir otra cosa si hablamos del camino desde mi juventud hasta hace algo menos de dos años. En ese primer largo periodo permanecía mi gusto por leer y escribir poesía y recuerdo que mi interés se activó con el olor de la tierra en Miguel Hernández, su fuerza, y con las imágenes en los ojos de Federico García Lorca. Solo escribía esporádicamente, en periodos cortos distanciados de mucho tiempo y para consumo casi personal. En cualquier caso, si entiendes la Poesía como una forma de mirar, siempre estuvo ahí.

Desde hace unos dos años, se incrementaron muchísimo mis lecturas y la escritura. Mi manera de escribir llamó la atención de Inma Pelegrín, quien se posó en mi hombro y su apoyo y consejos han sido, son, muy importantes. También me injertó en el tronco del GPS, un grupo de poetas y amigos donde intercambiamos opiniones y poesía que nos hace crecer. Siempre me dejó claro que lo primordial era mi impronta, cómo lo hacía y mi mirada, que eso ya lo tenía. Me sugirió oficio.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Proyecto de interiorismo’, ¿cuáles serían?

Me cuesta trabajo elegir tres poemas. De modo que represente al libro, en este momento elijo estos: Manzanas, La sola risa de los locos y Buñuelos de patata. Pero mañana podrían ser otros diferentes.

¿Supone este poemario un punto de partida en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

Sí, claro, es el primer poemario que escribo y por su trayectoria y la manera que llevó el proceso, ocupa y ocupará un lugar muy especial. Significa mucho. Esa sensación nueva de que te están leyendo otras personas, de que alguien pueda comprar tu libro sin conocerte es muy agradable y da cierto pudor. Te hace responsable de no defraudar, al menos. Es una bonita historia que continúa.

A partir de ahora… Nunca se sabe. Tengo otro poemario acabado y no sé cuál será su recorrido. Lo que sí sé es que me gustaría que dicho recorrido me hiciera tan feliz como el de éste.

Una curiosidad –pues veo muchas similitudes entre ambas-: ¿qué es más difícil, la talla ornamental (tu profesión) o la poesía?

Las dos tienen su dificultad y se precisa de mucho trabajo si quieres que el resultado sea bueno. En ambas se tocan artesanía y arte, aunque no en partes iguales, y hay una voluntad estética, un intento de atrapar la belleza y que sea percibida. Es algo común entre ellas.

Las dos pertenecen a la creación. La talla ornamental es más física en cuanto a que se palpa, se ve, el arte lo aporta casi todo el dibujo, pero da lugar a poca interpretación de quien lo mira. La Poesía es más transcendental, más etérea, se siente, incluso causa sensaciones diferentes según quién la lea o cuándo se lea. En muchos aspectos ambas se tocan.

Tengo la impresión de que a la poesía nunca se llega y si se trata de definir solo se roza y es lo que la hace como es.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Pensando en que tengan un libro reciente, sean andaluces y no hayan sido entrevistados aún, estaría muy bien que pasaran por aquí Carmelo Guillén o José Iniesta, cuya poesía he descubierto con gusto hace poco.

Quiero agradecerte, Javier, la ocasión que me brindas. Un saludo a todos.

Poemas de José María Higuera

MANZANAS

Respiras en la forma de la esfera
donde la redondez vital del equilibrio
define tu silueta sobre el aire
bailando con tangentes que se fugan:
elipses, hemisferios y parábolas
sostenidas del hilo que te indica.
Pides alas, las tienes. Pide vuelo
tu cuerpo verde, libre de pecado.
Más fruta que la fruta,
más sabrosa que aquello prohibido,
con más verdad que todo lo que existe.
Tu madurez serena, de viaje hacia tu sombra,
en gravedad suspira.
Tu vilo ensimismado de gota en precipicio
que asume lo que cae. Eres agua.
Te llamaré manzana aunque tu nombre
se pronuncie Eva, Inés, Ana, Poema…
Y, aunque el cielo y la esfera se te escapen,
te veo más perfecta que redonda,
en nube y en ti misma definida.
Te retiro la mancha de veneno,
la tentación mordida por serpientes
y ese peso que busca podredumbre.
Te brindo lo que es tuyo y te traslado
a tu género de agua concebida
anegando de vida lo perdido,
de frescura, de brillo, de sustento
que estremece la sangre en quien te puebla.
Resides más allá de cualquier cosa,
defines lo infinito en tu postura,
sabes como jamás nos supo el paraíso.

BUÑUELOS DE PATATA

                                                 Todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa.

                                                                                                        Luis Buñuel

La navaja pasea su afilada sonrisa.
Como una nube, cruza por los ojos,
corta una luna de agua y la abre en dos.
En la monda comienza la derrota,
sola cuelga la ropa de la asfixia.
Se acumula la piel de los ausentes
como el frío en los campos de exterminio
y en la última patata asoma un brote
que nos mira y nos quiere decir algo.
En la cebolla tiembla sangre roja,
en el tomate el llanto nos espera.
Hay parte de verdad en cada sesgo
y una tristeza negra de epitafio
que recubre los restos del banquete,
que se pudre y nos nombra.

LA SOLA RISA DE LOS LOCOS

                                              En un mundo de locos tener sentido no tiene sentido.

                                                      Alicia en el país de las maravillas, Tim Burton

CADA cual acudió
de donde nunca supo.
Dejamos las ideas y la ropa
en un cesto con forma de abandono.
También allí quemamos los colores,
el brillo de los ojos y restos de cordura.
Esperamos ausentes la llamada,
que se abriese la puerta al no sé dónde.
Teníamos gastada la esperanza, las manos
atadas a la lengua y olor a clozapina.
En la sala de espera del infierno estaba
el último lugar inhabitable.
Solo hacíamos caso
al saber injertado de locura.
En uno de sus gestos valoré lo que no era
mirando de la luna el lado oculto.
No recuerdo si me quedó un recuerdo
dormido en la retina de lo insomne
donde aún se mecía tu manera de ser
en un ir y venir desordenado.
Me acuerdo de lo que no dejé atrás,
del hueco en la cancela de mi boca,
del sutil tacto huyendo de los dedos,
de un abrazo, por mí desconocido,
horadando las venas de una piedra.
Un ser que se parece en demasía a mí
descifrando las voces de un sin nombre
algo nocturno. Un dios desubicado.
A la cola del ya no sé cuánto te quiero,
quién deshoja la flor del no me olvides.

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Javier Gilabert
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