Prensado en frío

Francisco Javier Gallego Dueñas: «En la vida suelo refugiarme en el humor pero pocas veces recurro al humor en la poesía»

Portada de 'Somos grieta' de Francisco Javier Gallego Dueñas
Portada de 'Somos grieta' de Francisco Javier Gallego Dueñas

Francisco Javier Gallego Dueñas: "En la vida suelo refugiarme en el humor pero pocas veces recurro al humor en la poesía"

El roteño Francisco Javier Gallego Dueñas, Licenciado en Historia Medieval, Doctor en Sociología y actualmente profesor de Secundaria en su tierra natal, acaba de publicar 'Somos grieta' (BajAmar, 2021), su segundo poemario tras 'Las gramáticas del tiempo' (Takara Editorial, 2017).

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Francisco Javier Gallego Dueñas: Es un libro en gran parte muy confesional, pero se titula Somos grieta porque quería resaltar lo que de común tenemos los seres humanos y, efectivamente, también contiene algunos poemas de carácter más combativo, incluso filosófico. Es un libro duro, especialmente para el autor, porque he intentado indagar en los procesos más íntimos de rabia, de culpa y también de belleza. La experiencia del confinamiento y la pandemia, más que servir como oportunidad para escribir, ha confirmado con tenacidad la dificultad de construirse uno mismo como sujeto individual y más aún, colectivo. Gran parte de los poemas tratan sobre el peso de una identidad siempre en construcción y la tiranía que, implícitamente, supone.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Surge tras el parón creativo que siguió a Las gramáticas del tiempo. En parte incluye una reflexión muy filosófica, especialmente en dos direcciones. Una es la crítica más o menos feroz al concepto de Dios como Bondad, y la otra tiene que ver con un planteamiento crítico del estoicismo. No he llegado a saber si dominarse a uno mismo es la mayor libertad o el sometimiento al mayor tirano.

El libro tiene tres partes y, en el último momento, decidí cambiar la primera con la última. La idea era dar un margen de esperanza, esa luz que se cuela por la grieta a la que hacen referencia las citas de Leonard Cohen y Groucho Marx —una de las razones más poderosas para ser marxista—. Así en el libro se pasa de un yo personal a un yo colectivo.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

No sé hasta qué punto el lector puede encontrar puntos de contacto con la experiencia vital que intento mostrar. Quizás, como señala Hilario Barrero en el prólogo, habría que avisarle que se lo pensara dos veces, Enter at your own risk. Sin embargo, más allá de asustar con la incomodidad, me gustaría recalcar que también tiene elementos de humor. Es la primera vez que incluyo un poema con referencias más o menos eróticas, aunque de una forma muy velada. En la vida suelo refugiarme en el humor pero pocas veces recurro al humor en la poesía.

Algunas de las pistas ya las han comentado algunos amigos que han reseñado el libro. Otra de mis pasiones es la música y, en esta ocasión, he querido hacer más explícitas esas conexiones. He jugado un poco con el lector porque tenía la intención desde hace años de utilizar como títulos algunas traducciones que no fueran tan evidentes de discos o canciones clave en mi educación sentimental. En realidad me he guiado más por la sonoridad del título o la connotaciones que la canción me sugiere que por la relevancia de la canción en mi trayectoria vital. Sería una buena idea acompañarlo con una playlist.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Uno aspira, en principio, a conmover al lector. Con Somos grieta se amplia de alguna forma el receptor inicial de los poemas. En el libro anterior había una gran cantidad de poemas que estaban pensados para un destinatario más concreto. En Somos grieta sigue estando bajo todos los poemas, en algunos más claramente que en otros porque he querido trascender a una especie de existencialismo estoico que pudiera canalizar la rabia con la injusticias del mundo.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Javier Gallego Dueñas de tus anteriores obras?

A nivel formal creo que sigo en la misma línea, intentando domar las palabras para que acaben diciendo lo que yo pretendo decir. He comprobado que, como las dejes sueltas, acaban montando su propio espectáculo pirotécnico y, a poco que el poeta se descuide, quedan vacías y algo rimbombantes. Como he señalado antes, en este libro hay una mayor combatividad, más rabia, dirigida hacia dentro y hacia afuera. Aunque la obsesión sobre el paso del tiempo sigue permanente, no en vano mi formación es de historiador, en Somos grieta no ocupa el lugar principal como en el libro anterior.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Somos grieta’, ¿cuáles serían?

Uno que no puede evitar quedarse con Cuida tus demonios, que dediqué a mi hija Paloma cuando se fue a estudiar a Granada, que fue la ciudad donde yo estudié la carrera de Historia. Elegiría Ibn Arabí Revisited, que es uno de los últimos escritos y El argumento de la obra, que cierra el libro y se revuelve, irreverente, contra el famoso poema de Jaime Gil de Biedma, No volveré a ser joven.

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

En realidad creo que no, que de alguna forma sigue una línea en la que mis obsesiones se siguen plasmando, en especial esa dura lucha de ajuste de cuentas con el pasado, personal, social e incluso ontológico –que es una palabra que suena muy culta–.

Tengo, además de asuntos académicos, varios proyectos que llevo paralelamente. Un libro de aforismos casi terminado, y, en términos poéticos, me gustaría separar la faceta más comprometida de la que marcha, como recomendaba mi admirado paisano Ángel García López, marchar a la polar por la Belleza

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Pues me gustaría recomendar tres autores muy diferentes pero de una cualidad poética superior, que son Rosario Troncoso, Juan Peña y Daniel Cotta Lobato. Cada uno aporta una manera muy personal de entender la poesía y comprender el mundo a través de ella.

Poemas de Francisco Javier Gallego Dueñas

Cuida tus demonios

Para mi hija Paloma

Cuida tus demonios
porque ellos velarán por ti.
Esos que se reflejan detrás de tu espejo,
esos que parecen que te definen,
los que firman por ti
y se cuelan en tus fotos
y en tu memoria.

Cuando tengas miedo, y créeme, lo tendrás,
te refugiarás en lo que te es más seguro.

Tus fantasmas te siguen, te acompañan,
te cuidan,
te alumbran con la cálida luz 
de lo conocido.
Tus miedos te dirán la senda,
la vuelta a casa,
tu amparo.
Las sombras de las sábanas de tu cama
serán tu cueva, tu fortín,
tu refugio.

Pero poda sus ramas más frondosas,
deja el tronco firme,
que no te oscurezcan la luz del día
tus demonios.
Ten cuidado también con lo que alimentas,
porque son golosos,
devoradores de todo lo que está 
a su alcance.
Caminan contigo y hurgan en tus bolsillos,
rapiñan tu ropa
y se cuelan con el polvo en los rincones.
No permitas que colonicen
tu retina.
Marca distancia,
que corra el aire.

Lo sé porque los míos me acompañan,
parece que me cuiden y me definan,
registran mis cajones,
espantan las moscas,
se agazapan entre los cubiertos
y desaparecen entre mis camisas.

Ellos no son tú,
viven de ti a tus espaldas,
y se ocultan en la sombra
que deja el sol de otoño 
por las tardes.

Ibn Arabí Revisited

Todas las cosas son epifanías,
señales de un dios que no existe,
tal es la maravilla y su milagro.
Unas nubes conjugan una danza
y las farolas juegan y se esconden,
cada rama de cada árbol señala
el punto donde vuelan los insectos
si la luz se refleja en el asfalto.
Nuestro dios que no existe se acicala
con ruido de motores,
con graznidos de pájaros,
y olas que se quiebran entre las rocas.
El dios que calla grita
con los colores de Fra Angélico,
con la geometría de los surcos,
en los líquenes amarillos
de las inmaculadas azoteas.
Hay un dios que se oculta
entre los solemnes acordes 
del gran Johann Sebastian 
y las cámaras de tortura.
Es un dios que no existe y nos regala
cada mañana la serena
amenaza de nuestra muerte,
la incertidumbre del dolor
y el gozo del olor de los jazmines.

El argumento de la obra

“envejecer, morir,
es el único argumento de la obra
No volveré a ser joven. JGDB

¿Para qué seguir en el camino
si sabes cómo acaba?
Porque envejecer y morir
o son el verdadero argumento de la obra.
El desafío de la tormenta,
el amor, aunque no sea correspondido,
aberte derrotado y continuar a rastras,
espiar con pudor y delicadeza el baile de una amapola,
ver
envejecer a otros igual que caminan las hormigas,
cuidar cómo otros envejecen
y adornar con guirnaldas
las calles de sus memorias.

El guion que aprendemos no es solo 
la tragedia de una muerte,
es aprender cómo se van los otros
y hacerles el camino más transitable.

Si viniste a comerte el mundo
es justo que acabes derrotado.
No somos quizás más
que gusanos maniatados por la conciencia de la muerte.
Seguimos adelante porque no queda otra,
porque a los otros solo les quedamos nosotros,
porque debemos quemar las naves
y evitar el vacío.
Porque la obra dura muchos actos, 
muchos años,
aunque sean solo dos segundos;
porque no tenemos apuntador
y nuestro director de escena es un patán insolente.
Improvisemos en esta obra 
y no olvidemos que el final es solo eso,
el final.
Que lo que pasa entre un telón y otro
puede traer júbilo y pétalos de rosa,
y también, 
y a la vez,
y al lado,
un zumo de gasolina y asfalto arrasando la garganta.

¿Por qué seguir
si los caminos escogidos nos traen de vuelta?
Porque no queda más
que decorar el laberinto
y rezar para que el monstruo sea
joven y atolondrado,
o muy viejo y ciego.
Porque el horizonte que ahora vemos es el escenario
y no el telón,
y expectante, el público te exige que continúes
tu monólogo,
porque también han pagado su entrada con la vida.

Maldito bastardo,
hay que seguir porque no estamos solos en la obra.

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Javier Gilabert
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