Prensado en frío

Alejandro Pedregosa: «Lo más sagrado que tiene un libro de poemas es la absoluta soberanía del lector»

Portada de Barro, de Alejandro Pedregosa
Portada de 'Barro', de Alejandro Pedregosa

Alejandro Pedregosa: "Lo más sagrado que tiene un libro de poemas es la absoluta soberanía del lector"

Alejandro Pedregosa acaba de publicar 'Barro', un poemario elegíaco, escrito tras la pérdida de su padre, en el que sin embargo, como afirma el propio autor, no faltan la sencillez, la ironía, el distanciamiento, la emotividad, y, aunque pudiera parecer contradictorio, con un tono no exento de alegría, pues —en sus propias palabras— “celebra ese rastro de amor que dejan en nosotros los que ya no están”. Hoy le hemos pedido que nos cuente qué encontrarán los lectores entre sus páginas.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Alejandro Pedregosa: No lo sé exactamente, la gestación de los libros es un asunto complejo. Uno sabe cuándo empieza pero nunca cómo terminará el asunto. El libro surge de una necesidad expresiva pero también vital e imposible; una necesidad por volver a estar al lado de mi padre. Por fortuna la poesía te permite ese tipo de ensoñaciones. Hablar con los muertos.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

El libro se fue haciendo solo. No tenía intención alguna de dedicar un libro de poemas a la muerte de mi padre; sin embargo, durante el confinamiento, emergió ese luto que yo creía controlado, asumido, y lo hizo con una fuerza incontenible que se dirigía irremediablemente a la poesía. Quizá lo más curioso es que siendo un libro fúnebre no es en absoluto plañidero; de hecho se trata de un poemario alegre en cierto sentido; un poemario que celebra ese rastro de amor que dejan en nosotros los que ya no están. 

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Todas las pistas están contenidas en el título: Barro. Entiendo el barro como el elemento más humilde y primario de creación (agua y tierra). Esa idea de creación sencilla, elemental, me sirve para hablar de la manera en que mi padre me dio forma, como un alfarero, y también para hablar de la manera en que yo moldeo mis poemas, que buscan cierta hondura humanista desde una sencillez material.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

No lo he pensado. Supongo que me gustaría que se emocionasen donde yo me emocioné y que reflexionasen donde yo reflexioné, pero eso, bien mirado, es una tontería. Lo más sagrado que tiene un libro de poemas es la absoluta soberanía del lector. Lo opuesto a un prospecto, a un manual de instrucciones, es un libro de poemas. Que cada cual lo lea como quiera y sienta lo que tenga que sentir.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Alejandro Pedregosa de tus anteriores obras?

Quiero pensar que es un libro reconocible para mis lectores. Claro que hay novedades temáticas e incluso formales a la hora de construir el libro, pero en el fondo están todas esas cosas que de una u otra forma pululan siempre por mis libros: sencillez, ironía, distanciamiento, emotividad y un rastro de alegría.  

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Barro’, ¿cuáles serían?

No lo tengo claro, pero hay que decir tres, ¿no? (Risas). Me quedo pues con “18 galletas”, “A los jóvenes” y la “Contraelegía” final del libro, donde se le da voz al padre muerto.

Ha pasado relativamente poco tiempo entre la publicación de ‘Pequeña biografía de la luz’ (Esdrújula, 2019), tu anterior poemario, y este ‘Barro’. ¿Estás en un momento dulce?

Tengo la impresión de que me estoy acercando a un momento de madurez; en ese sentido sí es dulce (como la propia fruta madura). No obstante, tendré que tener cuidado de no madurar demasiado porque el siguiente paso tras la maduración es la podredumbre y quiero todavía esperarme un rato —risas—.

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

No lo creo. La obra de un poeta, en mi opinión, tiene que ver más con la construcción de una obra que con un libro en concreto. Se trata de entenderte con el mundo en tu propio lenguaje; investigar en tu vida y en la realidad que te ha tocado vivir para sacar un par de cosas en claro. En este sentido la labor del poeta acaba cuando él mismo acaba, cuando termina ese diálogo reflexivo con la vida. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’? 

Pues por seguir con el tonillo fúnebre que le he dado a la entrevista, te diría más de una docena de muertos, pero teniendo en cuenta que estamos en tiempos de internet y no de güija, os propondré a la joven poeta María Elena Higueruelo que acaba de ganar el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández.

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Javier Gilabert
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