Prensado en frío

Abraham Guerrero: «Leo para sentirme herido y escribo para herir»

Portada de 'Toda la violencia', de Abraham Guerrero
Portada de 'Toda la violencia', de Abraham Guerrero.

Abraham Guerrero: "Leo para sentirme herido y escribo para herir"

Abraham Guerrero (Arcos de la Frontera, 1987), licenciado en Filología Hispánica y profesor de español como lengua extranjera ya conoce las mieles del éxito, tanto en poesía como en narrativa, pues resultó ganador de la VI UCOpoética, del premio MálagaCrea, el Premio Alcaraván de Poesía y en diciembre del año pasado se alzó con uno de los más prestigiosos de poesía joven, el Adonáis de Poesía por su libro ‘Toda la violencia’ (Rialp, 2021). Hoy le hemos pedido que pase por la prensa para hablarnos precisamente de este poemario.

Javier Gilaber: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Abraham Guerrero: El por qué ahora es algo difícil de responder, simplemente es el libro que me apetecía escribir. Aunque, bien mirado, es un libro en el que una de sus partes alberga un grito generacional, por lo tanto, quizás este era el momento de publicarlo y no otro. ¿Por qué este libro? Necesitaba escribir un poemario en el que me quitara de encima todas mis fobias poéticas, y a su vez me permitiera hablar de todo lo que hablo en él, de la familia, el amor o desamor, la muerte, cómo me influye el hecho de querer escribir y dedicarme a la escritura y, sobre todo, la denuncia social. Pienso que un escritor debe estar comprometido con el tiempo que le ha tocado vivir. 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

En mayo de 2019. Por aquella fecha, fui a Málaga como finalista de narrativa y de poesía de un premio llamado MálagaCrea. Me había presentado a poesía con una plaquette titulada Toda la violencia. Su contenido, nada tenía que ver con el resultado final del libro, pero decidí titularlo Toda la violencia porque eran poemas crudos, violentos podemos decir. Después olvidé la idea de continuar con ese libro porque estaba embarcado en un proyecto de poemario que me llamaba más la atención. Finalmente, ese proyecto de poemario no me cuajó y, la misma semana en que se declaró la pandemia, me vi con tiempo y decidí corregir algunos de los poemas de la plaquette que yo creía que merecía la pena salvar. Seguía gustándome el título Toda la violencia y poco a poco fue apareciendo la estructura del libro en mi cabeza. 

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Toda la violencia es un libro crudo, pero me gusta ese tipo de poesía o de lectura. Leo para sentirme herido y escribo para herir. Quien se acerque al poemario encontrara textos desnudos que no pretenden otra retórica más que lo que se quiere decir. Y, sobre todo, el lector y lectora encontrará un abanico de temas clásicos como son la muerte o el amor o la poesía de compromiso social pero con un lenguaje actual y cargado de fuertes imágenes (esto último es lo que me han dicho y lo que he podido deducir de las reseñas del libro que he leído, no es que yo me crea el último grito en poesía). 

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Sobre todo la reflexión de que existe una violencia que no es física y que nos puede violentar en nuestro día a día. Creo que es algo en lo que no pensamos a menudo, pero hay aspectos de nuestra vida diaria en los que no aterrizamos el pensamiento, por ejemplo, que nuestras relaciones familiares pueden ser violentas, o que es posible que hayamos crecido en un entorno familiar violento; o el caso de la violencia desde las instituciones, ¿sabes?, esa violencia que no tiene nada que ver con que suelten a policías nacionales contra nosotros en una manifestación contra la violencia LGTBI, como ha ocurrido hace poco. Eso es violencia física pura. De la violencia de las instituciones que quiero que reflexionen los lectores es aquella que han ejercido sobre nosotros con mensajes como “los jóvenes no emprenden”, donde están culpando a un sector de la sociedad de la precariedad a la que nos han guiado, o “hay que aprender inglés para tener mejor futuro laboral”, cuando lo que te quieren decir es “en tu país no vas a encontrar trabajo de lo que has estudiado, aprende idiomas y vete a un país extranjero a hacer trabajos precarios”. 

¿En qué medida veremos en él —o no— al Abraham Guerrero de ‘Los días perros’?

Hay mucho del Abraham Guerrero de Los días perros, sobre todo de intención poética. En realidad, el de Toda la violencia ha intentado mejorar al de Los días perros. 

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

Sí. Con Los días perros he tenido buenas sensaciones pero, en mi exigencia propia, tomé consciencia de que no era un poemario muy trabajado y de que en el siguiente libro me tenía que vaciar, tanto en contenido como formalmente. Haber mejorado los aspectos del anterior libro que yo creía que había que mejorar y haber conseguido ser galardonado con un premio como el Adonáis me hace ganar mucha confianza para mi carrera literaria. A partir de ahora tengo varios proyectos que me gustaría colocar en algunas editoriales en las que quiero publicar, y hasta ahí puedo contar. 

Con ‘Toda la violencia’ te alzas con el prestigiosísimo premio Adonáis. ¿Con qué te quedas de la experiencia y qué supone para tu carrera literaria?

De la experiencia me quedo con la maravilla y el vértigo cuando me veo en la nómina de ganadores y accésits que han pasado por él. Y para mi carrera lo ha supuesto todo. Nadie sabría de Abraham Guerrero Tenorio de no ser por el Adonáis. Además, me ha puesto dentro de un lugar en la poesía joven española (aunque qué es eso de la poesía joven), que es algo que buscaba con este libro. Mi carrera literaria es muy corta, y haber podido iniciarla con un premio así es un privilegio. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Toda la violencia’, ¿cuáles serían?

As un aprieto serio, pero vamos allá: Mi madre, Escribir, Predíctor

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Como me habéis dado un altavoz, voy a barrer para casa. Me gustaría que entrevistarais a Ana Rodríguez Callealta, una poeta excepcional de mi generación que no se ha prodigado pero que ha escrito un libro muy bueno titulado Ave, Eros, publicado en Siltolá. Además, hace poco se doctoró cum laude con una tesis que repasa la poesía escrita por mujeres en el último cuarto del siglo XX. Un trabajo ingente que (en mi humilde opinión), va a ser una guía súper útil para comprender la poesía de finales del siglo XX. Aquí tendríais una entrevista interesante. Y, si me permitís, otro poeta genial como es Pedro Sevilla, al que parece que últimamente se le está haciendo más caso y que, de nuevo desde mi humilde opinión, es imprescindible. 

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Javier Gilabert
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