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Fernando Camacho: «Somos frágiles, más nos vale acordarnos de qué nos ha hecho mal»

Fernando Camacho Responsabilidad Generacional Corporativa
Fernando Camacho

Fernando Camacho: «Somos frágiles, más nos vale acordarnos de qué nos ha hecho mal»

Fernando Camacho (Sevilla, 1991), acaba de publicar su primer poemario titulado Responsabilidad Generacional Corporativa en la editorial granadina Sonámbulos.

Surgido de la pandemia Marcado por un tono pesimista y por cierto estoicismo, el poemario aborda temas como la muerte, el Amor, la precariedad laboral o la política.

-Empezaste a colaborar en secretOlivo hace algunos años, te hemos visto crecer en prosa a un gran nivel, como también con algún poema o en tu faceta de letrista -incluso de sevillanas– me gustó mucho tu colaboración con el virtuoso de Álvaro Ruiz en La desbandá, ¿para vivir hay que tener memoria?

Bueno, en cuanto a la prosa, hace mucho que no la practico porque me parece que para la prosa hay que tener tres horas en las que no haya otra cosa que hacer, no es instantáneo. Igual en los próximos meses retomo una novela. En cuanto a La desbandá, el mérito es de Álvaro que es quien la compone de pe a pa. Yo sencillamente hice un soneto que hoy en día corregiría porque no rima en consonante. Y en cuanto a la memoria: desde luego. Somos frágiles, más nos vale acordarnos de qué nos ha hecho mal.

Eres un lector empedernido, tanto de autores clásicos como de contemporáneos, ¿es más importante leer o escribir?

Leer. De aquí a Lima. No hay escritor si no hay lector previo y, si lo hay, pobre del lector que lea a ese escritor.

– ¿Le das más importancia a la ética o estética?

Escribiendo, a la estética. Corrigiendo, a la ética. Fuera del arte, creo que la estética no debería importar para nada.

– ¿Por qué?

He estado trabajando mucho este tema recientemente por un trabajo para Teoría del Arte llegando a la conclusión de que la belleza pura no existe, por eso cuando hacemos ensayos necesitamos un marco teórico. De forma que si la belleza pura no existe, no deberíamos dejar que nuestros preceptos o nuestros prejuicios juzguen por nosotros. Creo que esto va a darme más que pensar de lo que ya he pensado así que supongo que este pensamiento cambiará en un tiempo que no sé si será corto o largo.

[Cholista y bético, Camacho bebe clarísimamente de la poesía de la experiencia]

– ¿Cuáles son tus referentes literarios?

Gil de Biedma, Ángel González, Quevedo, Francisca Aguirre, Borges, Adrienne Rich, Seamus Heaney, Shakespeare, Cervantes, Eavan Boland… Seguro que se me queda alguien, pero por ahí van los tiros… En cualquier caso, leo y estudio mucho. Cuando veo que algo sencillamente “no es mi estilo”, trato de quedarme al menos con las herramientas que usa. No tienen que ser referentes para que les estudie con mucho interés.

– ¿Y en qué autores contemporáneos te fijas?

Creo que tenemos un tesoro de generación. Hay mucho por donde elegir y todo el mundo puede encontrar autorías tan diversas como buenas. En quienes más me fijo yo es en Roal, Acebal, Escavy, Berbel, Higueruelo, Rodrigo Olay, Raquel Vázquez, Gragera (que a ver si vuelve a escribir) Guerrero Tenorio, Mario Vega o Alejandro Bellido. Seguro que se me olvida alguien… Justo desde la semana pasada me fijo también en Candela de las Heras, que acaba de sacar un libro maravilloso (Tierra bajo las uñas, Trea).

– Antes decías que hay donde elegir, recalcas en quién te fijas tú, que hay otros estilos, que tratas de fijarte en lo bueno… ¿Hay rivalidad?

Por mi parte no, de hecho, creo que no la hay por parte de nadie, pero sí que hay diferencias estéticas obvias. Es natural y positivo. Creo que yo bebo clarísimamente de la poesía de la experiencia, pero no todo el mundo tiene por qué hacer lo mismo. Por ejemplo, creo que Berbel, Acebal, Vázquez o Higueruelo, cuatro mujeres jóvenes, abordan temas parecidos de forma distinta. Por otro lado, está Carla Nyman que es, quizás, con quien menos tengo que ver, pero debo explorar también ese camino para ver qué herramientas usa, cómo aborda la poesía… Su libro –Movernos en la sed. Valparaíso ediciones, 2021– me resulta interesante. Lo estudio todo con interés y con gusto. Creo que es lo más inteligente. Seguro que Simeone bichea lo que hace Guardiola. Ten por seguro que Velázquez bicheó todo lo que pudo.

– ¿Eres un cholista bético?

Y velazquista. No te quepa la menor duda.

– Te has empapado de los poetas clásicos y de los poetas contemporáneos, ¿qué encuentras en unos que no tengan otros?

Nos parecemos tanto como nuestros temas. No diré que al final todo el mundo escribe la Iliada -qué cursi-, pero cuanto más sabe uno de los clásicos, más herramientas tiene. Pinta con más colores, digamos. De mi contemporaneidad me quedo con los nuevos procesos que pueda haber, con las nuevas estéticas…

– Has tardado en publicar tu primer poemario, ¿cómo ha sido el proceso? ¿Por qué ahora?

Ha sido muy natural. En noviembre de 2020 conocí cibernéticamente a Mario Vega, Alejandro Bellido, Andrés García Cuevas, Rocío Acebal y Lorenzo Roal y entonces se me dispararon la creatividad y el oficio. En cuanto al por qué ahora, es todavía más sencillo: antes no escribía bien y ahora escribo, como mínimo, mucho mejor.

  – ¿Cómo viviste la pandemia? ¿Qué relación tiene con el desarrollo del libro?

Monté un negocio de turismo en junio de 2019, te puedes imaginar… Iba todo bien, las cosas salían y de repente: zas. Se me vino todo abajo, creo que he estado bastante cerca de entrar en depresión. Al final hubo esperanza, pero el libro se ha fraguado así. Es una pena.

– ¿La salud mental influye?

Como en todo en la vida. No necesitamos estar depresivos o mal para escribir bien. Y si lo necesitas, igualmente es mejor estar bien que escribir un librazo.

– ¿Tus primeras impresiones del circuito literario?

Está bien, a la altura de Aspen, Silveston o Laguna Seca. Lo bueno es que tampoco entiendo de deportes de motor.

– ¿Para qué sirve la poesía?

¡Para divertirse! Como escritor, también sirve para desahogarse, que al fin y al cabo es una forma de divertirse. Yo leo y escribo porque me lo paso muy bien haciéndolo.

Responsabilidad Generacional Corporativa evoca a la RSC empresarial, ¿por qué el título?

Es una denuncia irónica; Responsabilidad Generacional Corporativa.

Que las grandes empresas tengan un departamento de RSC pero hagan la vida imposible a la plantilla me parece de un cinismo histriónico. Las generaciones anteriores hicieron lo que pudieron, pero teníamos que empezar a haber trabajado contra el cambio climático antes. O, mejor dicho, dado que aunque todas las personas del planeta dejásemos de contaminar, las grandes empresas seguirían teniendo la responsabilidad de gran parte de la contaminación del planeta de una forma u otra, así que creo que la propiedad de las grandes empresas debería haber empezado a ser responsable de su comportamiento hace mucho.

– ¿Crees que una generación dependiente de las redes sociales, tan fácilmente manipulable, va a poder liderar algún cambio significativo?

Claro, y para ello usarán las redes sociales. Hay esperanza. Tengo esperanza, al menos. Bueno, esperanza y una gran contradicción, dado que soy pesimista. Supongo que lo que estoy es dado por entero al estoicismo. Al estoicismo y a la ética deontológica. En fin, lo haremos lo mejor que podamos, pero creo que el cambio será significativo.

– Perteneces a una generación que desde la crisis del 2008 no levanta cabeza; cifras récord de paro, precariedad y lo que conlleva… Responsabilidad Generacional Corporativa es un poemario marcado por el desencanto, ¿hay hueco para la esperanza?

Sí, rotundamente. Quizás lo que quería decir antes es que tengo la esperanza de llegar a tener esperanza.

– ¿Crees que vivimos en el mejor de los mundos posibles?

Creo que sólo hay un mundo y que es este. Mejor o peor, es lo que hay.

– ¿Dónde se ubican las causas de tu desencanto? ¿El gobierno? ¿El sistema capitalista?  

Yo creo que este Gobierno está haciendo las cosas bien. Ubicaría mi desencanto en la falta de humanismo. Creo que cualquier sistema que no pone al humanismo en el centro acaba por convertirse en una frustración constante para la gente. Me gustaría una socialdemocracia plena y universal, pero si esa socialdemocracia no se preocupa por el ser humano en sí, también fallará. ¿Puede el capitalismo poner al ser humano en el centro? Pues hasta ahora, desde luego este capitalismo salvaje no lo hace sino es a través de la caridad, y eso me parece una humillación. Nadie debería tener que pedir caridad a nadie.

– ¿Hay algo más cínico que un político? 

Claro, un poeta militante, por ejemplo. Creo que pensar que todo el mundo dentro de la política es una mala persona es un error como una catedral de grande. Hay grandes personas ahí dentro, de todos los partidos. Lo malo de estas personas es que tienen demasiado aprecio por la discreción y las buenas formas, de manera que no suelen salir en prensa ni ser virales en las redes sociales.

– Muchas personas creímos que el 15M sería el punto de inflexión para cambiar muchas cosas sistémicas, y de momento, salvo el maquillaje y un nuevo bipartidismo poco ha cambiado. ¿Cómo lo viviste? ¿Participaste? ¿Crees que esa necesidad de cambio social sigue latente?

Ahí el cínico fui yo. No participé. Dije que las cosas había que cambiarlas desde dentro y sigo creyéndolo, pero hoy en día hubiera tenido muchísimo más respeto por el 15M. También tengo diez años más, espero ser más inteligente, esa no es una misión complicada. Diría que sí, que muchas de esas cosas siguen latentes, pero muchas otras se han convertido en conditio sine qua non, los niveles de transparencia, que se han incrementado desde entonces, por ejemplo.

– Te han comparado con Ángel González y Gil de Biedma, ¿prefieres ser poeta o poema? («Yo creía que quería ser poeta pero en el fondo quería ser poema«)

Prefiero ser poeta. Creo que es mucho más divertido que ser algo pasivo, que no hace nada en realidad, salvo ser disfrutado por otras personas. Nada, nada, yo: poeta, disfruto demasiado escribiendo.

– Te pongo una alternativa: ¿Por qué crees que existe esa comparación?

Porque hay críticos muy amables. Aparte de eso, tratamos temas similares y mi forma de usar el verso intenta ser una copia de la suya. Sobre todo, debo mucho a Ángel González, de él me quedo con eso tan chulo de partir desde algo absolutamente antipoético y luego, desde esa vulgaridad, entrar a la poesía de una forma que quizás es abrupta. En cualquier caso, por más agradecido que estoy yo, la comparación es muy odiosa.

– ¿Cómo ves el futuro de tu generación?

Lo veo con expectación porque soy un privilegio con patas, pero entiendo perfectamente que quien no sea blanco, por ejemplo, mire al futuro con incomodidad. No tengo la solución, pero desde luego pienso votar como si no fuera blanco, heterosexual o como si no hubiera habido jamás un solo libro en mi casa. Milito por estas causas, acierte o no en la forma de militar. De hecho, la única solución que tengo ahora mismo es dar un paso atrás en mi ya de por sí humilde faceta política. Apoyar en lo que haga falta desde la segunda, la tercera o la cuarta fila. Mi ego se verá muy perjudicado, pero creo que sabré llevarlo bien.

⇨ El próximo sábado 16 de octubre Fernando Camacho presentará Responsabilidad Generacional Corporativa en La señora Pop a las 20:30h, en la calle Amor de Dios 55, en Sevilla

Tono Cano
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