Prensado en frío

Fernando Jaén: «La poesía es esa fuerza que nos permite sobrevivir en la fragilidad»

Portada de 'La palabra del ciervo', de Fernando Jaén
Portada de 'La palabra del ciervo', de Fernando Jaén

Fernando Jaén: «La poesía es esa fuerza que nos permite sobrevivir en la fragilidad»

Tras casi cinco años de silencio, mi compañero de Entre2vistas, poemario recién estrenado (‘Bajo el signo del cazador’), no pocas aventuras relacionadas con la cultura y la poesía (pronto podremos contaros la última), el doctor Fernando Jaén, publica casi simultáneamente dos poemarios. Hoy nos ocupamos de ‘La palabra del ciervo’ (Sonámbulos, 2021), un libro en el que la vocación y su experiencia como médico sobrevuelan unos poemas que liberados de todo artificio llegan como y donde tienen que llegar.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Fernando Jaén: Este libro se empezó a escribir hace cuatro años, tras publicar ‘Las reparaciones’, y recoge el testigo de ese libro centrándose esta vez en mi profesión. Durante estos años he tenido una crisis vocacional y he vivido una pandemia. Sin duda estas circunstancias han marcado el ideario y el discurso del libro. Escribirlo me ha ayudado a replantearme mi trabajo como médico. La pandemia me ha ayudado a renovar mi vocación. Este libro me ha ayudado a seguir adelante. Que se publique ahora es mérito de Javier Bozalongo, que tras leerlo pensó que había llegado el momento de sacarlo a la luz de la mano de Sonámbulos Ediciones. 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Siempre he pensado que la poesía es esa fuerza que nos permite sobrevivir en la fragilidad, en la adversidad, que nos permite acercarnos al lugar donde la reparación es posible. En un momento de crisis vocacional la poesía volvió a ser mi refugio, mi santuario, ese sitio desde el que volver a empezar y resurgir. En 2020, Jesús Ortega me invitó a dar un taller organizado por el aula de Literatura y Granada, Ciudad de Literatura de la UNESCO-Ayuntamiento de Granada, titulado “Los sonidos de la enfermedad”. Ese taller terminó de darle forma al libro y la relación entre medicina y poesía que trataba en él constituye el prólogo del libro. A ese taller asistió Javier Bozalongo, mi editor en Sonámbulos, y fue entonces cuando se forjó la idea de publicar el libro. 

¿Qué supone para ti que alguien de la talla poética y humana de Basilio Sánchez prologue tu libro?

Basilio Sánchez es un poeta excepcional que bebe de la poesía del silencio, una poesía inteligente y reflexiva. Él es médico de cuidados intensivos y en su obra no aborda de forma directa la profesión, pero como reconoció en una entrevista, “al principio renegaba de cualquier interferencia, pero hoy sé que estos dos espacios de resistencia frente al dolor y el sufrimiento se complementan de alguna forma. Con los años he empezado a apreciar lo que, en mi caso, la medicina le ha aportado a la poesía y ésta al ejercicio de la medicina”. A mí me ha pasado lo mismo y comparto su forma de entender medicina y poesía. Por eso un día me decidí a escribirle un correo y desde entonces mantenemos una cordial relación epistolar de la que me siento muy afortunado por sus consejos y su forma de entender nuestra profesión. 

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Es un libro que habla de medicina, pero también de resistencia, de reparación, de amor, de vuelta al hogar. Es un libro que debe leerse sin temor a no ser interpelado. La vocación es algo universal, es decir, cada cual se siente llamado a algo. Encontrar esa llamada y cómo dar respuesta a ella forma parte de nuestra vida, y esta respuesta en mi caso debe responderse a diario. Si este libro te ayuda a encontrar alguna respuesta, entonces habrá merecido la pena escribirlo.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

No es un libro directamente emocional, está escrito desde un tono más reflexivo. Son poemas que acompañan. Pero ojalá le sirva a alguien de consuelo o le permita una cierta forma de resistencia frente a la adversidad, como me ha servido a mí al escribirlo. 

¿En qué medida veremos en él —o no— al Fernando Jaén de tus anteriores obras?

El poeta, por lo menos en mi caso, no huye de sus anteriores obras, pero sí que evoluciona. Debe estar inmerso en la realidad y nutrirse de sus propias experiencias. La vida cambia y nos cambia. En ese sentido soy el mismo poeta de antes, aunque también distinto a mis primeros libros, quizá con una forma algo más reflexiva de entender el discurso poético, menos visceral e impulsivo. 

De nuevo, preciosa portada con la imagen de un cuadro de Marcello Magnato. ¿Arte y poesía han de ir de la mano?

Marcello es un tipo fantástico, que se formó junto al famoso grupo de pintores que constituyó con los años la escuela de Palermo. Tiene una fuerza increíble en sus paisajes. Nadie cómo él para darle forma al silencio. Ha tenido varias etapas y su obra evoluciona conforme evoluciona su concepto de la pintura, pero esos paisajes del alma que surgen de sus manos no los he visto nunca antes, tiene una fuerza abrumadora. Es la tercera portada de mis libros que tiene la suerte de estar ilustrada por una de sus obras. Me une a él una sincera amistad. Hace unos años Marcello atravesó una crisis vital que coincidió con el fallecimiento de su madre tras un largo periodo de convalecencia, de esa experiencia surgió una complicidad que nos llevó más tarde a un obra conjunta de poesía y pintura llamada “Pintando las orillas difíciles”, donde ambas artes se fundían en una sola obra. Creo que las creaciones que surgen de lo profundo pueden y deben convivir juntas. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘La palabra del ciervo’, ¿cuáles serían?

Es difícil elegir. Quizá me quedaría con ‘Elegía’, el poema más largo del libro dedicado a la memoria de un médico que también fue mi maestro y que murió en la primera ola de esta pandemia, el Dr Luis Hernández. ‘El rompeolas’, que es un poema dedicado a la constancia y a la persona que me sostiene, Nadia. ‘El último ciervo’, el animal que es para mi un mediador entre dos mundos, como la figura del médico. 

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

No lo sé, Javier. He estado cuatro años dándole forma a este libro, escribiendo experiencias de amor que me han arropado en estos años. Ahora me cuesta ver dónde llegará este ciervo y qué vendrá después. Seguiré con la sección de entrevistas que mantenemos en secretOlivo, dando que hablar con ese libro conjunto que tuve la suerte de escribir contigo,  ‘Bajo el signo del cazador’, y luego Dios dirá. 

Tras casi cinco años de silencio editorial, vuelves y con dos libros nada menos. ¿Vértigo? ¿Apetecía ya?

Pues no ha sido buscado. En verano recibí la propuesta de Sonámbulos y casi al mismo tiempo Olé Libros nos proponía sacar ‘Bajo el signo del cazador’. Dos libros muy distintos entre sí, pero que parten de la misma verdad desnuda. Es un placer que haya gente que apueste por sacar a la luz tu obra. El vértigo siempre está cuando expones tu palabra. Ojalá estas dos poemarios tengan su hueco, sus lectores y su vida propia. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Pues me costaría elegir. Quizá Alejandro Pedregosa. Su último poemario, ‘Barro’, es una obra dedicada a la muerte de su padre, pero a pesar del tono elegíaco, es una obra inteligente llena de amor y compromiso. Una maravilla. Seguro que esta sección le sacará jugo. Y mil gracias por darme este espacio querido Javier, gracias. 

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Javier Gilabert
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