Prensado en frío

Antonio César Morón: «La alarma es el estado óptimo del teatro»

Portada de 'Teatro de alarma' de Antonio César Morón
Portada de 'Teatro de alarma' de Antonio César Morón

Antonio César Morón: «La alarma es el estado óptimo del teatro»

El dramaturgo, poeta y ensayista, doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Granada y Profesor Titular de dicha universidad, Antonio César Morón (Granada, 1978), ha escrito durante los meses de confinamiento ‘Teatro de alarma’ (Ed. Nazarí, 2021), un libro de crítica y de denuncia que el propio autor califica como de teatro político, movido por la indignación que le produjo el modo de actuar de la coalición de partidos que ostentan el poder en España, un libro en el que, sencillamente, ha dicho lo que ha querido. Le invitamos hoy a seguir haciéndolo en Prensado en Frío. 

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Antonio César Morón: Teatro de alarma es un libro de pandemia, gestado durante los meses de confinamiento en España. Es un libro de crítica y de denuncia. Teatro político. Hace unas semanas, el Tribunal Constitucional sentenció que todo cuanto hizo el gobierno durante el primer estado de alarma fue inconstitucional. Para mí, lo que el TC ha tardado casi dos años en decir, estaba claro desde un principio. Será porque yo tenía un contacto muy estrecho y cercano con Alemania y conocía de primera mano cómo estaba actuado el gobierno alemán. Será porque veía cómo la población allí no fue secuestrada en ningún momento y los derechos de sus ciudadanos fueron respetados. Nunca había sentido la violencia del poder: eso para mí era cosa de otros mundos. Nunca había sentido una indignación tan contundente ante la inutilidad disfrazada de populismo de los dirigentes de mi país. Teatro de alarma es un diario emocional ante la insensatez de este gobierno. 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Como intelectual consideré que era mi obligación dejar memoria literaria de lo que aquí estaba ocurriendo. Por necesidad. El tema del poder es una constante en mi teatro. Sin embargo, me doy cuenta de que siempre había querido enfrentarme al mismo desde la distancia, desde la hipótesis realista o la distopía. En este libro no he podido. La coyuntura histórica de tener el peor gobierno posible para el peor momento posible, me hizo bajar del Parnaso. Y darme cuenta de que aquello que yo tanto temía y de lo que yo tanto hablaba en la ficción se había transformado en realidad dentro de España: un país sin libertad; una ciudadanía amedrentada; una oposición política desarticulada; y demasiados medios de comunicación infames y serviles, vergonzosamente serviles.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Considero que este libro hay que leerlo en clave de teatro político. Sin más paliativos. Porque la alarma es el estado óptimo del teatro. Alarma significa reflexión ideológica en lucha con el poder. Y aunque el poder no tiene solamente una cara (y esa es la razón por la que el individuo sirve al poder incluso cuando su acción pretende ser contraria), el teatro nació con la capacidad de desvelar sus múltiples rostros.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

¿Puede ser la literatura un remedio para restituir el dolor, la injusticia, la usurpación de nuestra libertad derivada de la sed de poder absoluto de un gobernante? No lo sé. Pero al menos a mí me permitió seguir luchando. Y mantener así un atisbo de esperanza en que, algún día, este libro pudiera contribuir a que la población dejase de tener miedo, y ello le permitiese abrir de nuevo sus ojos y su conciencia crítica para (si seguimos teniendo democracia dentro de unos años) expulsar del poder a los dos partidos de la coalición que fueron responsables de esta ignominia. Con esta última palabra me refiero al secuestro de una población, a llevar a la ruina un país y a mentir descaradamente desde el principio de la pandemia: primero encubriéndola con el fin de no desperdiciar la ocasión de llevar a cabo una operación de marketing feminista; luego día a día durante aquellos largos meses, con el fin de encubrir su ineficacia en la gestión sanitaria; y ocultando con triquiñuelas el número real de fallecidos hasta el día de hoy. Expulsar para siempre a estos dirigentes. Sí. Esa quiero que sea la contribución de este libro a la sociedad. Y que ambos partidos de la coalición se vean obligados a cambiar sus siglas por vergüenza. 

¿En qué medida veremos en él —o no— al Antonio César Morón de tus anteriores obras?

Me podréis encontrar siempre en mi choque frontal contra el poder. Ahora bien, creo que nunca me había expuesto emocionalmente de una manera tan desgarrada. En mis anteriores obras era la precisión matemática de la dramaturgia la que dirigía los argumentos. Aquí la matemática fue suplantada por la angustia. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con una escena de ‘Teatro alarma’, ¿Cuál sería? ¿Y con qué personaje o personajes?

Me quedaría con la última escena de la obra Variables ocultas (COVID España – Primera ola). Es una escena de dramaturgia circular formada por nueve secuencias, recitadas en forma de coro dividido, en la que se repite un mismo parlamento en rotación de personajes. La última secuencia, la número nueve, incide sobre el que es el eslogan clave de este libro. A estas palabras me refiero: 

Actriz 1.- ¿Por qué huyes de esta tierra?

Actor 2.- Dejamos de ser libres.

Actriz 2.- ¿Entonces hemos muerto?

Actor 1.- Un gobierno de virus es siempre una amenaza. 

Actriz 1.- Hay un espacio para la memoria.

Actor 3.- ¿Dónde?

Actriz 1.- En el Teatro. 

Coro Navirus.- El Teatro es la vida que la Historia no puede ocultar. El Teatro es la vida que la Historia no puede ocultar. ¡El Teatro es la vida que la Historia no puede ocultar! (Fundido en negro inmediato.)

¿Supone este libro un punto de inflexión en tu producción como dramaturgo? ¿Y a partir de ahora, qué?

Digamos que es un libro sin contemplaciones, huyendo de la pacatería intelectual que nos quieren imponer en forma de clichés lingüísticos y a través de moralinas  ideológicas aburridísimas. He dicho lo que he querido. Punto. Y a partir de ahora, seguir haciéndolo. Este libro soy yo. Mi yo más combativo. Y eso genera en mí una adrenalina de la que es difícil desprenderse.  

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

A mi compañero de trabajo en el Campus de la Universidad de Granada en Melilla y gran amigo, el novelista José María Pérez Zúñiga. Porque su prosa es magnética y porque su última novela, El sordo, está cargada de emoción y sinceridad de autor. 

Javier Gilabert
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