Prensado en frío

Daniel Cotta: «La mayor parte de la poesía actual, la mía incluida, tiembla de orfandad, de desarraigo»

Portada de 'Alumbramiento', de Daniel Cotta
Portada de 'Alumbramiento', de Daniel Cotta

Daniel Cotta: «La mayor parte de la poesía actual, la mía incluida, tiembla de orfandad, de desarraigo»

Daniel Cotta, poeta y profesor malagueño afincado en Córdoba, acaba de publicar en Rialp ‘Alumbramiento’, un canto a la belleza con mayúscula, un acto de fe en la bondad de todo lo creado que el propio autor tilda de escandaloso. Pero lo mejor será que os lo cuente él mismo…

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Daniel Cotta: Eso equivale a preguntarme por qué se respira, por qué se late. Necesidad imperiosa, en este caso de celebrar, de cantar, de salmodiar. La mayor parte de la poesía actual, la mía incluida, tiembla de orfandad, de desarraigo; teme al otro o bien lo desconoce o lo desprecia como se desconoce y se desprecia a sí mismo. Alumbramiento disipa el lacrimoso gorgoteo de la autocompasión en una fe rotunda en la bondad de todo lo creado, en un grito imparable de júbilo y agradecimiento porque… ¿lo digo ya, Javier? Alumbramiento es un libro que tiene como continuo interlocutor a Dios. ¡Dios a estas alturas, a estas bajuras! Si hablar de amor (en este caso, amor divino) es cursi o escandaloso hoy en día, sí, Alumbramiento es un libro escandaloso.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

El libro empezó a balbucear hace cinco años, con unos versos que aún no se sabían cabeza de lo que seguiría después. Tres años tardó en pronunciar el amén. Lo que hubo en medio fue una jubilosa reflexión sobre el milagro de existir, de ser hombre, la realidad más compleja que han dado desde el Gran Estallido quince mil millones de años de desarrollo cósmico.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Que es un libro de luz. Yo he querido hacerlo de luz deslumbradora, como si la alegría le estallase a cada momento. Puestos a dar pistas, la primera es el título. Alumbramiento quiere decir parto, y el poema inicial define la realidad como un continuo parto de Dios, el gozo de Dios Madre / que sigue dando a luz el Universo. Pero el título encierra un doble sentido, que creo que se delata en el punto y hora en que una palabra como alumbramiento queda deliberadamente aislada en el pórtico, preparándonos para la luz del interior. 

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Contagio. Quiero contagiar al lector, creyente o agnóstico. Cualquiera puede identificarse con la alegría de un mundo bien hecho. La experiencia religiosa es un tema poético ubérrimo, desde la ingenuidad pagana de Homero hasta la inefable locura de nuestros místicos. No se ha de creer en Hades para llorar la segunda muerte de Eurídice ni en Odín para estremecerse ante el Ragnarok. La mayoría de los lectores de poesía saben despojarse de prejuicios ante el hecho religioso y, por ello, emocionarse ante, qué digo yo, un Jesús contemplando las estrellas que él mismo creó; y esa emoción puede alcanzarse estando en las antípodas de lo católico apostólico romano.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Daniel Cotta de tus anteriores obras?

Si te soy sincero, Alumbramiento muestra a un Daniel Cotta más desnudo que nunca, no por impostura de mis libros precedentes, sino porque la confesión realizada en este es más arriesgada que en ningún otro, y no me refiero solo a su descarado contenido religioso, sino a ciertos aspectos formales, concretamente métricos que, en mi caso, suponen una liberación del yugo uno y trino del endecasílabo (en su triángulo de 7-11-14). He escarbado en frecuentes asonancias, me he puesto el cascabel del hexasílabo, le he tirado los tejos al romance octosílabo, e incluso me he aventurado en la rima consonante no ya en algún soneto, sino en la díscola locura de —agárrate, que vienen curvas— unas redondillas. Fíjate, Javier, que a todo esto lo he llamado liberación frente al verso blanco, por paradójico que suene, pero creo que, si la poesía es el lenguaje puesto de puntillas hacia la música, la de la poesía española actual es demasiado monódica, como sigue siendo en realidad la mía. Alumbramiento, en realidad tiene dos tercios de esa monodia endecasílaba y uno de polifonía octosílaba o rimada. 

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

Sinceramente, no creo que Alumbramiento suponga un punto de inflexión, si por esto se entiende un punto en el itinerario poético en que todo —temas, estilo— se pone patas arriba y da a luz a un nuevo poeta. Podría inferirse que el enfoque sacro del libro promete un rumbo nuevo en mi poesía. Pero no es así. Dos años atrás publiqué Dios a media voz, atravesado medularmente por una protesta a la divinidad. La publicación ahora de Alumbramiento no significa un anclaje en lo sagrado, sino una manifestación más de las inquietudes que me rondan el alma y la pluma, como puede ser el amor en mi libro de Beethoven explicado para sordos, el tiempo en Alma inmortalmente enferma, o lo cósmico en Alpinistas de Marte. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Alumbramiento’, ¿cuáles serían?

El primero, El punto de vista de Jesús. Me encanta pensar en esa doble faceta de Jesús como cósmico Hacedor del universo y las estrellas, y luego como hombre que contempla dicha obra con sus limitados ojos humanos y se da a sí mismo el visto bueno. 

El segundo sería Malcrianza, poema sencillo pero que, no sin cierta vanagloria —perdón, perdón, perdónveo redondo y con una expresión sencilla, pero rotundamente poética. 

También me quedo con Está sucediendo ahora, no solo por la emoción que contiene esto himno al Santísimo Sacramento (a quien, por cierto, dedicó García Lorca una de sus composiciones más inspiradas), sino porque el molde estrófico empleado era a priori un riesgo, un disparate, una locura: ¡una glosa en quintillas! No imaginas cuánta ha sido mi satisfacción cuando más de un lector me ha señalado este poema entre sus preferidos. Alguno podría motejar de anacronismo el empleo en pleno siglo XXI de octosílabos con rima, pero no veo qué impide a los poetas servirse de estrofas autorizadas por el magisterio de nuestros poetas más indiscutibles. ¿Acaso se le reprocha a Gil de Biedma el uso de la sextina, que pasa por ser la estrofa más forzada, constreñida y rigurosa de toda la métrica castellana?

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

La verdad, me vienen a la cabeza muchos nombres, pero si quiero unir cercanía emocional y reconocimiento de una singular calidad poética, os sugiero el nombre de Jesús Cotta. El apellido es inconfundible, lo sé. Es mi hermano. Pero la literatura está llena de parejas de hermanos escritores, signo de que la vocación literaria se halla en la sangre o en una educación familiar común. Ha publicado varios libros de poesía, como A merced de los pájaros, Menos la luna y yo (ambos en Isla de Siltolá) y recientemente Niños al hombro en Cypress Cultura. Os lo recomiendo.  

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Javier Gilabert
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