Letras flamencas

María, la Granaína: Encuentros Flamencos entre Graná y Argentina

María, la granaína: Encuentros Flamencos entre Graná y Argentina

Puerta a puerta con la Peña de la Platería, María Cortés, la Granaína, tiene la providencia de vivir en un Carmen después de años de trotamundos. ¡Qué mala leche tiene esta Graná que si vienes de fuera te abraza su paraíso y si eres de cepa, con beso o colleja, te echa del nido! Su casa es su vivo retrato. En el patio de María, florecillas rojas asoman de las macetas frente un mosaico de limones. Las piedras blancas del empedrado visten chalecos de musgo. Guirnaldas de bombillas se tienden junto a faroles de hierro que guardan el corazón de la luz. Las vecinas tienden las sábanas después de hacer pilates con 88 años muy bien llevaos. De las paredes cuelgan herraduras, regaderas y platos arabescos bajo las estrellas de arcilla que representan las tres culturas. Escanciando de una Tetera mora su té verde, acompañado de galletillas de chocolate, en el tejado con vistas a la Alhambra, María me cuenta su vida con ánimo y guasa, sus viajes y sus arraigos, sus andanzas y pesares, su despliegue alquímico de hechos y sentimientos.

Tiene voz de gata albaicinera, de campana de bronce envolvente. María es guerrera, una Tina Turner gitana, toro desbocado que le sobran micrófonos y peinetas, porque canta al bailar y baila al cantâh. En sus ojos brillantes anida la honra de su madre, la sabiduría de su pueblo, la gracia, la alegría y el amor derramado. No es lo mismo juntarse con flamencos que con artistas de otras ramas. Con un flamenco que luego canta en los mayores teatros del mundo puedes compartir una cervezuela en un parque, mientras que el artista ascendido, cortesano de las galerías, te mira por encima del hombro como si su obra fuera un premio, en vez de una ofrenda. El flamenco tiene el pulso de entrega a la vida que se manifiesta en su arte. María es humilde y chistosa, te alegra el día encontrártela de pasada. No por nada nos conocimos al sumarnos a la conversación de cómo hay una bailaora al fondo del agua que corre de la fuente de las batallas, y que hay que estar muy atento para descubrir su magia, como hacía Val del Omar.

El flamenco granaino es salvaje, se acerca a la llama y a su movimiento de armonioso frenesí. María aprendió, como lo haría su bisabuela, con las maestras del Sacromonte, de la cual recuerda con especial cariño a la Angustillas. Flamenca y cantautora, sus letras están llenas de espíritu y salud. El cante lo aprendió en la madurez a través de las pautas del Lebrijano. Íntima cultivadora de la raíz, ella también es maestra y se esforzó para difundir el flamenco en las escuelas. Ya es irónico de por sí que en Andalucía nos enseñen en los colegios a tocar el himno de la alegría con flauta dulce en vez de involucrar en la educación, por lo menos, la habilidad del palmero.

María dice que el Flamenco no es solo arte, es forma de vida y expresión del pueblo gitano y andaluz en busca de su dignidad. Ella misma rompió las cadenas de la familia y encarnó a sus dos abuelas repitiendo sus experiencias y sanándolas a través del arte. Rindió el homenaje a sus ancestros siendo la mujer que tenía que ser. El arte, mismo, para ella, es crear mitos, como lo fue la heroicidad de Mariana Pineda en su obra vital, más allá de una visión lorquiana cuestionable. Mariana Pineda, como ella, fue madre joven. Mariana con 16, María con 15. Fue una mujer sola con dos hijas llevando el flamenco con la pureza y el coraje con el que Mariana tejió la bandera. Para ella, el ritual del espectáculo nos hace sentir el latido de la sangre, nos conecta con la naturaleza y el ser profundo e histórico de la psique.

Fue el hálito buscavidas del flamenco que la llevó a la Argentina por amor como los que se van a Japón por trabajo. Allí residió en una cabaña cerca de Mar del Plata, donde el encuentro vital del flamenco, el tango de la ciudad y el folclore del campo, era inevitable al estar en el mundo y la noche. Fue en Los Duendes, notable coincidencia, donde a través del Cachito Rodríguez, ángel de la guitarra, escuchaba tango hasta el alba interminable. Ahí encontró, como en la taberna flamenca, la hermandad alrededor del cante, y acompañó al vino de la guitarra tanguera con el suspiro equino del baile de Mario Maya. Del folclore también bebió mucho, integrando en su ritmo y compás, en el zapateo y el quejío, al tambor y la canción llena de soleados horizontes de tierra.

De Argentina, la Granaina se lleva, sobre todo, como en el arte vale más el sentimiento que el parné. Es el corazón lo que media entre el artisteo, no la transacción. Habiendo muchas dificultades, el carro se tira para alante. Porque habiendo ruina (pero no tanta) y teniendo muchísimos más privilegios, aquí es difícil que algo salga, solamente, por la buena voluntad. Es cierto que en Argentina, quien se copa, se copa, y mediante inventiva, compromiso y malabares se hacen milagros. Más allá de los límites del pensamiento o la cultura, viajando te das cuenta del hilo emocional que nos une. Y es esto lo que nos mueve a tomar resoluciones, más que quedarnos en las palabras.

De salto en salto, María fue la primera flamenca que cantó en el barrio de San Telmo en el Centro Cultural Torcuato Tasso, contando a través del cante, la epopeya del pueblo gitano. También organizó y actuó en el I Festival Flamenco de Mar del Plata en el Teatro Colón entrecruzando los inicios, la vanguardia y los duendes de las imágenes argentinas. En el Teatro de la Comedia de Buenos Aires, puso al personal de pie por las palmas, yéndose del compás a la ovación.

Cante vivo de ida y vuelta, María volvió a Andalucía para abrazar a su madre con nuevo repertorio, amistades, y aprendizajes. María tiene un arte que se lo pisa, caliente y hospitalario como el mate rioplatense. Enamorá del tango y su literatura, desde un sentimiento distinto, ella describe su propio sentir como mujer con la misma intensidad. En su nombre lleva su forma de ser, la poesía granadina, que la llevó por el mundo y a la que nunca pensaba volver. Antes de Argentina, se fue a bailar a Holanda 3 días y se quedó 13 años. Pa que se vea que tenemos más vínculos con Holanda aparte de lo nuestro que se fuman. Porque esa es una de las grandezas de la cultura, generar vínculos entre los pueblos. Vínculos que nos hagan crecer mutuamente, que nos hagan hablar de lo que nos sucede y engendrar destinos comunes para un mundo que debería ser compartido a partes iguales. María ha vuelto con el corazón ensanchao. No se la pierdan si tienen la oportunidad de ir al Mirador de Morayma o a la Chumbera. Escuchen su disco Canciones Argentinas o lo que está haciendo ahora, Reyna. Verán el regalo de su entrega, de su arte y de su persona, de alguien que ha pasado una vida andante y que ha saltado con alegría las dificultades, que sigue narrando en el cante sus generaciones, su propio ser y que mira al futuro con ilusiones frescas y aromas de jazmines.

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