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Julio Béjar: «Reírse de uno mismo es liberador»

Julio Béjar. Foto de J. Ewonde
Julio Béjar. Foto de J. Ewonde

Julio Béjar: «Reírse de uno mismo es liberador»

Nos cuenta Julio Béjar sobre sí mismo: Me licencié en Filología Hispánica, hice un postgrado en Enseignement et Recherche en la Université Lumière de Lyon y estudié Dirección Escénica y Dramaturgia en la RESAD. Sin embargo, mucho de lo que aprendí sobre el teatro fue con una compañía que actuaba en la calle por los pueblos de Almería. En la más absoluta precariedad. Mientras que por las mañanas iba a la facultad, todos los martes por la noche iba al bar El Zaguán a unos recitales de poesía llamados Los Banderines. Ahí tuve la suerte de conocer, entre cervezas, a poetas contemporáneos de quienes aprender. Luego me fui a vivir a Francia y en cinco años me mudé ocho veces de casa. Fruto de esa experiencia escribí mi primer poemario: ‘Manual de uso para mudanzas’. Después de los atentados del Charlie Hebdo y del Bataclan, me instalé en Madrid en una casa que tiene un teatro dentro. Empecé a trabajar como actor en La Cubana. Y publiqué mi segundo poemario: ‘Conocimiento del medio’. Fui incluido en la antología de jóvenes poetas andaluces ‘Algo se ha movido’ de ediciones Esdrújula y fui galardonado con el premio Ciudad de Tudela. Ahora sigo actuando y escribiendo. Parte de mi trabajo puede verse en www.juliobejar.es.

Javier Gilabert: Según reza en tu currículo, eres  licenciado en Filología Hispánica, posgrado en Enseignement et Recherche por la Université Lumière de Lyon y has estudiado Dirección Escénica y Dramaturgia en la RESAD; te has formado en creación poética con Manuel Vilas, en narrativa con Antonio Orejudo, en teatro gestual con Mar Navarro y en estética teatral con Claudia Castellucci. Vamos, lo que en mis tiempos se consideraba un “JASP” -risas-. ¿Vocación o necesidad? Quiero decir, ¿vivimos en una sociedad de profesionales hiperformados por exigencias del guion? ¿Se corresponde tu actividad laboral con aquello para lo que te has formado sobradamente?

Julio Béjar: No creo que se hagan carreras de letras para asegurarse salidas laborales, aunque ahora Filología Hispánica sea una de las tienen menos desempleo. He contribuido a inflar esa burbuja de la formación que ha retrasado la entrada en el mercado laboral de toda una generación. Hice dos carreras, un máster en Francia y cursos. Sin embargo, los volvería a hacer. Aprendí mucho y espero seguir aprendiendo. 

Fernando Jaén: Viviste en Francia durante cinco años, pero después de los atentados del ‘Charlie Hebdo’ y del Bataclan, te instalaste en Madrid. ¿Cómo influyeron aquellos actos violentos en tu decisión de irte a Madrid? ¿Qué vivencias de aquellos años marcaron tu primer poemario?

Julio Béjar: Durante los cinco años que viví en Francia me mudé ocho veces de casa. Cada mudanza es un viaje hacia lo esencial. Aprendí a vivir con un par de maletas, a despojarme de lo innecesario. Fruto de esa experiencia escribí Manual de uso para mudanzas, mi primer poemario. A raíz de los atentados vi cómo mi barrio, el último donde viviría en Francia, fue ocupado por militares. Patrullas de cuatro soldados con metralletas en ristre. Cogíamos el metro con miedo. Nos mirábamos con desconfianza. Las aulas se llenaron de odio. Por entonces, trabajaba de profesor de español en un colegio a las afueras, en la ‘banlieu’. Me encantaba cruzar cada mañana el patio de entrada y ver en la fachada la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789. Después de los atentados del ‘Charlie Hebdo’ pasó algo diferente. Uno de mis alumnos defendió en clase aquellos asesinatos. Esas muertes eran justas, decía. Un alumno, educado en la enseñanza pública y laica, nacido en territorio francés y de origen extranjero, como yo. No es tan distinto a mí, pensé. Me pregunté entonces qué estaba haciendo yo allí, para qué trabajaba de profesor. Si no podemos creer en la educación, ¿en qué vamos a creer?      

«Escribir es hacer enmiendas a la totalidad»

F.J.: En tu poema ‘Terrorismo’, abundas en el germen, en la raíz de la violencia de una sociedad algo deshumanizada. ¿Cómo crees que debe posicionarse el poeta dentro de una sociedad que ignora tantas semillas que terminarán malogradas? ¿Se puede vencer al terrorismo? 

Julio Béjar: ‘Terrorismo’ está dentro de mi segundo poemario, ‘Conocimiento del medio’, fruto de esa experiencia como profesor y de una crisis de fe en la educación.  Este poema nace de la necesidad de entender a ese alumno, no tan distinto a mí. «Nada de lo humano me es ajeno», que diría Terencio. Pensé en qué razones podrían convertirme en un terrorista. De no haber optado por la escritura como medio de expresión, ¿qué motivos me habrían hecho optar por la violencia física? ¿Acaso escribo para no matar? Creo que escribir es hacer enmiendas a la totalidad. El poeta debe mirar con asombro radical, acercarse a lo desconocido sin el mazo de juez inquisidor, poner palabras a la luz y a la oscuridad que hay dentro de nosotros. No sé si podemos vencer al terror. Quizá el alma humana no progrese. 

J.G.: ¿Sigue estando Julio Béjar «en estado de mudanza»?

Julio Béjar: Por supuesto. Ahora vivo en Madrid en una casa que tiene teatro dentro, en el barrio de La Latina. Sin embargo, hay un lugar al que siempre vuelvo. Una playa desierta del Cabo de Gata «de cuyo nombre no quiero acordarme». Creo que es un síntoma de sentir esa playa como un hogar definitivo.

F.J.: En 2020 ganas el premio de Poesía Federico Muelas, promovido por el Ayuntamiento de Cuenca, con tu poemario ‘Conocimiento del medio’. Para mí esa asignatura era Ciencias Naturales, pero sin duda me parece un término muy poético para hablar de aprendizaje y el estudio de los conceptos básicos de la Ciencia asociados a la climatología, a los procesos geológicos, a la materia, la energía y la biología. ¿Cómo fue su proceso de elaboración? ¿Qué enseñanzas sobre «el medio» podemos encontrar en él?

Julio Béjar: Ese poemario lo escribí durante seis años. De 2013 a 2019, cuando decidí cerrarlo y enviarlo a premios. Es fruto, como decía antes, de mi experiencia como profesor y de una crisis de fe en la educación. Estar al otro lado del pupitre me hizo constatar la inutilidad de muchos conceptos que como profesor debía trasmitir a mis alumnos. Les estaba dando respuestas a preguntas que ellos aún no se habían planteado. ¿Para qué explicarles las oraciones coordinadas adversativas si ni siquiera saben expresar cómo se sienten? ¿Qué asignatura nos prepara para el fracaso? ¿Y para la muerte de un padre? ¿Qué maestros nos ayudaron a encontrar nuestro talento? La asignatura de Conocimiento del Medio era el colmo del «cualquiercosismo» educativo. En un tema dábamos Al-Ándalus y en el siguiente la fotosíntesis. Ese carácter heterogéneo y caótico siempre me pareció poético. 

F.J.: José Ángel Valente (Ourense 1929-Ginebra 2000) es heredero de la tradición mística española, desarrollando en los años sesenta su conocida etapa de «la poesía del silencio», con un libro fantástico, ‘Poemas de Lázaro’ (1960).  En los años 80 se instaló en Almería, donde dejó una honda huella. Tú has participado de una antología que rinde homenaje a su obra. ¿Qué supone la poesía de Valente para ti? ¿Crees que su obra sigue teniendo vigencia ahora?

Julio Béjar: Valente hizo que me viera como almeriense desde otro punto. Los almerienses somos andaluces escépticos. El andalucismo, como sentimiento de pertenencia, tiene múltiples caras. Los gaditanos construyen su identidad sobre el carnaval y los sevillanos sobre la Semana Santa. Hay un totalitarismo identitario que puede llegar a aplastar a quienes no sienten el carnaval ni la Semana Santa. Mi identidad como almeriense se construye sobre el paisaje, sobre las playas, las ramblas secas y los acantilados del Cabo de Gata (nuestro santuario). Y sobre el desierto de Tabernas. «Cruzo un desierto y su secreta desolación sin nombre», escribió Valente. Los desiertos son como las mudanzas: viajes hacia lo esencial. Son territorios para la imaginación y el aprovechamiento, debido a la escasez de recursos. El somier de una cama puede convertirse en la valla de un cortijo. Los desiertos te obligan a afinar la mirada. 

«El andalucismo, como sentimiento de pertenencia, tiene múltiples caras»

J.G.: Actor, poeta, dramaturgo… ¿En qué disciplina te encuentras más a gusto?

Julio Béjar: La escritura me aporta silencio, serenidad y perspectiva, mientras que la actuación me engancha al presente. Necesito ambas disciplinas para aislarme y conectarme. 

J.G.: En diciembre de 2019 tuve la suerte de asistir a un espectáculo que mezclaba poesía, música y danza, protagonizado por Raquel Lanseros, Juan Cervera y Leticia Valle —quien, por cierto, es una de las integrantes del colectivo escénico La Confluencia, del que eres miembro fundador—. Me pareció un acierto combinar estas artes en un mismo espectáculo. ¿Cómo surge la idea?

Julio Béjar: Estaba aburrido de los recitales de poesía y de que dijeran que los poetas no sabemos leer nuestros poemas. Entonces un día vi ‘Quand m’embrasseras-tu?’ en el teatro de la Croix Rousse de Lyon, donde los poemas de Mahmoud Darwich se mezclaban en directo con música y la pintura de un artista plástico. Pura sinestesia. Me pregunté entonces cómo se podría bailar un poema. Si quería llevar la poesía a escena, y el teatro es el arte de los cuerpos en el espacio, necesitaba movimiento. Y ahí apareció mi compañera bailarina Leticia Valle, poniendo en danza los poemas de ‘Mudanzas’. En estos momentos preparo con los músicos Víctor Guirado y Daniel Ortega ‘Trashumancia’, la puesta en escena de ‘Conocimiento del medio’, que representaremos el 15 de mayo en el Clasijazz de Almería.  

Javier Gilabert: Se te presentaba un 2020 lleno de proyectos, especialmente en tu faceta de actor y llega una pandemia. ¿En qué ha resultado todo? ¿Y cuáles son las perspectivas, ahora que ya ha pasado un año?

Julio Béjar: La pandemia quitó al teatro la clave de su fortaleza: la presencialidad. El confinamiento me pilló trabajando con la compañía La Cubana en el teatro Calderón de Madrid y organizando la gira de ‘8,56‘, una obra que escribí inspirándome en un salto del atleta español Yago Lamela. Todo, como ya sabemos, se detuvo en seco. La única perspectiva posible fue resistir. Ahora, por fin, retomamos la gira de ‘8,56‘ y estaremos el 24 de abril en el centro Oscar Niemeyer de Avilés y el 29 de abril en el Teatro Apolo de Almería. 

¿Existe algún sector profesional en España donde no haya precariedad?

J.G.: ¿Se puede vivir del teatro en España? ¿Qué peripecias son necesarias para poder sacar adelante un espectáculo en nuestro país?

Julio Béjar: Para mí la pregunta sería: ¿Existe algún sector profesional en España donde no haya precariedad?  

J.G.: La cultura ha sido uno de los sectores más castigados por la pandemia. Si estuviera en tu mano, ¿qué cambios harías a nivel institucional para que las personas que viven de ella pudieran hacerlo dignamente?

Julio Béjar: Bajaría el IVA cultural, haría la cuota de autónomos proporcional a los ingresos y crearía un programa de intermitentes del espectáculo. Es decir, aplicaría las mismas normas que hay en Francia. Ninguna utopía. Una realidad en otros países. 

J.G.: Háblanos de tu paso por La Cubana. ¿Cómo ha influido en tu faceta de actor trabajar en esta compañía, cantera de l@s mejores actores y actrices o presentador@s de moda?

Julio Béjar: Me hizo quitarme prejuicios y aprender de una compañía que lleva trabajando ininterrumpidamente cuarenta años. Me abrió los ojos a una visión más panorámica de la realidad teatral en España. Por la mañana estudiaba en la RESAD a los teóricos del teatro, mientras que por la noche me ponía una peluca rosa, unas plataformas y bailaba las ‘Mamachicho’.  

J.G.: Por si fuera poco, también has hecho tus pinitos en el mundo del videoclip. Concretamente, eres héroe-zahorí protagonista del que Daniel Ortega dirigió para la canción ‘Verde’ del EP ‘Equilibre’ de Marcos Gallo. ¿Qué y con quién te gustaría rodar en un futuro?

Julio Béjar: Con Óliver Laxe.

J.G.: ¿Nos tomamos demasiado en serio la poesía?

Julio Béjar: Depende. Aquellos poetas que se la toman demasiado en serio suelen ser esos que no saben leer sus poemas. Yo voy por días. Hoy me toca pensar que la literatura en castellano es una superpotencia del humor. Me gusta esa tradición: el Arcipreste de Hita, Juan Gelman, Miguel Martínez… Reírse de uno mismo es liberador. 

J.G.: Llega el “Momento Carta Blanca” y eso significa que te toca a ti echar el telón de esta entre2vista como te apetezca…

Julio Béjar: Hago mutis por el foro agradeciéndoos que hayáis hecho esta entrevista desde el cuidado y el cariño. Echo el telón con unos versos de Rilke, muy importante para mí en estos momentos en los que, de madrugada, escribo una comedia sobre la reciente muerte de mi padre. «He hecho algo contra el miedo. He permanecido sentado durante toda la noche, y he escrito».

Poemas de Julio Béjar

(De ‘Conocimiento del medio’).

LAVAR A UN PADRE 

El día que tu padre no puede valerse por sí mismo 
y tienes que lavarle, ese día,
entiendes lo que es la patria. 
Un hombre que te dio tanto a cambio de nada 
y que un día ves ahí, sentado, 
pidiéndote perdón por no poder valerse por sí mismo. 
Un hombre que era una montaña, 
un hombre que sabía todas las respuestas, 
un hombre que madrugó para saciar tu hambre, 
un hombre con el que tampoco hablaste mucho, 
un hombre que te quiso sin conocerte del todo, 
un hombre que vivió lo mejor que supo, 
y que un día ves ahí, desconocido, humillado, 
como un rey sin trono pidiéndote perdón, 
perdón por no poder valerse por sí mismo, 
perdón por estar de mierda hasta el cuello, 
perdón porque eres el único que puedes lavarle. 
El día que lavas a tu padre entiendes lo que es la patria.

INTRODUCCIÓN A CASI TODO POR GLORIA FUERTES

La poeta de los niños, le decían.
¿Se dice poeta o poetisa?
Un día vino a mi colegio e hizo dedicatorias 
para todos y todas los niños y niñas 
que asistieron al acto.
¿Poeto o poetiso?
Tenía la voz de una niña trasnochada,
de una cupletista cancerosa.
Hablaba de la paz y los columpios,  
del feminismo y la menstruación.
¿Período o periódico?
Quería ir a la guerra para pararla,
decía que si un niño tiene un libro en las manos
jamás sujetará una pistola,
que la televisión embrutece,
que ella era mujer de pelo en pecho y poeta 
y de no haber sido mujer
hubiera ganado el Nobel,
que la poesía no era escribir versos,
que poesía no eres tú ni yo,
que la mayor soledad es la soledad de dos cuando 
uno solo ama,
y se sentaba sola a escribir 
como quien se sienta a hacer un milagro.
Ella me enseñó que 
la ternura puede ser revolucionaria 
y la risa un medio para la reflexión,
que no te define lo que amas
sino cómo lo amas,
que el amor no crea cotos ni pedestales:
amar a niños, abuelos, mujeres, hombres, 
aves, insectos, ciudades grandes o aldeas.
Da igual.
Lo que habla de ti es la calidad de tu amor.
Ámalo todo
y ámalo fuerte.

TERRORISMO

Apretar el gatillo solo es el resultado.
La civilización que oculte su barbarie no se conocerá del todo.
Comprender no significa perdonar.
Terrorismo es decir ideología y no materias primas.
Terrorismo es dar gracias por ganar cuatro euros la hora.
Terrorismo es pensar que la generación más 
preparada de la historia está condenada al exilio 
mientras otros vienen a robarnos el trabajo.
Terrorismo es lamentarse por la generación más 
preparada de la historia cuando en otros países 
no hay historia ni generación.
Terrorismo es que pase lo que pase 
siempre podrás volver a casa de tus padres.
Terrorismo es llamar a los alimentos genéticamente
modificados la panacea del hambre mundial.
Terrorismo es la pobreza con sobrepeso.
Terrorismo es creer que en otro país te humillarán menos.
Terrorismo es decir que crisis significa oportunidad en chino.
Terrorismo es llamar a la precariedad el germen 
del espíritu emprendedor. 
Terrorismo es llamar libertad, igualdad y fraternidad 
a nacer, crecer y morir en un suburbio.
Terrorismo es recalificar montes después de un incendio. 
Terrorismo es quedarse en casa y no prender fuego 
a las ratas que dictan las leyes de la mercadotecnia.
Terrorismo es escribir endecasílabos a la iridiscencia del otoño.
Terrorismo es tener que escribir esto 
y no bellos endecasílabos a la iridiscencia del otoño.
Terrorismo es esperar que la poesía cambie el mundo.
Terrorismo es lo que acaba convirtiendo a un hombre 
en un hombre capaz de apretar el gatillo.

PELÍCULAS AMERICANAS 

Las películas americanasde Hollywood, quiero decir–
nunca defraudan. Sabes que siempre encontrarás
madres muy rubias preparando suculentos desayunos, 
adorables sheriffs obesos,
héroes tan mediocres como nosotros, 
casas con jardín y cortacésped,
coches tan buenos que no necesitan cerrarse con llave, 
pasillos con taquillas,
bailes de fin de curso y un primer beso.

En las películas americanas 
no encontrarás colas de espera ni simulacros.
Los malos nunca serán de tu familia.
Apaches, nazis, soviéticos, amarillos, terroristas, 
extraterrestres o capitanes del equipo de fútbol 
jamás explicarán su absoluta crueldad
y tú podrás odiarles y sentirte feliz.

Pero a veces ocurre diferente.
Es como el cuento del campesino 
que dejó su tranquila aldea 
creyendo que en el pueblo vecino 
la hierba sería más verde.
Y luego se marchó a la ciudad 
pensando que allí ganaría más dinero.
Y luego al extranjero donde todo 
funcionaría más rápido.

Y cuando llegó a la frontera miró al cielo y dijo:
sacrifiqué mi querida aldea para entender 
que en cualquier parte del mundo 
las estrellas son inalcanzables.
Y podría ser un cuento popular ruso, 
alemán, vietnamita o iraquí –porque 
en cualquier parte hay un campesino 
dispuesto a aleccionarnos–
pero no una película americana.

No sé si me explico.
Yo podría seguir dando vueltas a este poema 
hasta encontrar un final sorprendente,
un cierre ingenioso que no decepcione 
o una moraleja que te haga feliz, 
pero vaya donde vaya no habré acertado del todo.
Siempre existirá otro sitio mejor,
lejos de aquí,
donde tampoco aprendamos a ser felices.

PRIMERA SALIDA: EL DESCONOCIDO

Zonas olvidadas que forman el negativo de la ciudad contemporánea, que contienen en su interior la doble esencia del desecho y del recurso. 
MANIFIESTO STALKER

Sigo a desconocidos. No creo que sea patológico, solo un pasatiempo. Hay gente que va al bingo, hace planes o tiene hijos. Yo prefiero recorrer ciudades siguiendo a desconocidos, imaginar sus historias mientras me llevan por calles y avenidas hasta su casa, su trabajo o algún bar donde hayan quedado con otros desconocidos. Cuando hace malo recorro una línea de autobús entera, la elijo al azar y hago ida y vuelta. Ayer alguien me llevó a un barrio del extrarradio, un lugar que nadie visita a salvo de los turistas y su inmoralidad, a salvo de quien viaja como si tachara propósitos en una lista, a salvo de quien dice conocerse por haber atravesado un desierto el último verano, a salvo de quien coge un avión creyendo que allí donde va conocerá a gente maravillosa, como si no hubiera gente maravillosa en las panaderías de barrio o los autobuses urbanos. Luego, cambié de persona. Deambulé un poco hasta encontrar a otro desconocido que me apeteciera seguir. Perderse para encontrar otro rastro: una mujer, un anciano, un paseador de perros, una madre y un hombre que andaba erguido y solo. Toda la tarde y toda la noche estuve con ese hombre. Le seguí hasta el portal de una casa, subimos juntos la escalera, se calzó las zapatillas, me lavó las manos y comió de mi plato.

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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