Prensado en frío

Juan Varo: «El problema del aforismo es que es un género forzosamente asertivo»

Detalle de portada de 'El demonio meridiano', de Juan Varo
'El demonio meridiano', de Juan Varo

Juan Varo: «El problema del aforismo es que es un género forzosamente asertivo»

La capacidad de Juan Varo está a la altura de lo ecléctico de su gusto: tanto la música, como la literatura –desde la poesía al cómic, pasando por prácticamente todos los géneros-, el cine y la televisión, se cuentan entre sus filias. Basta asomarse un poco a su muro de Facebook para entender de lo que hablo. También su amplia producción bibliográfica nos da buena muestra de ello, aunque hoy nos centraremos en su faceta de aforista, pues ‘El demonio meridiano’ (Cuadernos del Vigía, 2021) es su más reciente publicación y la razón por la que hoy pasa por esta prensa.

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora? ¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Juan Varo: Después de Mudo pez en el mar (Ediciones de aquí, 2011) acabé un poco cansado de los aforismos. Seguía tomando notas y guardando ideas, pero sin intención de publicar nada. En 2013, durante una estancia de investigación en Ferrara, leí los Ricordi de Francesco Guicciardini, una obra insólita y absolutamente maravillosa compuesta por una serie de breves recuerdos de su vida diplomática sobre los que reflexiona, pasados los años, entre el desencanto y la nostalgia. Me entusiasmó el concepto de “accidente” que conduce el libro, tal como lo explica Amedeo Quondam: el modo en que la experiencia contradice la regla, pero al mismo tiempo la retiene, aunque salvándola en el escepticismo y la melancolía. En ese concepto de accidente encontré el tono que necesitaba para dar sentido unitario al conjunto de textos que llevaba algún tiempo reuniendo, a los que fui añadiendo bastantes más en los años siguientes. 

A partir del encuentro con los Ricordi, necesitaba encontrar una forma que se adaptara a este propósito, pero que optara por una expresión diferente a la de Guicciardini y, en cierta medida, a la que había usado en mis tres libros anteriores. Por eso, frente al modelo de Guicciardini, decidí suprimir lo anecdótico, el recuerdo extenso o el proceso reflexivo, si bien intentando dejar algunas huellas de todo esto en los aforismos resultantes: huellas de las reglas rotas impresas en los accidentes resultantes.

El demonio meridiano se ha ido construyendo por decantación a lo largo de varios años, sin una estructura o hilo conductor definido, salvo este carácter accidental que está presente en todo el texto. Por eso también, los textos son algo distintos a los que se leen en los libros anteriores: más breves, más tensos, quizá menos líricos.

El año pasado me encontré casualmente a Miguel Ángel Arcas en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras y, en medio de la conversación, me invitó a publicar algo en su espléndida colección de libros de aforismos para la editorial Cuadernos del vigía. En unos días le envié el libro. Miguel Ángel ha sido un editor atento y muy generoso con mi trabajo. El resultado material es un libro impecablemente editado, que invita a leer con gusto, y con una cubierta irresistible. Me siento muy afortunado de poder figurar en el catálogo de la colección. 

Portada de 'El demonio meridiano', de Juan Varo
Portada de ‘El demonio meridiano’, de Juan Varo

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

El demonio meridiano quiere ser un libro de pensamiento. Me gustaría que los lectores disfrutaran de él como un conjunto de respuestas a las que hay que poner las preguntas que les corresponden, tal como se propone el Oráculo manual y arte de prudencia de Gracián, para mí el mejor libro de aforismos jamás escrito. En estos aforismos están condensadas muchas horas de lectura, conversación y experiencia vividas.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Me gustaría, más que nada, hacerles sonreír. Pienso que en la sonrisa está lo más humano que tenemos: el humor, la melancolía, el reconocimiento, la reflexión… 

El problema del aforismo es que es un género forzosamente asertivo: incluso cuando expresa duda, se formula como conclusión de un razonamiento, una experiencia o un método que se sustrae al lector, por lo que la expresión de la incertidumbre resulta paradójica; algo así como esa pintada que vi el otro día en televisión que decía “Desobedece”, lo que es un imposible lógico porque no deja de ser una orden. Sin embargo, creo que el humor que provoca la sonrisa (no la carcajada, o no siempre) es capaz, gracias a la ironía, de salir de la contradicción entre el contenido disolvente del aforismo y su propia presentación asertiva.

¿En qué medida veremos en él —o no— al Juan Varo de tus anteriores obras?

El lector que conozca mis libros anteriores también me reconocerá en este. Los temas son los mismos: la dificultad de estar en el mundo, la prudencia, las relaciones familiares y de amistad, el sentimiento elegíaco del paso del tiempo, la obsesión por la literatura, la metafísica, el humor… 

No obstante, como ya he señalado, el libro resulta novedoso en sus aspectos formales, por la ausencia de estructura, con lo que desaparece la distribución en secciones temáticas, que eran parte importante de mis otros libros. Además, en esta ocasión, he evitado los aforismos extensos, de carácter fragmentario, que están muy presentes en mis libros anteriores. Respecto a Mudo pez en el mar, he abandonado, como decía, el tono decididamente lírico que conformaba la última sección de aquel libro. El planteamiento más crudo y directo de El demonio meridiano resulta incompatible con estos contenidos y su expresión.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con cinco aforismos de ‘El demonio meridiano’, ¿cuáles serían?

Hoy diría estos, pero mañana podrían ser otros:

“Lo siniestro no es solo lo extraño en lo familiar, sino también lo familiar en lo extraño; y, sobre todo, lo familiar en lo familiar”.

“La misantropía nos previene de la tentación del canibalismo”.

“La aberración es la excepción que no confirma ninguna regla”.

“Debemos lealtad a nuestros viejos amigos, no por lo que fueron, sino por lo que creíamos que eran”.

“La filosofía moral entendía que la bondad era un requisito necesario de la felicidad; ahora se desea ser feliz a toda costa, no porque se obvie la bondad como los sádicos; sino porque se da por supuesto que ya se posee, como los niños”.

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Muchos de mis escritores favoritos ya han pasado por la Prensa. Por citar poetas granadinos o afincados en Granada, me encantaría que estuvieran Juan Andrés García Román y José Gutiérrez. Ambos, siendo tan distintos, me parecen extraordinarios. Como autora de relatos, me gustaría leer una entrevista a Isabel Mellado. Miguel Ángel Arcas, además de como poeta y aforista, sería muy interesante como editor y como testimonio vivo de la vida cultural granadina de estas últimas décadas. 

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Javier Gilabert
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