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En el camino con la poesía de Pilar Quirosa-Cheyrouze

Munira, de Pilar Quirosa-Cheyrouze
'Munira', de Pilar Quirosa-Cheyrouze

En el camino con la poesía de Pilar Quirosa-Cheyrouze

El virus más peligroso es la ignorancia. Y la vacuna más eficaz es la poesía. El recorrido es un camino largo por una actualidad tenebrosa. La pandemia ha oscurecido multitud de sensaciones, personales y colectivas. Es recomendable el camino interior, frente a la confusión, en compañía de una lectura por el cosmos, la música, el cine, en un viaje a la poética de Pilar Quirosa-Chayrouze (Tetuán 1956, Almería 2019), con el libro Muníra. Antología Poética (Instituto de Estudios Almerienses, 2019) en las manos. Es una lectura eterna, con los ojos cerrados para la liberación frente a la adversidad. Para resucitar el gran mundo personal de la escritora. 

El camino de Pilar Quirosa-Cheyrouze comenzó  en el universo de Orión (1990). Avanza y se crea por sus pasos sobre Islas provisionales (1991). Con una dirección hacia el infinito, sin límites, emergen sobrenaturales: Arenal de silencios (1992), Avenida de Madrid (1993), Pacto de Eleusis (1994), Por acuerdo tácito (1885), Deshabitadas estancias (1997), Estampas taurinas (1997), El lenguaje de la hidra (1998), Palabras para Elena (2004), Et signa erunt (2008), cuando reivindica el lenguaje de los antiguos para sobrevivir en el futuro; Estela Sur (2010), Valle de Lanz (2014), Memorial Shadow (2016), donde la sombra reconstruye los pasos del camino interior; Acqua alta (2018), el gran momento emocional en el horizonte para un final en Venecia con la muerte intuida.

Compañeros del camino

Portada de ‘Munira. Antología Poética’, de Pilar Quirosa-Cheyrouze

No hay sitio para la soledad viajera. En algunos tramos del camino acompañan a Pilar Quirosa, otros interiores poéticos y de palabras nacientes: Leopoldo S. Senghor por el Sur africano desde  la negritud; Margot Paccaud, Vicente Aleixandre, Blas de Otero, que siempre la esperaba; Hölderlin; los tiempos por donde fue la realidad en Madrid, en las huellas de cada tiempo, cuando el paisaje urbano estaba dominado por los jóvenes y su protesta; llegó al lugar de los antiguos dioses, con Anacreonte y la huella que germina en Safo; vivió la urgencia del deseo de Cesare Pavese; la llegada para encontrarse con Juan Ramón Jiménez. Siempre adelante, en el camino saluda a Lord Byron, Homero, Emilio Barón, tan cercano en abril con la melancolía; a Salvador Espriu, Shopenhauer, Ana María Culebras, Emilio Carrión Fos, canta con John Lennon; entra en el laberinto de Antonio Jesús Soler Cano, como si la tentación buscase renunciar a la vida; junto a Charles Baudelaire. Los acompañantes se diluyen en El Talmud para cerrar los requiebros del camino con Neruda y Carmen Conde.

Música en la lectura de la poética de Pilar Quirosa-Cheeyrouze, surgen bandas sonoras: Suzanne Vega, de música de fondo, con su voz lenta y serena, “en la música del silencio”; los días que canta Dulce Pontes; con Hypatia, “entre las sombras/yo he buscado/ese momento imposible”, mientras escucho “Plenilunio” de Luar Na Lubre. Y la gran exaltación de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi.

En la poesía de Pilar Quirosa encuentran refugia las estrellas del cosmos, la luz del cine y la armonía musical. Los primeros versos libres nacen en “Exilio” con las estrellas: “Huérfanos del romero/hemos visto desaparecer/los cañones y sirenas/que apuntaban hacia nuestra casa/en aquel tiempo escaso/de imprevisibles vivencias… Ya no harán acrobacias en el mar/las gaviotas del Sur”.

Refugiados en el silencio

Importan las palabras de los nombres que emergen misteriosos y mágicos en el camino: Terpsícore, “Bebo de tu paz, y busco entre mis papeles/tu inmortal huella”. Narciso, Yasmina, Karim, con la lluvia, el silencio, las raíces africanas, los árboles y los pájaros. Nace la nocturnidad y el cine de Murnau se impone en la sala oscura para ver y sentir la luz. Atenea emerge en el otoño. Llega con la realidad de la ceniza y la urgencia de la ternura. Vuelan los cometas y hay que mirar al cielo para el encuentro con la madre, “Nos llueve el silencio”. Se mantiene la exaltación de nuestro tiempo, con el “Adaggio” de Mahler. Nos encontramos ahora en Palestina, en un paralelismo con “Muerte en Venecia”. Se puede llegar tarde al futuro por el andar del camino poético secreto. Vemos la figura lejana de Kurt Cobain, a Hindenburg. Y lo más excepcional, la sombra monumental del árbol junto al río. “Pero a tu adiós/no me será lícito responder”.

Después de leer en silencio los versos de la Inundación: “La lluvia, empapando/las cenizas del tiempo”, hay que cerrar los ojos y presentir que es el final del camino. Entonces, frente a la realidad tenebrosa que nos rodea, “sobreviviendo al vacío”, llega el grandioso momento del triunfo tras la lectura de la Poética de Pilar Quirosa-Cheyrouze, por donde hemos podido escapar para salvaguardar la esperanza. 

Y ahora ya somos libres. 

Miguel Ángel Blanco Martín
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