poesía

‘Sonetos para el fin del mundo conocido’: un destello de luz en la noche más oscura

Sonetos para el fin del mundo conocido, de Javier Gilabert y Diego Medina
Sonetos para el fin del mundo conocido, de Javier Gilabert y Diego Medina

‘Sonetos para el fin del mundo conocido’: un destello de luz en la noche más oscura

‘Sonetos para el fin del mundo conocido’ (Esdrújula, 2021) es un ejemplo de cómo aprovechar una adversidad para generar a partir de ella obras que ofrezcan algo de luz en la penumbra. Hará un año, al poco de iniciarse el confinamiento domiciliario para tratar de contener la expansión del coronavirus en el país, el poeta malagueño Diego Medina Poveda, reciente ganador por su último libro, ‘Todo cuanto es verdad’, del Premio Andalucía de la Crítica, ex-aequo con Nieves Chillón, publicó un par de cuartetos en su perfil de Facebook, inspirado por esa nueva realidad que entonces no sospechábamos que doce meses después aun seguiría impregnando cada movimiento y pensamiento que llevásemos a cabo. Desde Granada, Javier Gilabert los leyó y se prestó voluntario a continuarlos para llegar a un soneto. La respuesta fue inmediata: adelante.

Durante las siguientes semanas, continuaron lo que entonces era una especie de juego, una forma de hacer pasar el tiempo, de iluminar durante un rato los muros de sus amistades virtuales. Uno escribía un cuarteto, el otro avanzaba hasta el primer terceto y el primero remataba con el segundo terceto. Así, dieron forma durante el confinamiento a un buen número de sonetos de los que ahora han recuperado siete para el libro ‘Sonetos para el fin del mundo conocido’. Otros tres de Medina y cuatro de Gilabert amplían la lista hasta catorce, a los que se añade, a modo de preámbulo, un poema más del malagueño. La colección viene prologada, además, por un certero análisis de Remedios Sánchez y se completa con las ilustraciones de María Gómez.

Portada de ‘Sonetos para el fin del mundo conocido’.

El resultado es un libro que se beneficia de la voz de dos poetas, de la reflexión de dos docentes, uno de Primaria, otro universitario, para dar forma a un libro que funciona, además de como experimento literario, como relato político social de una nueva era; como fotoperiodistas de la palabra, van capturando instantáneas de una época que nadie habrá olvidado dentro de unos años. Y, asimismo, apuntan ciertas claves de la nueva realidad en la que, día a día, nos vamos asentando.

Así, ya el primero, ‘Soneto del poeta confinado’, se cierra con un elocuente: «Afuera no hay ni un alma; mientras tanto, / tu sangre de palabras, centinela, / recrea una ciudad llena de vida». Una páginas después, en ‘Soneto del silencio impuro’ arrancan con: «El ritmo de los días se ha parado: / el mundo se detiene y por inercia / nos vamos golpeando la cabeza / con muros de papel que imaginamos». Y avanzando un poco más, en ‘Soneto de los miserables’, apuntan claro: «Se abren las carnes, rasgan vestiduras, / gritan con fuerza en púlpitos dorados, / insultan, muestran dientes afilados, / vomitan odio, añoran dictaduras».

Para el mundo que se nos viene, proponen en ‘Soneto del nuevo amanecer’: «Procede, pues, eliminar el ruido, / dejar de lado estorbos, la maldad, cualquier cosa que sobre en lo que fuiste». Y dejan claro en ‘Soneto del después distinto’ que «Si todo sigue igual cuando esto acabe, / si nadie aprende nada y nada cambia, / si prima el egoísmo que ahora manda / no quiero formar parte de esta nave».

De cuál es la nave de la que sí quieren formar parte da buena pista un detalle que han tenido los autores de ‘Sonetos para el fin del mundo conocido’: todos los beneficios que reporte el libro irán destinados a Médicos del Mundo. Una forma de reconocer a todos los sanitarios que, en cualquier rincón del planeta, han luchado y continúan haciéndolo, sin descanso, para poner fin a esta pandemia. Ellos, como ahora Medina y Gilabert, se cuentan entre quienes optaron por ofrecer algo de luz en nuestra noche más oscura.

Soneto de la resistencia

A veces se te agarra al pecho el miedo.
Te arrodilla y te cuesta levantarte,
se agarra a la garganta, empieza a ahogarte
te susurra al oído: “Di no puedo».

Se os olvida a los dos que, con un dedo,
si tú quieres podrías rebelarte:
la fuerza que hay en ti te haría elevarte.
Basta con que te digas: hoy no cedo.

Comienza aquí y ahora en este instante
porque has optado por el movimiento,
la lucha, no rendirte, ser más fuerte.

Sólo sirve seguir hacia adelante,
aferrarse a la vida, este momento,
gritar que eres el dueño de tu suerte.

(Soneto de Javier Gilabert de la serie del confinamiento, no incluido en ‘Sonetos para el fin del mundo conocido’)

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Miguel Blanco
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